14. Minius

Wilhem Schulz, uno de los pioneros los estudios geológicos de España en el siglo XIX y autor en 1835 del primer mapa geológico de Galicia, escribió en el informe que acompañaba aquel mapa lo siguiente:

La mayor parte de los referidos depósitos de conglomerado diluvial de Galicia se hallan removidos y saqueados [por los romanos] al parecer por haber sido auríferos: inmensos pedregales de esta especie se hallan al S. y S.E. de la ría de Foz, donde la faja saqueada puede estimarse en 2500 varas de largo, 200 de ancho y 5 á 8 de profundidad; otro de igual estension pero menos profundo se halla al N.O. de Brollon; otro muy parecido en Vilacháasobre el Návia: otro mas pequeño en Mocelos de la Tierra llana del Miño; algunos en Constantin orillas del Neira; varios en el valle de Lor, y muchos en el valle del Sil desde Puente de Domingo Floreshasta mas debajo de Quiroga; uno a orillas del Vibey al S. de Viana; dos grandes en Rozamonde y Puga orillas del Miño entre Orense y Ribadavia; otros de menos estension en Salvatierra, y entre Tuy y Goyan; todos en la forma como los he indicado en el mapa petrografico que acompaña. Ademas hay aun otros pedregales semejantes mas pequeños que igualmente saqueados, v. gr. en Montefurado del Eo, Frente á Santirso, en Sante, y en varios puntos de la region del Návia. Los guijarros mayores y las peñas rodadas quedaron en montoncitos en el sitio esplotado, y son como queda dicho todos de cuarzo y de cuarcita.

La escala gigantesca de la minería romana ha sido confirmada por los estudios arqueológicos de las últimas décadas y en la actualidad los especialistas señalan la existencia de unas 500 minas romanas en todo el NO, el grueso de las cuales se localiza en la zona del Bierzo y alrededores. No obstante, ciento setenta y siete años después de publicarse el La Descripción Geognóstica del Reino de Galicia, muchas minas romanas en Galicia –incluyendo algunas referidas por Schulz- no están siquiera catalogadas, cuando ya buena parte han sido parcial o completamente destruidas, siempre con la complicidad ignorante, dejada o intencionada de la Administración Pública, ocupada –o desocupada- en sus cosas, que básicamente es atender a que su propio puchero esté bien lleno.

Puesto que semejante empresa me supera por completo, no la acabaré nunca, pero esto no es excusa para no empezarla. Tan solo en la Serra de A Groba las labores mineras romanas en roca de han dejado varias decenas de indicios mineros, a veces tan próximos entre sí que es díficil precisar dónde termina uno y empieza el siguiente, o si se trata de una extensión de los mismos trabajos. Estas minas y otras del Baixo Miño serán el objetivo de este proyecto.

La guía principal para la búsqueda de minas romanas en la Groba serán los trabajos del IGME/ITGE– entre 1989 y 1995 para la exploración de oro y otros metales en la Reserva Estatal Tomiño. Diecisite años después de terminados los trabajos, las fichas de los inidicios mienros encontrados durante aquellos trabajos permanecen ocultas por diversos motivos [respuesta textual del IGME], y no han sido incluidas en el catálogo de Patrimonio Arqueológico, por lo que carecen de protección alguna y tras haber salvado dos milenios de expolios, están hoy amenazados por el furor caminero de las comunidades de montes, la agricultura industrial de viñedos o kiwis y en general, el afán destructor de cualquier moderno cíclope armado de una retroexcavadora. Por lo que yo entiendo esta ocultación constituye un delito contra el Patrimonio (de todos los españoles), pero ya se sabe, el Estado español es irresponsable por Ley, empezando por su cabeza.

Estoy convencido de que solo el máximo conocimiento público es garantía efectiva para la conservación y valoración del Patrimonio, sea arqueológico, histórico o natural. Por eso trataré de dar publicidad desde aquí a todos estos inidicios, y quienquiera puede colaborar simplemente difundiendo la noticia.

Para terminar, el nombre de Minius, hace referencia –por supuesto- al río Miño, nombre que muy posiblemente deriva del color rojizo de sus aguas teñidas por los millones de toneladas de sedimentos ricos en hierro removidos y arrojados a sus aguas en la mayor fiebre minera vivida jamás en la Península Ibérica, fiebre no igualada en el mundo hasta el descubrimiento de América.

Como evidencia de aquellas aguas miniadas, del color del cinabrio o minio, dejo dos fotos de los cantos cuarcíticos cementados por óxidos de hierro en el curso del Sil en Montefurado, Ourense. Aquí, el desvío periódico de las aguas para explotar las arenas auríferas y la abundancia de hierro favoreció la precipitación química de las costras ferruginosas que atrapan los cantos.

 

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