25. Breve historia de la exploración del agua subterránea.

Las evidencias más antiguas de explotación minera del agua son un pozo de dos metros y medio de diámetro y cuatro metros de profundidad excavado en Siria hace unos nueve mil años y otro de diez metros de profundidad excavado en Chipre hace entre nueve y diez mil años. En Europa, el pozo más antiguo -de trece metros de profundidad, en Alemania- se remonta a hace unos siete mil años, y todavía se conservan maderas de su revestimiento interno. Hay que tener en cuenta que estos pozos fueron excavados en los inicios del Neolítico y por tanto con herramientas de piedra, pues la Edad del Bronce no comenzó hasta hace unos 5.500 años. En Daimiel, Ciudad Real, el pozo más antiguo descubierto hasta el momento en España tiene dieciséis metros de profundidad y se remonta a hace unos 4.200 años.

De los métodos de exploración de estos pozos, nada sabemos Los autores greco-romanos, que son los que nos han dejado mayor número de noticias de la Antigüedad, hablaban a menudo de corrientes subterráneas, a veces de magnitudes extraordinarias, que cruzaban continentes e incluso océanos para manar en el fondo de los mares o las cumbres de las montañas. Pero más allá de estas concepciones teóricas, poco escribieron del oficio concreto de buscar y aflorar el agua. El arquitecto romano Marco Vitruvio, en su Arquitectura, fue el primero que abordó la cuestión de forma práctica, aconsejando lo siguiente:

para buscar agua, te tumbas en el suelo al amanecer, con la barbilla apoyada en la tierra para limitar la búsqueda a lo que puedas ver en tal posición. La encontrarás donde veas salir los vapores de la tierra.

El seguimiento de las emanaciones vaporosas del suelo, más o menos sofisticado por Paladio, Casiodoro o Plinio, fue el método reproducido hasta el siglo XIX por todos los tratados como principal metodología científica de exploración de aguas subterráneas. A partir de entonces, fue olvidado por su alcance limitado a la exploración de manantiales superficiales.

Con la revolución industrial y científica del siglo XIX, la exploración de aguas siguió dos vías: una académica conforme a la aplicación de la Ley del francés Henry Darcy de 1856 y los avances de la cartografía geológica, y una vía popular o pseudocientífica, que aplicaba el arte de zahoríes a la búsqueda de aguas. Ambos métodos siguen aplicándose hoy día.

El origen de la radiestesia, que se basa en la manifestación de las perturbaciones subterráneas en una varilla portada por el zahorí, se pierde en la Historia, pero en cualquier caso era una creencia muy popular en los inicios de la Europa moderna. Paralelismos naturales, como la capacidades de ciertos animales de encontrar agua, creencias afines en otras culturas como el feng shui chino, todo tipo de invenciones infundadas y descubrimientos científicos en los campos del electromagnetismo y la biofísica han servido para mantener un cierto crédito popular sobre su utilidad y fundamento.

Para la ciencia académica, -y salvo minoritarias excepciones-, la radiestesia ha sido considerada en el mejor de los casos un fenómeno análogo al efecto placebo, tangible pero incontrolable y en cualquier caso basado en el engaño –a un tercero o a uno mismo-. De hecho, la  desconfianza sobre los poderes del zahorí y su ciencia son tan antiguos como el propio método y en De Re Metalica, el primer tratado moderno de minería escrito en 1530 por Georgius Agricola, se dice que

Hay grandes disputas entre los mineros a propósito de la vara ahorquillada, porque algunos dicen que es de gran ayuda para descubrir venas, y otros lo niegan.

Como descubrimos en la obra de Agricola, la vara era utilizada para descubrir las venas metálicas, una utilidad hoy perdida por la mayor efectividad de la ciencia geológica en la exploración minera. Así pues, la supervivencia del zahorí en la búsqueda de agua, más que por su propia efectividad, se mantuvo por la inutilidad del modelo académico clásico en medios rocosos fisurados.

Las rocas ígneas y metamórficas, –como los granitos y los neises de Galicia– son rocas impermeables, y el agua en ellas se mueve a través de las fracturas, que en su conjunto constituyen un medio discontinuo, por lo que la fórmula de Darcy no es aplicable y la aproximación matemática general resulta muy compleja y de poca utilidad predictiva. La exploración de aguas en estos medios fisurados requiere un conocimiento exhaustivo del terreno, justo el tipo de conocimiento que puede ofrecer una larga experiencia de trabajo en una misma zona, como la de los poceros locales, a menudo también zahories.

Si bien la radiestesia de estos poceros/zahoríes es a menudo encubierta y nunca aparece reflejada en los informes técnicos y la documentación del pozo, lo cierto es que como las famosas meigas, habelos, hailos, y en cantidad. En Galicia, la perforación de pozos de agua para autoconsumo se contrata casi siempre “garantizada”, de modo que el pocero asume el riesgo y el cliente paga solo los metros perforados del pozo o los pozos productivos.

Las características del terreno y la general abundancia de agua sostienen este sistema de trabajo: por un lado, los acuíferos de fisuración propios de los granitos y rocas metamórficas que forman el 90 % del sustrato gallego presentan un comportamiento muy variable, al circular el agua a través de delgadas fracturas cuya geometría es sumamente errática. Por otro lado, la abundancia de agua hace que la probabilidad de dar con una fractura portadora sea relativamente alta. Así pues este sistema equilibra los riesgos entre los clientes, ya que el pocero incluye su error estadístico en el precio medio de perforación, recuperando a la larga las pérdidas de una mala racha de su método intuitivo, y por ese pequeño sobrecoste el cliente se evita la posibilidad de tener que pagar cuatro pozos para tener uno.

De todas formas, incluso en Galicia, no queda demasiado recorrido al arte zahorí. En los últimos años, la creciente capacidad de los programas informáticos y el desarrollo de los métodos de exploración geofísica de resistividad que permiten obtener imágenes del terreno son nuevas y potentes utilidades al servicio de la exploración de aguas en acuíferos de fisuración. Por otro lado, conforme aumenta la demanda de aguas subterráneas, los pozos se harán más profundos y los caudales exigidos mayores, por lo que aumentarán los costes unitarios por pozo y disminuirá la probabilidad de un alumbramiento casual. Entonces la experiencia del pocero ya no será garantía suficiente contra el riesgo de la perforación.

2 pensamientos en “25. Breve historia de la exploración del agua subterránea.

  1. Pingback: SPAIN’S WATER AND CULTURE (DENMARK) | Comenius-H2O-Essential-of-life

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *