59. Trincheras en Gondomar y la última fiebre del oro de Galicia.

¿Donde puedes encontrar una trinchera de más de un kilómetro de longitud y 6, 7 y hasta 8 metros de profundidad, atravesando zonas pobladas pero a la que nadie hace ni caso?  Pues por de pronto, en Gondomar.

Hasta esta trinchera me trajo Gustavo, de masquepetroglifos, hace ya un par de años. Ahí la tenéis, en el mapa de pendientes. Se la conoce como Camiño Real, quiza por partir del entorno de Pinar do do Rei, posiblemente el origen del actual monte comunal de Pedra Moura.

A pesar del nombre de Camiño Real, estaba claro que no es ningún camino, ya que carece de funcionalidad como tal. Excavada con perfil en V, hasta 8 metros bajo la topografía original, en algunos lugares apenas podría caminar una persona por ella y no tiene sentido semejante excavación para hacer un camino peatonal del que además no podrías salir hasta recorrerlo por entero o casi.Está claro que, aunque en algún algún momento o ne algún tramo hubiera sido utilizada como camino, no es su razón de ser.

El problema es que esta enorme trinchera tampoco tiene sentido minero ni geológico y, en realidad, no parece tener ninguna utilidad, lo que por otra parte explica que nadie le preste atención.

Otro problema es la edad de esta trinchera. ¿Cuándo se excavó? No parece muy antigua y no puede serlo, ya que conserva los taludes demasiado escarpados, a veces prácticamente verticales, aunque por lo general su perfil es en V. Sin embargo, nadie de la zona pare recordar o tener idea alguna de cuándo se pudo haber excavado. De hecho, no hay en la zona demasiada conciencia de que esta trinchera esté ahí, parece que haya sido completamente olvidada.

La primera pista nos la dio el Sixpac. La trinchera se dispone en el margen del monte comunal, de modo que, a falta de nada mejor, en principio valoramos si podía tratarse de un megafoso para marcar el monte e impedir su apropiación por los vecinos particulares, cosa que, según se ve en el parcelario superpuesto de Sixpac, tampoco logró. ¿Podía ser esta trinchera un límite del monte comunal? Desde luego, como linde es bastante bestia, pero no teníamos una explicación mejor.

La hipótesis de la trinchera como linde venía un tanto cogida por los pelos, aunque todo alrededor de esta enigmática excavación era bastante extraño. De ser así, su origen podría remontarse quizá a los siglos XVIII-XIX, cuando la enorme presión demográfica en Galicia extendió el cultivo hasta el último recuncho aprovechable y desembocó en uno de los minifundismos más exagerados del planeta. Pero siendo algo de hace uno o dos siglos, también nos parecía raro que no hubiese quedado memoria de ello, de ese “asalto al monte” por parte de los agricultores de la zona.

En éstas andábamos cuando Gustavo se fue de excursión al Rosal y volvió con las fotos de una trinchera semejante, de la que sí estaba claro quién la había construido y con qué finalidad.

Lo que Gustavo encontró en O Rosal era un foso o trinchera defensiva -militar- de la serie de fortificaciones construidas en ambos márgenes del Miño durante las guerras entre España y Portugal en el siglo XVII, cuando los portugueses se independizaron de la corona española y reinstauraron una propia.

Ni hay noticia alguna de luchas con Portugal por tierras de Gondomar ni nos parecía que la gran trinchera de Donas tuviera una finalidad militar, pero sí nos dieron una referencia de cuándo pudiera haber sido excavada por la similitud en la factura: siglo XVII. Y ya puestos en el siglo XVII, nos saltó la liebre, o más bien la fiebre, en concreto la Fiebre del oro que desató Pedro Vázquez de Orxas. ¿Pudo haber sido excavada la trinchera en busca del oro romano?

Comenzando el siglo XVII el licenciado Pedro Vázquez de Orxas obruvo una cédula real de la corte de Felipe III que le autorizaba a desenterrar las tumbas de los famosos galigrecos, es decir, os tesouros dos Mouros, para sacar de ellas el oro que pudiera encontrar. Como era de esperar, las noticias de ouros e tesouros corrieron como la pólvora por todo el país y Galicia sufió una fiebre desvalijadora de cuanto yacimiento arqueológico fuera sospechoso de guardar un tesoro, o sea, todos los conocidos o por conocer.

La fiebre del oro levantada por Pedro Vázquez se centró en los yacimientos arqueológicos pero en realidad formaba parte de una burbuja  minera más amplia,  avivada tanto por las experiencias americanas como por la difusión de la cultura clásica y las noticias de aquella ingente riqueza minera hispano-romana que empezaba a reconocerse legendaria.

Así que es posible que con la fiebre por descubrir los tesoros bajo las sepulturas antiguas se iniciase otra por re-excavar en los viejos lugares con huellas de minería romana tal y como sucedió en otros sitios de España, sin discernir demasiado entre descubrir un tesoro enterrado o dar con una enorme veta de mineral, un nuevo Potosí. Así, por ejemplo, entre las noticias que el licenciado Vázquez de Orxas le envió a Felipe III se puede leer:

Lo otro es que mi parte se ofresció hacavadas de benefiçiar las sepulturas que tienen ynterés, y queda registrada la parte de Su Magestad y costos e costas servirle en pnerle en uso y poliçia el beneficio de dos minas de plata que ha Su Magestad descubierto entre las villas de Caldas y Padron. 

Dejando a un lado lo oscuro del discurrir de Vázquez de Orxas, que no se sabe si es que se hacía un lío o es que era un liante, probablemente ambas cosas a la vez, lo que nos interesa es que lo mezclaba todo en el mismo saco: sepulturas y minas, como si fuera lo mismo. Y es que en realidad lo mismo era para el rey y para aquellos aventureros: la posibilidad de un enriquecimiento fácil y súbito.

Así que por el momento, esta es nuestra mejor hipótesis para explicar estas singulares excavaciones: el alocado intento de reencontrar las legendarias riquezas mineras de la Hispania romana mediante el peregrino procedimiento de reexcavar en los sitios donde estos primeros ciprianillos se encontraban o sospechaban de huellas de minería antigua.

Esta hipótesis nos permite explicar la disposición de las trincheras dentro de las zonas comunales, montes que en el pasado fueron señoriales, es decir, de administración del señor feudal en nombre del rey. Y de forma indirecta también explican su asombrosa escala: un noble local bien podía disponer de la fuerza de trabajo y la autoridad necesaria para semejante empresa.

Además, sí ¡oh sorpresa! la trinchera de O Camiño Real atraviesa una zona con indicios de minería antigua. Se trata, claro, de la ladera oriental del castro de Pedra Moura, que como se aprecia en el mapa de pendientes presenta evidentes huellas de fosos que descienden por la ladera.

Hasta el ahora esas huellas habían sido interpretadas como fosos defensivos (!) o simplemente ignorados, pero a vista la verdadera extensión de los trabajos mineros también ignorados hasta el momento en el Miño-Miñor y en toda Galicia, lo de mirar para otro lado ya no vale.

Vistos en detalle en la zona baja de la ladera, justo donde los corta la trinchera, los surcos mineros se entrelazan como en A Cañiza, aunque aquí tienen mayor tamaño.

Pero esta trinchera de Donas no es el único indicio de reexcavación de posibles restos mineros romanos en Gondomar. También las hemos encontrado en las Fundas de Sarmiento, que es el nombre tradicional la mina romana que se localiza en la villa de Gondomar. Esta mina sí está reconocida y catalogada, aunque como siempre no en su verdadera extensión.

Lo de Fundas de Sarmiento hace referencia a la estirpe del primer conde de Gondomar, Diego Sarmiento de Acuña, e indica una especial vinculación de este yacimiento con alguien de esta familia. Esto, claro, nos hace sospechar a Gustavo y a servidor que alguno de los Sarmiento pudiera haber rebuscado en el siglo XVII el oro romano en esta vieja mina y quizá fue también el responsable de las trincheras de Donas. Como Don Diego fue todo un personaje de su tiempo y su ducado mantuvo un cierto nombre y abolengo, puede que quede algún rastro documental de estas labores. Si fuera así. y alguien tiene la más mínima noticia, a Gustavo y a servidor nos haría muy felices saberlo.

La mina romana de Fundas de Sarmiento ocupa una extensión enorme y dentro del complejo hay incluso un asentamiento minero para los trabajadores.

En realidad las huellas de labores llegan hasta el mismo centro urbano de Gondomar, aunque dudo mucho que en Patrimonio se atrevan nunca a reconocerlo o que a muchos en Gondomar les importe un pepino.Vista la clase de golfos apandadores que pueblan aquel Concello si pudieran enterraban bien enterradito todo el yacimiento ahora mismo y construían encima unos chalets, o unos galpones o lo que fuera. Tampoco es que hayamos avanzado mucho desde los tiempos del conde y el de Orxán.

A lo que importa. Lo cierto es que las excavaciones mineras, aunque muy retocadas, llegan hasta la calle Eduardo Iglesias, que es el centro mismo de Gondomar.

La topografía del complejo minero de Fundas de Sarmiento, estas medulillas de Gondomar, está completamente alterado por numerosas construcciones, rellenos y reexcavaciones más o menos recientes, y algunas cortas, como la de Ripote, en pleno centro urbano de Gondomar, han sido reutilizadas como caminos pero el esquema de arriba muestra que los trabajos mineros, como no podía ser de otra manera, tienen un orden que se manifiesta en una direcciones preferentes de excavación.

En el esquema de arriba muestro en rosa y trazo continuo las cortas principales en dirección N60. En rosa discontinuo posibles cortas en dirección N120, (es decir, la conjugada) y en amarillo tres trincheras modernas, aunque menores, similares a las de Donas y que parecen haber sido trazadas sin ton ni son.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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