76. El Antropoceno, entre los marcianos y el calentamiento global.

A través de uno de esos pintorescos sitios de noticias a los que estoy suscrito, me entero de que un reputado físico norteamericano, el Dr. John E. Brandenburg, presentó en la 46th Lunnar and Plannetary Conference una hipotesis francamente extravagante: que Marte fue habitada por una especie civilizada aniquilada por otra raza alienígena mediante un ataque nuclear.

Investigando un poco más, averiguo que el Dr. Brandenburg lleva media vida con esta historia. Empezó nada menos que en 1991, cuando publicó, con otros dos colegas The Cydonian Hypothesis, un artículo científico que exploraba las famosas caras de Cydonia.

Cara de Cydonia - foto Viking 1 1976

Cara de Cydonia – foto Viking 1 (1976)

Lo que ocurrió con esas y otras formas aparentemente inteligentes fue lo que con los canales de Marte a caballo de  los siglos XIX y XX: telescopios mejorados demostraron que de  canales nada. En el siglo XXI, las imágenes de mayor precisión de la zona de Cydonia de las sondas Mars Global Surveyor y Mars Reconaissance Orbital probaron también que la inquietante cara y las demás supuestas megaconstrucciones artificiales no eran más que un juego de sombras chinescas.

Cara de Cydonia. MOC (2001)

Cara de Cydonia – foto Mars Global Surveyor (2001)

En 1999, el Dr.Brandenburg coescribió Dead Mars, Dying Earth, libro de divulgación científica y tono apocalíptico en el que defendía que Marte había tenido océanos, una atmósfera rica en oxígeno y vida como la Tierra, y que si no dejábamos de quemar combustibles fósiles y cometer otros desmanaes nuestro planeta acabaría como aquél.

Libro 2001

El libro proponía además que el fin de la vida en Marte hace 500 millones de años fue consecuencia del choque contra el planeta  de un cuerpo del tamaño de la Luna terrestre y que la eyecta de este choque brutal alcanzó la Tierra provocando una revolución en las formas de vida terrestre, lo que se conoce como la explosión (de vida, nada que ver con el supuesto choque) Cámbrica. Extraordinariamente atrevido, incluso visionario, el libro fue un éxito y se publicó en US, Reino Unido, Alemania y Japón.

En 2001 las nuevas imágenes de Marte desacreditaron la cara de Cydonia y aunque las misiones espaciales fueron añadiendo evidencias casi incontestables sobre la existencia de agua en Marte, ni la NASA ni la comunidad científica aceptaban todavía pasados océanos ni mucho menos la existencia de vida.

Así las cosas, el Dr Brandenburg se entregó a la ciencia ficción y en 2009 publicó una novela bajo el seudónimo de Victor Norgarde que incluso tuvo una secuela. Sin embargo, el año 2011 Brandenbug presentó en la 42th Lunnar and Planetary Conference un nuevo artículo sobre Marte con el sugestivo título de Evidence for a large, natural, paleo-nuclear reactor on Mars a la vez que publicaba un nuevo libro titulado: Life and Death on Mars: The New Mars Synthesis en el que ya no solo divulgaba los últimos avances en la exploración exploración de Marte sino que recuperaba sus viejas hipótesis sobre la vida en Marte, las mezclaba con las muy desacreditadas interpretaciones de Cydonia como ruinas arqueológicas y añadía a este peligroso cóctel un ingrediente explosivo: que la civilización marciana no había sucumbido al impacto de un meteorito sino ¡¡al ataque termonuclear de una raza alienígena!! En este divertido video encontraréis un resumen de todo esto y podéis conocer al Dr Brandenburg.

Libro 2011

Por supuesto, las hipótesis del libro del Dr. Brandenburg eran ciencia ficción, pero nadie dice que se hubiera vuelto estúpido. A la vez que hacía públicas sus más singulares y heterodoxas opiniones en un libro -y nadie podría atacarlo por ello del mismo modo que nadie le atacaría por creer en la vida despues de la muerte o en la salvación de los justos- mantenía sus publicaciones científicas dentro de la más estricta ortodoxia. Al fin y al cabo su porpuesta de un paleo-reactor natural en Marte no constituía ninguna extravagancia, explicaba la anomalía radioactiva detectada en la superficie del planeta y se basaba en un modelo terrestre. Así que, todo bien.

En 2014, sin embargo, saltó el escándalo. En noviembre el Dr Brandenburg presentó sus controvertidas teorías a calzón quitado. En la Annual Fall Meeting of the American Phisical Society, aparentemente un congresillo de físicos teóricos, Branderburg presentó: Evidence of Massive Thermonuclear Explosions in Mars Past, The Cydonian Hypothesis, and Fermi’s Paradoxe, una ponencia que defendía que una explosión termonuclear superficial -ya no una mera fusión natural de la corteza marciana- había acabado con la civilización marciana cuyas gigantescas, enormes, supermonumentales huellas están a la vista en Cydonaia desde hace nada menos que 500 millones de años, una edad en la que la Tierra ni siquiera existían las plantas verdes o forma alguna de vida terrestre.

Según el programa de comunicaciones lo hizo en la sección G1: Astrophysics, Cosmology and Astronomy II junto a tan solo otras dos comunicaciones, una sobre la masa del Bosón Higgs en el contexto de la teoría Unificada y otra sobre la generalización de las leyes de Newton y la gravitación. O sea, que allí no estaba ninguno de los investigadores de la Nasa y centros de investigación que conocen y trabajan los mismos datos que maneja Branderburg, planetólogos que pudieran ya no rebatir o desacreditar a Branderburg, sino incluso haberle rechazado su propuesta por rarita. Digamos que Branderburg coló su teoría de forma un tanto trapacera, pero una vez publicada y sancionada por la API, como quién dice sacramentada, se convertía en una opinión científica y, de uno u otro modo, autorizada. Así la idea de una civilización marciana achicharrada por un ataque nuclear alienígena dejaba de ser una extraña ocurrencia particular y se convertía en noticia, como poco.

Las ideas de Brandenburg empiezan a causar sensación. Evidentemente no faltará quien le tache de chiflado, o de oportunista, de buscar la fama y ganar dinero. Pero desde luego sabe cómo hacer llegar su propuesta. En febrero de 2015 Brandenburg sacó nuevo libro: Death on Mars: The Discovery of a Planetary Nuclear Massacre.

libro 2015

Y como decía al principio del post, hace solo unos días presentó en la 46th Lunnar and Planetary Conference dos posters con los títulos siguientes:

1.- Large, Anomalous Nuclear Explosions, on Mars in the Past.

2.- The NMS (New Mars Synthesis), Recent Data from Gale Crater and NWA 7034: Evidence for a Persistent Biologically Stabilized Greenhouse on Mars.

La presentación de posters en los congresos científicos suele ser mucho más abierta que la de las comunicaciones orales. A menudo no se pide más que un breve párrafo explicativo sobre el contenido, apenas para poder situarlo dentro del propio congreso. En este caso los posters fueron a caer en la sección de GEOCHEMISTRY AND PETROLOGY OF MARTIAN METEORITES . En el programa de este congreso los posters se presentan con una sola frase:

1.- It was hypothesized that large natural nuclear reactors ran on Mars but the xenon isotopic spectrum and lack of craters shows the explosions are anomalous

2.- Existence of aqueous, highly oxidized, carbonate-poor sediments in a Hesperian-aged formation constitutes evidence for a persistent bio-greenhouse on Mars.

Ni una palabra de Cydonia o de ataques alienígenas. Brandenburg soltó la bomba en el propio congreso y de nuevo la convirtió en noticia, que esta vez llegó hasta mí. Aunque pueda acusársele de actuar de forma torticera, el caso es que ha conseguido colar sus ideas en el debate científico y ha utilizado ese mismo entorno científico para darle un alcance global a su propuesta.

Como tantos científicos Brandenburg usa la corriente dominante y los trucos del sistema en su provecho. En el título de su primer poster obvió toda mención a la guerra nuclear alienígena y formuló su hipótesis desde la perspectiva de los meteritos, eso sí, un meteorito anómalo, que explosiona sin generar un cráter. En el segundo poster usó el muy políticamente correcto efecto invernadero como caballo de Troya para colar la verdadera noticia, y es que Marte tuvo vida de un modo semejante a como hoy la tiene la Tierra.

En realidad muchos científicos hacen esto. Por ejemplo, si te dedicas a estudiar las variaciones del nivel del mar o la edafología de la Patagonia , solo tienes que mencionar -aunque sea de pasada- sus implicaciones en el efecto invernadero para ser incluido en los programas gubernamentales que financian su estudio o para colarlo en un congreso. Son cosas que se hacen todos los días. Si no lo haces así, te quedas sin dinero para seguir investigando y no consigues audiencia.

Por ejemplo, estos días ha aparecido otra noticia más ridícula aún que la de la guerra termonuclear en Marte y desde luego más fácilmente falseable, pero esta fue publicada nada menos que en Nature por lo que será considerada con enorme respeto, atención mundial y sin duda será citada y utilizada como argumento de peso. Es una propuesta para fechar el inicio del Antropoceno en 1610. Básicamente, lo que dice es que tras la conquista de América por los españoles y la subsecuente muerte de 50 millones de nativos americanos, los bosques americanos recuperaron 65 millones de hectáreas de tierras agrícolas (1,3 Ha por habitante) y como consecuencia hubo una captura de CO2 atmosférico que generó un mínimo global que ahora proponen para marcar el inicio del Antropoceno.

minimo 1610 CO2

Toda la historia se apoya en decenas de referencias científicas, cientos de mediciones instrumentales refinadísimas y el argumento último del CO2 como criterio absoluto de autoridad, ya no solo de utilidad -frente por ejemplo al registro radiactivo dejado por las bombas atómicas- sino por su significación moral, introducida de tapadillo al ligar el evento de 1610 al genocidio de 50 millones de nativos americanos. Según el cuento, el C02 nos da la medida de la perversión humana incluso cuando baja.  El CO2 es malo, malo, malo.

Pero el caso es que todo este primoroso edificio no se sostinene ante la crítica más evidente, que es que, si la desaparición de 50 millones de nativos americanos causó semejante caída de CO2. ¿Cómo es que el aumento de la población mundial de 600 a 1000 millones de personas entre 1600 y 1800 apenas pudo recuperar los niveles de 1500?

La respuesta, claro, es que hasta que los europeos no empezaron a quemar carbón a mansalva el nivel de CO2 en la atmósfera estuvo naturalemente controlado. Pero esto resulta una evidencia bastante inútil para los adoradores de Baal-CO2, pues no alimenta su ídolo, no sirve a sus propios prejuicios, no les entrega el Atropoceno. Así que se obvia.

Brandeberg lleva al menos veinticinco años creyendo en una civilización marciana desaparecida y lleva también veinticinco años creyendo en que el calentamiento global se debe al efecto invernadero que provoca el CO2. No está loco. No más, desde luego, de lo que lo estamos la mayoría. Lo que pasa es que Brandenburg ve en el pasado que imagina en Marte una lección para la Tierra y una advertencia a nuestro propio futuro. Y cree que si exploramos Marte, si le prestamos la atención, si aprendemos lo que Marte nos enseña, podríamos evitarnos acabar como ese planeta. Brandenberg, como los creyentes del efecto invernadero del CO2, persigue metas más altas, quiere alcanzar un bien superior y obvia sus pequeñas incongruecias.

Me viene a la memoria un chiste que leí y que decían que era judío. No sé si lo será, pero dice así:

– ¿Cómo podría hacer reir a Dios?

– Cuéntale tus planes.

En su versión Tao, menos alegre, esta enseñanza dice así: El cielo trata a los hombres como perros de paja.

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