ciclos  oro XIX XX XXI

31. Ciclos Hubbert de producción de oro desde el siglo XIX y una proyección para el siglo XXI.

Primero los datos:

quinquenales para el periodo de 1835 a 1845 de aquí, anuales para 1900 a 2009 del USGS y de 2010 y 2011 de aquí.

Y empiezo por los datos de producción anual del siglo XX.

El resultado del ajuste son cuatro ciclos bien definidos y el inicio de un quinto ciclo que debería alcanzar su máximo en 2022.

El ajuste entre los datos y la sumatoria de los cinco ciclos (línea a trazos del gráfico) es de R2=0,975.

El ajuste no es difícil porque los máximos están bien marcados por periodos de menor producción a modo de crisis mineras. Hay que notar que aunque en este caso coinciden, los máximos cíclicos no tienen por que manifestarse como máximos de producción real, que viene dada por la sumatoria de los diferentes ciclos. Que así sea depende de la frecuencia y amplitud con que se suceden los propios ciclos, y adelanto ya que esto no ocurre para otros metales (por ejemplo la plata). Pero que ocurra con el oro ayuda bastante a hacer el ajuste.

Antes de seguir, quiero avisar que estos ciclos no deben interpretarse de un modo determinista. Ni mucho menos. De hecho pueden quebrarse y modificarse, y aquí adelanto que el petróleo ofrece un ejemplo magnífico de cómo un ciclo puede truncarse y dividirse. Así que quien tenga la tentación de usar los ciclos de Hubbert como medio para hacer proyecciones -y sobre todo si es con la intención de hacerse rico-, aviso que este análisis puede ser tan inútil como cualquier otro. No obstante, esta herramienta es excelente como método de interpretación de las tendencias históricas, tanto que -como nos indica la experiencia- cada ciclo histórico no solo proyecta su influencia hacia el futuro sino también hacia el pasado, que se ve así reinterpretado a la luz del presente. Es quizá esta capacidad retroactiva del análisis cíclico lo que lo hace fascinante.

Así pues, el Ciclo 5 -si no hay un brusco cambio en la economía mundial– alcanzará su máximo de producción hacia 2022, repitiéndose el periodo casi perfecto de 27 años que se ha sucedido desde 1912.

Agrupando los datos anuales de producción de oro de USGS en quinquenios, podemos extender este análisis hasta 1835, de modo que se añaden tres nuevos ciclos cuyos máximos tuvieron lugar durante el siglo XIX. A pesar de la pérdida de detalle al agrupar los datos por quinquenios, el ajuste sigue siendo bueno, con un R2 de 0,99 para todo el periodo.

El siglo XIX queda definido por tres ciclos de unos tres mil toneladas de producción total y un máximo de producción (por quinquenio) en torno a las 800 Tn. Pero más que la cuantía, la gran diferencia entre el siglo XIX y el XX es que los ciclos I, II, III muestran una situación estacionaria, más bien de agotamiento tras el enorme cambio de magnitud en la capacidad minera que supuso la revolución industrial.

Entre 1835 y 1839, primer periodo para el que dispongo de datos globales, la producción de oro mundial era de unas cien toneladas, y en solo dos décadas se multiplicó por diez superando las mil toneladas entre 1850 y 1855, cuando la fiebre minera de California. Hay que tener en cuenta que la producción acumulada de oro de todo el imperio colonial español en América fue de casi mil setecientas toneladas extraídas a lo largo de tres siglos  -de 1492 a 1810-, y el pico de producción en un periodo de cinco años debió de rondar las ochenta toneladas -hacia 1780-.

La revolución industrial no solo aportó a la minería el poder de las máquinas -y sin duda aquí la diferencia fundamental fue la capacidad para moler la roca a una escala desconocida- sino un nuevo tipo de organización industrial capitalizada y tecnificada. Desde un punto de vista histórico, la tradicional minería de cuadrillas -que hoy sigue funcionando en las explotaciones de oro de Sudamérica y África- se convirtió en un asunto marginal.

Aproximadamente a partir de 1870, la nueva industria eléctrica permitió introducir motores en las minas que no consumían ni contaminaban el aire, de modo que las galerías y pozos pudieron mecanizarse y hacerse más y más profundas. Este fue el punto decisivo que permitió romper la tendencia de los ciclos del siglo XIX iniciándose una nueva serie de ciclos mineros que se han sucedido con una periodicidad de 27 años y niveles crecientes de producción de oro total y pico.

Tanto los ciclos del XIX como los del XX muestran entre sí una relación lineal entre las cantidades totales producidas y el máximo de cada ciclo, parámetros que caracterizan los ciclos mineros y que permiten estimar hacia donde evoluciona cada fase histórica.

Aunque, como dije antes, sería un error interpretar estas relaciones de un modo determinista, ofrecen interesantes puntos de referencia. Por ejemplo, si quisiéramos evaluar la posibilidad de un hipotético Ciclo 6 centrado en torno a 2049, será importante estar atento a las cifras de producción a partir de 2022, cuando el Ciclo 5 comience a declinar. Si no hubiera un cambio a un nuevo periodo histórico, el Ciclo 6 debería mantener la relación lineal con los anteriores, lo que permitiría fijar su cuantía, igual que yo he fijado el Ciclo 5 a partir de su inicio. 

En cualquier caso, siempre existe la posibilidad de un cambio tecnológico o económico que introduzca una ruptura y convierta toda prospectiva en un ejercicio meramente especulativo. Para este caso, yo ya he apostado al próximo cambio decisivo: la automatización de las explotaciones mineras.

Considerando la increíble cantidad de oro que se extrae hoy día, ya hay voces que auguran que jamás podremos superar los actuales niveles. Que podamos hacerlo tras la próxima crisis del máximo de 2022 dependerá de sistemas de explotación minera en desarrollo en los próximos diez años, uno de estos sistemas, más próximo al concepto clásico de robot, es la minería de los fondos oceánicos, y sin duda la industria petrolífera tiene mucho más que aportar aquí que la actual industria minería metálica; el otro tipo de explotación automatizada depende aún más de la industria del petróleo: los nuevos métodos de fracturación de las pizarras y flujo inducido de los petróleos pesados que contienen podrían derivarse hacia la minería metálica para lixiviar yacimientos situados a miles de metros bajo la superficie extrayendo los fluidos enriquecidos en metales. Y todo desde la cómoda y segura superficie.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *