figura2 DESDE JACA

36. Geología de las etapas del camino Francés a Santiago

El Códice Calixtino o Liber Sancti Jacobi es una compilación de cinco libros independientes de temática jacobea, ideado y compuesto en los últimos tiempos del arzobispado de Diego Xelmirez, el principal impulsor del culto jacobeo y obispo de Santiago de Compostela entre los años 1100 y 1135. El Libro V, Iter pro peregrinis ad Compostellam, o Guía del Peregrino de Santiago de Compostela es el más famoso de los cinco, y muy probablemente fue escrito en torno a 1135 por Amierico Picaud, un monje francés que lo escribió en ayuda de los miles de peregrinos que acudían a la tumba del apóstol desde toda Europa.

La Guía del Peregrino es reivindicada como “la primera guía turística de Europa”,  pero los estudios especializados sobre la geografía del Camino Francés suelen eludir la división en etapas propuesta por Aimerico salvo para indicar sus longitudes y -caso ya de extremo interés-, para criticar su falta de sentido o, al menos, de buen sentido. La crítica a Aimerico es siempre la misma, tal y como la expresan Vazquez de Parga et al. (1949) en su monumental trabajo sobre el Camino:

Lo primero que llama la atención en este itinerario es la desigualdad de las etapas y lo desmesurado de muchas de ellas, imposibles aún para jinetes.

Y pese al supuesto desatino de Aimerico, las posteriores guías medievales mantuvieron su división en etapas apenas con ligeros cambios, por lo general añadiendo subdivisiones a distancias regulares según las jornadas de marcha o distancias entre poblaciones. Hoy, sin embargo, hasta aquellas guías que se apellidan ‘naturales’ están organizadas según criterios políticos y/o según el medio de transporte, lo que condiciona cualquier naturalidad al prejuicio artificial y equivoca las posibilidades y motivaciones del peregrino medieval, transformado casi en un participante en el Tour de Francia (Hereter, R. 1998):

Tanto Burguete como Espinal no eran parada obligada para los caminantes, ya que, por recomendación del mismo Aymeric Picaud, los 47 km que hay hasta la ciudad de Pamplona solían recorrerse en tan sólo un día.

Las etapas –que ni jornadas ni carreras- propuestas en el Códice se ajustan a una división geográfica plena de sentido y no evidencian la ignorancia general o un caprichoso sentido geográfico del autor. Los elementos organizadores del camino. El criterio que Aimerico usa para dividir el Camino en etapas es bien simple: ciudades, montes y ríos son los elementos primordiales del paisaje y, subordinado a ellos, el terreno otorga el carácter definitivo a cada tramo. Las poblaciones son lugares de refugio, descanso y recuperación para el peregrino, y el Camino recorre estos amables lugares aunque sin condicionar a su relativa importancia la longitud o el trayecto de cada transecto. Al organizar las etapas con principio y fin en villas u hospitales, Aimerico simplemente se ciñe al esquema obvio de las guías de viajes sin desviarse apenas del camino más corto. Los montes son los más graves obstáculos del camino, e incluso aquellos cuyo paso resulta fácil son vistos como gigantescos millarios que dividen el espacio geográfico y político. Dice Amierico:

Despois da súa terra, pasados os Montes de Oca, en dirección a Burgos, prosegue o territorio español con Castilla e Campos.

Vén despois a terra dos galegos, pasados os lindeiros de León e os portos dos montes Irago e Cebreiro.

Los ríos, por su parte, tienen un carácter dual: como indica el título del capítulo que les dedica Aimerico, son buenos y malos; ofrecen al caminante agua para beber y lavarse pero pueden envenenarle. Esta ambivalencia -tan frecuente en la iconografía acuática- se manifiesta también en su significado geográfico: al igual que los montes, los ríos son obstáculos al caminante, pero en ocasiones le acompañan guiándole en el camino y su presencia puede incluso servir de criterio para diferenciar una etapa.

Y por último está el terreno, que se describe en los rasgos más específicos del camino, molestos en unos casos y dichosos en otros, y que, en última instancia, da sentido al verdadero criterio característico y organizador de las etapas. Forman parte del terreno tanto los fastidiosos insectos y los suelos inundados de las landas bordelesas como la abundancia de recursos de Galicia o la bárbara idiosincrasia de los vascos y navarros. Esta laxitud en lo que a las cualidades del terreno resulta de considerar a plantas, hombres y bestias como naturales del país en su sentido más literal, de modo que existe una correspondencia de carácter entre el paisaje y sus pobladores, como ejemplifica la siguiente frase sobre Navarra motañosa y sus habitantes:

As xentes destas terras son feroces como feroz, salvaxe e bárbara é a terra na que viven.

Las Etapas geográficas del camino.

Aimerico organiza el Camino Francés en 13 etapas, estando las tres primeras desdobladas para el tránsito de los Pirineos por los puertos de Somport (Borce) y Roncesvalles (San Jean Pied-de-Port) hasta su reunión en Puente la Reina.

Estas tres primeras etapas que Aimerico llama etapas cortas a pesar de que una de ellas mide 97 km, lo son en el sentido que cruzan estrechas bandas de terreno paralelas que constituyen los tres cuerpos geológicos de los Pirineos: los Pirineos Centrales, las Cuencas Intrapirenaicas y los Pirineos Exteriores.

Las etapas cuatro y cinco, las une y distingue Aimérico de las demás diciendo que  se hacen a caballo, como si no pudiese hacersea cabalo cualquiera de ellas. pues bien, estas dos etapas cruzan el valle del Ebro y los Montes de Oca, es decir, que una cruza el valle y la otra discurre paralela al río en dirección aguas arriba, por los glacis de los Montes de Oca. Son pues las etapas del Ebro.

Las etapas seis, siete, ocho y nueve Aimerico las recita de corrido, sin pararse a dar explicaciones, considerándolas como que son tramos  de una misma Meseta castellanoleonesa.

 A sexta vai de Burgos a Frómista. A séptima de Fromista a Sahagún. A oitava vai de Sahagún á cidade de León. A novena de León a Rabanal.

 Pero incluso esta rápida sucesión de etapas, dictadas aparentemente por la partición regular de apeaderos en la monótona marcha meseteña, posee un sentido geográfico.

La etapa seis discurre desde Burgos -entre los característicos perfiles en mesa de los páramos calcáreos- hasta Frómista, donde el páramo burgalés se pierde de vista y la toponimia de los alrededores anuncia que estamos en Tierra de Campos.

La siete nos conduce por una meseta sin apenas relieve y en la que se produce la transición de la  Castilla carbonatada a la terrígena. En la primera parte de esta etapa, entre Frómista y Carrión, el camino –siempre a cotas inferiores a los 850 metros- discurre entre las vegas de los ríos y unas fértiles arcillas carbonatadas que son el origen de la riqueza cerealística de la zona y que hacen aquella villa de Carrión próspera e magnífica, abundante en pan, viño, carne e todo tipo de productos. Desde Carrión hasta Sahagún, el suelo arcilloso cambia de gris azulado a amarillo, indicando el aumento en contenido de minerales férricos y el paso de un suelo carbonatado a otro de naturaleza ácida.

La ocho, a partir de Sahagún, ya en tierras de León, el terreno se vuelve decididamente rojizo, y menos fértil, más áspero a la vista, y apenas abandonada la villa se encuentra el caminante a 900 metros de altura, en pleno páramo leonés. En la amplia Meseta, esta diferencia de altura junto con el cambio en el tipo de suelo -ahora nos encontramos con las famosas rañas- es suficiente para marcar el paso a una nueva comarca. En Mansilla de las Mulas, a unos 20 kilómetros de León, volvemos a los 825 metros, pero ya la acidez del suelo y la cercanía a las montañas anulan el efecto del descenso.

La novena, de León a Rabanal, lleva al caminante desde la gran ciudad, sede de la corte, al cativo Rabanal.. Al elegir esta aldea como fin de la etapa, y desdeñar Astorga, Aimérico ‘apura’ la Meseta para acercarse al pie de los montes de León, comienzo de los terrenos Paleozoicos, fundamentalmente pizarras, areniscas y cuarcitas.

La etapa décima salva los Montes de León, el monte Irago de la Guia del Peregrino. Puesto que la siguiente es también de montaña, quizá la más dura, Aimerico alarga aquí también la etapa hasta cruzar todo el valle del Bierzo y llegar a Villafranca, o comenzo do val do río Valvarce al pie de la Sierra del Caurel.

La etapa once, de nuevo de montaña, sube al monte Cebreiro para descender a Triacastela, na ladeira do mesmo monte, xa en Galicia. Al igual que Pirineos o Montes de Oca, Cebreiro es para Aimerico un linde, un gigantesco mojón que señala el paso de Castilla a Galicia.

Las etapas doce y trece son mediana, e tamén mediana. 

De nuevo, aunque ignoremos qué criterio caracteriza esta medianía, nos basta el tamén para entender que Aimeric considera la trece ‘junto con’ la etapa doce, con la que comparte un mismo sustrato de esquistos y granitos, un paisaje suavemente montuoso y un clima y vegetación similar. Y de nuevo, hay también diferencias geológicas entre ambas etapas que justifica considerarlas por separado.

La doce, de Triacastela a Palas de Rei, atraviesa la superficie fundamental de Galicia y le permite al caminante advertir, no ya una tierra montuosa, sino una penillanura profundamente excavada por los ríos

En la trece y última etapa, que lleva de Palas de Rei a Santiago, el peregrino pierde de vista el horizonte de la superficie fundamental, en un entorno que, siendo similar, es mucho más cerrado. Antes de comenzar el apresurado descenso que lleva a Palas de Rei, el camino atraviesa las Sierras Centrales de Galicia y ofrece la última oportunidad de observar un horizonte dilatado, una amplia panorámica de la penillanura gallega. Aquí dejamos la cuenca miñota para entrar en las compartimentadas cuencas atlánticas, en las que ya no recuperaremos la visión del horizonte salvo que continuemos viaje hasta asomarnos el océano en Finisterre.

E incluso desde un punto de vista ya no paisajístico sino puramente geológico, la formación del Ollo de Sapo, que en los límites de las etapas doce y trece coincide con la divisoria entre las cuencas atlántica y miñota, separa también subzonas del Hercínico gallego -y peninsular-, fijando un límite que, si bien sólo tiene sentido para el especialista, cualquiera puede advertir en la desaparición de las pizarras de techar, tan habituales desde O Courel.

2 pensamientos en “36. Geología de las etapas del camino Francés a Santiago

  1. Rosana

    Hola, Estaría interesada en saber dónde puedo encontrar más información sobre lugares de interés geológico en la última parte del Camino Francés (Sarria – Santiago) para trabajarlo con un grupo de estudiantes extranjeros que quieren hacer el Camino el año que viene.
    Agradecería cualquier sugerencia.
    Gracias

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    1. opr Autor

      Hola Rosana.
      No hay mucho editado, que yo sepa.

      Hay una guía geológica del Camino publicada por el IGME; aunque no la he leído, tiene la ventaja de que es específica y supongo que no estará mal: Las piedras del Camino de Santiago en Galicia.
      Este es el enlace:
      http://igmepublicaciones.blogspot.com.es/p/coleccion-guias-geologicas.html

      El IGME también tiene una pequeña guía de Puntos de Interés Geólogicos de Galicia, mucho más antigua y no específica del Camino, que puede servirte dependiendo de si te quieres ceñir o no a la ruta.
      http://www.igme.es/Publicaciones/AbrirProducto.asp?IDProducto=37

      Espero que te ayude. Buen camino.

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