-12- Detalle de posible galería al fondo

37. Las labores romanas entre Vilachán y Pinzás. Zanjas y galerías.

Entre Vilachán y el Burato dos Mouros, en Pinzás, se localizan una docena larga de indicios mineros diversos, algunos asociados a mineralizaciones auríferas por el IGME y todos ellos sin catalogar por Patrimonio e inéditos para la arqueología. Veamos.

Tres de estos indicios -1, 2, 3- ya están descritos en otra entrada, y los trabajos del ITGE de 1993 los interpretan como labores antiguas sobre mineralizaciones auríferas. Aparecen éstos tajos asociados a manantiales que surgen del represamiento subterráneo de las aguas por un sistema de diques de cuarzo y tienen una disposición general este-oeste, o al menos se abren hacia el este en favor de la pendiente.

Un poco más al norte de estos tres (o cuatro) tajos y alineadas sobre el mismo dique hay otras dos excavaciones -4, 5- no señaladas por el ITGE, una de las cuales -4- da salida a una mina moderna de agua, aunque pudiera ser retrabajada sobre una labor antigua, y la otra -5-, es una excavación casi circular con una entrada , similar a la -2- aunque mucho más pequeña.

Y todavía más al norte, siguiendo casi la misma dirección, el ITGE señala otras tres zanjas de minería antigua -6, 7, 8- asociadas también a mineralizaciones de oro. Aunque están dispuestas sobre una falla de desgarre como las cinco anteriores, estas tres zanjas tienen una factura muy diferente, pues se abren en dirección norte-sur, la misma que la traza de la falla. De las tres, las dos zanjas más al norte son trincheras en «v», pero la que está más al sur conserva los taludes verticales excavados en la roca viva a lo largo de unos treinta metros de longitud y uno a dos de anchura.

Unos doscientos metros al este y ladera abajo de estas zanjas, se encuentran otras dos trincheras bastante inusuales -9,10-, pues siguen una trayectoria curva y ganan profundidad a media que avanzan. Al menos una de ellas ha sido utilizada como camino. El sentido minero de estas trincheras en arco no está nada claro, más aún cuando desembocan en un pequeño valle relleno por los  estériles de las excavaciones aguas arriba.

Los rellenos son evidentes por la forma en artesa de estos pequeños valles (en lugar de la típica forma en «v»). En estas artesas se desbordan los regatos y desaparecen los cursos al infiltrarse y discurrir de forma subterránea bajo los rellenos, y por todas partes se pueden ver abundantes bloques de piedra de las excavaciones romanas. De estos valles rellenos hablé también en la entrada del Burato dos Mouros II, donde se describe también las labores de -11-, que continúan hacia el sur la mina Burato dos Mouros.

A media ladera y sin relación evidente con ninguna estructura geológica principal, dos profundas zanjas de uno a dos metros de anchura excavadas en roca 12, 13- parecen conectar en profundidad con galerías subterráneas. Ninguna de las dos tiene entidad suficiente para dejar huella en el mapa de pendientes. En superficie, -13- apenas se extiende a lo largo de unos 10 metros en dirección N-S , pero la traza de -12- es evidente a lo largo de unos 30 metros y además conserva las escombreras de parte del material excavado junto a las zanjas. La zanja 13 está rodeada por una alambrada para evitar caídas, por lo que sí es conocida al menos por la delegación de Minas de Pontevedra, aunque ni la -12- ni la -13- están indicadas en los trabajos del ITGE, lo que es muy extraño, porque el ITGE sí indica otras labores de menor tamaño e incluye también indicios de minería moderna de estaño o incluso andalucita. Sería muy interesante realizar catas en los escombros de -12- para averiguar algo más sobre lo excavado y hacer geofísica de resistividad para cartografiar posibles galerías subterráneas en el entorno. Todo se andará.

Del indicio -14- del ITGE no puedo decir nada salvo que no no lo encontré.

Por último, el indicio -15- es una trinchera con taludes inclinados,  unos 15 metros de anchura y algo más de 80 metros de longitud, muy similar por su disposición y tamaño a la zanja sur de Biduido.  En su entorno se pueden advertir algunas excavaciones menores, pero lo más destacable es que ladera arriba de estos trabajos una serie de grandes bloques de piedra se encuentran perfectamente enfilados en dirección N-S, en lo que pudiera haber sido un gran alineamiento o muro ciclópeo.

Los romanos, como es lógico, acometían los trabajos mineros con técnicas variables según las condiciones topográficas y geológicas del yacimiento, es decir, según la configuración del yacimiento, el relieve del terreno, la facilidad para excavar y la propia interpretación geológica que daban a los yacimientos, una interpretación que predeterminaba el modo en que acometían el laboreo de las minas. Cualquier minero sabe que el modo en que empieces a explotar una mina o cantera compromete el desarrollo de la explotación, haciéndola más o menos viable y permitiendo que la explotación sea más o menos exhaustiva.

Así, en los indicios –1, 2, 3, 4, 5- la exploración remontando los manantiales y la pendiente les da a las cortas una configuración E-O, aunque los diques mineralizados se disponen en la dirección de la estructura geológica -la falla de desgarre- que es N-S. Se ve claramente en -4- que la excavación E-O, una vez alcanzada la falla, se ensanchó en sentido N-S, acabando por una forma circular a la corta. En -5-, situado en la traza geológica de la misma falla pero en una zona llana y sin manantial que indique la posición de ésta, la excavación es más somera -no hay pendiente natural que facilite el vaciado de lo excavado- y zigzaguea en sentido E-O, sin duda buscando los diques portadores.

En los indicios -6, 7, 8, 9,12, 13, 15-, la excavación es siempre N-S, que es la dirección general de las estructuras geológicas, de modo que están excavadas en la misma dirección de los diques mineralizados. Que unas labores se vean hoy como zanjas de taludes suaves o como trincheras verticales tiene que ver con el grado de meteorización de la roca. Y como se puede apreciar en -6, 12, 13-, es muy posible que estas trincheras conectaran en profundidad con galerías subterráneas. En cualquier caso, estas labores N-S indican un tipo de exploración diferente al del grupo anterior. Estas explotaciones debieron ser iniciadas a partir de afloramientos mineralizados en superficie, o quizás a partir de una exploración general por rozas de suelos, tal y como expliqué en el caso de Biduido.

Y como en Biduido, la conclusión evidente es que no se debe circunscribir ni limitar la minería romana a las grandes explotaciones. Así no entenderemos nada. Toda la región mineralizada asociada a la banda metasedimentaria desde el río Limia en Portugal hasta la ría de Baiona fue explotada mediante una minería extensiva de pequeñas labores, un territorio que en Galicia se extiende por los municipios de Gondomar, Tomiño, Tui,  Oia y O Rosal. Gracias a su aislamiento, este pequeño lugar entre Pinzás y Vilachán conserva las sutiles y frágiles huellas de esta microminería que todavía está por interesar a una microarqueología.

Y una última cosa. Los grandes proyectos mineros, e incluso las pequeñas y medianas canteras amenazan estos yacimientos. Vale. Pero no solo ellas, también las grandes y pequeñas plantaciones agrícolas también destruyen estos yacimientos, y un salvaje modelo de explotación forestal que promueve rozas indiscriminadas y arrasa con los suelos y la topografía original del monte para plantar pino, eucalipto o nada de nada, construyendo -eso sí- miles de kilómetros de pistas forestales -no solo cortafuegos- que son luego abandonadas para construir otras nuevas al año siguiente. Toda esta destrucción se realiza y es realizada por unas entidades comunales irresponsables sobre un bien comunal, y que por muy privada que sea su gestión y su titularidad, es de hecho un bien público, puesto que es inalienable, esto es, que no puede ser vendido ni privatizado jamás, aunque pueda ser permutado. Queda dicho y seguro que lo repetiré.

Y prometo más.

 

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