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68. La gran captura II. Por qué el Tajo se encaja y el Guadiana remonta.

No podía dejar la cosa así, en el aire. Pero tampoco quería alargar demasiado la entrada ni desviar la atención de lo importante, la causa final y profunda que determina la posición y comportamiento de los grandes ríos : el adelgazamiento o engrosamiento de la corteza.

Pero quedaba responder. ¿Por qué el Tajo se encaja mientras el Guadiana remonta?

Volvemos, pues, a los Montes de Toledo, entre Cíjara y Azután.

Captura Tajo Guadiana en Cíjara

Captura Tajo Guadiana en Cíjara

En este punto los geomorfólogos de toda la vida, ésos del nivel de base, creen ver las señas de la vieja captura del Alto Guadiana, que drena La Mancha y desaguaba en el Tajo para hacerlo ahora en el Guadiana. Las señales son, básicamente dos:

1.- El “extraño” quiebro del Guadiana en Cíjara, que lo acerca 45 km hacia el Tajo.

cuenca Guadiana

2.- Las huellas de una intensa “erosión remontante” alrededor del Guadiana en los alrededores de Cíjara.

Huellas de intensa erosión fluvial en Cíjara/Guadiana.

Huellas de intensa erosión fluvial en Cíjara/Guadiana.

La cuestión es que en Cíjara el Tajo está 40 metros más bajo que el Guadiana, así que según la teoría de los perfiles de equilibrio respecto del nivel de base, tendría que haber sido el Tajo el que capturase al Guadiana. ¿No?

Pues no, claro.

Voy a intentar explicarlo de la mantera más simple posible.

1.- Los ríos son solo una manifestación del agua corriente en  superficie. El agua subterránea y el agua superficial forman parte de un mismo sistema hidráulico.

2.- Los concepos de gradiente hidráulico y nivel de base deben establecerse en función del nivel freático. Es el freático el que señala el nivel de base y determina los perfiles de equilibrio.

3.- De modo general, la erosión fluvial/hidráulica  afecta a todo el terreno sobre el nivel freático, no solo a la superficie topográfica

4.- La erosión fluvial/hidráulica tiende a igualar o al menos acercar la superficie topográfica al nivel freático.

Veamos ahora los casos particulares:

5.- Si el cauce de una corriente superficial discurre colgada sobre el freático, el cauce tenderá a encajarse. La erosión tiene lugar bajo el río. Es el caso del Tajo.

Este río es encajará hasta alcanzar el freático. Es el caso del Tajo.

Este río es encajará hasta alcanzar el freático. Es el caso del Tajo.

Los colapsos circulares tipo dolina son las evidencias más espectaculares de la erosion subterranea

5.- Si el cauce superficial está bajo el freático la erosión remonta el río, es decir, tiene lugar más arriba (aguas arriba) del propio cauce.

freático sobre río. Situación del Guadiana

freático sobre río. Situación del Guadiana

La surgencia y erosión aguas arriba de un cauce  “principal” puede acabar por generar un curso de agua más o menos estable y/o un valle tributario del “principal” al que viene a desaguar. Aquí teneis un ejemplo de valle sin río a la vista. Hay montones de situaciones particulares diferentes para explicar cosas aparantemente similares. Por ejemplo, para el caso del esquema de arriba, dos souciones simples podrían ser:

Posibles soluciones hidrogeológicas para la erosión remontante

Posibles soluciones hidrogeológicas para la erosión remontante

Sea como sea, si os fijáis bien en los valles así formados veréis que son más amplios en su cabecera que en el punto de su desagüe. Por ejemplo, en esta imagen de la imponente costa de A Guardia-Baiona, al norte de la desembocadura del Miño, se ve perfectamente la coalescencia de aguas en un cauce principal formando un embudo para seguir el río así formado circulando de cualquier manera y sin apenas erosionar, resbalando por la superficie del terreno.

Los valles son más anchos aguas arriba y se estrechan aguas abajo para acabar resbalando el rio por la superficie

Los valles son más anchos aguas arriba y se estrechan aguas abajo para acabar resbalando el rio por la superficie

Cuando ven estos conos de captación, algunos mapas geomorfológicos los interpretan como las cicatrices de deslizamientos del terreno. Y es que los manuales geológicos diferencian los movimientos en masa del terreno de la erosión fluvial como si fueran cuestiones distintas, pero la naturaleza no entiende de estas divisiones y en realidad siempre hay un continuo entre unas y otras. Y si no mirad este espectacular vídeo, o este otro.

Así que a pesar de las aparentes diferencias, el acarcavamiento fluvial de Cíjara responde a unos mecanismos semejantes. Los valles fluviales van aquí todos paralelos hacia el sur siguiendo el mismo gradiente hidráulico local pero desaparecen “misteriosamente” aguas abajo justo al cambiar la dirección de su curso. A partir de este punto los ríos resbalan mansamente y sin erosionar hasta desaguar de nuevo en otros ríos de dirección sur. Ha cambiado el gradinte hidráulico definido por el freático.

Los rios señalados cambian de dirección y pasan de un valle erosivo a resbajar sobre la topografía al cambiar el gradiente hidráulico general.

Los rios señalados cambian de dirección y pasan de un valle erosivo a resbajar sobre la topografía al cambiar el gradiente hidráulico general.

Y ya aprovechando la corriente…, en el cículo de abajo señalo una plataforma “olvidada” por la erosión. Este es el origen de la formación de las conocidas mesas, sobre las que también se han dicho muchas tonterías.

Las mesas son relictos de un desaparecido gradiente hidráulico.

Las mesas son relictos de un desaparecido gradiente hidráulico.

En definitiva, la erosión remontante no remonta nada. Lo que hay es un freático colgado sobre la ladera por la razón que sea, lo que es absolutamente común y se repite a lo largo del paisaje a todas las escalas dando lugar a deslizamientos del terreno, fuentes (permanentes o no), ríos (permanentes o no) y valles que llevan o no llevan río a la vista.

erosión en pequeño manantial de ladera

erosión en pequeño manantial de ladera

Lo que llamamos río no define un único gradiente hidráulico, es tan solo una manifestación de agua corriente en superficie, a veces ni eso, tan solo un cauce seco, o sea, la huella de una vieja corriente. Una cuenca hidrográfica estará formada por uno, diez, cientos o miles de niveles de base locales definidos cada uno de ellos por los freáticos locales que además varían según el año y la estación. Como os podéis imaginar es un inmenso puzle.

Y ahora vamos ya al caso final, que no es otro que esa generalización de “río en equilibrio”

7.- La de abajo es la imagen que podemos considerar más próxima a lo que de modo habitual se malentiende por perfil de equilibrio y es la representación típica de la relación entre un río y el freático que lo alimenta.

Gradiente hidráulico vertiendo directamente al cauce (en equilibrio)

Gradiente hidráulico vertiendo directamente al cauce (en equilibrio)

Cuando esto ocurre, cuando el freático viene a la misma cota del cauce, entonces el río ensancha su cauce y el valle se amplía y suaviza.

Pero como ocurre con el dibujo de arriba, esta situación se dibuja regular o mal, siempre con esas estúpidas líneas de flujo señaladas como L. Fijaos. ¿Por qué se empeñan en dibujar esa circulación del agua bajando por debajo del nivel del río para volver a subir? ¿Es ésa realmente la situación general o solo es importante en valores de gradiente cercanos a 0?  ¿Por qué entonces se dibujan una y otra vez esas líneas cóncavas para expresar el movimiento del agua subterránea? Pues porque se copian unos a otros.

Pero mirad ahora el siguiente esquema, es el hundimiento del perfil del nivel freático en un pozo drenante, es decir, sacando agua.

perfil de superficie piezométrica en pozo drenante

perfil de superficie piezométrica en pozo drenante

Las dos situaciones a y b simplemente indican que, a mayor permeabilidad o porosidad eficaz, la depresión del nivel freático será mayor (V menor), mientras que a mayor transmisividad (algo así como la velocidad del flujo) el perfil será más o menos tendido. En cualquier caso ¿Os recuerdan algo esas uves? Pues claro, al perfil de los valles.

La erosión física o química requiere desplazamiento de masa, y cuanto mayor sea el lavado del suelo, mayor la erosión. Así que la mayor parte de la erosión tendrá lugar en la zona de percolación (si llueve) y en la superficie del freático, donde mayor es el flujo de agua.

El flujo de agua se acelera con la pendiente circule el agua en superficie o en profundidad, así que la erosión es mayor justo en la superficie del freático donde alcance mayor pendiente, que es, claro, justo por donde desagua, que en este caso es el fondo del valle.

Resumiendo:

En general, un río puede considerarse una zanja drenante, una zanja cuyo perfil tenderá a adaptarse al perfil del gradiente hidráulico a ambos lados.

1.- Si el freático está bajo el río es que el agua se mueve en vertical por gravedad, o sea que el gradiente es vertical y el río se encajará como el Tajo o el río Colorado. Una zanja de paredes vericales.

2.- Si el freático se eleva sobre el río cortando la topografía por encima del cauce se produce la “erosión remontante”, es decir, la erosión aguas arriba del río que el geomorfólogo de turno toma como referencia. Es lo que se ve en Cíjara.

Si el freático está sobre el río en una zona completamente llana éste se desborda y pierde su curso, que es lo que pasa en las Tablas de Daimiel, por ejemplo. Sigue habiendo río, pero está oculto por sus propias aguas.

3.- Si el freático viene a coincidir con el río tendremos el típico valle en V, más o menos suave dependiendo de la geometría, permeabilidad y caudal del acuífero, deometría de las capas, etc.

Entre 1, 2 y 3 hay solución de continuidad, es decir y todas estas situaciones se dan de forma habitual en cualquier cuenca hidrográfica.

 

 

 

 

 

 

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67. La gran captura, I. El descuartizamiento del Tajo y el futuro curso del Duero escritos a 30 km de profundidad.

Para los taoistas el agua era ejemplo del Tao porque allanándose todo lo podía. Como sabe cualquiera, el agua ocupa las zonas más bajas, y se dirige a ellas por el camino más corto que encuentra que no es otro que el de mayor pendiente, adquiriendo así la mayor energía cinética.

Los geomorfólogos, sin embargo, son gentes superficiales y muy supersticiosas que pretenden llegar al fondo de las cuestiones geológias a partir de la mera forma. Así que no entienden bien la potencia pasiva del agua y consideran los ríos como agentes activos del paisaje. Tan activos que incluso les atribuyen la génesis de las llanuras por las que los ríos no hacen sino allanarse.

Pero como una imagen vale por mil palabras, aquí dejo este fantástico mapa de la Península que tan bien explica tantas cosas (original: aquí).

Profundidad del Moho bajo la Peninsula

Profundidad del Moho bajo la Peninsula

Prestad atención al mapita. Miradlo bien. Es una estimación de las profundidades del Moho, es decir, de la corteza continental, calculadas a partir de datos gravimétricos, es decir, de la aceleración de la gravedad en cada lugar. Volved a mirar. ¿Lo veis? ¿Veis cómo es más gruesa en las zonas de montaña y cómo más delgada en las depresiones del Ebro o del Guadalquivir? Aquí no hay duda ni vuelta de hoja posible. Es la depresión tectónica la que ha encauzado ambos ríos. 

En realidad una depresión tectónica no es otra cosa que la evidencia en superficie de un adelgazamiento de la corteza. Una cordillera evidencia un engrosamiento cortical. La corteza está hecha de rocas más ligeras que el manto y, como un corcho en el mar, aboya. Lo encontraréis mil veces explicado por ahí buscando isostasia.

isostasia

Así que lo que veis en el mapa de profundidades del Moho es esa profundidad de flotación de la corteza, y a groso modo será un reverso del relieve. Donde la corteza sea muy gruesa, se hundirá más pero necesariamente habrá montañas, y donde sea más delgada se hundirá menos y ahí habrá depresiones. Sobre esto, claro, puede haber variaciones locales debido a ligeras diferencias de densidad y otras cuestiones, pero en general, será así. Para que os resulte más sencillo comprobarlo pongo al lado un mapa de relieve de Iberia a escala semejante, y además fijo vuestra atención sobre otras dos adelgazamientos de la corteza en La Mancha y el norte de Portugal.  

Península- profundidad del Moho y relieve

Península- profundidad del Moho y relieve

La captura del Tajo-Guadiana

Por el adelgazamiento cortical de La Mancha se encauza el río Guadiana. El mapa no muestra ningún adelgazamiento equivalente que encauce el Tajo y a mi entener eso explica el encajamiento de este río y la captura por el Guadiana de la cuenca de La Mancha.

Guadiana por Bdajoz

Guadiana por Bdajoz

A partir de la frontera con Portugal, Tajo y Guadiana llevan cursos más o menos paralelos. En Badajoz, a unos 180 km de su desembocadura, el Guadiana discurre a 165 metros sobre el nivel del mar, mientras que 90 km más al norte, el Tajo a unos 125 m.s.n.m., se encaja bajo el famoso Puente de Alcántara, quedando esta población a 230 metros.

Tajo en Alcántara

Tajo en Alcántara

Unos 300 km Tajo arriba, este río discurre encajado también unos 100 metros bajo el Alcázar de Toledo, que está a 550 m.s.n.m.

Tajo en Toledo

Tajo en Toledo

También unos 300 km río arriba de Badajoz y a 90 km al sur de Toledo, el Guadiana desborda de modo permanente su propio curso en las Tablas de Daimiel, a unos 600 m.s.n.m.

Guadiana en Daimiel

Guadiana en Daimiel

Así que entre Alcántara y Toledo el Tajo recorre algo más de 300 km de distancia y salva 325 metros de desnivel, mientras que el Guadiana, recorriendo una distancia similar salva un desnivel de 425 metros. De este modo, el curso del Guadiana se dispone unos 40 a 150 metros sobre el curso paralelo del Tajo.

Según la lógica ésa de los niveles de base, la erosión remontante del rejuvenecido Tajo debería comerse la cuenca del Guadiana, sobre todo en su zona más alta, la del paisaje senil de La Mancha alrededor de las Tablas de Daimiel. Pero lo cierto es que los mismos geomorfólogos que de entrada admiten como base de su ciencia la paradoja de los ríos (aquí, páginas 26 y 27), cuando pasan a las evidencias, admiten también sin mayores reparos que la llanura machega formaba parte de la cuenca del Tajo antes de ser capturada por el Guadiana (página 41) y que esta gran captura tuvo lugar, precisamente en Cíjara.

En rayado, la cuenca del Tajo antes de la captura de Cíjara por el Guadiana

El pantano de Cíjara es el punto donde el Guadiana se acerca más al Tajo; 45 km más al norte está el pantano de Azután. Aquí el Guadiana hace un quiebro asomándose al norte. A la salida de Azután el Tajo se encuentra a unos 330 metros sobre el nivel del mar, y a la salida del pantano de Cíjara el Guadiana está a unos 370 msnm. Entre ambos pantanos, los puertos de San Vicente y Rey son pasos naturales donde los Montes de Toledo se allanan a los 800-900 metros.

¿Cómo  pudo el Guadiana con su nivel de base a 370 metros haber robado al Tajo una cuenca que desaguaba en un nivel de base a 330 ? Esta pregunta no la responden los geomorfólogos de modo directo, y lo que hacen es marear por los montes de Toledo, cual si fuera Babia. Lo mejor es ir allí mismo y verlo nosotros.

Captura Tajo Guadiana en Cíjara

Lo que muestro en la imagen Google de arriba son los indicios con los que los geomorfólogos arman la captura.  Al norte y al sur de los Montes de Toledo se disponen acumulaciones de sedimentos semejantes y de la misma edad. Además, estos sedimentos, separados aquí por los Montes de Toledo, encuentran continuidad hacia el este, en las tierras del Toboso y Alcázar de San Juan, por donde dicen que anduvo el Quijote. O sea, que vienen a ser lo mismo, partes de una misma cuenca del viejo Gran Tajo. Pero justo en este lugar los sedimentos al sur de los Montes están, como véis, comidos por una multitud de valles interdigitados, un acarcavamiento que denuncia la fabulosa erosión remontante del Guadiana. Los geomorfólogos creen que antes de interponerse los Montes de Toledo, el desague del Ciguela, el Zánjara o el Jabalón se hacía por esta zona, por Puerto Rey y Puerto San Vicente hacia el Tajo.  Hasta que un afanoso Guadiana remontándose a si mismo socavó el paso de ese afluente y robó sus aguas para su propio rehalce y señorío, ¡Olé su tronío!

Una historia excelente, pero tan falsa como la de la Navidad. Es lo que pasa con Papá Noel, que si empiezas con las preguntas, el asunto se viene abajo. ¿Porqué se encaja el Tajo pero no remonta? ¿Por qué remonta el Guadiana pero no se encaja? ¿Por qué un nivel de base a 370 erosiona los depósitos a 600 o 700 metros pero un nivel de base a 330 no es capaz?

Bueno, podeis verlo en el mapa de arriba. Lo que dio al Guadiana el desague de la Mancha no fue su poderoso instinto remontante sino el adelgazamiento cortical entre los Montes de Toledo y Sierra Morena. Las aguas del Cigüela, Zánjara y Jabalón se allanaron a la cuenca del Guadiana porque eso es lo que hace el agua, discurrir en favor de la máxima pendiente. Mucho me temo que el Tajo sea hoy un relicto de lo que fue, el recuerdo de una depresión cortical en desarticulación y susceptible de ser rápidamente cuarteada.  El río todavía canaliza las aguas de una cubeta topográfica, pero las distintas partes ya no están articuladas entre sí por el río, sino que comienzan a repartirse y jerarquizarse conforme a las líneas estructurales de las fallas, sobre todo en la mitad oeste de la cuenca. El Tajo se está convirtiendo en un río estructural, con una red hidrográfica jerarquizada por fallas.

segmentacion del Tajo

Un río estructural está sometido al sustrato. Y el grado de sometimiento del Tajo se aprecia en el cluse o cruce del Monfragúe. Sin la ayuda del estructural Tietar, un río que funciona como cuenta perimetral del Sistema Central,  el Tajo sería incapaz de cruzar siquiera este sinclinal, y quedaría atrapado por este relieve apalachiano, un simple relieve residual.

Cluse del Tietar-Tajo en Monfragüe.

Cluse del Tietar-Tajo en Monfragüe.

El futuro Duero-Mondego. 

Aunque la definición sea muy mala, vale la pena verlo aumentado.

detalle de profundidades del Moho en el NO

detalle de profundidades del Moho en el NO

Es el detalle del adelgazamiento cortical que enlaza la Meseta con el Atlántico apuntando por el suroeste hacia la fosa de Coimbra, en Portugal, y por el noreste hacia Benavente, donde confluyen los ríos Tera, Órbigo, Esla y Cea, entre un quinto y un cuarto del caudal del río Duero y donde se encuentran las lagunas endorreicas de Villafáfila.

futuro Duero-MondegoComo se ve en la línea blanca de trazos (1), poca distancia resta entre el Dão y los Arribes del Duero, los cañones por los que el río mesetario se despeña en su curso bajo portugués. Sin embargo, este paso fluvial es imposible precisamente por el profundo tajo de los Arribes. Pero si la actual depresión en Benavente se desplazase 100 km hacia el sur, hasta Salamanca, ya no habría barrera alguna para la unión de Duero y Mondeo (2). ¡Qué cosas! ¡Coimbra y Salamanca hermanadas al fin por el mayor río peninsular!

.. quien lo viera…

 

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55. Termalismo de Galicia, granitos y geotermia de media entalpía.

Hace unos años hice un estudio sobre las posibilidades de aprovechamiento de la energía geotérmica en España. Me lo encargó una empresa de energía eólica, interesada en explorar otros campos de las renovables. Eran, claro los años del bum, pero los últimos, ya con la crisis encima, y todo quedó en nada. De todas formas fue uno de los trabajos más interesantes que me llegaron a  encargar.

En 2007, cuando comencé el trabajo, rodaba ya en España una pequeña burbuja (otra) con la geotermia. Casi todo era especulación. En realidad solo había un proyecto industrial firme y con capacidad técnica, el de la australiana Petratherm, que desarrollaba proyectos de geotermia en otras partes del mundo. Yo tenía la ilusión de que nosotros íbamos detrás, pero no. De todas formas, ni siquiera Petratherm ha iniciado todavía un solo proyecto de explotación, aunque en Canarias iban bien encaminados y en compañía del ITER y la UB hicieron importantes trabajos y siguen goteando noticias. Quién sabe.

Pero voy a lo que importa. Al repasar el termalismo de Galicia como indicio de posibles yacimientos geotérmicos profundos, me saltó una relación evidente que no parecía haber levantado la atención de nadie.

1.- Como veis en el mapa del IGME escaneado de abajo, del año catapún, la relación entre termalismo y fallas es tan evidente que a nadie se le escapó. Se pinten unas u otras fallas, que en esto sí que no hay acuerdo, lo cierto es que la relación tiene que ser, como se suele decir, sí o sí.

2.- La segunda relación del termalismo de Galicia es con los ríos. Esta relación también es pública y notoria y en cierto modo está relacionada con  la anterior, puesto que los valles fluviales en Galicia se indentan sobre fallas. Según la interpretación habitual, el encajamiento de los ríos en favor de las fallas favorece la emergencia de las aguas termales por la misma razón por la que las aguas subterráneas manan a un pozo: porque profundiza en el terreno.

3.- La tercera relación, también considerada pero pero casi siempre de un modo parcial, es la del termalismo con los granitos. Lo que a menudo se ha planteado era si el termalismo estaba causado por o no por un calor magmático remanente. La respuesta general a esta posibilidad es que no. Pero más allá de esta posibilidad, no se ha planteado porqué el termalismo en Galicia aparece asociado a los granitos y no a otro tipo de rocas. 

4.- Y por último, y afinando lo dicho en 3, nunca he visto que se relacionara de forma específica el termalismo de Galicia con los granitos post-orogénicos, cosa que a mí me parece un hecho bastante claro. O para ser más preciso, con los márgenes de los granitos postorgénicos en particular y con los bordes de las masas o batolitos graníticos en general.

En el mapa anterior localizo los manantiales termales de Galicia que aparecen en el mapa del IGME sobre otro mapa con los granitos de Galicia. El color rosa y verde señala los granitos afectados por la orogenia Hercínica, es decir, plegados, fracturados e incluso metamorfizados, y el color rojo los granitos post-orogénicos, es decir, los que están tal y como se emplazaron, sin mayor cambio que su enfriamiento y la erosión de los kilómetros de corteza que los cubrían. Los puntos azules son los manantiales termales.

Como suele suceder no están todos los que son ni son todos los que están. Pero la relación es en mi opinión lo bastante fuerte como para sugerir causalidad. Además, los manantiales de mayor temperatura como Lobios, Caldelas de Tui o A Toxa se localizan dentro de los macizos. Creo recordar que la segunda temperatura más elevada de la Península se localiza en el Pirineo, también asociada a un granito de este tipo. ¿Cuál es la razón?

Las aguas termales de Galicia suelen aparecer en zonas de profunda excavación de los ríos en entornos montañosos cerrados. La máxima concentración de manantiales en O Carballiño-Rivadabia se debería a la profunda incisión del Miño-Avia en esa zona montañosa, que favorecería el afloramiento de las aguas subterráneas drenadas desde norte, sur, este y oeste. Similares configuraciones montañosas cerradas con una profunda incisión central se presentan en Baños de Molgás o Verín. Así que tenemos lo siguiente:

1.- ¿Por qué los granitos y no otras rocas?

La meteorización de los granitos genera pocas arcillas en comparación con otras rocas y numerosas grietas abiertas por las que el agua puede circular de forma limpia y con velocidad suficiente como para no enfriarse.

2.- ¿Por qué a través de los contactos?

Los contactos entre granitos y otras rocas o entre granitos post-orogénicos y pre-sin-orogénicos son a menudo son contactos mecánicos, es decir, fallas, pero en cualquier caso son superficies de debilidad que tienden a encauzar flujos de agua. Lo que tienen estas superficies de especial es su gran extensión y profundidad. Son conductos directos desde las profundidades hasta la superficie del terreno. De este modo las aguas termales no se dispersan por una divergente y fina red de fracturas y tienen menos riesgo de mezclarse con aguas frías de infiltración.

3.- ¿Qué añaden los granitos post-orogénicos?

Los granitos postorogénicos, menos fracturados y por lo general menos meteorizados que los otros, favorecen la concentración de los flujos de agua por unas determinadas grandes fracturas.  Hay menos fracturas, pero son más limpias y de mayor continuidad. Esto se ve claro en Lobios, donde una gran fractura interna alimenta el manantial de mayor temperatura de la Península.

4.- ¿Algo más?

Sí. Quizá lo más importante. Los sistemas termales profundos necesitan de un sello, una capa impermeable que  actúe como un aislante y retenga el agua caliente abajo. El granito sano no fracturado es un material impermeable, y a veces los batolitos postorogénicos  se emplazan como delgados mantos horizontales que podrían actuar como eso, como capas sellantes a la vez que facilitan el movimiento vertical del agua por fracturas localizadas.

Teniendo en cuenta lo dicho no se necesita de la existencia de anomalías geotérmicas zonales para explicar la concentración de manifestaciones termales.

Para terminar, si es así como supongo y acabo de contar, el potencial geotérmico profundo de Galicia podría ser mayor de lo que hasta ahora se ha estimado. Ourense, pero también Caldas o Tui, en Pontevedra, cuya configuración hidrogeológica es menos favorable al afloramiento abundante de aguas termales, podría esconder en profundidad importantes yacimientos geotérmicos de media entalpía con interés energético.

34. El caso del regato Margaridas, mitología científica y la red hidrográfica subterránea.

El regato das Margaridas -nombre que por lo que parece se refiere a un tal Margaritus, un romano dueño de estas tierras-, sigue en su nacimiento un constante curso hacia el sur recogiendo las aguas del Alto do Lousado, hasta que pasado este monte se despega  y dirige al este, hacia Vilachán, donde se une al Río dos Campos Redondos para formar el regato de Vilachán, otro río breve, que tras regar un par de kilómetros de esta aldea revuelve su curso al oeste recogiendo las aguas del Alto da Pedrada -hay que ver que prosaicos somos los galaicos poniendo nombres a los montes- y vierte generoso sus aguas al río Carballo o Tambre de la topografía 1:25.000, río Carballas para los vecinos del lugar, río jovencísimo también, pues surge de las aguas de la vertiente oeste del Alto do Lousado.

Apenas a  cuatro kilómetros de su nacimiento, el Carballas/Carballo/Tambre se basta para alimentar con su considerable caudal un pequeño salto hidroeléctrico, aunque ni su bravura ni sus tres nombres lo salvan del más bravo raudal nominalístico galaico, tan parco para con los montes como generoso con las aguas, y otros cuatro kilómetros más abajo, en su paso por la lujuriosa Loureza, el Carballas/Carballo/Tambre pasa a ser el Tamuxe, nombre que -al fin- mantiene hasta su desembocadura en el río Miño, o río-pai.

Alrededor del regato das Margaridas hay una buena colección de labores romanas y también una mina moderna de estaño, pero el Margaridas tiene interés geológico por méritos propios, pues su comportamiento como río es sumamente accidental, quizás en consonancia con que la hidronimia de comarca. Justo donde  la carretera de Vilachán a Burgueira cruza el Margaridas, el río cambia su curso de sureste a noreste para dirigirse a Vilachán, que como su propio nombre indica, es un rellano en medio de la sierra de A Groba. Este giro puede no parecer gran cosa, pero es que apenas a cincuenta metros al sur de donde la carretera cruza el río y éste gira al noreste para relajarse por los llanos de Vilachán, se inicia un profundo valle en una zona que los vecinos llaman Biduido -abedul- por el bosque que aquí había, y que desagua (es un decir, pues este valle o vaguada va más seco que una pasa)  en dirección sur, justo la que traía el río desde su nacimiento.

Pero el caso es aún más extraño, pues el Margaridas, ya convertido en Vilachán, retorna a ese mismo valle un kilómetro al sur tras haber dado un largo rodeo de casi cuatro kilómetros. En apariencia, el Margaridas es un simple caso de captura fluvial, uno más entre tantos, pero lo cierto es que contraviene la explicación usual de la erosión remontante, que dice que el río de perfil joven y más erosivo se come al río de perfil maduro o senil. En este caso, sin embargo, el Margaridas muestra un perfil de menor pendiente, mientras que el otro valle o vaguada, que hoy va seco y que aparenta ser un viejo curso abandonado, presenta un gradiente hidráulico mucho mayor, y en apariencia mayor potencionalidad erosiva.

Etos conceptos de erosión remonate, y río joven y senil van ligados a los de nivel de base y perfil de equilibrio, nociones básicas de geomorfología fluvial que a muchos estudiantes de enseñanzas medias tanto les cuesta -y con razón- entender,  y a los profesores explicar -como es lógico-.

El caso es que a pesar de que -como todo el mundo sabe y nadie hasta el momento ha sido capaz de desmentir- los ríos son cursos de agua que desciende -de arriba abajo-, los geomorfólogos -como obcecados lampreas o salmones tras su periplo oceánico- se empeñan en verlos desde su desembocadura, y desde esta perspectiva han inventado los conceptos de nivel de base a partir del cual se articula y evoluciona el perfil de equilibrio.

¿Pero cómo podría el río Tamuxe, ya discurriendo por tierras del Rosal, remontarse hasta Vilachán para someterlo a su nivel de base, y cómo podría el regato de Vilachán -o cualquier otro de la Tierra- saber dónde está el nivel de base del Tamuxe para adaptar a éste punto su fuerza erosiva?

Por lo que yo sé, nadie ha demostrado que una corriente superficial sobre un plano inclinado acabe por generar un perfil cóncavo exponencial, ni se han determinado cuales deben ser las condiciones para que esto ocurra, así que el perfil de equilibrio de un río es -en realidad-, un axioma de manual, pura tautología, como que el agua pura es incolora, inodora e insípida (y no digo que no, sino que quizá lo fuera si tal cosa existiese).

Pero veamos el asunto desde el principio:

Lo único cierto es que el conjunto de los ríos de la Tierra tiene un perfil que se adapta a la curva hipsométrica continental, un relieve originado por procesos de origen interno (la formación de montañas) y externo (su erosión).

 

Pero Venus, Mercurio, Marte, e incluso la Luna, -que carecen de agua y tienen historias geológicas tan diversas, presentan hipsogramas que -ya sea simples o dobles- son similares al terrestre, y que simplemente describen la probabilidad decreciente (exponencial) que una determinada superficie del planeta esté por encima o por debajo de la superficie media. Si el planeta tiene dos tipos de corteza (como la Tierra: continental y oceánica) tiene dos valores picos y si solo tiene un tipo de corteza (como Venus) pues tiene un solo valor pico.

El concepto de perfil de equilibrio comenzó a desarrollarse en el siglo XIX cuando la Geología era una ciencia descriptiva y taxonómica, y aportó una estructura narrativa que servía para explicar gran variedad de situaciones, a menudo contradictorias. A principios del siglo XX, el geomorfólogo W.H. Davis extendió aquella la noción a su célebre ciclo, que otorgaba a los paisajes -como si fueran seres vivos- una etapa juvenil que correspondía a la formación de montañas, una fase madura y última fase senil, en la que aquellas montañas habían sido arrasadas y convertidas en llanuras.

Por supuesto, el ciclo de Davis no era otra cosa que una metáfora biologicista que ayudaba a estructurar la descripción de un paisaje cualquiera, al modo como lo hacen los mitos, y como tal ha resultado completamente estéril como herramienta científica y apenas alumbró nuevos conocimientos o desarrollos. Hoy, el ciclo de Davis es un atavismo conservado por ciertos sectores académicos con el único fin de su propia perpetuación -de esos académicos-, para la desgracia de los estudiantes de medias e incluso algunos universitarios, obligados a este trágala, que en el mejor de los casos debería ser entendida como una fábula sobre la finiquitud y transitorio de los paisajes.

El trasfondo mítico del ciclo de Davis -que otorgaba a los paisajes un orden biológico de nacimiento, madurez y senilidad, según las propias edades del hombre-, ayudó en su día a darle enorme popularidad y amplió el concepto de perfil de equilibrio de un río para añadirle una dimensión temporal de la que en principio carecía. De este modo el perfil de equilibrio de un río pasó a definir un estado estacionario a través del que el río evolucionaba, embrollando aún más el confuso concepto inicial: los ríos evolucionan de jóvenes a seniles a través de sucesivos estados de equilibrio.

Según el estructuralismo, los mitos incorporan elementos contradictorios sin menoscabo de su función general, que es la de relacionar conceptos y realidades y codificar el mundo. Los conceptos son puestos en oposición, en yuxtaposición o en concordancia, pero lo que importa es el panorama general, que el poder relacional del mito unifica.

Como corresponde a esta función relacional, no es difícil encontrar la idea de perfil de equilibrio de un río asociado a todo tipo de propiedades y funciones diversas, a menudo contradictorias, pero que sirven -como el río mismo- para dar unidad a los perfiles visuales que el geomorfólogo advierte en el paisaje.

Así, incluso en un mismo texto, nos encontramos con que puesto en relación con una situación de descenso del nivel de base, el perfil de equilibrio es aquél que mantiene su forma mientras se encaja, y puesto en relación a los procesos de erosión y sedimentación (como fue primeramente definido) el perfil de equilibrio es aquel que minimiza aquellos, es decir, aquél río en el que no hay ni erosión en la cabecera ni sedimentación en la parte baja.

La contradicción no es un problema para el mito, ni en sus diversas versiones e interpretaciones, ni en su confrontación con la realidad. Quizá el ejemplo más sintomático es el de las presas, que según la teoría constituyen niveles de base locales que fuerzan la división del perfil longitudinal del río en dos nuevos perfiles de equilibrio. Existen multltitud de evidencias y estudios sobre las graves consecuencias que la construcción de presas tiene aguas abajo, aunque nadie ha sido capaz de demostrar cambios en el perfil del río arriba de la presa, cambios que deberían ser -al menos- tan evidentes como los que tienen lugar río abajo de la presa.

En realidad, creo que (casi) nadie espera que la mágica erosión remontante comience a erosionar el valle aguas arriba de la presa tal y como predice la noción de perfil de equilibrio, y por eso la mayor parte de los geomorfólogos eluden más o menos discretamente pisar este jardín (The dam create local upstream effects that are not the subject of this paper). Algunos, sin embargo no cejan en su empeño por extender la continuidad de su relato aguas arriba, y para lograrlo son capaces hasta de dibujar el perfil del equilibrio bajo el nivel de base, es decir, que sumergen y continúan el río bajo las aguas del embalse.

Lo dicho, a los mitómanos no les importan las contradicciones sino la continuidad del relato y su expansión, pues lo que pretenden del mito no es tanto una explicación -mejor cuanto más corta- cuanto una narración del mundo -mejor cuanto más larga-. Sin embargo, a los paisanos de A Groba -que son gente práctica- les importa un bledo la continuidad y menos les apetece que les vengan con largas explicaciones, y por eso dan un nombre -o varios, si se tercia- a cada tramo del río conforme sus genuinas propiedades …o propietarios, como es el caso del río de Margaritus.
Seamos prácticos pues, olvidemos mitologías y vayamos a lo que importa, la gran y corta verdad que todo gallego conoce desde la cuna:
El agua no erosiona, mina o, en todo caso, socava. 
Lo que se ve arriba es una mina natural de agua que apareció en la prospección del terreno para una vivienda unifamiliar. El granito encima del regato subterráneo se encuentra muy meteorizado, convertido en el típico xabre arenoso. El caso es que este regato no era el único, pues a menos de treinta metros de esta afloraban otras dos minas  dispuestas según la misma dirección estructural del granito, una de las cuales podéis ver en la foto de abajo. El lugar es Crecente, a un par de kilómetros del Miño.
Como en cualquier otro lugar de Galicia, unos metros ladera abajo de estos manantiales una levada recogía las aguas de estos manantiales para regar campos y leiras.
En la mayor parte de España los ríos son extraños caminos que vienen de lejos y que tras un más o menos breve pasar de nuevo se pierden a lo lejos tal cual vinieron, y tanto su nacimiento como su fin tan solo se vislumbran en el horizonte, el mismo horizonte por el que pasan las nubes y las lluvias que, lejos también, descargan sus aguas. En Galicia, sin embargo, vemos cómo toda la tierra se empapa de un incesante llover, y cómo rezuma y se forma el río sólo donde la tierra le indica, que es donde habita la moura.
Así que los gallegos sabemos (como los antiguos) que los ríos nacen de la tierra, no de la lluvia, que sí, moja y riega, pero que más allá de un ocasional charco o una chea, ni encauza ni hace río. Es la piedra la que guarda el agua en recónditas y subterráneas Lagoas para devolverla después a través de escogidas puertas entre las peñas, rendijas pétreas dotadas del poder de la naciente. En Galicia, un río es una corriente de agua aflorada por una potencia subterránea.
Por lo general, a los geomorfólogos y a los hidrogeólogos de salón no les gustan los ríos subterráneos, y salvo en zonas calizas, donde las grandes y accesibles cuevas se convierten en atracciones turísticas y resulta imposible negar la evidencia pública de que por ellas discurren verdaderos ríos, consideran estas corrientes subterráneas hechos aislados, excepcionales.
La realidad -sin embargo- es terca y las evidencias se acumulan en forma de titulares que anuncian el descubrimiento de nuevo ríos subterráneos en México, en China, en Romabajo el Mediterráneo, e incluso bajo el mismísimo Amazonas,  a nada menos que 4000 metros de profundidad.
La existencia de ríos subterráneos es un saber común de los gallegos. Nadie duda de ello. Yo tampoco. Son estos ríos subterráneos -como venas- los que lavan y minan la piedra, convirtiendo los más sólidos granitos en los arenosos xabres. Y son estos ríos subterráneos los que minan y socavan, desintegrando el granito, oxidando las micas, caolinizando los feldespatos, disolviendo incluso el resistente cuarzo, dejando en superficie unas huellas que no son sino el valle y la vaguada.
Muchos propietarios de pozos  (medio millón en Galicia, a decir de algunos) advierten cómo con el paso de los años su pozo da más y más agua. Bien saben por qué, pues cada tanto deben limpiar el filtro de la bomba de agua, colmatado por las arenas y limos que el pozo mismo erosiona. Lo que ocurre es que el agujero del pozo se va ensanchando por erosión, de modo que aumenta su caudal.
Las evidencias están ahí, aunque no a la vista. Los mil ríos de Galicia se caracterizan por sus límpidas aguas. En verano o en invierno, incluso durante las mayores crecidas, los ríos bajan sin apenas carga erosiva visible. Los niveles naturales de erosión son tan bajos que los ríos de zonas urbanas -como el Lagares, en Vigo- multiplican por decenas o incluso cientos de veces las tasas de erosión natural. Pero siendo baja, lo crucial es su distribución: no hay apenas datos sobre la carga de fondo, aunque se presume irrelevante; la mayor parte de la carga va en forma de partículas en suspensión y ¡¡atención! como ¡¡carga disuelta!! De hecho, según los valores publicados en este trabajo, en los ríos menos antropizados la carga disuelta multiplica por diez la carga en suspensión, una carga alimentada por las aguas que circulan bajo tierra y vuelven a manar y a fluir por superficie.
La repanocha. Éste es el gran asunto, he aquí la la clave. Las grandes cuestiones de la geomorfología de Galicia tienen esta respuesta: la erosión química subterránea.
Pero aunque no esté entre los grandes asuntos -vuelvo al hilo-, lo que tengo pendiente es el río Margaridas, ¿como aplicamos lo dicho al Margaridas? Pues de este modo: el valle de Biduido no es un curso abandonado, sino un valle en construcción por el que discurre el río Biduido, un río subterráneo.
No vemos el río Biduido ni vemos la erosión de su valle porque todo sucede bajo la superficie, pero haberlos haylos, y es esta erosión subterránea la que ahondando y agrandando el valle acabará por desviar hacia sí el Margaridas, que para entonces ya no será conocido como Margaridas ni como Vilachán, sino como río Biduido, como es lógico.
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33. Tres (o cuatro) pequeñas minas romanas de oro en Vilachán. Tomiño. Para saber de los romanos, hay que leer a Agricola.

Al norte de Vilachán do Monte, sin salirnos apenas de la pista y en cómodo paseo de un kilómetro escaso,  podemos encontrar tres excavaciones que el ITGE denunció en su estudio como minería antigua, probablemente romana.

Gustavo, que es un hacha, dio con ellas por el simple método de ojear Google Earth, y en su blog podéis encontrar unas buenas fotos y descripción de estas pequeñas minas.

Todas las labores hispano-romanas tienen su interés, y por pequeñas que sean, todas enseñan algo sobre los métodos de trabajo de aquellos mineros de la antigüedad, pero estas tres -o cuatro- minas constituyen un ejemplo extraordinario de los métodos de exploración minera romana a la luz de los escritos de Georgius Agricolae , -Jorge el Agricultor- autor del primer tratado moderno de minería.

El caso es que existe una contradicción flagrante en la exquisita alineación de estas minas sobre la traza de la falla que señalan los mapas del ITGE y su disposición salteada y en dirección perpendicular a la falla. Por un lado los romanos clavan las labores sobre la traza de una falla cuya detección sería hoy tarea de un especialista en petrología endógena, y luego van y no excavan a lo largo de esa falla, sino que lo hacen en dirección perpendicular a ella. Esta es una contradicción entre práctica y teórica que se presenta a menudo al contrastar la extraordinaria profusión de las labores romanas y su limitadísima comprensión de los procesos geológicos, y es una contradicción que a menudo nubla los juicios y la valoraciones presentes sobre la capacidad o el rendimiento de la minería romana.

Agricola, que publicó De re metallica a mediados del siglo XVI, recopiló las técnicas de exploración que usaban los mineros de su tiempo para el uso de las venas metálicas. Aunque la obra de Agrícola tiene unos alcances y una ambición bastante más limitada que la de los antiguos, mucho más dados a la indagar sobre los principios rectores de la naturaleza, Agrícola hizo una aproximación a la realidad minera y geológica que hoy nos parece mucho más razonable y práctica que cualquier otra anterior que conozcamos, y aconsejó en primer lugar explorar los manantiales de agua, cuyo rastro -como el humo que denuncia el fuego- remitiría a los mineros hasta las preciadas vetas:

Pero también mediante la técnica podemos investigar las vetas ocultas y enterradas, en primer lugar observando las aguas  burbujeantes de los manantiales, los cuales no pueden distar mucho de las vetas ya que el agua surge de ellas 

Esta correspondencia entre venas de agua y las vetas metálicas es la que permite entender la disposición de estas tres -o cuatro- minas romanas de Vilachán.

El caso es que, -como ocurre a menudo-, esta falla actuó en su día -hace muchos millones de años- como superficie de debilidad a través de la cual intruyeron los diques y filones de cuarzo y la mineralización aurífera asociada, bien visible en diversos afloramientos de la zona, como los que muestro, en el entorno de la mina 3.

Y resulta que por un lado la falla constituye un elemento que debilita la roca y crea fracturas por las que se canaliza el agua, y por el otro los diques de cuarzo que en su día se insertaron en aquellas fracturas funcionan como muros impermeables al agua. El resultado es que la falla se interpone como una barrera geológica, favoreciendo el discurrir del agua en su propia dirección e impidiendo el paso del agua de uno a otro lado, de modo perpendicular a ella.

En Vilachán, al ser  la falla perpendicular a la pendiente topográfica -y por lo tanto al gradiente hidráulico-, esta barrera actúa como una gran presa subterránea que contiene el agua ladera arriba (al oeste) para dejarla salir solo por determinados puntos, lugares en los que esta presa está debilitada o rota. Es por esos puntos por donde se encauza el agua subterránea para formar pequeños manantiales a partir de los cuales se van formando pequeñas vaguadas que ladera abajo (al este) se transforman en arroyos. Y son estos manantiales y arroyos, estos rastros de agua, los que debieron seguir los antiguos mineros para localizar las vetas y excavarlas. 

El mapa de pendientes muestra de forma clara la coincidencia de la falla (señalada por la línea a trazos), con las cabeceras de las vaguadas y las minas 1, 2, 3 y 4?, esta última mucho menos marcada en la topografía que las anteriores pero que abarcaría -en caso de confirmarse- un área algo más extensa. Se da la circunstancia de que las minas 1 y 3 muestran todavía hoy los manantiales que las denunciaron, y  la mina 1 el manantial es aprovechado hoy por un moderno pozo construido en su boca. Me gustaría saber que explicación dan a estas viejas minas los comuneros que construyeron el pozo. Espero preguntárselo pronto.

 

 

25. Breve historia de la exploración del agua subterránea.

Las evidencias más antiguas de explotación minera del agua son un pozo de dos metros y medio de diámetro y cuatro metros de profundidad excavado en Siria hace unos nueve mil años y otro de diez metros de profundidad excavado en Chipre hace entre nueve y diez mil años. En Europa, el pozo más antiguo -de trece metros de profundidad, en Alemania- se remonta a hace unos siete mil años, y todavía se conservan maderas de su revestimiento interno. Hay que tener en cuenta que estos pozos fueron excavados en los inicios del Neolítico y por tanto con herramientas de piedra, pues la Edad del Bronce no comenzó hasta hace unos 5.500 años. En Daimiel, Ciudad Real, el pozo más antiguo descubierto hasta el momento en España tiene dieciséis metros de profundidad y se remonta a hace unos 4.200 años.

De los métodos de exploración de estos pozos, nada sabemos Los autores greco-romanos, que son los que nos han dejado mayor número de noticias de la Antigüedad, hablaban a menudo de corrientes subterráneas, a veces de magnitudes extraordinarias, que cruzaban continentes e incluso océanos para manar en el fondo de los mares o las cumbres de las montañas. Pero más allá de estas concepciones teóricas, poco escribieron del oficio concreto de buscar y aflorar el agua. El arquitecto romano Marco Vitruvio, en su Arquitectura, fue el primero que abordó la cuestión de forma práctica, aconsejando lo siguiente:

para buscar agua, te tumbas en el suelo al amanecer, con la barbilla apoyada en la tierra para limitar la búsqueda a lo que puedas ver en tal posición. La encontrarás donde veas salir los vapores de la tierra.

El seguimiento de las emanaciones vaporosas del suelo, más o menos sofisticado por Paladio, Casiodoro o Plinio, fue el método reproducido hasta el siglo XIX por todos los tratados como principal metodología científica de exploración de aguas subterráneas. A partir de entonces, fue olvidado por su alcance limitado a la exploración de manantiales superficiales.

Con la revolución industrial y científica del siglo XIX, la exploración de aguas siguió dos vías: una académica conforme a la aplicación de la Ley del francés Henry Darcy de 1856 y los avances de la cartografía geológica, y una vía popular o pseudocientífica, que aplicaba el arte de zahoríes a la búsqueda de aguas. Ambos métodos siguen aplicándose hoy día.

El origen de la radiestesia, que se basa en la manifestación de las perturbaciones subterráneas en una varilla portada por el zahorí, se pierde en la Historia, pero en cualquier caso era una creencia muy popular en los inicios de la Europa moderna. Paralelismos naturales, como la capacidades de ciertos animales de encontrar agua, creencias afines en otras culturas como el feng shui chino, todo tipo de invenciones infundadas y descubrimientos científicos en los campos del electromagnetismo y la biofísica han servido para mantener un cierto crédito popular sobre su utilidad y fundamento.

Para la ciencia académica, -y salvo minoritarias excepciones-, la radiestesia ha sido considerada en el mejor de los casos un fenómeno análogo al efecto placebo, tangible pero incontrolable y en cualquier caso basado en el engaño –a un tercero o a uno mismo-. De hecho, la  desconfianza sobre los poderes del zahorí y su ciencia son tan antiguos como el propio método y en De Re Metalica, el primer tratado moderno de minería escrito en 1530 por Georgius Agricola, se dice que

Hay grandes disputas entre los mineros a propósito de la vara ahorquillada, porque algunos dicen que es de gran ayuda para descubrir venas, y otros lo niegan.

Como descubrimos en la obra de Agricola, la vara era utilizada para descubrir las venas metálicas, una utilidad hoy perdida por la mayor efectividad de la ciencia geológica en la exploración minera. Así pues, la supervivencia del zahorí en la búsqueda de agua, más que por su propia efectividad, se mantuvo por la inutilidad del modelo académico clásico en medios rocosos fisurados.

Las rocas ígneas y metamórficas, –como los granitos y los neises de Galicia– son rocas impermeables, y el agua en ellas se mueve a través de las fracturas, que en su conjunto constituyen un medio discontinuo, por lo que la fórmula de Darcy no es aplicable y la aproximación matemática general resulta muy compleja y de poca utilidad predictiva. La exploración de aguas en estos medios fisurados requiere un conocimiento exhaustivo del terreno, justo el tipo de conocimiento que puede ofrecer una larga experiencia de trabajo en una misma zona, como la de los poceros locales, a menudo también zahories.

Si bien la radiestesia de estos poceros/zahoríes es a menudo encubierta y nunca aparece reflejada en los informes técnicos y la documentación del pozo, lo cierto es que como las famosas meigas, habelos, hailos, y en cantidad. En Galicia, la perforación de pozos de agua para autoconsumo se contrata casi siempre “garantizada”, de modo que el pocero asume el riesgo y el cliente paga solo los metros perforados del pozo o los pozos productivos.

Las características del terreno y la general abundancia de agua sostienen este sistema de trabajo: por un lado, los acuíferos de fisuración propios de los granitos y rocas metamórficas que forman el 90 % del sustrato gallego presentan un comportamiento muy variable, al circular el agua a través de delgadas fracturas cuya geometría es sumamente errática. Por otro lado, la abundancia de agua hace que la probabilidad de dar con una fractura portadora sea relativamente alta. Así pues este sistema equilibra los riesgos entre los clientes, ya que el pocero incluye su error estadístico en el precio medio de perforación, recuperando a la larga las pérdidas de una mala racha de su método intuitivo, y por ese pequeño sobrecoste el cliente se evita la posibilidad de tener que pagar cuatro pozos para tener uno.

De todas formas, incluso en Galicia, no queda demasiado recorrido al arte zahorí. En los últimos años, la creciente capacidad de los programas informáticos y el desarrollo de los métodos de exploración geofísica de resistividad que permiten obtener imágenes del terreno son nuevas y potentes utilidades al servicio de la exploración de aguas en acuíferos de fisuración. Por otro lado, conforme aumenta la demanda de aguas subterráneas, los pozos se harán más profundos y los caudales exigidos mayores, por lo que aumentarán los costes unitarios por pozo y disminuirá la probabilidad de un alumbramiento casual. Entonces la experiencia del pocero ya no será garantía suficiente contra el riesgo de la perforación.