Archivo de la etiqueta: calentamiento global

77. El Antropoceno, entre los marcianos y el calentamiento global, II.

En Geología debemos tener siempre presente el factor de escala. La interpretación de un mismo suceso puede ser muy distinta según la veamos a una u otra escala. Muy a menudo nada tienen que ver las causas con las consecuencias y al intentar atribuir un sentido u otro al suceso, según lo hagamos fijándonos en las unas o en las otras , el juicio será completamente distinto.

Por ejemplo, la aparición de las cianobacterias fue un suceso insignificante del que se han encontrado levísimos rastros datados en más 2800 millones de años, pero generó 300 millones de años después el cambio más trascendental y drástico de la historia el planeta desde entonces. Los geólogos conocen este evento como la Gran Oxidación, aunque todavía no tienen muy claro cómo explicar ese larguísimo larguísimo lapso en el que las cianobacterias ya estaban ahí pero no provocaban ningún cambio sistémico.

Estaban pero como si nada, ahí esperando trescientos millones de años. Y de repente. ¡Bum! La Gran Oxidación; como si dijñeramos: la Gran Consecuencia.

La novedad de las cianobacterias respecto de las otras bacterias fotosintéticas era que para fijar el CO2 captaban electrones rompiendo la molécula de H2O y desprendían O2 como residuo. Es decir, que al fijar el CO2 disuelto en el agua, las cianobacterias comenzaron a emitir oxígeno y a oxigenar el ambiente alrededor. Pero lo que desconocemos es por qué, de repente, trescientos millones de años después de empezar a hacerlo, tuvieron tal éxito que consiguieron dominar el planeta y cambiar la química de los océanos y la atmósfera. Según una teoría durante ese lapso se mantuvo un equilibrio entre microorganismo metaníferos y las nuevas cianobacterias oxidantes, pero eso tampoco explica qué rompió el equilibrio.

Una ventaja competitiva de las cianobacterias citada a menudo es que el O2 envenenaba el ambiente del resto de microorganismos, todos anóxicos. Hoy, cuando la mayor parte de la vida se ha adaptado a respirar O2 muchas cianobacterias siguen envenenado las aguas de otros modos. Pero esta ventaja es una consecuencia, ganada a posteiori, por lo que tampoco explica el lapsus de los 300 MA.

Pero esto no era más que un ejemplo. Lo que ahora importa es el Antropoceno, y aquí tenéis la historia de su éxito.

Libros con Anthropocene o anthropocene en Google Books

Libros con Anthropocene o anthropocene en Google Books

La historia del éxito del Antrhopocene comenzó el año 2000. ¿Por qué ese año? Pues en wikipedia encontraréis la respuesta: ese año Paul Cruzten, premio Nobel en química en 1995 por su descubrimiento del efecto de los CFCs sobre la capa de ozono, defendió este término en un congreso para sustituir al viejo Holoceno y comenzó a promocionarlo enre sus colegas.

Pero Crutzen tampoco inventó el Antropoceno. Ngram nos señala que el término aparecía en algunos libros de 1960 y algunos más de la década de 1980. En general, las pocas referencias accesibles lo muestran como una traducción o sinónimo ruso del Cuaternario. Fuera de ahí, nada constatable por mucho que algunos quisieran apuntarse el tanto con lo de: eso ya lo decía yo.

Holoceno es un término antiguo cuyos primeros rastros se remontan a la segunda mitad del siglo XIX. En este artículo de 1873 el geólogo norteamericano Jhon B. Perry explica el significado del vocablo: el Holoceno data sedimentos y rocas posteriores al Plioceno, y relaciona el Plioceno con los depósitos glaciares y los depósitos fluviales de terrazas colgadas. Así que el Holoceno incluía los depósitos desde el final de la última glaciación hasta el presente. Lo mismo que hoy.

Pero lo más interesante es la explicación que hace de lo que llama sedimentos y formaciones “recientes”,que incluye dentro del Autoceno. Éstos son los depósitos relacionados con el hombre, que pueden fecharse como prehistóricos o históricos, así pues: el Antropoceno.

Es decir, que los geólogos americanos del siglo XIX ya consideraban una subdivisión reciente del Holoceno que incluía aquellos sedimentos datables y correlacionables por la arqueología o la historia.

Caminamos senderos trillados…

Lo de Autoceno desde luego no cuajó, pero de forma casi paralela al creciente interés por el Holoceno fue extendiéndose un nuevo concepto: la antropogenia, y derivada de ella, lo antropógenico.

Ngram

Libros con Holocene, anthropogenic y Antrhopocene en Google Books. Para las primeras y más antiguas referencias, Ngram lee Antropogenic donde en realidad pone: Anthropogenie.

La Antropogenia es un invento del relevante pensador y biólogo Ernest Haeckel, para quien la evolución y el progreso eran casi una misma cosa. Con este neologismo Haeckel se refería a la evolución humana, o más bien a la transformación evolutiva de un mono en hombre. Anropogenia era la versión evolutiva y natural de la Creación bíblica y de este vocablo se derivó antropogénico, primero referido a lo humano de un modo entre antropológico y genético y más tarde de un modo genérico. A Haeckel, que gozó de una influencia inmensa, se le atribuye también la invención del vocablo ecología.

Busquedas relativas en Google

Busquedas relativas globales en Google de Holoceno (azul) y Anthropoceno  (rojo) arriba y Holocene (azul) Anthropocene (rojo) abajo. El interés público que refleja Google Trends por Antropoceno y Anthropocene es muchísimo mayor que la penetración académica del Anthropocene que refleja Ngram.

La cuestión es que el Antropoceno no añade ningún sentido geológico nuevo al Holoceno, sino una nueva moral. El pretendido debate sobre si el Antropoceno debe comenzar con el Neolítico, en 1610, con la revolución industrial o con explosión de las bombas atómicas  está amañado, no es más que una excusa, unan tapadera. Lo que se pretende es un interpretación ideológica, política en su sentido más profundo, cosmológica.

No es la primera vez ni la segunda que la Geología se convierte en terreno de una lucha ideológica, pero esta vez el resultado será un descrédito y bochorno sobre el propio sistema de autoridad científica -no veo otra salida cuando por fin se desacredite el CO2 como causa del cambio climático- por cuanto esta vez el acuerdo dentro de la comunidad científica con que el CO2 causa del calentamiento global es casi del 99 % y la percepción contraria nos pertenece, casi en exclusiva, a personas ajenas a esa comunidad.

Lo que cambia del Holoceno al Antropoceno es el juicio moral. El Antropoceno es malo, culpable, culposo, una edad geológica claramente oscura por el crimen del hombre sobre la naturaleza, por su perversa avaricia. No exagero en absoluto. Si el Antropoceno bueno o malo ya está en cuestión y se ha convertido en un debate público (1, 2, 3)

Hace un par de entradas me reprochaban en un comentario que el debate sobre el Antropoceno era más importante que lo que yo hacía ver. Es cierto, lo minusvaloré. Aunque la importancia no está en si el Antropoceno empieza aquí o allá, lo que tan solo es una excusa, sino en las dicotomías que lo acompañan, en el sistema de referencia que debe regir esta Nueva Era:  sostenibilidad o contaminación, control o cambio climático, tecnocracia o mercado, bien o mal,diversidad o extinción, vida o muerte.

Lo más gracioso del asunto es que, siendo ingenuos, es decir, entrando al trapo del planteamiento del congreso al que hacía referencia en esa primera entrada sobre el Antropoceno y en el que se debatirá cuándo debe empezar esta Nueva Era Geológica, será ineludible hablar de extraterrestres. Y es que a la hora de decidir los límites del Antropoceno debemos decidir primero la escala de nuestra aproximación, que es el rollo con el que comenzaba esta entrada.

Si el punto de vista para definir el Antropoceno somos nosotros hoy mismo, el nivel de detalle al que podemos acceder nos lleva, como poco al Neolítico, pues para definir el comienzo en 1956 no necesitamos un criterio geológico, nos basta mirar la fecha de caducidad de la basura que nos encontremos en los sedimentos (es broma, pero poco menos). Pero si planteamos una escala de aproximación mayor, digamos de una huella que podamos reconocer de forma más o menos clara dentro en todo el planeta de cien mil años, pues ya quizá podamos discutir que si contaminación, CO2 atmosférico, huellas radiactivas o qué. Pero en cualquier caso estamos metidos en historias de extraterrestres. ¿Pues qué otro sentido puede tener reflexionar sobre nuestra propia huella geológica en cien mil o un millón de años si no es para buscar otra huella semejante poculta entre las huellas de Marte o Júpiter? Para nosotros, la utilidad de esta  discusión solo podría ser la de aplicar sus resultados en la exploración alienígena de otros planetas o estrellas, como hace la NASA

Douglas-A.-Vakoch (1)

Así que juzgando la historia ésta del Antropoceno y su éxito no ya desde el punto de vista de sus causas sino por sus efectos o consecuencias, el planteamiento es: ¿qué podríamos encontrar las trazas de una extinta raza de marcianos? ¿Cuál será su firma y rastro sobre ese planeta? ¿Cómo podríamos saber de su existencia tras un millón de años?

Y ya para terminar vuelvo a las cianbacterias, a sus causas y sus consecuencias.

Quizá lo qué pasó en esos trescientos millones entre la aparición de las fotosíntesis oxigénica y la Gran Oxidación fue que las cianobacterias se hicieron ellas mismas inmunes al ambiente oxidante. Quizá, cuando empezaron a oxigenar las cianobacterias estaban tan amenazadas por su propia basurilla oxigénica como nosotros por nuestros artificios . Porque lo que no debemos pensar es que el oxígeno, que es la consecuencia de las respiración oxigénica, haya sido su causa. De ninguna manera. La causa de la respiración oxigénica sin duda fue el agua. Sacar los electrones del agua suponía un recurso inagotable. Pero hasta que ellas mismas aprendieron a respirar oxigeno quizá no pudieron progresar. Quién sabe.