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54. Los precios del petróleo y la actual transición al petróleo no energético.

En 1956 revista especializada Petroleum Week publicaba un artículo con el título Is Oil Nearing a Production Crisis? El artículo hacía un repaso por diversas opiniones de algunos de los principales especialistas de la industria, y prestaba especial atención a las de King Hubbert, cuyas opiniones parecían ser las más alarmantes. Además de las fotos de Hubbert y A I. Levorsen, el más optimista en cuanto a la capacidad de la industria para dar satisfacción a la creciente demanda, la revista publicaba por primera vez la curva de Hubbert tal y como hoy la conocemos

                La curva de Hubbert ajustaba los registros históricos de la producción de petróleo a un crecimiento geométrico y extrapolaba la producción en el futuro hasta un tope -el famoso pico de la curva- igual a la mitad de las reservas totales. Para tan construir la curva Hubbert tan solo necesitaba conocer las reservas explotables totales, cosa que Hubbert, y otros geólogos, estimaban de varios modos.

                Sobre este modelo, me parece conveniente recordar algunas cuestiones:

  1. Es una aproximación empírica, no teórica. Hubbert se basó en su conocimiento de la industria y los registros históricos.
  2. Es por completo independiente del precio. Hubbert formó parte del movimiento tecnócratico que proponía el uso de un equivalente de energía como sustituto de dinero. Para él, el dinero no era una medida económica eficiente. Siendo un sistema de medida inútil y arbitrario, no podía influir.
  3. Es independiente de los avances tecnológicos. Hubbert, además de ser un tecnócrata político fue un cualificado geofísico que contribuyó no poco a la eficiencia de la industria extractiva, y por tanto en absoluto minusvaloraba la capacidad de la tecnología. De hecho, ya en 1956 pudo explicar como la confluencia de las circunstancias tecnológicas y geológicas había generado un doble ciclo petrolero en el estado de Ilinois. Lo que ocurría era que, viendo las cosas de desde una perspectiva histórica global, la sucesión de mejoras técnicas y nuevos descubrimientos hacían perfectamente posible un solo ciclo de producción. 
  4. Hubbert apuntó la posibilidad de que la producción de petróleo sufriera varios ciclos, pero nunca desarrolló la manera en que ésta sucesión de ciclos pudiera tener lugar a escala global. Quizá, puesto que lo que le importaba era advertir del inminente peligro y el gigantesco derroche, consideró que ese desarrollo podía desviar la atención y limitar la eficacia de su mensaje. Además, Hubbert tenía claro que la curva era una expresión sistémica, y una como tal, solo una opción política radical -y global- podría alterarla. Así que puede que nunca llegara a creer de verdad en un segundo ciclo del petrolero.

En esta entrada me voy a centrar en el punto 2, el del precio, y voy a intentar explicar qué es lo que está pasando con los precios del petróleo y su relación con ciclos Hubbert de producción.

Primero, recuerdo el gráfico de la entrada anterior de escenario favorable de producción futura de petróleo mediante múltiples curvas Hubbert.

Para quien no haya leído la entrada anterior, quiero avisar de que el análisis de múltiples ciclos Hubbert, sin bien resulta muy flexible y muy, muy explicativo, sirve para predecir el futuro ni mejor más o menos el resto de proyecciones, o sea, cero. De hecho, si atendemos a lo que ocurrió en 1973-1979 vemos que el presente no solo tiene la capacidad de construir el futuro, sino de alguna manera el propio pasado. Me explico.

Hasta 1973-1979, la inercia era la de un solo ciclo de producción de petróleo.

Pero entonces los países de la OPEP cerraron el grifo y generaron una crisis imprevista, totalmente política, quebrando el ciclo en dos. Los pozos menos rentables, las reservas hasta entonces marginales y no explotadas o explotadas en régimen de subvención, como lo eran los escasos pozos de España o los muchísimos de los EEUU, todo ese petróleo con mayores costes de producción era, de repente, rentable, y así, de la noche a la mañana, la industria vio que ya había iniciado un nuevo ciclo de producción de petróleo. El reajuste de abajo para esta nueva realidad no solo hace aparecer un, sino un pequeño ciclo 0 a principios de siglo.

En 1979 se podía dar por culminado el ciclo de petróleo abundante y barato. Lo cierto es que quedaban enormes reservas de petróleo de este tipo, pero por causas políticas ya nadie quería seguir el primer ciclo, que a partir de ese momento se cerraba. Se impuso el ahorro. La mentalidad cambió. Cambiaron las políticas y cambió la demanda. Y se iniciaba una nueva política de producción y consumo, que a partir de entonces creció, sí, pero de un modo lineal.

El gráfico siguiente es otro ajuste para una producción de 3200 Gb y cuatro ciclos. Lo que quiero mostrar es que hay muchas posibles soluciones a la ecuación. Hay grados de libertad.

Y vamos a los precios.

El precio en dólares constantes desde 1860 muestra una evolución típica de los minerales, con periodos prolongados de estabilidad y precios bajos y periodos cortos con fuertes subidas y caídas de precios. El problema es que los precios son magnitudes relativas de dos variables, y por tanto nos cuentan tanto de lo que pasa con el petróleo como de lo que ocurre con el propio dinero.

Por ejemplo, veamos los precios del petróleo en oro.

Bueno, pues parecido pero distinto. O los precios de petróleo en hierro, otra historia.

Y para terminar, la historia que nos interesa, el precio del petróleo en energía fósil, es decir, en antracita:

Y en lignito.

Esto es. Queda claro.

Lo que ocurrió en 1973 es lo que todo el mundo sabe. Los precios de la energía se revolucionaron y el petróleo pasó a ser una fuente de energía primaria antieconómica.

Hasta el 73, era más barato quemar petróleo que antracita, aunque un poco menos que quemar hulla. En 2011 quemar petróleo era siete veces más caro que quemar antracita y diez veces más caro que quemar hulla.

Hoy, el petróleo es una fuente de energía primaria de lujo, y solo en ciertos usos compensa. Intervienen muchas variables y la transformación de toda la infraestructura del petróleo exigirá enormes inversiones. Pero se hará.  De hecho ya ha comenzado, y estamos en ello.

Por otro lado, la gasolina tiene dos grandes ventajas que la hacen todavía atractiva. Es líquida, por lo que favorece su combustión rápida para alimentar esos potentes que mueven el transporte mundial (ya se sabe, la velocidad es también un precio)  y apenas deja residuos, por lo que es menos dañina que el carbón.

Los coches eléctricos parece que se enfrentan a grandes contratiempos en buena medida porque no son capaces de igualar esa potencia y velocidad que tanto apreciamos y porque sus baterías todavía contaminan demasiado. Quizá la solución sea licuar o gasificar el carbón.

Lo que está claro es que el petróleo como fuente de energía primaria se terminó en el 73. Y eso fue lo que dio paso a otro ciclo. Los agoreros que dicen que se dejará de sacar petróleo porque hay que aplicar cada vez más energía deberían entender que por el petróleo se paga ya seis veces más dinero que la energía que proporciona. De hecho, desde el año 2003 es ya más caro extraer la energía del petróleo que la que se podría extraer del trigo.

Lo que está claro es que no estamos abocados a un inminente colapso energético por falta de petróleo, pero como suponía Hubbert, tampoco el dinero es la mejor medida de todas las cosas.

Y una cosa más, a la vista de los gráficos de precios vistos. Lo que vivimos desde el año 2000 (y que refleja el dolar) es una crisis de materias primas que afecta también al petróleo y sobre la que espero tratar pronto, pero, desde luego, no es una crisis de la energía.

PD. Aquí os dejo las fuentes a la series históricas de petróleo:

precios: The Editor, BP Statistical Review of World Energy 2010, BP Statistical Reviewof World Energy, June 2010, BP p.l.c., London, UK, viewed 10th June, 2010, <http://bp.com/statisticalreview>.

producción: http://www.tsp-data-portal.org/Oil-Production-Extrapolation-Scenario-Analysis.aspx# http://www.earth-policy.org/datacenter/pdf/book_wote_energy_oil.pdf

carbónhttp://www.eia.gov/coal/data.cfm#prices

trigo: http://www.sfu.ca/~djacks/data/publications/publications.html

oro y hierrohttp://minerals.usgs.gov/ds/2005/140/

aureo de Augusto

45. El oro del NO hispano y la política romana, II. El Imperio.

El principado de Augusto. 

Las guerras cántabras fueron para Octaviano una campaña de propaganda y justificación. La rapidez con la que las inició deja bien claro que las tenía ya  previstas a la muerte de Marco Antonio.Y de la misma manera, en cuanto venció a los astures en el monte Medulio, se dio no poca prisa en volver a Roma y encumbrarse como Augusto, iniciando su principado aunque la guerra durara todavía otros ocho largos años. Mi opinión es que Octaviano usó esta pequeña guerra de conquista para adquirir un prestigio de benefactor de la República que una guerra civil no podía darle.

Como tantos otros antes que él, Octavio/Octaviano/Augusto sometió a los bárbaros para Roma y ensanchó el imperio. Por grandes guerreros que fueran astures y cántabros, no eran más que un simple reducto, y la guerra contra ellos mucho menos arriesgada que, por ejemplo, contra los bárbaros germanos, britanos o la lejana Partia. Pero además, desde la perspectiva romana, la total conquista de Hispania remataba una aventura en la que tantos grandes generales se habían empeñado, incluyendo a su propio padre político, Julio César. De algún modo, Augusto remataba en Hispania la expansión republicana y la propia historia de la República.

Cayo Julio César Octaviano inició la conquista del último reducto no romano de la península Ibérica el año 29 a.C., a la edad de 33 años, y en los diez años siguientes el ejército romano venció y sometió primero a los astures y después a los cántabros, pueblos ambos que habitaban la cordillera Cantábrica hasta el mar y  sus estribaciones hacia el Duero por el sur. Cuando la guerra se dio por finalizada Octaviano era príncipe y emperador de Roma, con el nombre de Cayo Julio César Augusto.

Muchos autores han incluido Galicia como parte de las conquistas de Augusto y muchos manuales y publicaciones todavía muestran mapas con el avance cronológico de la ocupación romana que mostrándolo así.

Pero ni las crónicas ni los yacimientos arqueológicos ofrecen indicios de operaciones militares en el territorio de la Galicia actual. Como avancé en la entrada anterior, mi opinión es que pese a que Julio César no dejó establecimientos militares al norte del Duero tras su campaña marítima, logró al sumisión de los galaicos y su integración económica al mundo romano a través del comercio con Gades.

Gallaecia, que constituía el flanco occidental de las operaciones de Octaviano, se mantuvo leal a Roma y por ello cuando el futuro emperador venció a los últimos guerreros Astures refugiados en el monte Medulio, dividió la Provincia Ulterior en dos: Bética y Lusitania, quedando la Gallaecia junto a la Astúrica recien conquistada dentro de la Lusitania. Al fin y al cabo, los romanos entraron en contacto con Galicia, por mar o por tierra, desde el sur, a través de la Lusitania.

La lealtad de los galaicos habría tenido sus premios y honores, como la construcción de la Torre de Hércules y las Aras Sestianas, pero de modo más práctico se dejaría notar en la continuidad de las élites locales y estructuras sociales y en algunos otros privilegios.

De lo primero, sería prueba el mantenimiento de la organización territorial estructurada en torno al castellum, el castro, que es totalmente singular y exclusiva de la Gallaecia, y se mantuvo hasta finales del siglo I, con la llegada de la dinastía flavia. Aunque en Asturica e incluso en Cantabria también había castros o castella, allí la organización administrativa territorial se estructuró en relación con la gens, los pobladores, sin mayor precisión. Algunos autores creen incluso que la cultura castreña de Gallaecia vivió su esplendor en las primeras fases de la ocupación romana, en torno al cambio de milenio.

De lo segundo, Lucus Augusti, Lugo, es el único de los 43 municipios hispanos establecidos por Augusto en el cuadrante NO de la península, siendo los más próximos a Lugo, Ébora, por el sur o Calagurris (Calahorra) por el este, cualquiera de ellos a más de 500 km de la Gallaecia. El privilegio galaico sobre el NO peninsular se mantuvo a lo largo de la dinastía julia, y de los 21 municpios establecidos por los sucesores de Augusto, el único situado dentro del cuadrante NO peninsular, Claudionerio, estaba también en la Gallaecia, quizá cerca de padrón o Santiago. Los otros más cercanos al NO peninsular fueron los de Clunia, Uxama, y Termes, en la actual provincia de Soria.(Aquí, página 51)

Estos privilegios municipales y prerrogativas de Gallaecia, una región nada urbana, por otra parte, mantuvieron la impronta administrativa de esta región, que asoma de modo brevísimo entre la victoria del monte Medulio y el regreso de Augusto a Hispania en los años 15 a 13 a. C. y reaparece en la Hispania nova citerior Antoniniana de Caracalla a principios del silglo III, o en la oscura provincia Hispania superior, y sería definitivamente confirmada por la reforma de Diocleciano hacia el 284-88.

Como dije también, el Imperio Romano no tenía una frontera precisa como las actuales, y más bien hay que pensar en áreas de influencia, ejercidas las más de las veces mediante pactos y vínculos personales. Y estos vínculos y pactos, heredados y transmitidos de generación en generación, funcionaban también dentro de las fronteras del propio imperio dando solución de continuidad a la primacía política de la Gallaecia en el cuadrante NO peninsular para emerger, al cabo de los siglos, como provincia por derecho propio y con una influencia creciente hacia el este, llegando el obispo Hydacio a escribir que el emperador Teodosio había nacido en la Gallaecia porque lo había hecho en Cauca, la actual Coca, en la provincia de Segovia.

Todo esto tiene relación con la minería porque, quizá, si es que el proceso de romanización de la Asturica se hizo, al menos en un primer momento, bajo tutela administrativa y política de una Gallaecia más romanizada e integrada en el Imperio, quizá mediante una dependencia clientelar, y que mantenía unas relaciones comerciales de siglos basadas en la minería del estaño, es razonable pensar que las rutas de exploración y explotación minera hubieran ido de oeste a este, y no de este a oeste. Lo que digo es que lo razonable en este caso es que la exploración y explotación minera de la Asturica hubiera sido aboradada desde el mar hacia el interior, remontando los ríos, empezando por el Miño o el Sil.

Desde los trabajos de Domerge, en los años 60, el estudio de la minería aurífera romana en Hispania se ha centrado en la zona oeste de Castilla y León, focalizando el interés público hacia las extensas explotaciones de Las Médulas, en la cuenca del Bierzo, las mayores de la península y puede que de todo el Imperio. En los últimos años se han ampliado las investigaciones hacia la comunidad de Asturias y, en menor medida, hacia Galicia, pero la propia dinámica de los descubrimientos y la menor entidad de las minas de la zona litoral parecen colocarlas en una relación de dependencia, o quizá de subordinación, de las leonesas. Así, Sánchez-Palencia y su grupo del CSIC situan los inicios de minería aurífera de todo el NO en relación con los vestigios arqueológicos de esta zona, fechándolos hacia el final del reinado de Augusto, hacia el año 15 d.C. Brais Currás, arqueólogo de este grupo, en su trabajo sobre la minería del Baixo Miño, avisa que no existe ninguna huella firme de minería del oro prerromana en la zona, dando por hecho que esta zona es una extensión de la zona central minera de los montes galaico-leoneses y que sólo puede entenderse en relación a aquella.

Pero el caso es que suponerlo al revés, es decir, que la minería astúrica hubiese sido una extensión de la galaico-romana ayudaría a entender la participación de unos supuestos vencidos en los beneficios mineros, tal y como se desprende de la crónica de Floro, entre los siglos I y II.

Así pues mandó que se explotase el suelo. Con  ello los Astures, explotando la tierra esforzadamente, comenzaron a darse cuenta de sus recursos y rquezas, aunque en principio tratan de adquirir todo esto para otros. 

En concreto, la migración de mineros de la Gallaecia a la Asturica explicaría la naturaleza jurídica libre e indígena de la mano de obra de las grandes minas leonesas, según consta en los escasos restos epigráficos, o de la proliferación y enjambre de nuevos castros en estas zonas mineras, que vendrían a reproducir formas de asentamiento y organización social características de las zonas de donde procedían los mineros galaicos del occidente.

Vespasiano y la edad de oro: los emperadores hispanos. 

El año 69 fue el de los cuatro emperadores: Galba, Otón, Vitelo y Vespasiano. De los cuatro, tres fueron apoyados en sus pretensiones por las provincias hispanas. Aquellos fueron meses de de grandes desórdenes en todo el imperio y guerra civil. Al terminar esa convulsión, la dinastía que gobernaba el mundo había cambiado. Vespasiano y sus dos hijos, Tito y Domiciano, la corta dinastía flavia, gobernaron del año 69 al 96.

Vespasiano pagó sus apoyos hispanos mediante el extraordinario privilegio de otorgar la ciudadanía latina a la península Ibérica por entero, que así se adelantó casi siglo y medio al resto del Imperio. El hecho es aún más excepcional por cuanto incluía tanto las zonas más romanizadas y de más antiguo como las amplias áreas escasa y recientemente romanizadas del norte peninsular. El juicio de Plinio, amigo personal del emperador, no deja lugar a dudas.

En los años en que la República sufrió las turbulencias de los desórdenes políticos, el emperador Vespasiano Augusto concedió a toda Hispania el derecho latino.

La relación entre la concesión de la ciudadanía y los desórdenes es incuestionable. Vespasiano, a quien los romanos consideraban un hombre avaro y hoy podríamos tener por un gestor aceptable, pagó el apoyo de las provincias Hispanas con la ciudadanía y bajo su reinado se construyeron en Gallaecia las llamadas Vía Nova de Braga a Astorga y la Via XX por la costa, que recorrían y articulaban las zonas mineras de la costa con las del interior de la provincia.

De lo recibido a cambio de la ciudadanía latina no puede haber muchas dudas, oro y plata para los ejércitos en el peligroso trance de la sucesión. Porque, ¿qué otra cosa podrían ofrecer estas provincias más que dinero? Según Plinio, al que el propio Vespasiano nombró Procurator Metallorum, escribió en su Historia Natural que las minas del NO rendían unas 20.000 libras de oro al año, unos 80 millones de sestercios, suficiente para pagar el coste anual de seis legiones normales o cuatro pretorianas.

El caso es que tras los flavios, y con el interregno del itálico Nerva, a quien la guardia pretoriana casi obligó a renunciar en favor de Trajano, el año 98 se inició al fin el gobierno de la dinastía hispana: Trajano, Adriano, Antonino Pío, Marco Aurelio y Cómodo, cuyos reinados señalan la edad de oro del Imperio Romano, una edad de oro en la que sin duda estuvo financiada por el oro del NO hispano.

El colapso: de los Antoninos a los Severos, emperadores de Oriente. 

En tiempos de Augusto, los gastos civiles y militares corrientes de la administración del imperio, sin contar las obras públicas, se han cifrado de 500 a unos 1.200 millones de sestercios, la mayor parte de los cuales iba destinado al pago de las legiones y licenciamiento de veteranos. No parece haber dudas de que estos gastos fueron incrementándose con sus sucesores, y Suetonio dejó escrito que Vespasiano reconoció en una ocasión que el imperio necesitaba 4.000 millones de sestercios para seguir funcionando.

En comparación con estas cifras, los 80 millones de sestercios en oro del NO puede parecer poca cosa, pero su importancia era mucho mayor por cuanto este metal fue la base de la economía monetaria del Imperio. 80 millones de sestercios en oro pesaban 6,3 Tn y en plata 77 Tn, y además de alimentar la administración rutinaria, eran estos metales los que aseguraban la lealtad de las legiones en los momentos más críticos. Además, según Plinio, cada año el Imperio enviaba a la India unos 50 millones de sestercios en metálico, esto es, casi 4 Tn de oro o 48 Tn de plata, unas cantidades que había que reponer. Así pues, la producción de oro del NO era vital para mantener la masa monetaria y asegurar el movimiento de los cientos o miles de millones de sestercios que requería el engranaje de poder imperial.

El oro amonedado comenzó a circular de modo corriente en el Imperio romano en el siglo I, bajo el reinado de Augusto, manteniendo una relación con la plata amonedada de 1:12. Es decir, un áureo, que era la moneda de oro y pesaba unos 8 gramos, valía 25 denarios, que era la moneda básica de plata y pesaba algo menos de 4 gramos. Este ratio es el que en su día establecieron las acuñaciones de Alejandro Magno o Carlomagno y es el ratio común de la Europa medieval hasta el siglo XVI, cuando la plata americana comenzó a llegar de forma masiva a Europa. Este ratio, 12:1, es probablemente, el ratio natural de la plata y el oro en la corteza de Europa y Oriente Medio.

Con Nerón, los contenidos metálicos de las monedas imperiales de oro y plata, el áureo y el denario, sufrieron una primera devaluación, descendiendo el precio nominal del oro y plata amonedados a 10:1. Es decir, como se mantuvo el valor nominal de 25 denarios por cada áureo, resultaba que por cada gramo de oro en el áureo se podían conseguir sólo diez gramos de plata en denarios.

El ratio se recuperó ligeramente durante el reinado de su sucesor Tito, pero pronto volvió a a bajar a los 10:1,manteniéndose con pequeñas variaciones durante medio siglo aproximadamente. Sin embargo, en medio del reinado feliz y pacífico de Antonino Pío, las devaluaciones de la moneda de plata comenzaron a adquirir un carácter estructural y el ratio oro:plata monetario comenzó a resentirse, bajando de 9:1 con  Marco Aurelio, el emperador filósofo. Con Cómodo, el ratio bajó de 8:1, y con Séptimo Severo llegó a 6:1, es decir, una devaluación acumulada del 50 % del oro amonedado respecto de la plata amonedada. A mediados del siglo III la plata dejó de amonedarse en el Imperio Romano.

El año del asesinato de Cómodo, el 193, fue el año de los cinco emperadores. Como ciento veinticinco años atrás, cuando el poder pasó de la dinastía julia a la flavia, el paso de la dinastía hispana de los antoninos a la oriental de los severos generó desórdenes y  guerra civil. El cambio de dinastía manifestaba también un cambio sustancial en el poder dentro del imperio: la pujanza económica y política había pasado a las provincias orientales. A finales del siglo II, la mayor parte de las minas de oro del NO hispano habían sido abandonadas, y una crisis general afectaba a la mayor parte de las áreas mineras de la península. El poder había pasado de las provincias productoras a las comerciales.

El fin de los Antoninos coincidió con el abandono de la minería aurífera del NO y el cierre de buena parte de las grandes explotaciones mineras penisulares. Sin duda concurrieron muchos factores, pero la política inflaccionista de los Antoninos tuvo consecuencias nefastas para la minería hispana y en particular para la del oro. Aunque al poner menos plata en cada denario los emperadores obtenían enormes beneficios, hicieron la propia minería del oro menos rentable, ya que la plata recibida por el oro extraído era cada vez menor.

De cualquier modo, en mi opinión, la devaluación de la plata amonedada fue un recurso de los emperadores por obtener unos recursos crecientes que la menguante minería hispana ya no podía ofrecerles. Su consecuencia, seguramente inesperada para ellos, fue que la propia minería del oro se volvió menos rentable y con ello el proceso de abandono de las minas del NO se aceleró.

Como mostré en otra entrada, la minería se desarrolla en ciclos productivos que pueden ser descritos por curvas Hubbert, y la minería aurífera del NO alcanzó su máximo en torno al final del siglo I, de modo que en tiempos de Adriano debía encontrarse ya en decadencia. Es posible incluso que el oro dacio enmascarase la disminución de la producción de la Gallaecia en el reinado de Trajano, pero enmascarado o no el agotamiento del ciclo minero, sin duda fue en este momento cuando el Estado romano adoptó una política de intervención y gestión directa de las minas para evitar su cierre. Por supuesto, no lo consiguió.

 

ciclos  oro XIX XX XXI

31. Ciclos Hubbert de producción de oro desde el siglo XIX y una proyección para el siglo XXI.

Primero los datos:

quinquenales para el periodo de 1835 a 1845 de aquí, anuales para 1900 a 2009 del USGS y de 2010 y 2011 de aquí.

Y empiezo por los datos de producción anual del siglo XX.

El resultado del ajuste son cuatro ciclos bien definidos y el inicio de un quinto ciclo que debería alcanzar su máximo en 2022.

El ajuste entre los datos y la sumatoria de los cinco ciclos (línea a trazos del gráfico) es de R2=0,975.

El ajuste no es difícil porque los máximos están bien marcados por periodos de menor producción a modo de crisis mineras. Hay que notar que aunque en este caso coinciden, los máximos cíclicos no tienen por que manifestarse como máximos de producción real, que viene dada por la sumatoria de los diferentes ciclos. Que así sea depende de la frecuencia y amplitud con que se suceden los propios ciclos, y adelanto ya que esto no ocurre para otros metales (por ejemplo la plata). Pero que ocurra con el oro ayuda bastante a hacer el ajuste.

Antes de seguir, quiero avisar que estos ciclos no deben interpretarse de un modo determinista. Ni mucho menos. De hecho pueden quebrarse y modificarse, y aquí adelanto que el petróleo ofrece un ejemplo magnífico de cómo un ciclo puede truncarse y dividirse. Así que quien tenga la tentación de usar los ciclos de Hubbert como medio para hacer proyecciones -y sobre todo si es con la intención de hacerse rico-, aviso que este análisis puede ser tan inútil como cualquier otro. No obstante, esta herramienta es excelente como método de interpretación de las tendencias históricas, tanto que -como nos indica la experiencia- cada ciclo histórico no solo proyecta su influencia hacia el futuro sino también hacia el pasado, que se ve así reinterpretado a la luz del presente. Es quizá esta capacidad retroactiva del análisis cíclico lo que lo hace fascinante.

Así pues, el Ciclo 5 -si no hay un brusco cambio en la economía mundial– alcanzará su máximo de producción hacia 2022, repitiéndose el periodo casi perfecto de 27 años que se ha sucedido desde 1912.

Agrupando los datos anuales de producción de oro de USGS en quinquenios, podemos extender este análisis hasta 1835, de modo que se añaden tres nuevos ciclos cuyos máximos tuvieron lugar durante el siglo XIX. A pesar de la pérdida de detalle al agrupar los datos por quinquenios, el ajuste sigue siendo bueno, con un R2 de 0,99 para todo el periodo.

El siglo XIX queda definido por tres ciclos de unos tres mil toneladas de producción total y un máximo de producción (por quinquenio) en torno a las 800 Tn. Pero más que la cuantía, la gran diferencia entre el siglo XIX y el XX es que los ciclos I, II, III muestran una situación estacionaria, más bien de agotamiento tras el enorme cambio de magnitud en la capacidad minera que supuso la revolución industrial.

Entre 1835 y 1839, primer periodo para el que dispongo de datos globales, la producción de oro mundial era de unas cien toneladas, y en solo dos décadas se multiplicó por diez superando las mil toneladas entre 1850 y 1855, cuando la fiebre minera de California. Hay que tener en cuenta que la producción acumulada de oro de todo el imperio colonial español en América fue de casi mil setecientas toneladas extraídas a lo largo de tres siglos  -de 1492 a 1810-, y el pico de producción en un periodo de cinco años debió de rondar las ochenta toneladas -hacia 1780-.

La revolución industrial no solo aportó a la minería el poder de las máquinas -y sin duda aquí la diferencia fundamental fue la capacidad para moler la roca a una escala desconocida- sino un nuevo tipo de organización industrial capitalizada y tecnificada. Desde un punto de vista histórico, la tradicional minería de cuadrillas -que hoy sigue funcionando en las explotaciones de oro de Sudamérica y África- se convirtió en un asunto marginal.

Aproximadamente a partir de 1870, la nueva industria eléctrica permitió introducir motores en las minas que no consumían ni contaminaban el aire, de modo que las galerías y pozos pudieron mecanizarse y hacerse más y más profundas. Este fue el punto decisivo que permitió romper la tendencia de los ciclos del siglo XIX iniciándose una nueva serie de ciclos mineros que se han sucedido con una periodicidad de 27 años y niveles crecientes de producción de oro total y pico.

Tanto los ciclos del XIX como los del XX muestran entre sí una relación lineal entre las cantidades totales producidas y el máximo de cada ciclo, parámetros que caracterizan los ciclos mineros y que permiten estimar hacia donde evoluciona cada fase histórica.

Aunque, como dije antes, sería un error interpretar estas relaciones de un modo determinista, ofrecen interesantes puntos de referencia. Por ejemplo, si quisiéramos evaluar la posibilidad de un hipotético Ciclo 6 centrado en torno a 2049, será importante estar atento a las cifras de producción a partir de 2022, cuando el Ciclo 5 comience a declinar. Si no hubiera un cambio a un nuevo periodo histórico, el Ciclo 6 debería mantener la relación lineal con los anteriores, lo que permitiría fijar su cuantía, igual que yo he fijado el Ciclo 5 a partir de su inicio. 

En cualquier caso, siempre existe la posibilidad de un cambio tecnológico o económico que introduzca una ruptura y convierta toda prospectiva en un ejercicio meramente especulativo. Para este caso, yo ya he apostado al próximo cambio decisivo: la automatización de las explotaciones mineras.

Considerando la increíble cantidad de oro que se extrae hoy día, ya hay voces que auguran que jamás podremos superar los actuales niveles. Que podamos hacerlo tras la próxima crisis del máximo de 2022 dependerá de sistemas de explotación minera en desarrollo en los próximos diez años, uno de estos sistemas, más próximo al concepto clásico de robot, es la minería de los fondos oceánicos, y sin duda la industria petrolífera tiene mucho más que aportar aquí que la actual industria minería metálica; el otro tipo de explotación automatizada depende aún más de la industria del petróleo: los nuevos métodos de fracturación de las pizarras y flujo inducido de los petróleos pesados que contienen podrían derivarse hacia la minería metálica para lixiviar yacimientos situados a miles de metros bajo la superficie extrayendo los fluidos enriquecidos en metales. Y todo desde la cómoda y segura superficie.

28. La minería colonial española en América y el oro hispano-romano del siglo I.

El aluvión de oro que Hispania proporciónó a Roma no se volvió a ver en Europa hasta el siglo XVI, cuando los españoles descubrieron y conquistaron América. Los paralelismos entre uno y otro suceso no escaparon ni a los españoles de aquel siglo ni a los historiadores de los siguientes, hasta nuestros días.

Lo que haré aquí es aplicar la expresión de Hubbert a la producción de metales preciosos en América durante el periodo colonial español, y con propósito doble: contrastar que la curva de Hubbert permite una buena modelización histórica de un periodo minero preindustrial -para aplicarla a la minería romana en el NO de Hispania-, y una vez hecho esto, utilizar la curva como herramienta para un análisis histórico comparado, no solo de la minería romana con la colonial americana, sino con la del presente.

Vamos allá.

Los datos de producción de oro (década a década) los tomo de TePaske y Garder y las referencias para el ajuste según Hubbert las encontráis en mi entrada anterior, así que si alguien quiere mejorar el ajuste, le basta con esto y una hoja de cálculo. De cualquier modo, a mí este ajuste (R2:0,92) me resulta suficiente:

producción real para todo el periodo: 1.685 Tn de oro

producción calculada para todo el periodo (Ciclos I + II): 1.645 Tn de oro

El ajuste demuestra que la minería de del oro en la América colonial española puede ser expresada mediante la curva de Hubbert, y que en estos tres largos siglos se pueden diferenciar dos claros ciclos mineros, un primer ciclo que comenzó inmediatamente al descubrimiento y que tuvo su cenit hacia la década de 1570; y un segundo ciclo que comenzó solapado al anterior en la segunda mitad del siglo XVII para alcanzar su máximo en torno a 1770, dos siglos después del primer máximo.

Para mi sorpresa, este segundo ciclo fue mucho más potente que el primero, y su producción máxima multiplicó por 9,5 la del primero. En su conjunto (y aquí hay que tener en cuenta que no aparecen los datos de la decadencia del ciclo II, que por tanto se infiere) el volumen minado en el segundo ciclo fue de unas 1.650 Tn,  mientras que el volumen minado en el ciclo I fue de 230 Tn (¿os suena?, ¿casualidad?). Así, cabe concluir que el ciclo II estaba prácticamente agotado cuando los americanos iniciaron las guerras de la Independencia contra la monarquía española.

Ay!, qué gran ocasión, mil ochocientos trece…

si no hubiera en España un Borbón-bribón.

(Bueno, quizá en 2013)

Y para redondear este bonito análisis, hacemos lo mismo con la plata, ya que el bueno de TePaske y su simpático colega Garner nos regalan también sus detallados datos de la plata extraída entre 1492 y 1810. ¡Que grandes tipos!

Y ahí tenéis el resultado. Parecido, pero ligeramente distinto. Y como antes, para empezar, los datos del ajuste (R2:0,94):

producción real para todo el periodo: 85.991 Tn de plata

producción calculada para todo el periodo (Ciclos I + II): 83.475 Tn de plata

Los dos ciclos de producción de plata son también claros, pero aquí la diferencia entre ambos es menos acusada, pues la producción máxima del segundo ciclo (en la década de 1620) tan solo dobla la del primer ciclo (ya casi en 1800). En cuanto a los volúmenes totales minados, al primer ciclo corresponden  35.000 Tn de plata, y 85.000 Tn de plata al ciclo II.

Un detalle de gran interés es que los ciclos del oro y de la plata sucedieron de modo ligeramente diacrónico, retrasándose el de la plata unas tres décadas respecto del ciclo del oro. Esto permite resolver la vieja controversia sobre si hubo o no hubo crisis minera en el siglo XVII (aquí podéis encontrar un buen resumen sobre esta polémica). Los ajustes demuestran que sí hubo crisis, pues la fase descendente del ciclo I tardó en ser contrarrestada por la fase ascendente del ciclo II, aunque el desacople entre la minería del oro y la de la plata encubrió ligeramente esta tendencia, y finalmente, la enorme potencia del ciclo II acabó por desvalorizar la propia cuantía de la crisis. En cuanto a la razón histórica de esta crisis, pues por el momento no lo tengo claro, aunque me atrevo a decir que fue más por causa de la organización colonial que por agotamiento de los recursos respecto de las mejores técnicas disponibles; en 1572, coincidiendo con el cenit del primer ciclo del oro, todas las minas del Virreinato del Perú -que en ese momento concentraba la mayor producción- pasaron a la Corona, con lo que el desarrollo minero se hizo aún más dependiente de la venalidad administrativa.

Pero sin dejarme entretener demasiado por el Dorado americano, retomo el oro asturgalaico del silgo I, y a modo de comparación, superpongo a la gráfica de producción de oro colonial la estimada en la entrada anterior para el NO hispánico según los mejores datos disponibles: Plinio y Sánchez-Palencia.

El resultado es elocuente. Si los datos de Plinio -máxima producción- y Sánchez-Palencia -producción total- son correctos, los romanos extrajeron oro del NO hispano a un ritmo unas tres veces superior a la de los españoles en América. Aunque el ciclo romano y el segundo ciclo colonial parecen similares, el factor b de la curva  es 2,5 veces mayor en el caso del NO hispano (y 3,25 veces mayor que el del ciclo I).

Así que, con este panorama, queda por ver si fue posible que los romanos obtuvieran -al menos- tanto oro en apenas medio siglo como lo que los españoles sacaron de América en siglo y medio en América. 

Es mi impresión que los historiadores, al tener presente la minería española en América han puesto ésta como límite de la primera, y se resisten a aceptar que los romanos hubieran podido superarla. Sin embargo, hay algunos indicios que nos permiten sospechar que así fue. Por ejemplo, el nivel de contaminación por plomo en las turberas de Galicia alcanzó en los inicios de nuestra era niveles no repetidos hasta la revolución industrial del siglo XIX, y el beneficio de la plata extraída en las minas del sur de Hispania fue la responsable de aquella contaminación. La exahustividad de la minería romana fue tan intensa que sus consecuencias se dejaron notar hasta la segunda mitad del siglo XVIII, cuando nuevos avances cualitativos en las técnicas permitieron superar ya claramente las profundidades y los problemas que habían detenido la minería romana. Esto es lo que nos dice Julio Sánchez Gómez (De Minería, metaúrgica y comercio de metales, 1450-1610) y señala a modo de comparación el buen desarrollo de la minería medieval al norte del limes romano, principalmente en la Germania.

Hecho este inciso, según Sánchez-Palencia los romanos removieron un 680 millones de metros cúbicos y sacaron 230 Tn en todas sus minas del NO hispano. De esto resulta una ley media de 0,388 g/m3 de todo-uno, muy similar a los 0,305 g/m3 de unas terrazas fluviales en explotación en Salvatierra de Miño (Brais Currás y López-González, 2012), en las cuales el oro se obtiene como subproducto, y es una ley semejante a la de otros sedimentos fluviales del valle del Duero que los romanos no llegaron a explotar, una ley razonable en cualquier caso.

Hay sin embargo alguna trampa en estas cuentas, y es que los datos de Sánchez-Palencia se refieren no solo a estos viejos sedimentos fluviales, sino también a los primarios, aquellos en los que el oro está en la roca madre en forma de vetas y filones, donde se encuentra mucho más concentrado.Así, las 230 Tn de Sánchez-Palencia incluyen por ejemplo unas irrisorias 4,7 Tn de las Médulas, la explotación a cielo abierto más importante del NO de Hispania y a la que el mismo autor atribuye un movimiento de 150 millones de m3, siendo que en conjunto la ley de las Médulas sería según estas cifras de 0,03 g/m3, diez veces menos que las leyes constatadas en Salvatierra de Miño. 

Me resulta del todo inconcebible que la que posiblemente fue la mayor mina de oro de la Antigüedad  hubiera dado tan cortos beneficios. Es algo que no tiene justificación posible. Aún cuando las economías de escala permiten ahorrar costes al aumentar el tamaño de la explotación, estos beneficios van casi siempre asociados a la inversión tecnológica, lo que  desde luego no es el caso, pues no hay en las Médulas ninguna tecnología especial que no haya sido empleada en otro lugar cualquiera del NO, y si quedaron -como en Salvatierra- terrazas con leyes de 0,3 g/m3 sin explotar, no tiene sentido que hayan sido explotadas los sedimentos de las Médulas, con leyes diez veces menores. Eso no ha pasado jamás en ninguna fiebre minera en ningún lugar del mundo.

Las cuentas suenan aún más descabelladas en dinero romano. Una ley de 0,03 g/m3 supone un costo de extracción y laboreo de 33 m3 por gramo de oro, 257 m3 por áureo, 2,57 m3 por sestercio. Con la referencia de la mina de Alburnus Maior, en Dalmacia a mediados del siglo II, donde se pagaban unos unos 5-7 ases por el trabajo diario de un minero (1,5 sestercios), tenemos que cada día, cada minero hispano de las Médulas debería extraer, desagregar, tamizar, lavar, acarrear y batear 3,8 m3 de piedras y tierras tan solo para pagar su propio salario, algo más de 7 Tn al día, casi 600 kg cada hora en jornadas de 12 horas, 10 kg cada minuto, todo eso para reunir los miserables 0,12 gramos de oro de su salario diario (5 euros al precio de hoy, con el oro a 42 euros/g).

Sencillamente imposible.

He aquí mis cuentas: Plinio da la cifra de 20.000 libras de producción anual , y atendiendo a su descripción la fiebre minera del NO estaba en su apogeo, por lo que de este valor obtenemos el ápice de producción (63 Tn). Según Sánchez-Palencia los romanos extrajeron 230 Tn de oro, y la relación entre esta producción total y la máxima puntual nos da el parámetro b 1,1, que marcará los mínimos de cálculo (cuanto menor es b, más tendida es la curva). Para limitar el cálculo por arriba, usaré los valores de b de los ciclos mineros del oro de la américa colonial española: 0,34 para el ciclo I y 0,46 para el ciclo II.

Así pues, si el ciclo minero romano en el NO de Hispania fuese de verdad semejante a los ciclos mineros de la América colonial, habrían extraído no 230 Tn de oro, sino entre 550 y 750 Tn. En cualquier caso, en el inicio del siglo II habría sido extraído ya el 80 % o el 73 % de la producción total respectivamente, y la minería hispana del oro se vería en plena decadencia.