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80. Tegra en A Guarda, ¿un castro blanco, rojo y azul es un problema estético o metalúrgico?

Hace un par de semanas hice visita al Tegra, esta vez guiado por Leo González, arqueólogo y guía del Monte. Si puedo volveré, vale la pena, de verdad. Leo muestra a os visitantes las reexcavaciones del poblado de Mergelina, de hace ya casi un siglo y que habían quedado semiabandonadas hasta hoy.

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Poblado de Mergelina del Tegra en plena campaña de reexcavación.

Recomendabilísimo.

Una de las cosas que más me sorprendió del poblado del Tegra fue saber que las casas estaban encaladas por dentro y por fuera. ¿A que nunca habíais imaginado un castro blanco como un peblo andaluz? Pues así los podéis imaginar desde ahora, al menos el del Tegra (y algún otro, me dicen…) aunque hay que reconocer que el del Tegra es un castro muy especial…

Bien. Mi sopresa por el encalamiento del Tegra va más allá de la estética y me plantea un serio problema minero: no hay calizas en A Guarda ni en todo el Baixo Miño. De hecho, para llegar a las calizas más cercanas tenemos que remontar el Miño hasta Portomarín, en Lugo o bien costear por mar hasta Figueira da Foz, casi doscientos kilómetros nada fáciles en cualquier caso.

Tegra y calizas

Por si alguien no se acuerda, la cal se hace calcinando en horno la caliza CaCO3 o la dolomía (CaMg)CO3, que son carbonatos; se libera CO2 y queda un residuo de óxidos de Ca y Mg (CaO/MgO). La cal es uno de los componentes del cemento y tiene múltiples usos industriales …y metalúrgicos.

Hay, sin embargo, otra posibilidad: que los grovios de Tegra blanquearan con caolín Al2Si2O5(OH)4, que es una arcilla, es decir, un armazón laminar de sílice (SiO2) reforzado por cationes metálicos (Al) y débilmente unido a otros armazones semejantes por aniones (OH-).

frente caolinítico de alteración sobre sustrato rocoso.

frente caolinítico de alteración en un depósito de terraza sobre sustrato rocoso.

Hay varias minas de caolín en las faldas del Tegra y el valle del Rosal. Todas estas minas fueron originadas por la meteorización del granito o de las terrazas del Miño, un asunto que tiene mucha más enjundia de la que parece y que otro día discutiré.

En la propia falda del Tegra, al oeste, es decir, cara al océano, una conocida fuente de A Guarda se llama Fonte da Cal,  y la calle donde se encuentra se llama Rúa da Cal. Está claro que este topónimo hace referencia a los caolines de la zona y no a auténtico óxido de calcio. Por si fuera poca pista, un poco al sur una gran nave de una empresa cerámica que en su día minó estos caolines conserva en pie la chimenea del viejo horno.

No es difícil diferenciar caolín de cal. Podemos hacer un difractograma para determinar la composición mineralógica, pero en realidad basta con someter el revestimiento a un ataque ácido débil para disolver la cal (básica) que burbujea a la vista incluso con el zumo de un limón (ácido cítrico), mientras que el caolín ni se entera (la sílice es en sí un ácido). Es de esperar que de la Peña, que fue quien dirigió la excavación de los años 1980, hiciera alguna comprobación, pero lo cierto no hay noticia de análisis alguno. (!!)

La ausencia de las analíticas más básicas de los revestimientos hallados en Tegra me resulta escandalosa y muestra la precariedad que rodea la investigación arqueológica, limitada casi siempre a una mera exhumación de piedras y objetos para su almacén. Pasa la excavación, quedan los restos excavados amontonados en algún almacén del Estado, ¡y a pudrirse!

Y determinar con seguridad si es o no cal lo encontrado en Tegra tiene mucha importancia, porque la cal es, al fin y al cabo, un material de construcción que se utiliza de forma tradicional donde hay fuentes locales de aprovisionamiento, y este no es el caso.

La cal es un producto pesado y por tanto muy susceptible a los costes del transporte. Y no solo es un granel pesado. La cal debe transportarse en seco pues si se humedece reacciona y se estropea, y por tanto es un un problema transportarla en barcos, donde hay que guardarla del agua del mar y de la lluvia. Como demás graneles, la cal debe transportarse como lastre, o en cualquier caso en las bodegas inferiores para no compremeter la estabilidad del buque, pero cualquiera que haya navegado en un barco de madera sabe que en el fondo del barco siempre hay agua… O sea que la cal debería transportarse en ánforas o cualquier otro recipiente estanco, lo que la haría más pesada aún. Como quiera que fuese su transporte implica un gran volumen comercial a larga distancia, solo se entiende dentro de una ruta muy frecuentada.

La cal de Tegra implica un transporte de -como mínimo- doscientos kilómetros de un material delicado y sumamente pesado para que la ciudad del Tegra pudiera relucir en lo alto del monte, haciéndose visible en kilómetros. Es una impresionante declaración de riqueza y poder.

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Cumbre del Tegra desde Camposancos y área ocupada por el castro

Pero lo cierto es que las viviendas del Tegra no solo estaban encaldas, algunas estaban encaladas de rojo, y otras… ¡DE AZUL!

Y ésto ya es demasiado…

El azul no es un color habitual en los edificios en ningún lugar del mundo. Hay muy pocos minerales azules y tallables y los más comunes son, de hecho, tan raros, que son semipreciosos: la lazurita (un raro silicato que Chaluen en el Atlasda el azul al lapislázuli) y la azurita, un carbonato de cobre. Que yo sepa, no hay lapislázuli en la península, y no demasiada azurita. Me resulta impensable que los habitantes del Tegra, por muy ricos que fueran, hubieran mezclado azurita con cal para pintar sus casas. Además, la azurita se transforma en malaquita (verde) al hidratarse, y así, como malaquita, la habría encontrado de la Peña al excavar hace treinta años.

Fuera de estos dos, el único tinte azul conocido de la antigüedad es la púrpura azul (2 Cr 2.14) que los fenicios inventaron a partir del Murex, una caracola mediterrránea que sí, hace dos mil años también se encontraba en las costas de Galicia (cosas del cambio climático, je!). Pero la púrpura azul es un tinte orgánico y se degrada con mayor facilidad aún que la azurita en malaquita. No se conocieron otros tintes azules en el Mediterráneo y Europa hasta la llegada del Índigo en la Edad Media. Solo siglos más tarde, con el desarrollo de la química europea, los azules se multiplicaron y volvieron accesibles.

¿Qué es entonces ese misterioso azul del Tegra? Está claro que sólo saldremos de dudas analizando esos revestimientos, pero en la tormenta de dudas que me generó esa noticia de revoque azul del Tegra, la única posibilidad que acierto a imaginar pasa por la metalurgia.

Metalurgia del oro de primario de A Grova.

La copelación es una técnica metalúrgica aplicada desde la antigüedad para el beneficio de la plata incluida en la galena (aquí, sobre su uso en el mundo turdetano/tartésico), y fue el método de refino más utilizado para la plata y el oro hasta la Edad Moderna. Hoy la copelación se sigue usando como método analítico para medir la pureza de oro, pues esta técnica de refino es todavía la de mayor eficacia, rebajando las impurezas al 0,01 %, (esta concentración es hoy el oro de 24 kilates).

El refinado mediante copelación aprovecha la afinidad del oro y la plata por el plomo para lavar y separar los metales preciosos de otros, como por ejemplo del cobre o del hierro.

En A Grova, estando el oro primario incluido en la calcopirita y pirita, lo primero a hacer sería tostar en horno los sulfuros para volatilizar el azufre (y el arsénico) y oxidar hierro y cobre. Así lograremos liberar las partículas de oro de los cristales de calcopirita (CuFeS2) o pirita (FeS2), obteniendo como resultado un concentrado metálico formado por óxidos de hierro, cobre y oro libre. Hecho esto, deberíamos mezclar esos óxidos con plomo y fundirlos en horno a unos 330 ºC. El plomo así derretido capturará el oro y podemos verterlo en una pequeña vasija o copela. Calentando de nuevo la copela en un horno bien aireado a 900 ºC, oxidamos el plomo convirtiéndolo en litargirio o óxido de plomo (PbO), que funde a unos 890 ºC, decantando el oro sólido al fondo de la copela. Si la copela es porosa, el litargirio fundido se infiltrará en los poros, y nos bastaría raspar el fondo de la copela o romperla para sacar el oro. Cuando las cantidades a copelar son grandes no utilizamos copelas, sino que disponemos los óxidos y el plomo en lechos de cal dentro del horno.

Hay que entender que esto es como las recetas de cocina, muy fácil de decir, mucho más complicado  de hacer. Un arte. 

Según algunos tratados europeos de los siglos XVII o XVIII, las mejores copelas eran mezclas de cal y espinas de pescados machacadas o huesos (fosfato cácico) e incluso cuernos de un determinado animal. Lo cierto es que en las copelas de arcillas el plomo reacciona con los silicatos y no se puede recuperar. Parte del oro podría ser arrastrado por ese plomo y quedar atrapado de nuevo en los silicatos de la copela. Utilizando cal, que no reacciona con el plomo, sí podemos reutilizar el plomo en otro nuevo ciclo de refino y de este modo tampoco perdemos oro.

El rojo: minio.

Y ahora los colores, empezando por lo más fácil: el rojo.

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Hay muchos pigmentos rojos naturales, empezando por los óxidos de hierro, o cobre, pero probablemente el más característico de todos sea el minio o plomo rojo (Pb3O4), que se utiliza como protector de la corrosión de hierros y como pigmento de pinturas. El minio tiene un vivo color bermellón y era más que conocido por los romanos.

La cuestión es que si nos pasamos en la oxidación del plomo o no alcanzamos suficiente temperatura, en vez de litagirio (PbO) obtenemos minio. El minio sería sin duda el mejor pigmento para enrojecer la cal si Tegra fuera esa ciudad que yo creo que fue. Todo será cuestión de hacer un pequeño análisis… un semicuantitativo… una fluorescencia de RX, un DRX…

El azul: cobre. 

Lo del azul apunta directamente al cobre. El óxido de cobre o cuprita (CuO2) es rojo, el óxido cúprico o tenorita (CuO) negro o gris, la calcosina (Cu2S) gris, con irisaciones azules, la covellina (CuS) azul. El cobre oxidado da rojos, el reducido verdes y azules. El problema es que el azufre en contacto con la cal y agua generara yesos, provocando la ruina de los encalados. Incluso reduciendo el cobre en forma de carbonato, mucho menos soluble que los sulfatos, el color es muy susceptible a las condiciones ambientales y la humedad, como vimos que ocurre con la azurita y malaquita. Lo ideal sería lograr un hidratado de cobre azul (para que no se altere con la humedad) y aislarlo para que no se combine tampoco con otros iones; o sea: la crisocola.crisocola

La crisocola, que se creía una arcilla, parece ser una mezcla de hidróxido de cobre azul o espertinita Cu(OH)2 y un vidrio aluminoso, una especie de ópalo sucio (SiO2·Al2O3) cuyas impurezas pueden amarillear la espertina dando un color verde al conjunto. Como ocurre con muchos minerales amorfos, en realidad no hay una estequiometría precisa para la crisocola y hay quien se pregunta si es de verdad un mineral o a qué se debe llamar así. Por lo que a mi respecta, lo que se describe es un vidrio de color azul en el que la sílice le ofrece resistencia y protección y el hidróxido de cobre pone el color. Para generarlo en un horno solo se necesita un óxido de cobre y una arcilla hidratada de sílice y aluminio. Una caolinita pobremente cristalizada, como las que se encuentran en los yacimientos de alteración del Baixo Miño sería perfecta.

Lo curioso de la crisocola es que es un mineral reconocido desde antiguo, ya mencionado por Teofrasto en el siglo IV AEC. El naturalista y filósofo griego, que le dio su nombre al mineral, la criso-cola era, literalmente, un pegamento de oro, sea lo que sea lo que esto signifique. En cualquier caso, el nombre de este silicato de cobre remite directamente al trabajo del oro…

El Tegra sobre el Minio: malentendidos históricos y errores mineros.

Esquina de la muralla del castro descubierta este verano tras un pequeño incendio.

Todavía queda mucho por aclarar en el Tegra, pero todos coinciden con que no es un asentamiento corriente. Diez o veinte veces mayor que la mayoría de los castros, la ciudad del Tegra se recoge tras una muralla casi testimonial, apenas un muro defensivo, sin foso. Comparada con pequeños castros como el de A Cabeciña, un auténtica fortaleza, el castro de Tegra es una ciudad abierta.

Altiva sobre la boca del Miño, la gran ciudad del Tegra estaba ahí para controlar los tráficos de salida y entrada al gran río de la Gallaecia. La figurilla de Hércules perdida en los años setenta sugiere un trato singular con Cádiz, el centro de comercio entre el Atlántico y el Mediterráneo. El desarrollo urbano, la abundancia de trisqueles, la holgura de las viviendas y la calidad de los encontrados señalan al Tegra como una centro económico y político de la zona. Todo apunta a una importante concentración de riqueza y poder en un tiempo muy determinado: el cambio de era. ¿Y qué podía haber dado la fugaz riqueza e importancia al Tegra sino la minería? En los cercanos montes de Tomiño y  a lo largo de decenas de kilómetros Miño arriba y luego por el Sil, quedan los restos de centenares de minas romanas. ¿Podemos mirar el Tegra sin mirar al Miño? ¿Y podemos mirar el Miño sin ver las minas?

Justino Frontino, un autor romano que vivió probablemente en el siglo II, escribió un resumen de una célebre obra del historiador Pompeyo Trogo, contemporáneo de Augusto. Este desconocido Justino, del que no sabemos nada, fue confundido durante la Edad Media con Justino Martir y gracias a este malentendido su librito mereció la atención de los monjes, que lo copiaron y preservaron para la posteridad, y hoy podemos leer que según Justino/Trogo, la Gallaecia…

…produce abundancia de cobre y plomo, así como de minio, que ha dado nombre a un río proximo [¿a las minas?]. También es muy rica en oro, por lo que a veces se sacan los terrones de oro con el arado.

¿Es esta explicación original de Trogo o fue una aportación de Justino? Fuera como fuese, esta explicación del origen del nombre del Miño fue repetida durante siglos por otros recopiladores, como el celebérrimo e imaginativo docto romano-visigodo San Isidoro, y en reconocimiento a tantísima autoridad fue admitido desde entonces como hecho probado que el Miño era el río rojo de minio. Sin embargo, Galicia y en concreto el entorno del Miño no es especialmente abundante en cobre , y el plomo es escasísimo en todo el país, de modo que ante el evidente error, hoy los modernos etimólogos han decidido negar la causa minera del nombre del Miño y remontar su nombre hasta sus fuentes indoeuropeas para proponer que Miño seaun hidrónimo pre-romano que signifique precisamente río, de modo que el río Miño sería algo así como el río River.

Total, que por rechazar una confusión, admiten otra.

Tampoco me voy a meter en etimologías, pero yo entiendo que una confusión es casi siempre un cruce de caminos. Por ejemplo, Plinio, que llamaba Minio al Miño, también llamaba minio de forma genérica al cinabrio y al óxido de plomo, lo que puede llevar a confusión del lector, si bien Plinio distinguía el minium (cinabrio) del secundario minium (tetróxido de plomo). El caso es que tanto el cinabrio como el óxido de plomo son tintes rojos y ambos sirven para separar el oro, así que ¿porqué no nombrarlos igual? ¿Acaso no llamamos gasolina al gasoil, cristal al vídrio o goma al caucho?

Es imposible que a Plinio, que fue inspector de minas y nos legó la más detallada descripción de la minería romana del oro del noroeste peninsular, se le escapase la homonomía entre el nombre del río Miño y el de los tintes rojos de plomo y mercurio usados en el beneficio del oro que él conocía de sobra. ¿Acaso entendió Plinio que el Miño aludía al río rojo, cobrizo o miniado de su aguas? Entonces, Plinio, que a diferencia de Justino sí estuvo en Gallaecia y vio las minas funcionando, no consideró necesario añadir aclaración alguna pues para él no había error, del mismo modo que cuando en A Guarda llamaban cal al caolín puede que confundiesen términos, pero en realidad no se equivocaban pues con caolín encalaban.

Mapa de distribución de las explotaciones auríferas del Noroeste en relación a las vías romanas. En sombreado amarillo la zona de la Via Nova estudiada

Mapa de distribución de las explotaciones auríferas del Noroeste en relación a las vías romanas. CSIC.

No fue el minio el mineral que tiñó de rojo las aguas del Miño pero los millones de toneladas de sedimentos rojizos lavados de las terrazas del río bien pudieron lograr un efecto semejante. De la confusión en los términos no debe concluirse la falsedad general. Al contrario, a menudo la confusión nos pone en la pista de una realidad mayor que nuestro conocimiento. Nos confunden los cruces por la cantidad de caminos, no porque el cruce en sí sea falso ni lo sean los caminos que desconocemos. Colón no llegó a las Indias pero eso no niega la redondez de la Tierra. Yo creo que la minería del oro es la pista que debemos seguir para entender la gran ciudad del Tegra, en el cruce del Miño y el océano.

Quizá sus habitantes pintaron sus casas con la evidencias de esa minería. Bastaría un pequeño análisis para sacarnos de dudas.

A ver…

UN APUNTE SOBRE A FONTE DA CAL Y LAS CONFUSIONES.

Ya lo avisé, las confusiones suelen aparecer donde se cruzan significantes y se suman significados.

Repasando un librito medio extraviado (Microtoponimia de A Guarda de J.L. Lomba), releo que el topónimo A Cal no hace referencia a ninguna arcilla de encalado, sino a un canal, o incluso a un pequeño camino, un sendero. La Fonte da Cal sería por tanto una fuente que vierte o es abastecida a través de un pequeño canal, y en consecuencia la rúa da Cal sería “el camino que lleva a la Fonte da Cal”, aunque también podría ser al revés: “la calle del Camino”  y “la fuente que está en la calle del Camino”.

¡Ay, qué flaca es la memoria y qué burlonas las etimologías!