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41. Sobre la gaita, la metalurgia, las Casiterides y los celtas.

Ya está aquí el verano, tiempo de calenturas e ideas calenturientas.

Sobre el oscuro origen de la gaita se han dicho muchas cosas, pero nunca -que yo sepa- se la ha relacionado con la metalurgia, lo que siempre me ha extrañado mucho.

El caso es lo que hace gaita a la gaita es el fuelle, un invento que solo sirve para soplar al horno y avivar el fuego dándole mayor temperatura. Esa, y no otra, es la función del fuelle en el horno.

En la Biblia, la única mención al fuelle la hace el Libro de Jeremías (6.29), refiriéndose al horno del metal.

Jadeó el fuelle, el plomo se consumió por el fuego. En vano afinó el afinador, porque la ganga no se desprendió. Será llamados “plata de deshecho”, porque Yahveh los desechó.

También en la gaita el fuelle aviva -más que alarga- el sonido de la flauta, dándole potencia y una fuerte sonoridad metálica. Con el fuelle, la flauta deja de silbar y chirría. Muchas veces he leído o escuchado que el fuelle de la gaita permite alargar la nota y así puede descansar el músico, pero eso me parece una gran tontería. No hay más que ver tocar a un gaitero para darse cuenta de que no hay economía en su uso del fuelle. Todo el aire que pudiera economizar lo consume en dar mayor sonoridad a las vibrantes tonalidades de su gaita. Esta potencia es la que hace de la gaita un instrumento de campo, demasiado intenso para los salones y apropiada para dejarse oír -como el tambor- entre el fragor de la batalla.

Sin embargo, a pesar de su potente sonido metálico, en la gaita el fuelle no se une a un cuerno sino a una flauta. Y el caso es que el cuerno -de hueso o de madera-, es un instrumento tan antiguo como la flauta y es el precursor de las actuales tubas, trompetas, cornetines, etc., es decir, de los instrumentos de viento-metal, instrumentos guerreros por excelencia. Los cuernos son instrumentos de campo, ganado, caza y guerra. Así pues  la gaita, que como las flautas, clarinetes y oboes es un instrumento de viento-madera, no tiene su origen en la llamada a la guerra, sino en la melodía, y la melodía que esta flauta reproduce es la del metal en la fragua, el metal que se funde a base de madera y aire.

Por lo demás, la decadencia de la gaita coincide con la metalización y mecanización de la flauta en todas sus variantes, pífanos, traveseras, o incluso dulzainas, un refinamiento tecnológico que relegó la gaita a a lo popular.

El origen de la gaita es oscuro, pero no remoto, o al menos no tanto como el de la flauta, que alcanza el Neolítico. Su extensión geográfica, siendo muy amplia, tampoco es universal como la de la flauta. La gaita se encuentra en buena parte de Europa,  Anatolia y el Cáucaso, el norte de África y la India. No se encuentra en el Lejano Oriente, en América y en el África negra, áreas en las que la metalurgia del hierro tuvo un desarrollo tardío o ni siquiera llegó a desarrollarse. Especialmente significativo es el caso de América precolombina, que sabemos desconocía el fuelle y la metalurgia del hierro, que requiere de hornos con sopladores mecánicos -es decir fuelles- para alcanzar los 1200 ºC .

Un fuelle puede multiplicar por 70 la efectividad de un soplado a pulmón de los hornos -del que hay evidencias arqueológicas-, pero además insufla aire con más oxígeno que el inhalado, lo que aumenta la temperatura de combustión. Estas limitaciones impidieron no solo que aztecas e incas pudiesen enfrentarse con armas de hierro a los conquistadores españoles, sino también de bronce, cuya fusión ronda los umbrales de temperatura máxima alcanzada en los hornos precolombinos de América.

Pero la razón última que une la gaita con el hierro no se encuentra en el horno, sino en la geología. De hecho, la primera y más clara evidencia del uso metalúrgico de fuelles se encuentra en el Egipto faraónico asociado al bronce, no al hierro. Diversas pinturas desde el XV a.C muestran cómo los artesanos  insuflaban aire en el hornos pisando fuelles para fundir el bronce. Así pues, en Egipto existían bronce y fuelles, pero no hay evidencias de gaitas. En China, también una milenaria y refinada civilización del bronce -y más tarde del hierro- usaban fuelles pero no gaitas. La diferencia está en las civilizaciones europeas, como la de los celtas, definidas por su metalurgia del hierro y recordadas hoy por su legado musical de gaitas.

Vamos al asunto.

Para producir bronce se requiere cobre y estaño, metales relativamente raros y que no suelen encontrase en las mismas regiones geológicas. De hecho, las minas de cobre y estaño de la antigüedad se encontraban tan alejadas entre sí que dieron lugar a las primeras rutas comerciales a larga distancia y la producción se concentró en los centros urbanos y emporios donde se reunían suficiente capacidad y conocimiento para hacer posible aquellas grandes empresas comerciales. En el siglo V antes de nuestra era Heródoto mencionó una de aquellas rutas, la de las Casitérides ,  que proporcionaba estaño a los fenicios. Posteriores autores grecorromanos situaron las Casitérides en referencia a Iberia o Hispania y en concreto a Galicia. Os recomiendo el repaso que Gustavo, en masquepetroglifos, hace de las conexiones de la costa de Oia con aquella vieja ruta comercial, que siguió funcionando hasta que Galicia fue incorporada al Imperio Romano.

Pero el hierro es cosa distinta. Es el metal más común de la Tierra y el más fácil de reconocer y extraer. Abundante y muy oxidable, podemos encontrar pequeñas cantidades de óxidos de hierro -hematites, gohetita u oxihidróxidos- asociadas a prácticamente cualquier tipo de sustrato, ígneo, metamórfico o sedimentario. Así que la metalurgia del hierro tan solo requiere de un pequeño horno: ni rutas comerciales, ni astilleros, ni conocimientos de navegación, ni fondos de comercio, ni multitudes de artesanos, solo un poco de tierra roja y una pequeña cubeta de cerámica o un hueco excavado en la tierra, madera y… un pequeño fuelle portátil.

La metalurgia del hierro trajo el caos. El advenimiento de la nueva Edad del hierro fue recordada como una sangrienta revolución por Vedas o el poeta Hesiodo en la fábula de las cuatro edades, y se puede rastrear en las numerosas menciones de la Biblia a los filisteos, uno de aquellos pueblos del mar que irrumpieron en Egipto y Oriente Medio armados de hierro.

y expulsarás al cannaneo, aunque tiene carros de hierro y es muy fuerte. (Jos. 1719)

No había herreros en todo el territorio de Israel porque los filisteos se decían. Que no hagan los hebreos espadas ni lanzas ( 1 Sam 13.19)

Es muy probable que la metalurgia del hierro se iniciase en Anatolia, pero pronto se extendió hacia oriente y occidente. El hierro, común y accesible en todas partes, proporcionó a los bárbaros euroasiáticos armas superiores a las de bronce, cuya fábrica en masa habían controlado los centros urbanos y emporios de Creta y Oriente Medio. Y toda esta revolución dependía de un pequeño fuelle, una gaita. Y así tenemos que con la expansión del hierro en Europa irrumpió una confusa sucesión de pueblos cuya identidad y adscripción cultural trae de cabeza a los arqueólogos, que discuten quiénes eran y de dónde venían estos invasores con armas y carros de hierro, guerreros y herreros errantes.

En Galicia, la Edad del hierro arrancó hacia el siglo VIII a de C. y con el hierro los primeros castros y los celtas. Ahora algunos arqueólogos discuten si aquellos celtas eran o no. Por lo que a mí respecta, los romanos les tenían por tales y con eso basta. Discutir si eran celtas de pura cepa o de segunda se me antoja a discutir si los españoles somos europeos o tan solo lo parece. Y el caso es que en Galicia, Bretaña y Cornualles, donde los estudiosos han querido situar las míticas Casiterides existe un fondo cultural común de viejas leyendas, tradiciones, cruceiros, petroglifos y, sobre todo, gaitas, que la tradición liga a los viejos y férreos celtas.

Ahora dicen que la gaita la trajeron y llevaron los romanos, porque no hay evidencias más antiguas, y a los celtas galaicos les llaman prerromanos. ¿Pero cuántos hornos prerromanos de hierro se han encontrado en Galicia? ¿Y cuántos fuelles? Ninguno, pero haberlos, los hubo. Sin duda.