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87. Tectónica y erosión subterránea en Galicia, II. ¿Donde están las fallas? Matarile-rile-rile.

La discusión sobre si sí o no hay una tectónica fuerte en la construcción geolólogica del paisaje de Galicia es vieja, aunque la verdad no es demasiado acalorada. Más bien es una discusión lánguida, como la misma sismicidad del país, que aunque de forma ocasional alcanza una moderada energía,  es por lo general una sismicidad  constante, difusa, y de baja intensidad.

En Galicia hay bastantes terremotos, más de los que se creía hasta hace unos años, pero son moderados o de muy baja magnitud.

Sismicidad en la península Ibñerica hasta 2002 (IGN)

Sismicidad en la península Ibñerica hasta 2002 (IGN)

De hecho, son tan poco energéticos  que la mayor parte ni se detectaban, al menos hasta que tras la serie de terremotos de 1995-1997 en Sarria-Becerreá-Triacastela el proyecto GASPI investigó en detalle la sismicidad del NO penisular. Si os apetece enteraros de los resultados, aquí.

La cuestión es que esta baja sismicidad choca con la evidencia de un paisaje montañoso extremadamente compartimentado que combina diminutas cuencas sedimentarias con cientos de metros de sedimentos pinzados en el basamento paleozoico, como en As Pontes; suaves paisajes graníticos cortados a tajo por cañones fluviales de 500 metros de profundidad, como en A Ribeira Sacra; ríos desembocando sobre el mar en saltos de agua de más de 100 metros de desnivel, como en Ézaro, o amplios y profundos valles fluviales atravesados por cortos ríos de aguas cristalinas, como en las rías de Vigo o Pontevedra. Por todas partes encontramos señales de hundimientos y elevaciones, erosiones y sedimentaciones que desentonan con los bajísimos volúmenes de sedimentos transportados por los ríos (al menos de forma natural) y con la baja y difusa sismicidad. Así que la mayoría de los geólogos suponen que las fuerzas geológicas que generaron los vivos contrastes del paisaje gallego son cosa del pasado, como si la profunda erosión y la activa tectónica se hubiese detenido, como si hoy el NO de Iberia fuese una geología en stand-by, una balsa de piedra.

¿Dónde están las fallas?

En realidad, el gran problema de la tectónica de Galicia es que no se encuentran las fallas activas.

Salvo excepciones, los sismógrafos no localizan de froma clara las fallas en los zócalos graníticos y metamórficos y en las cuencas sedimentarias apenas se han descrito apenas media diocena de fallas (1,2) afectando a los sedimentos más recientes de modo aparentemente muy local.

¿Significa esto que la tectónica es débil o inexistente? Pues mi opinión es que no. Puede que no veamos las fallas activas, pero haberlas hailas. Investigar la tectónica de Galicia, sin embargo, exige un cambio de modelo conceptual, pues no estamos ante una tectónica típica, rocosa, dura, rígida, sino ante una tectónica blanda.

En Meriama y As Pontes, las cuencas mejor conocidas gracias a que han sido excavadas por completo, la mayoría de las fallas son de borde y afectan sobre todo al zócalo ígneo-metamórfico, no a los sedimentos. Así se explicaría la ausencia de grandes fallas en los sedimentos recientes y su aparente escasa relevancia.

Corte geológico de As Pontes. Las fallas apenas afectan a los sedimentos

Corte geológico de As Pontes. Las fallas apenas afectan a los sedimentos, de aquí.

He aquí por qué apenas se encuentran fallas en los sedimentos, pues como las llaves de la canción, están en el fondo de las cuencas (y en sus bordes), afectando al zócalo paleozoico/precámbrico.

Y al ver los cortes geológicos de As Pontes, se comprende por qué resulta tan difícl advertir la dimensión de las movimientos tectónicos involucrados en la cuenca a partir de informaciones parciales de las fallas en superficie, en especial las del interior de la cuenca.

Los bordes de cuenca

El término de las fallas profundas en los bordes manifiesta un cambio reológico del zócalo granítico/metamórfico al sedimento: el granito es duro y frágil, el sedimento es blando y dúctil. Ante un esfuerzo (una onda de presión, por ejemplo) el granito se rompe, el sedimento se deforma. Por eso las fallas que atraviesan el zócalo en As Pontes se pierden dentro del sedimento, transformadas en un ramillete de pequeños pliegues y/o fracturas

La mayoría de los trabajos sobre las cuencas terciarias focalizan su atención en la estructura generalde esfuerzos y/o en los sedimentos de relleno, y en cambio prestan muy poca atención a esos bordes, que, a mi modo de ver, juegan el papel esencial.

Las fallas van tumbándose con el tiempo, evidenciando un comportamiento dúctil

Las fallas van tumbándose con el tiempo, evidenciando un comportamiento dúctil

Y si nos fijamos vemos que las sucesivas fallas (inversas) del borde norte tienden a disminuir su buzamiento hasta parecer cabalgamientos. En cada ocasión, la falla inversa se reactiva con el buzamiento que trae la falla en profundidad y sigue por la roca fresca hasta superficie hundiéndose el bloque sur, pero la meteorización que afecta a este borde meteorizala la roca adquiriendo ductilidad y plegándose. Este cambio de comportamiento de la roca frágil/dúctil es comparable al típico creep de las laderas.

La meteorización de la roca induce un comportamiento dúctil frente al esfurzo, en este caso , la gravedad.

La meteorización de la roca la convierte en un material dúctil frente al esfuerzo, en este caso , de la gravedad (de aquí)

La meteorización.

La intensísima meteorización de los bordes es la característica común a todas las cuencas sedimentarias de Galicia. Esta meteorización resalta en los cortes abiertos en el terreno por las vivas coloraciones rojizas y blancas causadas por el enriquecimiento en hierro de los niveles o, por el contrario, por su lavado y concomitante a la caolinitización. En la segunda mitad del siglo pasado era común atribuir estas coloraciones a una supuesta evolución climática. Así, las terrazas más elevadas y antiguas la característica común sería un enrojecimiento (ferralitización) que indicaría un clima más cálido y húmedo, de carácter tropical.

Ferratilización del metamórfico bajo terraza ¿T2? en Tui

Ferralitización del sustrato metamórfico bajo una terraza ¿T2? en Tui

A mi modo de ver, sin embargo, la ferralitización depende más de circunstancias locales como la proximidad y la composición del sustrato y fuentes metálicas, porosidad, etc. que de pasados registros climáticos. También es verdad que, en general, desconfío de cualquier intento de correlacionar o datar capas por el grado de cementación o alteración.

Por ejemplo, en el Miño, el amigo Viveen, advirtió que la pérdida de masa en los cantos de las terrazas aumenta hacia el mar a igual altura y se sirvió de las densidades para  correlacionar las terrazas, definiendo un supuesto basculamiento hacia el oeste, cuando lo que estaba viendo es el efecto corrosivo del spray y las lluvias marinas (cargadas en sales) disminuyendo hacia el este.

Pero sigo.

Terraza y sustrato fuertemente alterados (ferritización y caolnitización) en Tui ¿T2?

Terraza y sustrato fuertemente alterados (rubefacción y caolnitización) en Tui ¿T2?

Detalle de anterior con los bloques graníticos de coluvión de base de teraza rubefactados y caolinitizados

Detalle de perfil anterior con los bloques graníticos de coluvión de base de teraza completamente rubefactados

granito rubefactado bajo terraza T3 en Salvaterra.

Granito rubefactado bajo terraza T1 en Salvaterra.

Detalle de corte anterior en el que se ve los grandes bloques de granito alterado incluidos en la terraza.

Detalle de corte anterior en el que se ve los bloques de granito incluidos en la terraza alterados.

Terraza sobre granito muy alterado en en Valença, ¿T1?

Terraza sobre granito muy alterado en en Valença (Gandara), ¿T1?

Detalle de bloque rubefactado en perfil anterior

Detalle de bloque de granito rubefactado en perfil anterior

La presencia de esos grandes bolos graníticos en la base de los sedimentos fluviales indica que en el momento de la sedimentación el granito era una roca competente y que la meteorización de sedimento y sustrato fue conjunta y posterior a la sedimentación. De hecho, en ocasiones parece que los procesos de meteorización son más intensos en el sustrato granítico que en los sedimentos, como si en el proceso de alteración fuese no solo meteórico sino también hidrotermal, y al menos en un afloramiento en Monçao, en una terraza equivalente a al T3 del MAGNA, una cementación silícea de aspecto opalino parece confirmar tal supuesto.

Terraza con cemento opalino

Terraza ¿T3? con cemento opalino en Monçao

Detalle del corte anterior

Detalle del corte anterior

En Melgaço, Monçao o en Caldelas de Tui existen balnearios de aguas termales. En todos estos lugares las aguas termales afloran en varios surgencias naturales, incluso en el lecho del río, y en todos ellos se ha constatado la existencia de manantiales con caudales de decenas de miles de litros/hora cada uno con su particular composicón quimica y temperatura. También se reconocen procesos de mezcla de aguas hidrotermales y meteóricas.

Tomografía de resistividad (W-E) en Caldelas de Tui. De arriba abajo: Terraza T1, acuífero en granito (?) y sustrato rocoso. Manantial termal en mitad del perfil (metro 120)

Tomografía de resistividad (W-E) en Caldelas de Tui. De arriba abajo: Terraza T1, acuífero en granito (?) y sustrato rocoso. Manantial termal en mitad del perfil (metro 120)

Tomografía IP en perfil anterior (dispositivo Wenner). El mapa de cargabilidad (dominio tiempos) señala dos anomalías interpretadas como dos surgencias de aguas termales

Tomografía IP en perfil anterior (dispositivo Wenner). El mapa de cargabilidad (dominio tiempos) señala dos anomalías interpretadas como dos surgencias de aguas termales

Las raíces del regolito. 

Los regolitos de los macizos ígneos y metamórficos son mucho más que un suelo grueso o una simple cobertera susceptible de erosión. En los macizos graníticos los regolitos se extienden cientos e incluso miles de metros en profundidad a través de una red de fracturas que conectan con masas rocosas más o menos alteradas y brechificadas por las que se mueven las aguas meteóricas e hidrotermales. Esta intrincada red de fracturas y masas rocosas alteradas juega un papel fundamental en los procesos hidrogeológicos y tectónicos, un papel reconocido pero muy difícil de cuantificar, pues desconocemos las geometrías precisas de estas redes, sus propiedades mecánicas o hidráulicas, las características de los caudales que se mueven por ellas y ni siquiera tenemos un conocimiento teórico suficiente de los procesos mineralógicos y reológicos que determinan su comportamiento. Pero sabemos que están ahí.

La memoria del sondeo más profundo de Galicia, realizado en Ourense en 1986 para la investigación geotérmica de media entalpía, describe la mayor parte de las muestras tomadas para los ensayos de conductividad desde la más somera (a 258 metros de profundidad) hasta la más profunda (tomada a 690 metros de profundidad) como de granito muy alterado o medianamente alterado.

Descripción de las muestras para conductividad del sondeo Orense-4, de 700 metros de profundidad.

Descripción de las muestras para conductividad del sondeo Orense-4, de 700 metros de profundidad.

Un granito completamente meteorizado (grado V ISRM) como el que forma los típicos jabres gallegos  puede presentar fácilmente una densidad 20 % inferior a la de ese granito sano (2,65 g/cm3) y su comportamiento reológico es del todo diferente, pero incluso ligeras alteraciones tienen importantes consecuencias físicas. Un granito con grado II (ISRM) de meteorización, apenas perceptible en campo por una ligera coloración, puede ver reducida su resistencia a la compresión a la mitad.

Aumento de porosidad y disminución de la resistencia con el grado de alteración (de aquí).

Aumento de porosidad y disminución de la resistencia con el grado de alteración (de aquí).

Por esta razón los terremotos se repiten una y otra vez sobre las mismas fallas. El segundo principio de la termodinámica dice que la energía tiende a disiparse, o sea, a repartirse de forma homogénea a través de las rocas, y la falla, al tener una menor resistencia mecánica disipa la energía acumulada en el macizo transformándola en trabajo mecánico (rompiendo las rocas y desplazándolas) y calor. Así pues, en muchos casos, las fallas no solo son conductos para las aguas hidrotermales, sino que ellas mismas actúan como calefactoras. El testigo Orense-4 descubrió abundante pirita de neoformación (hidrotermal) que en algunos casos llegaba a tapizar por completo los planos de rotura de los testigos y de modo frecuente estos recubrimientos mostraban estrías de falla, lo que el informe consideró prueba irrefutable de neotectonia.

La memoria del IGME añade que del metro 201 en que comenzó a perforarse con recuperación de testigo ahasta el fin del sondeo a 700 metros de profundidad, era constante la alternacia de tramos de granito masivo fresco y compacto de 20-30 metros con zonas fracturadas de 5-15 metros en los que se combinaba la fracturación con la alteración hidrotermal por la circulación de agua caliente.

Tectónica blanda

En los ríos de Galicia la carga de sedimento disuelto natural (sin contaminar ni inducida por actividad humana), siendo baja o muy baja (50 mg/l) (1,2), multiplica por diez la carga de fondo o de sedimento en suspensión (1-10 mg/l) (3,4).

Puede que estos datos estén algo sobrevalorados por lo que ya comenté antes de la influencia las spray y lluvias marinas (cargadas en iones como Cl- y Na+) en el contenido en disolución de las aguas continentales costeras, que aumentan su actividad química. Para el conjunto de Galicia, los valores podrían ser ligeramente inferiores, y en el cálculo de tasas de erosión también habría que tener en cuenta las menores precipitaciones en las zonas de interior. Aún así, estos datos son la mejor referencia de que dispongo y la realidad general no debería alejarse mucho.

Esto significa que la erosión en buena parte de Galicia (sobre todo la Galicia más Atlántica, que es casi toda) es, mayoritariamente, química, es decir, subterránea, considerando como tal la subsuperficial, que circula brevemente por los suelos y regolitos como la que lo hace atravesando los macizos alterados para surgir al cabo de meses o años.

Traducido lo anterior a tasas de erosión (para un caudal de 51,7 cumecs/km2), serán 81,5 tn/km2 año o 30 m3 de granito (densidad 2,7 g/cm3) por km2 y año, o si preferís 3 mm cada mil años. Aunque quizá os parezca parezca poco, en un millón de años eso es un agujero de 300 m de alto, ancho y largo. Un boquete gigantesco y, de hecho, tres veces mayor que la más grande cámara subterránea del planeta según wikipedia, la Cámara Miao.

Pero aunque de hecho en Galicia tenemos algunos de los mayores seudokarst del mundo, que es como se llaman las cuevas generadas por la disolución del granito (cuyo descubrimiento y estudio debemos a los clubes Mauxo y A Trapa), lo más habitual es el jabre, y la disolución de 3 mm/año de granito en 1 millón de años es el 3 % de un km3, o lo que es lo mismo, supone rebajar la densidad de 1 km3 de granito de 2,7 a 2,62 g/cm3). En treinta millones de años, que es el tiempo transcurrido desde que As Pontes y la mayor parte de las cuencas terciario-cuaternarias gallegas comenzaron a formarse, habremos disuelto el 30,7 % de la masa de ese km3, o lo que es lo msimo, habíamos rebajado la densidad del km3 de granito de 2,7 a 1,9 kg/cm3, es decir, habremos creado un regolito continuo de grado VI de 1 km de profundidad a partir de un granito perfectamente sano.

En realidad, como se puede ver en los seudokarst, no toda la disolución de granitos se ha convertido en jabre. Una parte del granito ha sido completamente disuelto para formar cavidades como el pseudokarst de A Trapa, en Tui, o simplemente ha desaparecido de superficie, y otra parte ha sido transformado en minerales de neoformación, como la caolinita que luego ha pasado a rellenar las cuencas terciarias. Desconocemos también cuánto regolito ha podido ser erosionado. Si nos atuviésemos a los rios actuales como guía, desde luego muy poco: un 10 % del volumen disuelto habría sido transportado como carga en suspensión y otro tanto (como mucho, pero probablemente menos) como carga de fondo. Sin duda resulta muy aventurado suponer que las tasas de carga en suspensión y de fondo han sido siempre como las actuales, y bastarían unos pocos “eventos erosivos” para desmantelar en poco tiempo grandes volúmenes, pero en cualquier caso, la ausencia de grandes depósitos de sedimentos en Galicia y en la adyacente plataforma continental permiten suponer que la erosión y transporte particulado ha sido un asunto de menor cuantía en los últimos 30 millones de años.

Pero a lo que iba. Lo que identifica las cuencas tectónicas terciario-cuaternarias de Galicia no es el sedimento -no lo hay en la Depresión Meridiana, al menos en buena parte- sino un potente regolito, y esto porque  el agente activo que abre y profundiza las cuencas tectónicas de Galicia es la disolución química. Ésta es una tectónica blanda, en el que el papel de las fallas es más pasivo -como vía para las aguas- que activo, como centradoras de esfuerzos. Los sismos son numerosos pero pequeños, casi inapreciables, en el rango de energías de la contaminación sísmica humana, y con una ocurrencia geográfica muy parecido a un ruido de fondo de origen difuso, no asociado a geometrías claras.

Dos posibles soluciones a los datos de la campaña de MT del IGME en Caldas, en 1988

Dos posibles soluciones de J. Ledo a los datos de la campaña de MT del IGME en Caldas, en 1986. Los colores vivos señalan zonas conductoras, ricas en arcillas, elementos metálicos o agua y se disponen en superficie o cruzando grandes fallas evidentes en el paisaje. En 013, arriba, la Depresión Meridiana coincide con una anomlaía de conductividad de 1 km de profundidad. Las zonas más resistivas indicarían macizos rocosos impermeables.

Posición de las estaciones del perfil MT

Posición de las estaciones del perfil MT. En naranja la posición de la Depresión Meridiana y otra gran falla visible en el perfil MT.

La meteorización subterránea localizada, de digamos, un pasillo de cinco o diez kilómetros de ancho como la Depresión Meridiana en 1 km de profundidad, no solo debilita la resistencia de la roca, descarga la presión vertical y genera un espacio libre que facilita el movimeinto de los bloques rocosos a ambos lados. A largo plazo, la continua descarga de tensiones impide que se acumulen grandes esfuerzos y que se produzcan por tanto grandes terremotos; no encontraremos por ninguna parte un gran plano de falla, pero sí una estrecha depresión tectónica y erosiva.

No conozco ninguna otra reconstrucción geomorfólogica de Galicia que haya considerado la erosión subterránea un mecanismo principal de la evolución del paisaje; en realidad, ni siquiera conozco una que la haya tenido en cuenta.

Por desgracia, tampoco conozco ningún informe que haya tratado de cuantificar la aportación de caudales de las aguas termales y minerales a los ríos de Galicia, ni mucho menos su aportación de elementos disueltos. Tampoco dispongo de ninguna otra indicación o referencia sobre los aportes de la erosión química profunda ni del reparto de circulación de las aguas subterráneas subsuperficiales y profundas, y por eso, aunque sea de forma muy pedestre y cogida por los pelos, voy a intentar aquí hacer una primera aproximación.

El contenido medio y normal de Si en las aguas de explotaciones minerales y termales de Galicia es de 58 mg/l, y en los ríos de unos 11 mg/l, pasando de  enero a julio de 9,1 mg/l a 12,8 mg/l. Suponiendo que la diferencia (3,7 g/l) se debe a la mayor contribución relativa de las aguas subterráneas sobre el caudal fluvial total, podemos estimar que las aguas minerales y termales aportan un 6 % del caudal medio de julio o un 1,2 % del caudal anual (considerando  que es 6 veces el de julio). Este 1,2 % de aguas de aguas minerales y termales procedentes de la circulación profunda aportaría pues el 7 % de los solutos totales, o lo que es lo mismo, la erosión profunda sería del 7 % de la total, unos 2,1 m3 de granito erosionados cada año en las raíces mismas de las montañas y los valles.

Un hueco de 2,1 m3 en el granito bajo 1 km2 de superficie nos parece bien poca cosa, apenas una conejera, pero los procesos geológicos juegan con escalas de tiempos que acostumbramos a medir. Los circuitos de aguas termales de Galicia se estiman con profundidades de 2-3 km, puede que hasta 4 km. En los últimos treinta millones de años, una erosión de 2,1 m3/año y Km2 habrá generado una pérdida de masa del 1,57 % (4,2 g/cm3 para un granito de 2,7 g/cm3) en los primeros 4 km de corteza, y eso implica una pérdida significativa de resistencia mecánica. Si además esa pérdida se concentra, digamos, en tramos de 10 metros de espesor separados por tramos de 25 metros no alterados (que es lo que describe el sondeo Orense-4), tenemos una estructura en la que se alteran bloques de granito sano (2,7 g/cm3) con otros con una pérdida de masa del 5.5 % (2,55 g/cm3), es decir, con un macizo granítico con un grado de alteración II-III.

72. Mámoas, petroglifos y castros: piedra, bronce y hierro. Las Edades del hombre.

El pasado sábado 13 de diciembre fui a una salida piloto de  Rockartroll. El objetivo era pasar un buen día caminando entre petroglifos y aprender un poco sobre el arte rupestre del NO peninsular, uno de los lugares con mayor concentración de petroglifos de la Edad del Bronce del mundo.

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Pasamos muy buen día, todos aprendimos algo, y hasta probamos a arponear un ciervo con una lanzadera como las que usaban los cazadores que tallaron los petroglifos que vimos. En resumen: de lo más recomendable.

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A pesar de que el grupo era bastante heterogéneo, con especialistas en el asunto, aficionados con vagas nociones como yo y gente que no tenía ni idea, el equipo de Rockartroll supo hacerlo interesante y accesible a todos.

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Ahí se nota el oficio de guías. Leo y los demás saben explicar y transmitir, también hay que decirlo, ayudados por el entorno. Que no es lo mismo que te lo cuenten en un aula o en un museo que en en el sitio.

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Aunque en el paisaje han cambiado muchas cosas desde entonces, con ayuda de las explicaciones de Leo se podía sentir un poco lo que era vivir en aquel entorno salvaje que apenas había comenzado a humanizarse.

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Y como guinda del pastel, acabamos en Ponte Caldelas para comer unos riquísimos platos de setas, ciervo, liebre y codorniz que ya les gustaría comer a aquellos cazadores de la Edad del Bronce. Aquí os dejo la foto del feliz grupo:

casa tito 3

El caso es que con lo visto y escuchado en esta inspiradora visita guiada a los petroglifos del área de Pontevedra y al viejo mundo de los habitantes del Bronce galaico, he recordado el mito clásico de las edades de la humanidad y lo he puesto en relación con la ¿protohistoria? de Galicia.

Edad de Oro ¿o de piedra?

Edad de Oro ¿o de piedra?

Porque tanto para los antiguos griegos como para los modernos arqueólogos, las edades del hombre se leen en una clave geológico-minera. Estoy hablando claro, de la edades preciosas de Oro y Plata, cuando los hombres vivían junto a los dioses; la Edad del Bronce, pródiga de héroes terribles; y la miserable Edad del Hierro, en la que vivimos hoy, Quizá si Hesíodo viese nuestro mundo añadiría una moderna Edad del Barro, o mejor de la Brea.

Hesíodo

Hesíodo

La revisión arqueológica del mito de Hesíodo no difiere demasiado de la original si aceptamos el cambio del oro por la piedra.

Iniciamos entonces la aventura humana con el hombre feliz y russoniano de la Edad de Piedra, reconocible también en sus versiones oro y plata: Neolítico y Calcolítico, al que sigue el hombre de la Edad del Bronce, casi tan terrible y heroico como el de Hesíodo, y terminamos con el hombre violentísimo e impío de la Edad del Hierro, que llegaría hasta nuestros días o casi, quizá hasta la Revolución Industrial. Así, según esta mitología, hoy nos encontramos en la Era del Petróleo.

¿Era del Petróleo?

¿Era del Petróleo?

De un modo más prosaico, las edades arqueológicas del hombre hacen referencia a los materiales y útiles que nuestros antepasados usaron y por medio de los cuales los cuales son estudiados, como armas y herramientas, pero de un modo más profundo -y real- hacen referencia a la relación de estos hombres con su ambiente, no solo material, sino espiritual. Es en esta aproximación espiritual a la genuina esencia del hombre donde los arqueólogos se muestran más sutiles y donde, por supuesto, encuentran las mayores dificultades, enredándose a menudo en discusiones tan apasionadas como interminables. A pesar de que algunas de estas discusiones tienen mucho de bizantinas, lo cierto es rondan el genuino hueso de la Historia mucho más que otras aproximaciones aparentemente más fundadas y materialistas.

Al grano. El caso es que en Galicia, a grandes rasgos, la expresión monumental y la arqueológica de los hombres del Neolítico, la Edad de Piedra/Oro, son las mámoas y antas; de la Edad del Bronce son los petroglifos; y de la Edad del Hierro son los castros.

castro san cibrao

Es claro que nuestros protohistóricos dejaron otros restos y que por ejemplo, el estudio -hasta ahora reducidísimo- de los asentamientos del Bronce habrá de proporcionar una información determinante en la interpretación de sus condiciones de vida, pero lo cierto es que la más evidente expresión de los hombres del Bronce frente al tiempo son los petroglifos, del mismo modo que la de los neolíticos habían sido las mámoas. No es solo que los hombres del Neolítico aprendieran a fundir el bronce, cambiaron su mentalidad, sus costumbres y su relación con su entorno de tal modo dejaron de construir tumbas monumentales y se pusieron a grabar las piedras para sí mismos y la posteridad.

Tanto las mámoas como los petroglifos y los castros son formas de apropiación del territorio y los arqueólogos lo saben bien. Los especialistas de los petroglifos, por ejemplo, utilizan el entorno para interpretar su significado, y de hecho una de las primeras interpretaciones de muchos petroglifos gallegos fue la de entenderlos como mapas del territorio en el que se encuentran.

Petroglifo de A Cabeciña

Petroglifo Pedra das Ferraduras. Fentáns.

El caso es que, a mi modo de ver y de un modo general, señalar el territorio mediante tumbas, petroglifos o castros muestra una petrificación de la relación de los hombres con el entorno: la apropiación se vuelve cada vez más dominadora, más incisiva, más intervencionista, más dura.

mamoa

Mámoa

Es evidente que la señalización del paisaje nace con la sedentarización del hombre. Las mámoas pertenecen al Neolítico, la edad en que el hombre se aquieta para hacerse agricultor -o quizá jardinero, en principio- y se vincula por tanto a un territorio particular. En Galicia -y esto ya lo contaré en otra entrada- las mámoas se disponen en relación al agua y las cuencas fluviales, delimitándolas. Pero para lo que ahora me interesa, lo importante es que la relación con el territorio se realiza a través de los antepasados. El constructor de las mámoas  se ligaba a sus campos -quizá en realidad a sus pastos para el ganado, de modo que era más ganadero que agricultor- a través de la memoria de sus padres. Eran los espíritus de los padres los que señalaban y humanizaban el territorio.

Petroglifos de A Cabeciña

Petroglifos de Pedra das Ferraduras.

Los petroglifos, en cambio, señalan de un modo distinto. Como explicaban tan bien los de Rockartroll, los petroglifos están ahí para exaltar al guerrero, al héroe y al cazador, para glorificar sus atributos de macho guerrero, su derecho sobre la caza y las hembras, sus divinidades, su paso por el mundo y al propio paso del tiempo, expresado esto mediante la alusión al ciclo solar en sus diversas iconografías del ciervo o el carro. Los círculos concéntricos bien pudieran señalar brañas o los propios poblados, según dicen unos, hornos de fundición según otra posibilidad, la propia estirpe y los lazos de clan, según me gusta pernsar a mí, incluso estados de alucinación y éxtasis inducidos por las drogas, como tambien han propuesto. Sea como fuera, los petroglifos ya no aluden a los antepasados, sino la propia vida de los hombres, y a sus experiencias presentes. La apropiación se hace ahora de forma directa por unos habitantes que intervienen, que se imponen, que muestran sus derechos a la caza, a la metalurgia, al disfrute y al señorío de un territorio quizá ganado por las armas.

Petroglifos en Tourón

Petroglifos en Tourón

Es probable que las condiciones de vida y de explotación de los recursos no cambiasen demasiado del Neolítico al Bronce. Incluso se podría haber mantenido la articulación fluvial del territorio. La exaltación de la caza quizá nos habla también de una población básicamente ganadera que sin embargo exalta la caza como recordatorio de sus orígenes ancestrales, una actividad que se mantendría ya solo como  símbolo de estatus y poderío. En cualquier caso, la relación íntima con el ambiente sí cambió, y la expresión de ese cambio es el olvido de la cultura de mámoas para dar paso al nuevo arte de los petroglifos.

representación arqueológica de un castro

representación arqueológica de un castro

Para terminar, viene el castro, que supone la definitiva apropiación del territorio. Resulta fascinante como la estructura del castro reproduce los círculos de los petroglifos. Es como si los laberintos se convirtiesen en ciudades. Lo cierto es que el castro petrifica el poblado de la Edad del Bronce. Pero hace más. El castro introduce nuevos límites, los crea, en realidad, levanta muros, y excava fosos.

Castro de San Cibrao

Castro de San Cibrao

El castro, que es castillo, atalaya, ciudad fortificada, reparte de un nuevo modo, por completo artificial. Es la definitiva humanización y dominio del espacio natural.

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Panorama relleno Os Moutillós

56. Tomografía de resistividad en el yacimiento normando de Os Moutillós, O Vicedo

Allá nos fuimos, el pasado 14 de abril hasta O Vicedo, donde nos esperaban los amigos de Mariña Patrimonio, que nos enseñaron en lugar y sus secretos. Y más cosas que contaré en otra entrada. Ahora voy con Os Moutillós.

Muy en resumen, Manuel y su grupo de Mariña Patrimonio creen que Os Moutillós es una vieja Mota vikinga o normanda, y razones no les faltan. El nombre de Mout-illós es una clara variante de las Motas -o Moutas, en galego– y nombra una extraña lomilla alargada al borde del acantilado de la playa de Os Castelos, en la parroquia de San Román. En la estupenda panorámica de abajo, gentileza del amigo Gustavo, podéis apreciar bien la topografía del sitio vista desde tierra. El oeste a la izquierda; el este a la derecha.

Y abajo otra panorámica desde la playa, que apenas permite sospechar nada. El corte en el acantilado que se ve hacia la mitad de la foto es un camino de bajada a la playa y sale exactamente del lado oeste del relleno que se ve arriba.El relieve que se ve arriba va desde ese camino hasta el extremo izquierdo de la foto (este).

Asociadas a Os Moutillós corren leyendas e historias de esqueletos desenterrados, y Miranda y los demás de Mariña Patrimonio han encontrado en la playa anclas líticas y numerosos restos de sílex, que es evidente sirvieron de lastre a barcos procedentes del norte de Europa.

Así que allí nos fuimos, a ver sitio semejante, que no hay otro igual en Galicia ni, probablemente, en el resto de la península.

Se trataba de hacer una o dos tomografías de resistividad para comprobar la estructura y, con un poco de suerte, poder conocer algo más del yacimiento, sacar algo en limpio.

A pesar de que había visto un montón de fotos, mapas de pendientes, el sitio en Google Earth y demás, me sorprendió el desnivel del acantilado por el lado de la playa. No me lo imaginaba tan alto.

El yacimiento está amenazado por la erosión marina, y como no está reconocido por Patrimonio, carece de cualquier protección legal, lo que quieren remediar los miembros de Mariña Patrimonio. A ver si podemos echar una mano. Desde la playa bien se ven las cicatrices de los últimos deslizamientos de este invierno, que fue  duro.

Al tiempo que destruyen el sitio, los escarpes de la erosión también dejaban al descubierto secciones del yacimiento. Y se veían cosas muy interesantes.

Por ejemplo, en el camino oeste de bajada a la playa se podía ver un paleosuelo fosilizado por material de relleno. Lo podéis ver en la foto de arriba en la esquina inferior izquierda y en detalle en las dos fotos que siguen.

Bastaría medir por C-14 el paleosuelo para conocer la edad de Os Moutillós. Un resultado en torno al siglo X confirmaría los indicios y pondría el yacimiento en el mapa arqueológico europeo.Seguro que tendría repercusión en los países del norte de Europa y serviría para promocionar el turismo en toda la zona. Sería un atractivo extraordinario. Y en una comarca que cada día tiene más interés en la industria turística, no me explico cómo no se ha hecho todavía. Esto sí que es inversión productiva y no esas obras que son pan para hoy deuda y hambre para mañana.

Es de esas cosas que no me explico de este país, no se acaba de entender que la cultura es el fermento de la economía y que el patrimonio es el fundamento de la riqueza pública, la común, la que nos beneficia a todos.

Estoy por empezar una colecta para hacer esa medición.

Pero sigo. Justo enfrente del escarpe anterior, otro pequeño escarpe deja a la vista los diversos y heterogéneos niveles y materiales que sirvieron para construir el relleno: tierras con gravas y montones de arcillas blanquecinas, posiblemente caoliníticas, muestran de forma inequívoca que estamos ante el típico relleno constructivo, en el que se va echando un poco de todo de lo que se encuentra alrededor.

Vistos los escarpes, nos pusimos a hacer la tomografía. Como el acantilado impedía hacer una sección transversal y la vegetación sobre el relleno impedía la longitudinal, dejamos a un lado el relleno y nos interesamos por los fosos.

Manuel Miranda opina que los caminos de bajada a la playa que bordean por un lado y por otro el relleno central de Os Moutillós, eran en origen el foso que protegía la Mota central sobre la que estaría el fuerte. Para mostrarlo voy a robarle la composición al amigo Manuel Gago, que se lo curró en su estupendo blog para que el menda ahora se lo ahorre.

Si os fijáis en la fotografía, a los dos lados de la mota central o Moutillós, es decir, la elevación del terreno sobre la que estaría el fuerte, se ven dos pequeñas zanjas que son hoy dos rampas de acceso a la playa. Pues bien, Miranda cree que esos caminos se hicieron sobre el antiguo foso de la mota, y éso es lo que quisimos comprobar, si la tomografía podía confirmar la existencia  de ese antiguo foso que rodeaba el castillo central.

Hay que entender que la topografía de toda la zona está muy alterada por caminos, explanaciones y por el relleno natural de dunas que han venido subiendo por la ladera desde el sureste hacia el noroeste hasta acoplarse a la mota. En la foto de abajo se aprecia bien clara la diferencia de vegetación de zarzas en la mota, detrás, y la hierba del suelo arenoso que forma la explanada en primer término. Si os fijáis detrás del grupo, podréis ver una pequeña lomita vegetada con hierba y matas de tipo cañizo, típicas de arena, bien, es una duna inmovilizada y vegetada.

Así que plantamos la línea de 40 electrodos espaciados 1 metro, con una longitud total de perfil de 39 metros y siguiendo un dirección NE-SW, más o menos perpendicular a la mota y rozando el arranque del camino. En la foto de abajo se ve cómo se hunde el camino a la izquierda, justo delante de nosotros.

En la foto de abajo se ve el detalle de la línea justo delante del camino.

Mientras el cacharro medía, entre charlas y reflexiones, en el camino, iban apareciendo cerámicas diversas, otro indicio del interés arqueológico del sitio. Allí están, sin que nadie les preste atención y con el riesgo de verse perdidas.

A mi me llamó la atención una zona de hiedra en la ladera de la mota especialmente empinada. Limpié la vegetación y, en efecto, se desprendía pequeña cachotería. Al menos esa zona de la Mota podría corresponder con restos de un muro.

Y por fin, el equipo acabó de medir. El dispositivo elegido fue dipolo-dipolo, como casi siempre. La topografía del perfil es aproximada. No me meto en detalles técnicos. El resultado, simplemente eliminando anómalos, lo tenéis abajo.

Y qué significa, bueno, pues los colores azules indican valores menores de 200 ohm m, propios de las arcillas, que es el material en el que se descomponen los esquistos de Ollo de Sapo que forman los acantilados, o sea, el sustrato natural del terreno.Y sobre ellos, en tonos ocres, hay un nivel mucho más resistivo formado básicamente por arenas y conglomerados de matriz arenosa, que se corresponde con los rellenos y las arenas eólicas que han cubierto el foso.

Porque eso es lo que se ve: un foso de al menos seis metros de profundidad excavado en el regolito de alteración y unos cinco de ancho.

Bueno. Hay que ser prudentes, pero este perfil no podía haber resultado mejor. Ahora queda volver y hacer más perfiles paralelos para confirmar la geometría y continuidad del foso y quizás de un segundo foso exterior.

Será en junio.

Tomografía Magnetotelúrica (MT) en la zona de Tui - Caldelas de Tui; Juanjo Ledo

55. Termalismo de Galicia, granitos y geotermia de media entalpía.

Hace unos años hice un estudio sobre las posibilidades de aprovechamiento de la energía geotérmica en España. Me lo encargó una empresa de energía eólica, interesada en explorar otros campos de las renovables. Eran, claro los años del bum, pero los últimos, ya con la crisis encima, y todo quedó en nada. De todas formas fue uno de los trabajos más interesantes que me llegaron a  encargar.

En 2007, cuando comencé el trabajo, rodaba ya en España una pequeña burbuja (otra) con la geotermia. Casi todo era especulación. En realidad solo había un proyecto industrial firme y con capacidad técnica, el de la australiana Petratherm, que desarrollaba proyectos de geotermia en otras partes del mundo. Yo tenía la ilusión de que nosotros íbamos detrás, pero no. De todas formas, ni siquiera Petratherm ha iniciado todavía un solo proyecto de explotación, aunque en Canarias iban bien encaminados y en compañía del ITER y la UB hicieron importantes trabajos y siguen goteando noticias. Quién sabe.

Pero voy a lo que importa. Al repasar el termalismo de Galicia como indicio de posibles yacimientos geotérmicos profundos, me saltó una relación evidente que no parecía haber levantado la atención de nadie.

1.- Como veis en el mapa del IGME escaneado de abajo, del año catapún, la relación entre termalismo y fallas es tan evidente que a nadie se le escapó. Se pinten unas u otras fallas, que en esto sí que no hay acuerdo, lo cierto es que la relación tiene que ser, como se suele decir, sí o sí.

2.- La segunda relación del termalismo de Galicia es con los ríos. Esta relación también es pública y notoria y en cierto modo está relacionada con  la anterior, puesto que los valles fluviales en Galicia se indentan sobre fallas. Según la interpretación habitual, el encajamiento de los ríos en favor de las fallas favorece la emergencia de las aguas termales por la misma razón por la que las aguas subterráneas manan a un pozo: porque profundiza en el terreno.

3.- La tercera relación, también considerada pero pero casi siempre de un modo parcial, es la del termalismo con los granitos. Lo que a menudo se ha planteado era si el termalismo estaba causado por o no por un calor magmático remanente. La respuesta general a esta posibilidad es que no. Pero más allá de esta posibilidad, no se ha planteado porqué el termalismo en Galicia aparece asociado a los granitos y no a otro tipo de rocas. 

4.- Y por último, y afinando lo dicho en 3, nunca he visto que se relacionara de forma específica el termalismo de Galicia con los granitos post-orogénicos, cosa que a mí me parece un hecho bastante claro. O para ser más preciso, con los márgenes de los granitos postorgénicos en particular y con los bordes de las masas o batolitos graníticos en general.

En el mapa anterior localizo los manantiales termales de Galicia que aparecen en el mapa del IGME sobre otro mapa con los granitos de Galicia. El color rosa y verde señala los granitos afectados por la orogenia Hercínica, es decir, plegados, fracturados e incluso metamorfizados, y el color rojo los granitos post-orogénicos, es decir, los que están tal y como se emplazaron, sin mayor cambio que su enfriamiento y la erosión de los kilómetros de corteza que los cubrían. Los puntos azules son los manantiales termales.

Como suele suceder no están todos los que son ni son todos los que están. Pero la relación es en mi opinión lo bastante fuerte como para sugerir causalidad. Además, los manantiales de mayor temperatura como Lobios, Caldelas de Tui o A Toxa se localizan dentro de los macizos. Creo recordar que la segunda temperatura más elevada de la Península se localiza en el Pirineo, también asociada a un granito de este tipo. ¿Cuál es la razón?

Las aguas termales de Galicia suelen aparecer en zonas de profunda excavación de los ríos en entornos montañosos cerrados. La máxima concentración de manantiales en O Carballiño-Rivadabia se debería a la profunda incisión del Miño-Avia en esa zona montañosa, que favorecería el afloramiento de las aguas subterráneas drenadas desde norte, sur, este y oeste. Similares configuraciones montañosas cerradas con una profunda incisión central se presentan en Baños de Molgás o Verín. Así que tenemos lo siguiente:

1.- ¿Por qué los granitos y no otras rocas?

La meteorización de los granitos genera pocas arcillas en comparación con otras rocas y numerosas grietas abiertas por las que el agua puede circular de forma limpia y con velocidad suficiente como para no enfriarse.

2.- ¿Por qué a través de los contactos?

Los contactos entre granitos y otras rocas o entre granitos post-orogénicos y pre-sin-orogénicos son a menudo son contactos mecánicos, es decir, fallas, pero en cualquier caso son superficies de debilidad que tienden a encauzar flujos de agua. Lo que tienen estas superficies de especial es su gran extensión y profundidad. Son conductos directos desde las profundidades hasta la superficie del terreno. De este modo las aguas termales no se dispersan por una divergente y fina red de fracturas y tienen menos riesgo de mezclarse con aguas frías de infiltración.

3.- ¿Qué añaden los granitos post-orogénicos?

Los granitos postorogénicos, menos fracturados y por lo general menos meteorizados que los otros, favorecen la concentración de los flujos de agua por unas determinadas grandes fracturas.  Hay menos fracturas, pero son más limpias y de mayor continuidad. Esto se ve claro en Lobios, donde una gran fractura interna alimenta el manantial de mayor temperatura de la Península.

4.- ¿Algo más?

Sí. Quizá lo más importante. Los sistemas termales profundos necesitan de un sello, una capa impermeable que  actúe como un aislante y retenga el agua caliente abajo. El granito sano no fracturado es un material impermeable, y a veces los batolitos postorogénicos  se emplazan como delgados mantos horizontales que podrían actuar como eso, como capas sellantes a la vez que facilitan el movimiento vertical del agua por fracturas localizadas.

Teniendo en cuenta lo dicho no se necesita de la existencia de anomalías geotérmicas zonales para explicar la concentración de manifestaciones termales.

Para terminar, si es así como supongo y acabo de contar, el potencial geotérmico profundo de Galicia podría ser mayor de lo que hasta ahora se ha estimado. Ourense, pero también Caldas o Tui, en Pontevedra, cuya configuración hidrogeológica es menos favorable al afloramiento abundante de aguas termales, podría esconder en profundidad importantes yacimientos geotérmicos de media entalpía con interés energético.

47. Las Rías Secas de Portugal

Todo el mundo sabe que en Galicia hay rías Altas e Baixas, Altas y Bajas, pero pocos reparan en que el norte de Portugal también tiene sus rías, que son Baixas, claro, aunque también son Secas.

Recordé esta historia por una sensacional noticia de ayer, en Faro de Vigo: Galicia sobreviría al deshielo, que aprovechaban una previsión (por llamarlo de alguna manera) a cinco mil años vista hecha por National Geographic .

Sin duda un buen ejemplo de cómo funciona la publicidad calentóloga. El asunto ni siquiera es novedoso, pues desde hace años funciona en internet un simulador de ascenso del nivel del mar sobre la cartografía Google. Este simulador no permite imprimir las imágenes, pero es muy fácil de usar y podéis encontrarlo aquí.

La sensacional noticia me recordó lo de las rías Secas de Poprtugal, que se verían si el mar subiese unos 50 a 100 metros. En el mapa de abajo las podéis ver con solo pensar que lo verde es el mar. El color verde muestra las tierras por debajo de los 50 metros. El amarillo pálido son las zonas de 50 a 100 metros sobre el nivel del mar, y el oscuro de 100 a 200.

También podéis ver las rías del Limia y del Cávado, y la pequeña ría del Ave con la aplicación de subida del nivel del mar.

A propósito, con esta aplicación también podéis ver la ría del Miño, que sí, tiene su pequeña ría, aunque hoy no la podamos ver  por estar rellena con los sedimentos del propio río. Con el mar a +60 metros, sin embrago, la ría del Miño aparece en su esplendor.

Lo que nos demuestra el gran río Miño es que las rías, aunque retocadas por el mar o remodeladas por los ríos, no son valles excavados por estos, pues no hay correspondencia alguna entre valle y río, sino que son valles de origen tectónico.

Las rías Bajas, inundadas o secas desaparecen a la altura de Oporto, que no, no tiene ría, o al menos no la tiene en Porto, sino en el río Mondego, y a unos 200 metros de altura. Otro día explicaré este bonito asunto, pero por el momento, quien quiera imaginar como serían las rías Bajas sin agua, no tiene más que irse a los valles del Cávado o del Limia, allí las verá.

46. El consumo de agua en España

Aún con una población de siete mil millones de personas, el caudal medio del río Miño se bastaría para dar de beber a todo el mundo. De hecho, la capacidad embalsada de la cuenca hidrográfica del Miño-Sil, -unos 3,03 km3– basta para acumular el agua que la población del planeta necesita beber en un año. Por supuesto, en nuestra vida diaria usamos el agua para otras muchas cosas, como cocinar, lavarnos, llenar piscinas o regar jardines, pero aún así la capacidad embalsada en España, -unos 56 km3-, sería suficiente para almacenar el agua de novecientos millones de personas durante un año con un uso personal de unos 170 litros diarios, que es el actual consumo doméstico medio de los españoles.

Pero esta aparente abundancia es engañosa. El consumo doméstico representa en torno a un 10-15 % del consumo total de agua; la mayor parte -alrededor de un 80 %- se destina a riego agrícola y en torno a un 5 % es consumo industrial. Así, los 170 litros se convierten en 1700 litros por persona y día, unos 28 km3 de agua consumida cada año en España, Además, este consumo no cuantifica las pérdidas por transporte, difíciles de calcular pero que se estiman entre un 10-20 % en los ámbitos urbanos y puede que más en el transporte para riego. El consumo final de 30 Km3/año supone algo más de la mitad de la capacidad de embalse del país, que dispone de una capacidad de acopio para algo más de año y medio. ¿Es esto suficiente? ¿Qué posibilidades tenemos de aumentar el consumo?

Las precipitaciones medias en España peninsular son de 650 l/m2 y año, y la superficie es de unos 480.000 km2, lo que resulta en unos recursos potenciales absolutos de 312 Km3. No obstante, a estas lluvias hay que restarles la evaporación del agua del suelo por el calor y por la respiración de las plantas. Estas pérdidas se evalúan mediante la evapotranspiración potencial –ETP- que en España alcanza valores muy altos, mayores de hecho que las precipitaciones en buena parte del territorio. Por supuesto, la ET-real no puede ser mayor que las precipitaciones, de modo que en Galicia, donde el balance hídrico es positivo la ET-real se ajusta a la ETP, y en la vertiente mediterránea, donde el balance es negativo, la ET-real se ajusta a las precipitaciones.

Con valores mayores de ETP que de precipitaciones las lluvias se evaporan y los suelos se secan, por lo que –salvo el caso de lluvias torrenciales, que generan otros problemas- no llega agua a los embalses y se produce la sequía. En todas partes -incluso en Galicia o la cornisa cantábrica- los suelos se secan en verano y los ríos pierden caudal, a la vez que la demanda de agua para consumo humano y agrícola aumenta por causa del calor.

Así que de los 312 Km3 de lluvias medias que cada año caen en España, solo un tercio, unos 100 km3 llegan a los ríos y pueden ser embalsadas. Si descontamos un 25 % de mínimo caudal ecológico para que los ríos y los ecosistemas que dependen de ellos no desaparezcan convertidos en acequias y desiertos, tenemos cada año circulan por nuestros ríos 75 km3 embalsables, de los que consumimos el 40 %.

Pudiera parecer que todavía hay margen para aumentar el consumo y volumen de agua embalsada, pero en España tenemos ya más de 1200 presas, más que cualquier otro país europeo y sólo somos superados por países gigantescos como USA, China o India. El caso es que los mejores lugares para construir presas ya las tienen y con la configuración de nuestros ríos y cuencas, el embalsado de aguas fluviales está próximo al límite de utilidad económica. Además, las zonas de excedente y déficit hídrico –Galicia y cornisa cantábrica por un lado y el Levante mediterráneo y Andalucía por otro- están en extremos opuestos de la Península, separadas por zonas montañosas que convierten los trasvases en empresas ruinosas.

Así pues, el consumo de agua actual, -que supone casi un 60 % de la capacidad de embalse-, está ya en el límite operativo que imponen las fluctuaciones meteorológicas anuales y su crecimiento se acerca al límite de marginalidad económica, de modo que ya no solo constituye una amenaza para la vida de las zonas húmedas y estuarios, sino que entra en competencia con el aprovechamiento del agua embalsada para la producción de energía hidroeléctrica y señala el punto de inflexión en el que las políticas de oferta deben ceder el paso a las del lado de la demanda, es decir, de la racionalización del consumo.

 

41. Sobre la gaita, la metalurgia, las Casiterides y los celtas.

Ya está aquí el verano, tiempo de calenturas e ideas calenturientas.

Sobre el oscuro origen de la gaita se han dicho muchas cosas, pero nunca -que yo sepa- se la ha relacionado con la metalurgia, lo que siempre me ha extrañado mucho.

El caso es lo que hace gaita a la gaita es el fuelle, un invento que solo sirve para soplar al horno y avivar el fuego dándole mayor temperatura. Esa, y no otra, es la función del fuelle en el horno.

En la Biblia, la única mención al fuelle la hace el Libro de Jeremías (6.29), refiriéndose al horno del metal.

Jadeó el fuelle, el plomo se consumió por el fuego. En vano afinó el afinador, porque la ganga no se desprendió. Será llamados “plata de deshecho”, porque Yahveh los desechó.

También en la gaita el fuelle aviva -más que alarga- el sonido de la flauta, dándole potencia y una fuerte sonoridad metálica. Con el fuelle, la flauta deja de silbar y chirría. Muchas veces he leído o escuchado que el fuelle de la gaita permite alargar la nota y así puede descansar el músico, pero eso me parece una gran tontería. No hay más que ver tocar a un gaitero para darse cuenta de que no hay economía en su uso del fuelle. Todo el aire que pudiera economizar lo consume en dar mayor sonoridad a las vibrantes tonalidades de su gaita. Esta potencia es la que hace de la gaita un instrumento de campo, demasiado intenso para los salones y apropiada para dejarse oír -como el tambor- entre el fragor de la batalla.

Sin embargo, a pesar de su potente sonido metálico, en la gaita el fuelle no se une a un cuerno sino a una flauta. Y el caso es que el cuerno -de hueso o de madera-, es un instrumento tan antiguo como la flauta y es el precursor de las actuales tubas, trompetas, cornetines, etc., es decir, de los instrumentos de viento-metal, instrumentos guerreros por excelencia. Los cuernos son instrumentos de campo, ganado, caza y guerra. Así pues  la gaita, que como las flautas, clarinetes y oboes es un instrumento de viento-madera, no tiene su origen en la llamada a la guerra, sino en la melodía, y la melodía que esta flauta reproduce es la del metal en la fragua, el metal que se funde a base de madera y aire.

Por lo demás, la decadencia de la gaita coincide con la metalización y mecanización de la flauta en todas sus variantes, pífanos, traveseras, o incluso dulzainas, un refinamiento tecnológico que relegó la gaita a a lo popular.

El origen de la gaita es oscuro, pero no remoto, o al menos no tanto como el de la flauta, que alcanza el Neolítico. Su extensión geográfica, siendo muy amplia, tampoco es universal como la de la flauta. La gaita se encuentra en buena parte de Europa,  Anatolia y el Cáucaso, el norte de África y la India. No se encuentra en el Lejano Oriente, en América y en el África negra, áreas en las que la metalurgia del hierro tuvo un desarrollo tardío o ni siquiera llegó a desarrollarse. Especialmente significativo es el caso de América precolombina, que sabemos desconocía el fuelle y la metalurgia del hierro, que requiere de hornos con sopladores mecánicos -es decir fuelles- para alcanzar los 1200 ºC .

Un fuelle puede multiplicar por 70 la efectividad de un soplado a pulmón de los hornos -del que hay evidencias arqueológicas-, pero además insufla aire con más oxígeno que el inhalado, lo que aumenta la temperatura de combustión. Estas limitaciones impidieron no solo que aztecas e incas pudiesen enfrentarse con armas de hierro a los conquistadores españoles, sino también de bronce, cuya fusión ronda los umbrales de temperatura máxima alcanzada en los hornos precolombinos de América.

Pero la razón última que une la gaita con el hierro no se encuentra en el horno, sino en la geología. De hecho, la primera y más clara evidencia del uso metalúrgico de fuelles se encuentra en el Egipto faraónico asociado al bronce, no al hierro. Diversas pinturas desde el XV a.C muestran cómo los artesanos  insuflaban aire en el hornos pisando fuelles para fundir el bronce. Así pues, en Egipto existían bronce y fuelles, pero no hay evidencias de gaitas. En China, también una milenaria y refinada civilización del bronce -y más tarde del hierro- usaban fuelles pero no gaitas. La diferencia está en las civilizaciones europeas, como la de los celtas, definidas por su metalurgia del hierro y recordadas hoy por su legado musical de gaitas.

Vamos al asunto.

Para producir bronce se requiere cobre y estaño, metales relativamente raros y que no suelen encontrase en las mismas regiones geológicas. De hecho, las minas de cobre y estaño de la antigüedad se encontraban tan alejadas entre sí que dieron lugar a las primeras rutas comerciales a larga distancia y la producción se concentró en los centros urbanos y emporios donde se reunían suficiente capacidad y conocimiento para hacer posible aquellas grandes empresas comerciales. En el siglo V antes de nuestra era Heródoto mencionó una de aquellas rutas, la de las Casitérides ,  que proporcionaba estaño a los fenicios. Posteriores autores grecorromanos situaron las Casitérides en referencia a Iberia o Hispania y en concreto a Galicia. Os recomiendo el repaso que Gustavo, en masquepetroglifos, hace de las conexiones de la costa de Oia con aquella vieja ruta comercial, que siguió funcionando hasta que Galicia fue incorporada al Imperio Romano.

Pero el hierro es cosa distinta. Es el metal más común de la Tierra y el más fácil de reconocer y extraer. Abundante y muy oxidable, podemos encontrar pequeñas cantidades de óxidos de hierro -hematites, gohetita u oxihidróxidos- asociadas a prácticamente cualquier tipo de sustrato, ígneo, metamórfico o sedimentario. Así que la metalurgia del hierro tan solo requiere de un pequeño horno: ni rutas comerciales, ni astilleros, ni conocimientos de navegación, ni fondos de comercio, ni multitudes de artesanos, solo un poco de tierra roja y una pequeña cubeta de cerámica o un hueco excavado en la tierra, madera y… un pequeño fuelle portátil.

La metalurgia del hierro trajo el caos. El advenimiento de la nueva Edad del hierro fue recordada como una sangrienta revolución por Vedas o el poeta Hesiodo en la fábula de las cuatro edades, y se puede rastrear en las numerosas menciones de la Biblia a los filisteos, uno de aquellos pueblos del mar que irrumpieron en Egipto y Oriente Medio armados de hierro.

y expulsarás al cannaneo, aunque tiene carros de hierro y es muy fuerte. (Jos. 1719)

No había herreros en todo el territorio de Israel porque los filisteos se decían. Que no hagan los hebreos espadas ni lanzas ( 1 Sam 13.19)

Es muy probable que la metalurgia del hierro se iniciase en Anatolia, pero pronto se extendió hacia oriente y occidente. El hierro, común y accesible en todas partes, proporcionó a los bárbaros euroasiáticos armas superiores a las de bronce, cuya fábrica en masa habían controlado los centros urbanos y emporios de Creta y Oriente Medio. Y toda esta revolución dependía de un pequeño fuelle, una gaita. Y así tenemos que con la expansión del hierro en Europa irrumpió una confusa sucesión de pueblos cuya identidad y adscripción cultural trae de cabeza a los arqueólogos, que discuten quiénes eran y de dónde venían estos invasores con armas y carros de hierro, guerreros y herreros errantes.

En Galicia, la Edad del hierro arrancó hacia el siglo VIII a de C. y con el hierro los primeros castros y los celtas. Ahora algunos arqueólogos discuten si aquellos celtas eran o no. Por lo que a mí respecta, los romanos les tenían por tales y con eso basta. Discutir si eran celtas de pura cepa o de segunda se me antoja a discutir si los españoles somos europeos o tan solo lo parece. Y el caso es que en Galicia, Bretaña y Cornualles, donde los estudiosos han querido situar las míticas Casiterides existe un fondo cultural común de viejas leyendas, tradiciones, cruceiros, petroglifos y, sobre todo, gaitas, que la tradición liga a los viejos y férreos celtas.

Ahora dicen que la gaita la trajeron y llevaron los romanos, porque no hay evidencias más antiguas, y a los celtas galaicos les llaman prerromanos. ¿Pero cuántos hornos prerromanos de hierro se han encontrado en Galicia? ¿Y cuántos fuelles? Ninguno, pero haberlos, los hubo. Sin duda.

figura2 DESDE JACA

36. Geología de las etapas del camino Francés a Santiago

El Códice Calixtino o Liber Sancti Jacobi es una compilación de cinco libros independientes de temática jacobea, ideado y compuesto en los últimos tiempos del arzobispado de Diego Xelmirez, el principal impulsor del culto jacobeo y obispo de Santiago de Compostela entre los años 1100 y 1135. El Libro V, Iter pro peregrinis ad Compostellam, o Guía del Peregrino de Santiago de Compostela es el más famoso de los cinco, y muy probablemente fue escrito en torno a 1135 por Amierico Picaud, un monje francés que lo escribió en ayuda de los miles de peregrinos que acudían a la tumba del apóstol desde toda Europa.

La Guía del Peregrino es reivindicada como “la primera guía turística de Europa”,  pero los estudios especializados sobre la geografía del Camino Francés suelen eludir la división en etapas propuesta por Aimerico salvo para indicar sus longitudes y -caso ya de extremo interés-, para criticar su falta de sentido o, al menos, de buen sentido. La crítica a Aimerico es siempre la misma, tal y como la expresan Vazquez de Parga et al. (1949) en su monumental trabajo sobre el Camino:

Lo primero que llama la atención en este itinerario es la desigualdad de las etapas y lo desmesurado de muchas de ellas, imposibles aún para jinetes.

Y pese al supuesto desatino de Aimerico, las posteriores guías medievales mantuvieron su división en etapas apenas con ligeros cambios, por lo general añadiendo subdivisiones a distancias regulares según las jornadas de marcha o distancias entre poblaciones. Hoy, sin embargo, hasta aquellas guías que se apellidan ‘naturales’ están organizadas según criterios políticos y/o según el medio de transporte, lo que condiciona cualquier naturalidad al prejuicio artificial y equivoca las posibilidades y motivaciones del peregrino medieval, transformado casi en un participante en el Tour de Francia (Hereter, R. 1998):

Tanto Burguete como Espinal no eran parada obligada para los caminantes, ya que, por recomendación del mismo Aymeric Picaud, los 47 km que hay hasta la ciudad de Pamplona solían recorrerse en tan sólo un día.

Las etapas –que ni jornadas ni carreras- propuestas en el Códice se ajustan a una división geográfica plena de sentido y no evidencian la ignorancia general o un caprichoso sentido geográfico del autor. Los elementos organizadores del camino. El criterio que Aimerico usa para dividir el Camino en etapas es bien simple: ciudades, montes y ríos son los elementos primordiales del paisaje y, subordinado a ellos, el terreno otorga el carácter definitivo a cada tramo. Las poblaciones son lugares de refugio, descanso y recuperación para el peregrino, y el Camino recorre estos amables lugares aunque sin condicionar a su relativa importancia la longitud o el trayecto de cada transecto. Al organizar las etapas con principio y fin en villas u hospitales, Aimerico simplemente se ciñe al esquema obvio de las guías de viajes sin desviarse apenas del camino más corto. Los montes son los más graves obstáculos del camino, e incluso aquellos cuyo paso resulta fácil son vistos como gigantescos millarios que dividen el espacio geográfico y político. Dice Amierico:

Despois da súa terra, pasados os Montes de Oca, en dirección a Burgos, prosegue o territorio español con Castilla e Campos.

Vén despois a terra dos galegos, pasados os lindeiros de León e os portos dos montes Irago e Cebreiro.

Los ríos, por su parte, tienen un carácter dual: como indica el título del capítulo que les dedica Aimerico, son buenos y malos; ofrecen al caminante agua para beber y lavarse pero pueden envenenarle. Esta ambivalencia -tan frecuente en la iconografía acuática- se manifiesta también en su significado geográfico: al igual que los montes, los ríos son obstáculos al caminante, pero en ocasiones le acompañan guiándole en el camino y su presencia puede incluso servir de criterio para diferenciar una etapa.

Y por último está el terreno, que se describe en los rasgos más específicos del camino, molestos en unos casos y dichosos en otros, y que, en última instancia, da sentido al verdadero criterio característico y organizador de las etapas. Forman parte del terreno tanto los fastidiosos insectos y los suelos inundados de las landas bordelesas como la abundancia de recursos de Galicia o la bárbara idiosincrasia de los vascos y navarros. Esta laxitud en lo que a las cualidades del terreno resulta de considerar a plantas, hombres y bestias como naturales del país en su sentido más literal, de modo que existe una correspondencia de carácter entre el paisaje y sus pobladores, como ejemplifica la siguiente frase sobre Navarra motañosa y sus habitantes:

As xentes destas terras son feroces como feroz, salvaxe e bárbara é a terra na que viven.

Las Etapas geográficas del camino.

Aimerico organiza el Camino Francés en 13 etapas, estando las tres primeras desdobladas para el tránsito de los Pirineos por los puertos de Somport (Borce) y Roncesvalles (San Jean Pied-de-Port) hasta su reunión en Puente la Reina.

Estas tres primeras etapas que Aimerico llama etapas cortas a pesar de que una de ellas mide 97 km, lo son en el sentido que cruzan estrechas bandas de terreno paralelas que constituyen los tres cuerpos geológicos de los Pirineos: los Pirineos Centrales, las Cuencas Intrapirenaicas y los Pirineos Exteriores.

Las etapas cuatro y cinco, las une y distingue Aimérico de las demás diciendo que  se hacen a caballo, como si no pudiese hacersea cabalo cualquiera de ellas. pues bien, estas dos etapas cruzan el valle del Ebro y los Montes de Oca, es decir, que una cruza el valle y la otra discurre paralela al río en dirección aguas arriba, por los glacis de los Montes de Oca. Son pues las etapas del Ebro.

Las etapas seis, siete, ocho y nueve Aimerico las recita de corrido, sin pararse a dar explicaciones, considerándolas como que son tramos  de una misma Meseta castellanoleonesa.

 A sexta vai de Burgos a Frómista. A séptima de Fromista a Sahagún. A oitava vai de Sahagún á cidade de León. A novena de León a Rabanal.

 Pero incluso esta rápida sucesión de etapas, dictadas aparentemente por la partición regular de apeaderos en la monótona marcha meseteña, posee un sentido geográfico.

La etapa seis discurre desde Burgos -entre los característicos perfiles en mesa de los páramos calcáreos- hasta Frómista, donde el páramo burgalés se pierde de vista y la toponimia de los alrededores anuncia que estamos en Tierra de Campos.

La siete nos conduce por una meseta sin apenas relieve y en la que se produce la transición de la  Castilla carbonatada a la terrígena. En la primera parte de esta etapa, entre Frómista y Carrión, el camino –siempre a cotas inferiores a los 850 metros- discurre entre las vegas de los ríos y unas fértiles arcillas carbonatadas que son el origen de la riqueza cerealística de la zona y que hacen aquella villa de Carrión próspera e magnífica, abundante en pan, viño, carne e todo tipo de productos. Desde Carrión hasta Sahagún, el suelo arcilloso cambia de gris azulado a amarillo, indicando el aumento en contenido de minerales férricos y el paso de un suelo carbonatado a otro de naturaleza ácida.

La ocho, a partir de Sahagún, ya en tierras de León, el terreno se vuelve decididamente rojizo, y menos fértil, más áspero a la vista, y apenas abandonada la villa se encuentra el caminante a 900 metros de altura, en pleno páramo leonés. En la amplia Meseta, esta diferencia de altura junto con el cambio en el tipo de suelo -ahora nos encontramos con las famosas rañas- es suficiente para marcar el paso a una nueva comarca. En Mansilla de las Mulas, a unos 20 kilómetros de León, volvemos a los 825 metros, pero ya la acidez del suelo y la cercanía a las montañas anulan el efecto del descenso.

La novena, de León a Rabanal, lleva al caminante desde la gran ciudad, sede de la corte, al cativo Rabanal.. Al elegir esta aldea como fin de la etapa, y desdeñar Astorga, Aimérico ‘apura’ la Meseta para acercarse al pie de los montes de León, comienzo de los terrenos Paleozoicos, fundamentalmente pizarras, areniscas y cuarcitas.

La etapa décima salva los Montes de León, el monte Irago de la Guia del Peregrino. Puesto que la siguiente es también de montaña, quizá la más dura, Aimerico alarga aquí también la etapa hasta cruzar todo el valle del Bierzo y llegar a Villafranca, o comenzo do val do río Valvarce al pie de la Sierra del Caurel.

La etapa once, de nuevo de montaña, sube al monte Cebreiro para descender a Triacastela, na ladeira do mesmo monte, xa en Galicia. Al igual que Pirineos o Montes de Oca, Cebreiro es para Aimerico un linde, un gigantesco mojón que señala el paso de Castilla a Galicia.

Las etapas doce y trece son mediana, e tamén mediana. 

De nuevo, aunque ignoremos qué criterio caracteriza esta medianía, nos basta el tamén para entender que Aimeric considera la trece ‘junto con’ la etapa doce, con la que comparte un mismo sustrato de esquistos y granitos, un paisaje suavemente montuoso y un clima y vegetación similar. Y de nuevo, hay también diferencias geológicas entre ambas etapas que justifica considerarlas por separado.

La doce, de Triacastela a Palas de Rei, atraviesa la superficie fundamental de Galicia y le permite al caminante advertir, no ya una tierra montuosa, sino una penillanura profundamente excavada por los ríos

En la trece y última etapa, que lleva de Palas de Rei a Santiago, el peregrino pierde de vista el horizonte de la superficie fundamental, en un entorno que, siendo similar, es mucho más cerrado. Antes de comenzar el apresurado descenso que lleva a Palas de Rei, el camino atraviesa las Sierras Centrales de Galicia y ofrece la última oportunidad de observar un horizonte dilatado, una amplia panorámica de la penillanura gallega. Aquí dejamos la cuenca miñota para entrar en las compartimentadas cuencas atlánticas, en las que ya no recuperaremos la visión del horizonte salvo que continuemos viaje hasta asomarnos el océano en Finisterre.

E incluso desde un punto de vista ya no paisajístico sino puramente geológico, la formación del Ollo de Sapo, que en los límites de las etapas doce y trece coincide con la divisoria entre las cuencas atlántica y miñota, separa también subzonas del Hercínico gallego -y peninsular-, fijando un límite que, si bien sólo tiene sentido para el especialista, cualquiera puede advertir en la desaparición de las pizarras de techar, tan habituales desde O Courel.

excavacion norte

35. Un par de zanjas romanas y algo más en Biduido: minería de suelos.

En la zona de Biduido, al este de Vilachán do Monte y lindando con el municipio de Oia, se conservan dos zanjas de minería antigua que aparecen recogidas en los trabajos del ITGE de 1993.

De las siete marcas de minería abandonada que aparecen en el mapa, una, con la señal de mineralización de estaño (Sn) señala una mina que estuvo en funcionamiento hasta los años centrales del siglo pasado y otra, en la esquina noroeste con el apunte Au -oro- indica unas labores de prospección que son sin duda modernas; otro día les dedicaré una entradilla.

Otras dos señales marcan viejas labores cuyos restos no encontré por ninguna parte, y que probablemente han sido destruidas. La situada más al oeste, ya en Oia, está ahora dentro de una plantación industrial de kiwis que arrasó con la topografía original del terreno, y la situada en el extremo este del mapa, simplemente no fui capaz de encontrarla.

El más desconcertante de este grupo de indicios mineroscantería tradicional- está situado al sur de Vilachán.  Se trata de un extenso roquedo granítico -una pedrada, para entendernos-, con abundantes restos de cantería y huellas de cuñas canteras que manifiestan trabajos de cantería tradicional, aunque de edad moderna. Sin embargo, no he podido encontrar -y aquí debería ser visible, dada la naturaleza rocosa del afloramiento- ni un triste filoncillo de cuarzo, por lo que no llego a entender qué es lo que vieron los del ITGE, y sólo puedo pensar que lo de Au es una errata o que el indicio mismo está mal situado.

Como dije en otra entrada, los informes geológicos del ITGE se refieren a unas fichas que podrían explicar este y otros indicios mineros, y en su día las solicité a aquel organismo (hoy IGME), pero su contestación fue que “no estaban disponibles”, cosa que puede significar: las hemos perdido, no sé donde están y no tengo ganas de buscarlas, quién eres tú para pedir nada, yo no estoy aquí para resolver tus problemas sino los míos, o cualquier otra cosa, que así es y así funciona la administración ¿pública? española.

Las dos marcas que señalo como zanjas romanas son las que voy a tratar aquí: tienen suficiente entidad para distinguirse en el mapa de pendientes y su morfología, disposición y entorno permiten atribuirles un origen romano.

La excavación al sur, de dirección N-S mide unos 75 metros de largo y hasta unos veinte metros de ancho. La zanja se encuentra muy alterada por caminos y re-excavaciones modernas en su entorno, aunque por sus dimensiones y su disposición se distingue perfectamente como una corta artificial. Dispuesta en dirección perpendicular a la pendiente de la ladera, el talud por el este por el este tiene unos seis metros  de altura, mientras que la corta por el oeste apenas alcanza unos dos o tres metros. En general, los taludes son suaves, característicos de zonas meteorizadas, aunque pueden verse algunos afloramientos rocosos en el talud de seis metros y grandes bloques sueltos procedentes de la excavación sobre la cabecera del talud oeste.

La excavación norte es mucho menor; tiene unos 15 metros de longitud y unos seis-siete metros de anchura, y su relieve es suave, lo que denota un terreno alterado. No se aprecian rellenos, y en su término, ladera abajo, un pequeño camino y corto camino parece salir de la excavación en dirección a la vaguada.

Estas dos excavaciones son evidentes por su marcada topografía -visible en los mapas de pendiente- y por su tamaño, pero a lo largo de las laderas entre una y otra, y en especial en algunas vaguadas, parece haber señales de que los suelos hubieran sido arados, raspillados.

Llama sobre todo la atención la cantidad de bloques y pequeños clastos de cuarzo a la vista por todas partes, que evidencian una fuertísima erosión y… ¿algo más? .

Según Trogo Pompeyo También Gallaecia es muy rica en oro, de tal modo que con el arado suelen descubrirse con frecuencia trozos áureos.

Y Estrabón -que no estuvo en Hispania- nos cuenta que Posidonio no da como falsa la leyenda de que habiéndose incendiado una vez los bosques, estando la tierra compuesta de plata y oro, subió fundida a la superficie; pues todo el monte y colina escomo dinero acumulado allí por una pródiga fortuna

Y Plinio, el más celebrado de los cronistas de la minería romana en Hispania, nos dice: Antes de nada, quienes buscan oro toman un segullo, pues así se llama la muestra. Consiste en una batea de arena que se lava, y de lo que queda se obtiene una estimación. Por un golpe de suerte poco frecunte, a veces se encuentra directamente en la superficie de la tierra, como hace poco en Dalmacia, durante el principadop de Nerón, obteniéndose por día hasta 50 libras. Cuando de este modo se encuentra el oro en la superficie del suelo, lo llaman talutio, si también se encuentra debajo de la tierra aurífera. Por lo demás, los montes de Hispania, áridos y estériles y en los que no crece ninguna otra cosa, son forzados a producir esta riqueza. 

Así que hubo una explotación minera de suelos que buscaba en los horizontes edáficos los metales preciosos enriquecidos. Nada extraño a la geología ni ajeno a la minería. Son los yacimientos supergénicos, como los gossan o monteras, o las bauxitas, de donde se obtiene hoy día la práctica totalidad del aluminio con el que se fabrican latas y coches.

Me llama la atención la frase primera de Plinio: antes que nada quienes buscan oro toman un segullo. Inmediatamente me viene a la imaginación la actual exploración geoquímica de suelos, que consiste en la toma de muestra en el horizonte B edáfico para su posterior análisis en laboratorio. Desde luego, los romanos carecían de una capacidad analítica comparable, pero podían al menos batear ese suelo -tal y como cuenta Plinio- para identificar su fracción pesada. Ahí podrían ver los óxidos metálicos que les indicarían la presencia de una vena metálica -esa de sulfuros- y obtener una estimación de las posibilidades mineras del lugar.

Por un golpe de suerte poco frecuente, a veces se encuentra en la superficie de la tierra, y entonces los romanos no dudarían en aprovechar ese suelo, tal y como cuenta de Dalmacia. Las ventajas de esta minería son evidentes:

  1. los suelos están en la superficie y son accesibles,
  2. están ya disgregados y no hay que machacarlos, y
  3. el oro primario está libre -como oro nativo- en los suelos, mientras que en los filones aparece a menudo ligado a sulfuros o arseniuros y debe ser cocido en hornos para su beneficio.

La propia topografía en pendiente favorecería la explotación de los suelos, al aprovechar la gravedad combinada con el agua para mover y seleccionar las tierras. Todo esto favorece la rentabilidad de esta minería y permitiría explotar yacimientos de bajas leyes metálicas. En realidad, el coste es tan bajo que su límite sería el propio valor agrícola del suelo, por lo que se entiende así la última frase que dice: los montes de Hispania, aridos y estérlies, son forzados a producir esta riqueza.

Se me ocurre además que la leyenda de el oro y la plata de Posidonio bien podría derivarse de la quema del bosque como método de desbroce. Al igual que el sistema de rozas usa el fuego para preparar nuevos campos para sus uso agrícola fertilizando a la vez que elimina la vegetación, los mineros hispano-romanos quemarían las áreas a minar para desbrozar y esponjar el suelo, facilitando su remoción.

El resultado de esta minería sería la total erosión del suelo vegetal, tal y como ocurre en las laderas de Biduido. Aguas abajo, las vaguadas aparecen colmatadas por de estos sedimentos/escombreras, pues las arroyadas naturales son incapaces de acarrear semejante cantidad de sedimentos. La desaparición del suelo dejaría  a la vista la roca madre y pequeños filones, que los mineros podrían excavar, ya con picos y martillos, dejando las desnudas laderas tapizadas de los restos: lascas y bloques de cuarzo, y algún que otro resalte rocoso.

34. El caso del regato Margaridas, mitología científica y la red hidrográfica subterránea.

El regato das Margaridas -nombre que por lo que parece se refiere a un tal Margaritus, un romano dueño de estas tierras-, sigue en su nacimiento un constante curso hacia el sur recogiendo las aguas del Alto do Lousado, hasta que pasado este monte se despega  y dirige al este, hacia Vilachán, donde se une al Río dos Campos Redondos para formar el regato de Vilachán, otro río breve, que tras regar un par de kilómetros de esta aldea revuelve su curso al oeste recogiendo las aguas del Alto da Pedrada -hay que ver que prosaicos somos los galaicos poniendo nombres a los montes- y vierte generoso sus aguas al río Carballo o Tambre de la topografía 1:25.000, río Carballas para los vecinos del lugar, río jovencísimo también, pues surge de las aguas de la vertiente oeste del Alto do Lousado.

Apenas a  cuatro kilómetros de su nacimiento, el Carballas/Carballo/Tambre se basta para alimentar con su considerable caudal un pequeño salto hidroeléctrico, aunque ni su bravura ni sus tres nombres lo salvan del más bravo raudal nominalístico galaico, tan parco para con los montes como generoso con las aguas, y otros cuatro kilómetros más abajo, en su paso por la lujuriosa Loureza, el Carballas/Carballo/Tambre pasa a ser el Tamuxe, nombre que -al fin- mantiene hasta su desembocadura en el río Miño, o río-pai.

Alrededor del regato das Margaridas hay una buena colección de labores romanas y también una mina moderna de estaño, pero el Margaridas tiene interés geológico por méritos propios, pues su comportamiento como río es sumamente accidental, quizás en consonancia con que la hidronimia de comarca. Justo donde  la carretera de Vilachán a Burgueira cruza el Margaridas, el río cambia su curso de sureste a noreste para dirigirse a Vilachán, que como su propio nombre indica, es un rellano en medio de la sierra de A Groba. Este giro puede no parecer gran cosa, pero es que apenas a cincuenta metros al sur de donde la carretera cruza el río y éste gira al noreste para relajarse por los llanos de Vilachán, se inicia un profundo valle en una zona que los vecinos llaman Biduido -abedul- por el bosque que aquí había, y que desagua (es un decir, pues este valle o vaguada va más seco que una pasa)  en dirección sur, justo la que traía el río desde su nacimiento.

Pero el caso es aún más extraño, pues el Margaridas, ya convertido en Vilachán, retorna a ese mismo valle un kilómetro al sur tras haber dado un largo rodeo de casi cuatro kilómetros. En apariencia, el Margaridas es un simple caso de captura fluvial, uno más entre tantos, pero lo cierto es que contraviene la explicación usual de la erosión remontante, que dice que el río de perfil joven y más erosivo se come al río de perfil maduro o senil. En este caso, sin embargo, el Margaridas muestra un perfil de menor pendiente, mientras que el otro valle o vaguada, que hoy va seco y que aparenta ser un viejo curso abandonado, presenta un gradiente hidráulico mucho mayor, y en apariencia mayor potencionalidad erosiva.

Etos conceptos de erosión remonate, y río joven y senil van ligados a los de nivel de base y perfil de equilibrio, nociones básicas de geomorfología fluvial que a muchos estudiantes de enseñanzas medias tanto les cuesta -y con razón- entender,  y a los profesores explicar -como es lógico-.

El caso es que a pesar de que -como todo el mundo sabe y nadie hasta el momento ha sido capaz de desmentir- los ríos son cursos de agua que desciende -de arriba abajo-, los geomorfólogos -como obcecados lampreas o salmones tras su periplo oceánico- se empeñan en verlos desde su desembocadura, y desde esta perspectiva han inventado los conceptos de nivel de base a partir del cual se articula y evoluciona el perfil de equilibrio.

¿Pero cómo podría el río Tamuxe, ya discurriendo por tierras del Rosal, remontarse hasta Vilachán para someterlo a su nivel de base, y cómo podría el regato de Vilachán -o cualquier otro de la Tierra- saber dónde está el nivel de base del Tamuxe para adaptar a éste punto su fuerza erosiva?

Por lo que yo sé, nadie ha demostrado que una corriente superficial sobre un plano inclinado acabe por generar un perfil cóncavo exponencial, ni se han determinado cuales deben ser las condiciones para que esto ocurra, así que el perfil de equilibrio de un río es -en realidad-, un axioma de manual, pura tautología, como que el agua pura es incolora, inodora e insípida (y no digo que no, sino que quizá lo fuera si tal cosa existiese).

Pero veamos el asunto desde el principio:

Lo único cierto es que el conjunto de los ríos de la Tierra tiene un perfil que se adapta a la curva hipsométrica continental, un relieve originado por procesos de origen interno (la formación de montañas) y externo (su erosión).

 

Pero Venus, Mercurio, Marte, e incluso la Luna, -que carecen de agua y tienen historias geológicas tan diversas, presentan hipsogramas que -ya sea simples o dobles- son similares al terrestre, y que simplemente describen la probabilidad decreciente (exponencial) que una determinada superficie del planeta esté por encima o por debajo de la superficie media. Si el planeta tiene dos tipos de corteza (como la Tierra: continental y oceánica) tiene dos valores picos y si solo tiene un tipo de corteza (como Venus) pues tiene un solo valor pico.

El concepto de perfil de equilibrio comenzó a desarrollarse en el siglo XIX cuando la Geología era una ciencia descriptiva y taxonómica, y aportó una estructura narrativa que servía para explicar gran variedad de situaciones, a menudo contradictorias. A principios del siglo XX, el geomorfólogo W.H. Davis extendió aquella la noción a su célebre ciclo, que otorgaba a los paisajes -como si fueran seres vivos- una etapa juvenil que correspondía a la formación de montañas, una fase madura y última fase senil, en la que aquellas montañas habían sido arrasadas y convertidas en llanuras.

Por supuesto, el ciclo de Davis no era otra cosa que una metáfora biologicista que ayudaba a estructurar la descripción de un paisaje cualquiera, al modo como lo hacen los mitos, y como tal ha resultado completamente estéril como herramienta científica y apenas alumbró nuevos conocimientos o desarrollos. Hoy, el ciclo de Davis es un atavismo conservado por ciertos sectores académicos con el único fin de su propia perpetuación -de esos académicos-, para la desgracia de los estudiantes de medias e incluso algunos universitarios, obligados a este trágala, que en el mejor de los casos debería ser entendida como una fábula sobre la finiquitud y transitorio de los paisajes.

El trasfondo mítico del ciclo de Davis -que otorgaba a los paisajes un orden biológico de nacimiento, madurez y senilidad, según las propias edades del hombre-, ayudó en su día a darle enorme popularidad y amplió el concepto de perfil de equilibrio de un río para añadirle una dimensión temporal de la que en principio carecía. De este modo el perfil de equilibrio de un río pasó a definir un estado estacionario a través del que el río evolucionaba, embrollando aún más el confuso concepto inicial: los ríos evolucionan de jóvenes a seniles a través de sucesivos estados de equilibrio.

Según el estructuralismo, los mitos incorporan elementos contradictorios sin menoscabo de su función general, que es la de relacionar conceptos y realidades y codificar el mundo. Los conceptos son puestos en oposición, en yuxtaposición o en concordancia, pero lo que importa es el panorama general, que el poder relacional del mito unifica.

Como corresponde a esta función relacional, no es difícil encontrar la idea de perfil de equilibrio de un río asociado a todo tipo de propiedades y funciones diversas, a menudo contradictorias, pero que sirven -como el río mismo- para dar unidad a los perfiles visuales que el geomorfólogo advierte en el paisaje.

Así, incluso en un mismo texto, nos encontramos con que puesto en relación con una situación de descenso del nivel de base, el perfil de equilibrio es aquél que mantiene su forma mientras se encaja, y puesto en relación a los procesos de erosión y sedimentación (como fue primeramente definido) el perfil de equilibrio es aquel que minimiza aquellos, es decir, aquél río en el que no hay ni erosión en la cabecera ni sedimentación en la parte baja.

La contradicción no es un problema para el mito, ni en sus diversas versiones e interpretaciones, ni en su confrontación con la realidad. Quizá el ejemplo más sintomático es el de las presas, que según la teoría constituyen niveles de base locales que fuerzan la división del perfil longitudinal del río en dos nuevos perfiles de equilibrio. Existen multltitud de evidencias y estudios sobre las graves consecuencias que la construcción de presas tiene aguas abajo, aunque nadie ha sido capaz de demostrar cambios en el perfil del río arriba de la presa, cambios que deberían ser -al menos- tan evidentes como los que tienen lugar río abajo de la presa.

En realidad, creo que (casi) nadie espera que la mágica erosión remontante comience a erosionar el valle aguas arriba de la presa tal y como predice la noción de perfil de equilibrio, y por eso la mayor parte de los geomorfólogos eluden más o menos discretamente pisar este jardín (The dam create local upstream effects that are not the subject of this paper). Algunos, sin embargo no cejan en su empeño por extender la continuidad de su relato aguas arriba, y para lograrlo son capaces hasta de dibujar el perfil del equilibrio bajo el nivel de base, es decir, que sumergen y continúan el río bajo las aguas del embalse.

Lo dicho, a los mitómanos no les importan las contradicciones sino la continuidad del relato y su expansión, pues lo que pretenden del mito no es tanto una explicación -mejor cuanto más corta- cuanto una narración del mundo -mejor cuanto más larga-. Sin embargo, a los paisanos de A Groba -que son gente práctica- les importa un bledo la continuidad y menos les apetece que les vengan con largas explicaciones, y por eso dan un nombre -o varios, si se tercia- a cada tramo del río conforme sus genuinas propiedades …o propietarios, como es el caso del río de Margaritus.
Seamos prácticos pues, olvidemos mitologías y vayamos a lo que importa, la gran y corta verdad que todo gallego conoce desde la cuna:
El agua no erosiona, mina o, en todo caso, socava. 
Lo que se ve arriba es una mina natural de agua que apareció en la prospección del terreno para una vivienda unifamiliar. El granito encima del regato subterráneo se encuentra muy meteorizado, convertido en el típico xabre arenoso. El caso es que este regato no era el único, pues a menos de treinta metros de esta afloraban otras dos minas  dispuestas según la misma dirección estructural del granito, una de las cuales podéis ver en la foto de abajo. El lugar es Crecente, a un par de kilómetros del Miño.
Como en cualquier otro lugar de Galicia, unos metros ladera abajo de estos manantiales una levada recogía las aguas de estos manantiales para regar campos y leiras.
En la mayor parte de España los ríos son extraños caminos que vienen de lejos y que tras un más o menos breve pasar de nuevo se pierden a lo lejos tal cual vinieron, y tanto su nacimiento como su fin tan solo se vislumbran en el horizonte, el mismo horizonte por el que pasan las nubes y las lluvias que, lejos también, descargan sus aguas. En Galicia, sin embargo, vemos cómo toda la tierra se empapa de un incesante llover, y cómo rezuma y se forma el río sólo donde la tierra le indica, que es donde habita la moura.
Así que los gallegos sabemos (como los antiguos) que los ríos nacen de la tierra, no de la lluvia, que sí, moja y riega, pero que más allá de un ocasional charco o una chea, ni encauza ni hace río. Es la piedra la que guarda el agua en recónditas y subterráneas Lagoas para devolverla después a través de escogidas puertas entre las peñas, rendijas pétreas dotadas del poder de la naciente. En Galicia, un río es una corriente de agua aflorada por una potencia subterránea.
Por lo general, a los geomorfólogos y a los hidrogeólogos de salón no les gustan los ríos subterráneos, y salvo en zonas calizas, donde las grandes y accesibles cuevas se convierten en atracciones turísticas y resulta imposible negar la evidencia pública de que por ellas discurren verdaderos ríos, consideran estas corrientes subterráneas hechos aislados, excepcionales.
La realidad -sin embargo- es terca y las evidencias se acumulan en forma de titulares que anuncian el descubrimiento de nuevo ríos subterráneos en México, en China, en Romabajo el Mediterráneo, e incluso bajo el mismísimo Amazonas,  a nada menos que 4000 metros de profundidad.
La existencia de ríos subterráneos es un saber común de los gallegos. Nadie duda de ello. Yo tampoco. Son estos ríos subterráneos -como venas- los que lavan y minan la piedra, convirtiendo los más sólidos granitos en los arenosos xabres. Y son estos ríos subterráneos los que minan y socavan, desintegrando el granito, oxidando las micas, caolinizando los feldespatos, disolviendo incluso el resistente cuarzo, dejando en superficie unas huellas que no son sino el valle y la vaguada.
Muchos propietarios de pozos  (medio millón en Galicia, a decir de algunos) advierten cómo con el paso de los años su pozo da más y más agua. Bien saben por qué, pues cada tanto deben limpiar el filtro de la bomba de agua, colmatado por las arenas y limos que el pozo mismo erosiona. Lo que ocurre es que el agujero del pozo se va ensanchando por erosión, de modo que aumenta su caudal.
Las evidencias están ahí, aunque no a la vista. Los mil ríos de Galicia se caracterizan por sus límpidas aguas. En verano o en invierno, incluso durante las mayores crecidas, los ríos bajan sin apenas carga erosiva visible. Los niveles naturales de erosión son tan bajos que los ríos de zonas urbanas -como el Lagares, en Vigo- multiplican por decenas o incluso cientos de veces las tasas de erosión natural. Pero siendo baja, lo crucial es su distribución: no hay apenas datos sobre la carga de fondo, aunque se presume irrelevante; la mayor parte de la carga va en forma de partículas en suspensión y ¡¡atención! como ¡¡carga disuelta!! De hecho, según los valores publicados en este trabajo, en los ríos menos antropizados la carga disuelta multiplica por diez la carga en suspensión, una carga alimentada por las aguas que circulan bajo tierra y vuelven a manar y a fluir por superficie.
La repanocha. Éste es el gran asunto, he aquí la la clave. Las grandes cuestiones de la geomorfología de Galicia tienen esta respuesta: la erosión química subterránea.
Pero aunque no esté entre los grandes asuntos -vuelvo al hilo-, lo que tengo pendiente es el río Margaridas, ¿como aplicamos lo dicho al Margaridas? Pues de este modo: el valle de Biduido no es un curso abandonado, sino un valle en construcción por el que discurre el río Biduido, un río subterráneo.
No vemos el río Biduido ni vemos la erosión de su valle porque todo sucede bajo la superficie, pero haberlos haylos, y es esta erosión subterránea la que ahondando y agrandando el valle acabará por desviar hacia sí el Margaridas, que para entonces ya no será conocido como Margaridas ni como Vilachán, sino como río Biduido, como es lógico.