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59. Trincheras en Gondomar y la última fiebre del oro de Galicia.

¿Donde puedes encontrar una trinchera de más de un kilómetro de longitud y 6, 7 y hasta 8 metros de profundidad, atravesando zonas pobladas pero a la que nadie hace ni caso?  Pues por de pronto, en Gondomar.

Hasta esta trinchera me trajo Gustavo, de masquepetroglifos, hace ya un par de años. Ahí la tenéis, en el mapa de pendientes. Se la conoce como Camiño Real, quiza por partir del entorno de Pinar do do Rei, posiblemente el origen del actual monte comunal de Pedra Moura.

A pesar del nombre de Camiño Real, estaba claro que no es ningún camino, ya que carece de funcionalidad como tal. Excavada con perfil en V, hasta 8 metros bajo la topografía original, en algunos lugares apenas podría caminar una persona por ella y no tiene sentido semejante excavación para hacer un camino peatonal del que además no podrías salir hasta recorrerlo por entero o casi.Está claro que, aunque en algún algún momento o ne algún tramo hubiera sido utilizada como camino, no es su razón de ser.

El problema es que esta enorme trinchera tampoco tiene sentido minero ni geológico y, en realidad, no parece tener ninguna utilidad, lo que por otra parte explica que nadie le preste atención.

Otro problema es la edad de esta trinchera. ¿Cuándo se excavó? No parece muy antigua y no puede serlo, ya que conserva los taludes demasiado escarpados, a veces prácticamente verticales, aunque por lo general su perfil es en V. Sin embargo, nadie de la zona pare recordar o tener idea alguna de cuándo se pudo haber excavado. De hecho, no hay en la zona demasiada conciencia de que esta trinchera esté ahí, parece que haya sido completamente olvidada.

La primera pista nos la dio el Sixpac. La trinchera se dispone en el margen del monte comunal, de modo que, a falta de nada mejor, en principio valoramos si podía tratarse de un megafoso para marcar el monte e impedir su apropiación por los vecinos particulares, cosa que, según se ve en el parcelario superpuesto de Sixpac, tampoco logró. ¿Podía ser esta trinchera un límite del monte comunal? Desde luego, como linde es bastante bestia, pero no teníamos una explicación mejor.

La hipótesis de la trinchera como linde venía un tanto cogida por los pelos, aunque todo alrededor de esta enigmática excavación era bastante extraño. De ser así, su origen podría remontarse quizá a los siglos XVIII-XIX, cuando la enorme presión demográfica en Galicia extendió el cultivo hasta el último recuncho aprovechable y desembocó en uno de los minifundismos más exagerados del planeta. Pero siendo algo de hace uno o dos siglos, también nos parecía raro que no hubiese quedado memoria de ello, de ese “asalto al monte” por parte de los agricultores de la zona.

En éstas andábamos cuando Gustavo se fue de excursión al Rosal y volvió con las fotos de una trinchera semejante, de la que sí estaba claro quién la había construido y con qué finalidad.

Lo que Gustavo encontró en O Rosal era un foso o trinchera defensiva -militar- de la serie de fortificaciones construidas en ambos márgenes del Miño durante las guerras entre España y Portugal en el siglo XVII, cuando los portugueses se independizaron de la corona española y reinstauraron una propia.

Ni hay noticia alguna de luchas con Portugal por tierras de Gondomar ni nos parecía que la gran trinchera de Donas tuviera una finalidad militar, pero sí nos dieron una referencia de cuándo pudiera haber sido excavada por la similitud en la factura: siglo XVII. Y ya puestos en el siglo XVII, nos saltó la liebre, o más bien la fiebre, en concreto la Fiebre del oro que desató Pedro Vázquez de Orxas. ¿Pudo haber sido excavada la trinchera en busca del oro romano?

Comenzando el siglo XVII el licenciado Pedro Vázquez de Orxas obruvo una cédula real de la corte de Felipe III que le autorizaba a desenterrar las tumbas de los famosos galigrecos, es decir, os tesouros dos Mouros, para sacar de ellas el oro que pudiera encontrar. Como era de esperar, las noticias de ouros e tesouros corrieron como la pólvora por todo el país y Galicia sufió una fiebre desvalijadora de cuanto yacimiento arqueológico fuera sospechoso de guardar un tesoro, o sea, todos los conocidos o por conocer.

La fiebre del oro levantada por Pedro Vázquez se centró en los yacimientos arqueológicos pero en realidad formaba parte de una burbuja  minera más amplia,  avivada tanto por las experiencias americanas como por la difusión de la cultura clásica y las noticias de aquella ingente riqueza minera hispano-romana que empezaba a reconocerse legendaria.

Así que es posible que con la fiebre por descubrir los tesoros bajo las sepulturas antiguas se iniciase otra por re-excavar en los viejos lugares con huellas de minería romana tal y como sucedió en otros sitios de España, sin discernir demasiado entre descubrir un tesoro enterrado o dar con una enorme veta de mineral, un nuevo Potosí. Así, por ejemplo, entre las noticias que el licenciado Vázquez de Orxas le envió a Felipe III se puede leer:

Lo otro es que mi parte se ofresció hacavadas de benefiçiar las sepulturas que tienen ynterés, y queda registrada la parte de Su Magestad y costos e costas servirle en pnerle en uso y poliçia el beneficio de dos minas de plata que ha Su Magestad descubierto entre las villas de Caldas y Padron. 

Dejando a un lado lo oscuro del discurrir de Vázquez de Orxas, que no se sabe si es que se hacía un lío o es que era un liante, probablemente ambas cosas a la vez, lo que nos interesa es que lo mezclaba todo en el mismo saco: sepulturas y minas, como si fuera lo mismo. Y es que en realidad lo mismo era para el rey y para aquellos aventureros: la posibilidad de un enriquecimiento fácil y súbito.

Así que por el momento, esta es nuestra mejor hipótesis para explicar estas singulares excavaciones: el alocado intento de reencontrar las legendarias riquezas mineras de la Hispania romana mediante el peregrino procedimiento de reexcavar en los sitios donde estos primeros ciprianillos se encontraban o sospechaban de huellas de minería antigua.

Esta hipótesis nos permite explicar la disposición de las trincheras dentro de las zonas comunales, montes que en el pasado fueron señoriales, es decir, de administración del señor feudal en nombre del rey. Y de forma indirecta también explican su asombrosa escala: un noble local bien podía disponer de la fuerza de trabajo y la autoridad necesaria para semejante empresa.

Además, sí ¡oh sorpresa! la trinchera de O Camiño Real atraviesa una zona con indicios de minería antigua. Se trata, claro, de la ladera oriental del castro de Pedra Moura, que como se aprecia en el mapa de pendientes presenta evidentes huellas de fosos que descienden por la ladera.

Hasta el ahora esas huellas habían sido interpretadas como fosos defensivos (!) o simplemente ignorados, pero a vista la verdadera extensión de los trabajos mineros también ignorados hasta el momento en el Miño-Miñor y en toda Galicia, lo de mirar para otro lado ya no vale.

Vistos en detalle en la zona baja de la ladera, justo donde los corta la trinchera, los surcos mineros se entrelazan como en A Cañiza, aunque aquí tienen mayor tamaño.

Pero esta trinchera de Donas no es el único indicio de reexcavación de posibles restos mineros romanos en Gondomar. También las hemos encontrado en las Fundas de Sarmiento, que es el nombre tradicional la mina romana que se localiza en la villa de Gondomar. Esta mina sí está reconocida y catalogada, aunque como siempre no en su verdadera extensión.

Lo de Fundas de Sarmiento hace referencia a la estirpe del primer conde de Gondomar, Diego Sarmiento de Acuña, e indica una especial vinculación de este yacimiento con alguien de esta familia. Esto, claro, nos hace sospechar a Gustavo y a servidor que alguno de los Sarmiento pudiera haber rebuscado en el siglo XVII el oro romano en esta vieja mina y quizá fue también el responsable de las trincheras de Donas. Como Don Diego fue todo un personaje de su tiempo y su ducado mantuvo un cierto nombre y abolengo, puede que quede algún rastro documental de estas labores. Si fuera así. y alguien tiene la más mínima noticia, a Gustavo y a servidor nos haría muy felices saberlo.

La mina romana de Fundas de Sarmiento ocupa una extensión enorme y dentro del complejo hay incluso un asentamiento minero para los trabajadores.

En realidad las huellas de labores llegan hasta el mismo centro urbano de Gondomar, aunque dudo mucho que en Patrimonio se atrevan nunca a reconocerlo o que a muchos en Gondomar les importe un pepino.Vista la clase de golfos apandadores que pueblan aquel Concello si pudieran enterraban bien enterradito todo el yacimiento ahora mismo y construían encima unos chalets, o unos galpones o lo que fuera. Tampoco es que hayamos avanzado mucho desde los tiempos del conde y el de Orxán.

A lo que importa. Lo cierto es que las excavaciones mineras, aunque muy retocadas, llegan hasta la calle Eduardo Iglesias, que es el centro mismo de Gondomar.

La topografía del complejo minero de Fundas de Sarmiento, estas medulillas de Gondomar, está completamente alterado por numerosas construcciones, rellenos y reexcavaciones más o menos recientes, y algunas cortas, como la de Ripote, en pleno centro urbano de Gondomar, han sido reutilizadas como caminos pero el esquema de arriba muestra que los trabajos mineros, como no podía ser de otra manera, tienen un orden que se manifiesta en una direcciones preferentes de excavación.

En el esquema de arriba muestro en rosa y trazo continuo las cortas principales en dirección N60. En rosa discontinuo posibles cortas en dirección N120, (es decir, la conjugada) y en amarillo tres trincheras modernas, aunque menores, similares a las de Donas y que parecen haber sido trazadas sin ton ni son.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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castro de Nande

29. Un nuevo castro en Gondomar. Castro de Nande.

 

Le pondré este nombre hasta que Gustavo, de másquepetroglifos, nos informe de un topónimo más local -si lo hay-. El catastro trae Feital como topónimo de la zona, pero no me convence. Por el momento se queda Castro de Nande.

El castro de Nande, bastante bien conservado -creo- se dispone a unos 290 metros de altura, unos 125 metros por encima de Pedramoura e incluso unos cuarenta por encima del castro do Outeirño, en San Cibrao. con lo que resulta ser el más elevado de los que rodean Gondomar. Su posición equidista de las minas romanas de As Insuas, Covelas y Buratos, las tres principales explotaciones de oro de la zona.

Aunque ahora la mayor parte del uso es forestal, buena parte del castro y los fosos están aterrazados para su aprovechamiento agrícola. El sitio es precioso, y sobrecoge el tamaño de los muros y bloques que limitan estas fincas y sostienen los socalcos, seguramente heredados y retrabajados de las antiguas murallas.

En general la conservación es bastante buena, aunque sin duda el castro se salvó de milagro de las canteras que explotaron hasta hace bien poco el granito de la zona. El foso norte -a unos 5 o seis metros bajo la plataforma del castro-, probablemente fue excavado en la roca, y se encuentra semiencharcado por las escorrentías y los manantiales que nacen allí mismo. 

Más pronto que tarde Gustavo sacará en masquepetroglifos una descripción más detallada de este castro inédito -ni siquiera está catalogado-, y seguro que la completa con los excelentes vídeos y todo el soporte gráfico a que nos tiene acostumbrados.  Mientras tanto, recomiendo el paseo a cualquiera.

Paga a pena.

PD. masquepetrogligfos me envía las estupendas fotos que añado a esta entrada y en las que se ve el muro-talud norte del castro, perfectamente conservado. Al ser un castro en ladera ésta era la zona más vulnerable, por lo que la defensa debía ser especialmente fuerte.

22. Mina de wolfram de Donas, Gondomar.

Tras ponerme en la pista de una mina de wolfram en Donas, -cortesía de Cirroestrato-, no pude parar hasta dar con ella, y como no estaba lejos, pues casi que me di con ella en las narices. 

La mina queda bien señalada en el mapa de pendientes por el relleno que la tapa en parte, pero lo sobresaliente es una zanja de unos 180 metros bien visible desde la pista. Además de esta zanja, se pueden ver por la zona pequeñas excavaciones, en general sin mucho orden aparente.

Por lo que parece, algún buscador de minerales estuvo por la zona no hace mucho, porque allí había, sobre las hojas de los pinos de este mismo otoño un gran bloque de cuarzo mineralizado bien machacado. Curiosamente no era wolframio lo que mostraba este bloque, sino calcopirita (creo), la mena de cobre más común y que en la zona se asocia -junto con el arsénico- a las mineralizaciones de oro.
Me llevé un pequeño trozo a casa, y con la báscula de la cocina y un medidor de capacidad de esos de hacer pasteles, pude estimar una densidad de 4,5 g/cm3, algo más denso de lo esperado. Ni idea a qué obedece el color negro, ¿calcopirita estanífera, arsenopirita?
Lo que vaya averiguando sobre esta mina (¿legal o clandestina?), recordatorio de la mayor fiebre minera vivida en Galicia desde la minería del oro romano, lo iré añadiendo  por aquí.
Y cualquiera que sepa algo más, batallitas de los abuelos, dimes y diretes, lo que sea, pues le agradeceré que lo cuente aquí mismo.
saludos..

17. Os Buratos dos Mouros, II. La minería romana del oro entre el valle Miñor y el río Miño.

La mina romana de Os Buratos dos Mouros no es una explotación aislada. Es un buen ejemplo -bien conservado y de buen tamaño, pero uno más-, de la explotación extensiva del oro primario en la zona de cizalla que va de Caminha a Baiona, en la región del Baixo Miño y, de modo general, en todo el noroeste peninsular.

Es un viejo secreto bien conocido: los romanos explotaron todos –todos- los yacimientos de oro superficiales. Ya en 1835, en su Descripción geognóstica del Reino de Galicia, acompañada  de un mapa petrográfico de este país, Wilhem Schulz, geólogo Inspector de Minas, decía que:

la mayor parte de los referidos terrenos de conglomerado diluvial de Galicia se hayan removidos y saqueados al parecer por haber sido auríferos

y más adelante:

Se debe suponer que estos conglomerados hayan sido los terrenos que dieron gran parte del oro que según los historiadores sacaron los Romanos de España.

Y así fue. Era un secreto a voces. Tanto que hasta hace bien poco las labores romanas constituían el primer inicio para la búsqueda de oro en España. Pero parece que  los restos de minería romana diseminados por toda Galicia apenas han merecido interés arqueológico y el interés histórico, la impronta económica y vital de la minería romana en la configuración del espacio romano-galaico del que surgió la Galicia medieval sólo está comenzando a ser desentrañado en la actualidad. En fin, la mayor parte de estas minas no están catalogadas ni protegidos, y en las últimas décadas la extracción de áridos y el urbanismo ha destruido buena  parte de ellos, sin duda algunas de los mejores y las más accesibles  (y la Administración lo sabe, vaya si lo sabe).

Bueno, desde aquí intentaré que esto cambie un poco. Por fortuna, Brais Currás, arqueólogo del CSIC, está haciendo su propio catálogo de minas romanas en el Baixo Miño para su tesis doctoral sobre la construcción de ese espacio galaico-romano al que me refería, y el amigo Gustavo de masquepetroglifos nos prepara también alguna sorpresa que espero saque antes que después. Seguro que el panorama cambiará completamente de aquí en un par de años.

Bueno, vuelvo al tema que pierdo el hilo. Os Buratos no es un espacio cerrado y aislado. las zanjas continúan unos 750 metros -al menos- hacia el norte explotando los mismos filones de dirección E-O. Estas zanjas siguen filones y grupos de filones, y hoy aparecen como suaves depresiones aisladas de 1-2 metros de profundidad en la ladera del monte, 2-3 metros de ancho y unos 25 metros de longitud, todas en dirección E-O (N285-265). Según descendemos la ladera estas excavaciones ganan profundidad y anchura –aunque no aumentan su longitud- haciéndose más evidentes en el terreno para, justo en el último tramo explorado, formar una extensa y única excavación constituida por una irregular sucesión de suaves lomas y crestas en las que resulta difícil discriminar las zanjas individualizadas. Todos estos trabajos se encuentran en la ladera del monte que mira al oeste, aunque muy cerca de la divisoria de aguas en la aparecen algunos los afloramientos graníticos. En estos afloramientos se pueden ver huellas de cantería y hasta una pequeña hendedura de unos 60 centímetros de ancho y dirección E-O abierta en la roca viva.

Los trabajos descritos amplían la extensión de la zona explotada de Os Buratos dos Mouros hasta alcanzar una longitud total de unos1,3 km. Pero es que a poco más de 100 metros al sur –y también explotando estos mismos filones- existe otra buena zona de excavaciones de unos 150 metros de longitud y unos 30-40 metros de anchura. Esta excavación parece formar dos pequeños valles o vaguadas enfrentadas a ambos márgenes de un pequeño regato, aunque los perfiles cóncavos bien marcados de estas vaguadas y algunas pequeñas lomas de dirección E-O en su interior denuncian su inequívoco origen minero.

Aguas abajo de esta última excavación, a unos 400 metros en línea recta, el valle por el que circula el regato pasa a tener el fondo plano por estar relleno de sedimentos. El efecto de esta acumulación de sedimentos es muy llamativo pues da al valle un aspecto de anfiteatro. Además, buena parte del caudal del regato desaparece por entre estos sedimentos para discurrir de modo subterráneo, lo que da al vale un aspecto todavía más curioso. Aunque es evidente que estos rellenos proceden de la excavación de la zona mineralizada aguas arriba, no está claro cuál era la forma de trabajar, si usaban el regato para deshacerse de los estériles de la mina o bien lo usaban como parte del proceso de selección y concentración -hidráulico- del mineral. Sin duda, un estudio sedimentológico de estos rellenos podría determinar si fue lo uno o lo otro. Echo en falta este tipo de estudios en los trabajos arqueológicos; las escombreras pueden aportar tanta información como las propias excavaciones sobre las técnicas mineras de la antigüedad.

Lo que se desprende de esta variedad de excavaciones es una adaptación de la técnica minera a las características particulares de cada mineralización y de su entorno inmediato. Se trata a la vez de una minería extensiva e intensiva, por cuanto maximiza las posibilidades de explotación de cada filón individual pero a la vez extiende los trabajos a lo largo de todo la región minera, de modo que no se aprecia solución de continuidad entre la prospección y la explotación. Como resultado de esta forma de trabajar, en un mismo yacimiento e incluso en una misma explotación pudieron emplearse numerosas técnicas mineras, y no hay que buscar sistemas o tipos de explotación característicos ni predeterminados. En cada caso la explotación se iba haciendo sobre la marcha, y sin duda eran los resultados obtenidos los que determinaban la continuidad de los trabajos.

 

6. Edificio flotante en Gondomar.

El periódico El País cuenta que un edificio de Gondomar, Pontevedra, sufre importantes problemas estructurales y de estabilidad general, subiendo y bajando sobre el terreno con las estaciones.

El terreno en Galicia suele ser adecuado para sostener viviendas unifamiliares y edificios de viviendas mediante cimentaciones superficiales siempre que sigan unas mínimas precauciones en su ejecución, y muchas veces incluso sin ellas. Sólo conozco dos situaciones en las que las edificaciones tienen riesgos importantes de sufrir problemas estructurales graves: la cimentación sobre rellenos (incluyendo en esta denominación los terrenos removidos) y sobre sedimentos actuales de ríos y de marismas; y este último es el caso del edificio de Gondomar.

Por los datos que dan en la noticia, el problema del edifico Baixa Redonda es que “se excavaron otros dos” sótanos cuando el proyecto original solo contemplaba uno. Esta modificación mejoraría la seguridad de la cimentación en el 90 % del territorio de Pontevedra, formado por granitos o metamórficos. Sin embargo, en el aluvial del río Miñor el nivel freático se encuentra próximo de la superficie y ocasionalmente está incluso por encima, pues como todo el mundo sabe esa es una zona inundable. Con tres sótanos, la solera del edificio se encuentra a unos 9 metros de profundidad y durante una inundación –que se dará-, el edificio soportará un empuje ascendente de 9.000 kg/m2. A efectos de cálculo, podemos considerar que las máximas cargas vivas y muertas por planta de un edificio de viviendas son de unos 800 kg/m2. Así que, contando que tiene tres sótanos, planta baja, dos pisos y bajo cubierta, las cargas del edificio sobre el terreno difícilmente excederán los 5.600 kg/m2. Es decir, que lo extraño es que el edificio Baixa Redonda no haya salido navegando Miñor abajo. Todavía podemos verlo.

Desconozco si el edificio tiene un sistema de drenaje permanente para deprimir el freático, pero siendo como lo cuentan, sospecho que no, o al menos este no de alcance suficiente. Así que incluso con el freático al nivel del primer sótano (unos -3 metros) el empuje ascendente descontando los 5.600 kg/m2 será al menos de unos 400 kg/m2. Que el edifico no se eleve varios palmos o incluso metros seguramente se debe a que está pilotado, pues en el aluvial del río Miñor es obligado por la inconsistencia de los sedimentos fluviales del río, unas arenas finas con intercalaciones fangosas que pueden alcanzar los 20 metros de profundidad. Los pilotes, además de aumentar el peso propio del edificio, lo anclan al terreno, ejerciendo una fuerza de rozamiento en su fuste que es aprovechada para sostener el edificio e impedir su hundimiento, pero que en este caso trabaja en sentido contrario, es decir, impidiendo su flotación. En cualquier caso, el edificio se mueve ligeramente arriba y abajo con las fluctuaciones naturales del freático y los vecinos se ven desamparados.

Resulta difícil entender como el arquitecto pudo cometer un error semejante, pues tampoco se trataba de resolver el problema de los tres cuerpos, sino de aplicar el principio de Arquímedes. Pero el caso es que aunque se le hubiese pasado al arquitecto –atareadísimos como estaban firmando proyectos como churros durante el boom-, más difícil resulta entender cómo nadie más se coscó.

Desde el año 2000, fue obligatorio para todos los edificios de viviendas contratar un seguro decenal que finalmente pagaron los compradores (al menos cuando los había). La aseguradora que cubría –o debería cubrir– a los compradores por fallos estructurales obligaba al promotor a contratar también un organismo de control técnico (de la edificación). Este OCT no solo controlaba que el proyecto tuviese un Estudio Geotécnico, sino que se ajustase al proyecto –y el proyecto a las recomendaciones del geotécnico-, y lo hacía desplazando inspectores a la obra para hacer el seguimiento desde la excavación del solar hasta la completa ejecución de la estructura. Cualquier deficiencia o ejecución fuera de control generaba una “reserva” que repercutía en el contrato del seguro, pudiendo llevar incluso a su rescisión. Sin seguro decenal, el banco dejaba de dar hipotecas sobre las sucesivas certificaciones de obra (que es como trabajaban habitualmente bancos y promotores). Pero incluso si un promotor tenía la pasta debajo de la almohada, el art 54 de la LOE le impedía escriturar ni registrar la propiedad del edificio, que no entonces no podrá vender.

El caso es que, según la ley (la LOE), los OCT no son agentes de la edificación y por lo tanto no son responsables directos. Tan solo fueron un invento de las aseguradoras para externalizar los gastos del análisis de riesgos a los promotores. Según Adrián Sánchez Molina, corredor de seguros y director de GTG, entre 2000 y 2009 las aseguradoras españolas facturaron más de 2.000 millones de euros gracias al seguro decenal obligatorio, y la parte del león se la repartieron Mapfre, Asefa y Caser, aseguradoras a las que la Agencia Estatal de la Competencia impuso en 2009 una multa de 120 millones de euros por formar un Cártel aprovechando su posición dominante en el mercado. En 2010, con el soporte de Lloyds, Sánchez Molina logró romper la imposición de los OCT y por primera vez en España ofertó un seguro decenal libre de la fiscalización del OCT.

Y la pregunta es: ¿veremos más edificios flotando a partir de ahora? Yo creo que no. Los OCT, como una imposición de las aseguradoras, lógicamente tendían favorecer sus intereses exagerando las medidas de seguridad para minimizar todo lo posible los riesgos aumentando los costes de proyecto y ejecución. Esa es mi experiencia de diez años y eso dicen las cuentas de ingresos y gastos. Del año 2000 al 2009, los desembolsos de las aseguradoras por los siniestros cubiertos por la LOE apenas les costaron 31 millones de euros. Es cierto que muchas de las primas cobradas estos años seguirán en vigor al menos hasta 2019, pero los defectos estructurales lo bastante graves como para amenazar la seguridad de una edificación suelen manifestarse ya en los primeros años de la vida del edificio, e incluso durante su construcción, y hasta el momento, las primas cobradas (2.034 millones de euros) multiplican por 64 los pagos por siniestros (31 millones). Un ratio de primas/siniestros de 64 es un sobrecoste extraordinario, y no es el único, pues a las primas hay que añadir los ensayos de laboratorios acreditados, el pago a los OCTs y el propio encarecimiento de la obra por el sobredimensionado del proyecto, siempre a favor de la seguridad y para evitar problemas con la aseguradora y el OCT. Sería interesantísimo comparar estos datos con los de la siniestralidad antes del año 2000; intentaré dar con ellos.

Pero es que, además, según los datos de ICEA recogidos por Sánchez Molina, la reparación de los daños cubiertos por el seguro decenal –los defectos estructurales que pongan en peligro la seguridad de la edificación- resulta a las aseguradoras más barato que renovar la cocina o repintar la casa a un particular. De 2000 a 2009, las aseguradoras españolas respondieron a los 7.478 siniestros declarados abonando una media de 4.200 euros.

Desde su aplicación, la LOE ha encarecido la vivienda residencial gravando la construcción residencial con miles de millones de euros en primas de seguros obligatorias, exhaustivos controles de calidad y sobredimensionamientos estructurales ofreciendo a cambio unas reparaciones de 31 millones de euros para 7.478 siniestros de seguridad estructural declarados, 4.200 euros por siniestro.

En nuestro país, los riesgos geológicos son generalmente bajos y pueden ser fácilmente evaluados y evitados mediante una adecuada planificación y siguiendo unas sencillas normas de ejecución. Casi todos los problemas geotécnicos tienen que ver con el agua, y el agua es responsable también de casi todos los daños a las construcciones e infraestructuras; respetar los cauces de los ríos –también los secos- y prevenir la expansión urbanística en los aluviales y marismas no solo sería una extraordinaria medida de conservación del medio natural, evitaría las inundaciones catastróficas y buena parte de los más graves siniestros geotécnicos, ahorrando al público –al país- cientos de millones de euros al año.