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excavacion norte

35. Un par de zanjas romanas y algo más en Biduido: minería de suelos.

En la zona de Biduido, al este de Vilachán do Monte y lindando con el municipio de Oia, se conservan dos zanjas de minería antigua que aparecen recogidas en los trabajos del ITGE de 1993.

De las siete marcas de minería abandonada que aparecen en el mapa, una, con la señal de mineralización de estaño (Sn) señala una mina que estuvo en funcionamiento hasta los años centrales del siglo pasado y otra, en la esquina noroeste con el apunte Au -oro- indica unas labores de prospección que son sin duda modernas; otro día les dedicaré una entradilla.

Otras dos señales marcan viejas labores cuyos restos no encontré por ninguna parte, y que probablemente han sido destruidas. La situada más al oeste, ya en Oia, está ahora dentro de una plantación industrial de kiwis que arrasó con la topografía original del terreno, y la situada en el extremo este del mapa, simplemente no fui capaz de encontrarla.

El más desconcertante de este grupo de indicios mineroscantería tradicional- está situado al sur de Vilachán.  Se trata de un extenso roquedo granítico -una pedrada, para entendernos-, con abundantes restos de cantería y huellas de cuñas canteras que manifiestan trabajos de cantería tradicional, aunque de edad moderna. Sin embargo, no he podido encontrar -y aquí debería ser visible, dada la naturaleza rocosa del afloramiento- ni un triste filoncillo de cuarzo, por lo que no llego a entender qué es lo que vieron los del ITGE, y sólo puedo pensar que lo de Au es una errata o que el indicio mismo está mal situado.

Como dije en otra entrada, los informes geológicos del ITGE se refieren a unas fichas que podrían explicar este y otros indicios mineros, y en su día las solicité a aquel organismo (hoy IGME), pero su contestación fue que “no estaban disponibles”, cosa que puede significar: las hemos perdido, no sé donde están y no tengo ganas de buscarlas, quién eres tú para pedir nada, yo no estoy aquí para resolver tus problemas sino los míos, o cualquier otra cosa, que así es y así funciona la administración ¿pública? española.

Las dos marcas que señalo como zanjas romanas son las que voy a tratar aquí: tienen suficiente entidad para distinguirse en el mapa de pendientes y su morfología, disposición y entorno permiten atribuirles un origen romano.

La excavación al sur, de dirección N-S mide unos 75 metros de largo y hasta unos veinte metros de ancho. La zanja se encuentra muy alterada por caminos y re-excavaciones modernas en su entorno, aunque por sus dimensiones y su disposición se distingue perfectamente como una corta artificial. Dispuesta en dirección perpendicular a la pendiente de la ladera, el talud por el este por el este tiene unos seis metros  de altura, mientras que la corta por el oeste apenas alcanza unos dos o tres metros. En general, los taludes son suaves, característicos de zonas meteorizadas, aunque pueden verse algunos afloramientos rocosos en el talud de seis metros y grandes bloques sueltos procedentes de la excavación sobre la cabecera del talud oeste.

La excavación norte es mucho menor; tiene unos 15 metros de longitud y unos seis-siete metros de anchura, y su relieve es suave, lo que denota un terreno alterado. No se aprecian rellenos, y en su término, ladera abajo, un pequeño camino y corto camino parece salir de la excavación en dirección a la vaguada.

Estas dos excavaciones son evidentes por su marcada topografía -visible en los mapas de pendiente- y por su tamaño, pero a lo largo de las laderas entre una y otra, y en especial en algunas vaguadas, parece haber señales de que los suelos hubieran sido arados, raspillados.

Llama sobre todo la atención la cantidad de bloques y pequeños clastos de cuarzo a la vista por todas partes, que evidencian una fuertísima erosión y… ¿algo más? .

Según Trogo Pompeyo También Gallaecia es muy rica en oro, de tal modo que con el arado suelen descubrirse con frecuencia trozos áureos.

Y Estrabón -que no estuvo en Hispania- nos cuenta que Posidonio no da como falsa la leyenda de que habiéndose incendiado una vez los bosques, estando la tierra compuesta de plata y oro, subió fundida a la superficie; pues todo el monte y colina escomo dinero acumulado allí por una pródiga fortuna

Y Plinio, el más celebrado de los cronistas de la minería romana en Hispania, nos dice: Antes de nada, quienes buscan oro toman un segullo, pues así se llama la muestra. Consiste en una batea de arena que se lava, y de lo que queda se obtiene una estimación. Por un golpe de suerte poco frecunte, a veces se encuentra directamente en la superficie de la tierra, como hace poco en Dalmacia, durante el principadop de Nerón, obteniéndose por día hasta 50 libras. Cuando de este modo se encuentra el oro en la superficie del suelo, lo llaman talutio, si también se encuentra debajo de la tierra aurífera. Por lo demás, los montes de Hispania, áridos y estériles y en los que no crece ninguna otra cosa, son forzados a producir esta riqueza. 

Así que hubo una explotación minera de suelos que buscaba en los horizontes edáficos los metales preciosos enriquecidos. Nada extraño a la geología ni ajeno a la minería. Son los yacimientos supergénicos, como los gossan o monteras, o las bauxitas, de donde se obtiene hoy día la práctica totalidad del aluminio con el que se fabrican latas y coches.

Me llama la atención la frase primera de Plinio: antes que nada quienes buscan oro toman un segullo. Inmediatamente me viene a la imaginación la actual exploración geoquímica de suelos, que consiste en la toma de muestra en el horizonte B edáfico para su posterior análisis en laboratorio. Desde luego, los romanos carecían de una capacidad analítica comparable, pero podían al menos batear ese suelo -tal y como cuenta Plinio- para identificar su fracción pesada. Ahí podrían ver los óxidos metálicos que les indicarían la presencia de una vena metálica -esa de sulfuros- y obtener una estimación de las posibilidades mineras del lugar.

Por un golpe de suerte poco frecuente, a veces se encuentra en la superficie de la tierra, y entonces los romanos no dudarían en aprovechar ese suelo, tal y como cuenta de Dalmacia. Las ventajas de esta minería son evidentes:

  1. los suelos están en la superficie y son accesibles,
  2. están ya disgregados y no hay que machacarlos, y
  3. el oro primario está libre -como oro nativo- en los suelos, mientras que en los filones aparece a menudo ligado a sulfuros o arseniuros y debe ser cocido en hornos para su beneficio.

La propia topografía en pendiente favorecería la explotación de los suelos, al aprovechar la gravedad combinada con el agua para mover y seleccionar las tierras. Todo esto favorece la rentabilidad de esta minería y permitiría explotar yacimientos de bajas leyes metálicas. En realidad, el coste es tan bajo que su límite sería el propio valor agrícola del suelo, por lo que se entiende así la última frase que dice: los montes de Hispania, aridos y estérlies, son forzados a producir esta riqueza.

Se me ocurre además que la leyenda de el oro y la plata de Posidonio bien podría derivarse de la quema del bosque como método de desbroce. Al igual que el sistema de rozas usa el fuego para preparar nuevos campos para sus uso agrícola fertilizando a la vez que elimina la vegetación, los mineros hispano-romanos quemarían las áreas a minar para desbrozar y esponjar el suelo, facilitando su remoción.

El resultado de esta minería sería la total erosión del suelo vegetal, tal y como ocurre en las laderas de Biduido. Aguas abajo, las vaguadas aparecen colmatadas por de estos sedimentos/escombreras, pues las arroyadas naturales son incapaces de acarrear semejante cantidad de sedimentos. La desaparición del suelo dejaría  a la vista la roca madre y pequeños filones, que los mineros podrían excavar, ya con picos y martillos, dejando las desnudas laderas tapizadas de los restos: lascas y bloques de cuarzo, y algún que otro resalte rocoso.