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Xurés - Val do Homen

51. Lobios en O Xurés-Gérês. Un sitio geológico sobresaliente.

Vale la pena. Por muchos motivos. La granodiorita de Xurés (o Gérês, en portugués) constituye una unidad petrográfica muy homogénea y diferenciable geomorfologicamente. ¿Y qué significa esto? Pues que es un pedazo de peñasco. Un pedrolo que en números redondos tiene unos 18 por 16 kilómetros. 

Pero hay más. El valle de fractura de Lobios-Gerês es un ejemplo espectacular de la confluencia de procesos tectónicos y geomorfológicos, del control estructural de la erosión y el relieve en zonas graníticas. Y de nuevo, ¿qué significa esto? Que como si fuera de un gigantesco grano de café, el peñasco de está rajado de parte a parte por una enorme fractura sobre la que se abre un profundo y angosto valle, un tajo que nos revela no solo la propia fractura, sino los lentos y complejos mecanismos de la formación del relieve en Galicia y su relación con las aguas subterráneas. 

1.- La falla

La falla de Lobios-Gérês pertenece a un sistema de fallas escalonadas que se suele denominar falla de Guimarães-Ourense, pero que en realidad se trata de un trenzado de muchas fallas enlazadas que se extienden mucho más allá, hasta las costas de Foz, en la Mariña lucense, por el norte, y hasta la depresión de Figueira da Foz, por el sur. En medio de este trenzado se disponen algunas de las mayores cuencas sedimentarias intramontañosas de Galicia,en concreto, las de Verín, Maceda, Monforte y Sarria.

Esta falla divide el noroeste peninsular en dos sectores tectónicos diferenciados. Al este de la falla, los movimientos tectónicos siguen una dirección SE-NO, es decir perpendicular a la traza de la falla, mientras mientras que al oeste los transportes tectónicos asociados son en sentido N-S. Para entendernos, aunque mecánicamente no tiene nada que ver, la falla actúa como una rodilla o un codo, articulando el movimiento de las rocas a un lado y a otro. La mecánica no tiene nada que ver pero el sentido es el mismo: la falla es una articulación de la corteza, que de este modo puede engrosar y adelgazar a un lado y a otro de manera independiente. 

Este complejo cinturón de fallas en su tramo de Baralla y Becerreá es el que hace unos años generó la mayor serie sísmica registrada en la Comunidad, los terremotos de Triacastela, despertando enorme interés social y científico, y hasta una cierta alarma.

Lo singular de Lobios es que sólo aquí se hace evidente la falla. Evidente a la vista. Más que evidente, impresionante, majestuosa. Bueno, y quizá en las rías de Foz o Vivero, pero aquí más que en ninguna parte. Es tan enorme el tajo que el mejor modo de verlo es desde arriba, desde un avión, como las vistas de Google Earth.

En la foto anterior se distingue bien claro el granito de Xurés, como un grano de café con su tajo central. Al NO, en la esquina de arriba a la izquierda, otro grano menor es el macizo de Peneda, un batolito gemelo del de Xurés, tan gemelo que hasta es partido por una fractura gemela del sistema Guimaraes-Ourense.

Los macizos de Peneda-Gérês resaltan tanto por su dureza y resistencia. Sus constituyentes y su quimismo son simialres a los de los granitos que los rodean, pero están mucho menos fracturados y son más resistentes. Por eso forman montañas. Son relieves residuales. Y, de forma curiosa, ese es el motivo de que la falla se marque tanto en ellos.

Imaginad que hacéis una zanja en una finca. Esa zanja es la falla y atraviesa terrenos blandos, sueltos, y otros mucho más duros y resistentes. Dejáis la finca y volvéis al cabo de muchos años. Donde el terreno era blando, la zanja estará desdibujada, porque sus paredes habrán cedido. En cambio, donde era duro estará casi como el primer día, apenas con sus bordes suavizados. Eso es lo que pasa en el Xurés, las paredes de la falla apenas se han erosionado para formar un valle de 500 metros o 600 metros de profundidad, mientras que en las zonas blandas la traza de la falla se desdibuja por la erosión general. Abajo muestro una imagen oblicua de la falla marcada en línea amarilla desde Bande, 22 km al norte de Lobios. El valle y la frontera portuguesa en amarillo continuo, se ven 30 km al sur.

Por cierto… que 500 ó 600 metros es, poco más o menos, lo que tienen las rías respecto de los residuales de entre ellas.

2.- Las aguas termales

En el valle de Lobios se encuentra el moderno Balneario de Lobios, con su parte privada y su piscina pública, de entrada libre, y cerca de ambos se conservan las ruinas del viejo balneario y villa romana Aquis Originis.

El de Lobios es el manantial más caliente de la península, a 70 ºC.

Por el valle de Lobios baja el Ríocaldo, cuyo nombre hace referencia a los manantiales termales, claro. ¿Y qué pinta aquí el manantial termal? Pues está aquí gracias a la falla, claro, y gracias al granito. Pero no es que el granito guarde un especial calor magmático, ni mucho menos. El granito de Xurés está tan frío como pueda esperarse de un granito emplazado hace 300 millones de años. ¿Entonces, qué añade el granito? Pues añade unas buenas conducciones, largas y limpias. Las fracturas del granito son las cañerías por las que circula el agua termal, y las del granito del Xurés son las de mejor calidad, por ellas el circuito del agua se completa en un tiempo record, y con una mínima pérdida de calor. El asunto se merece una entrada, como mínimo, pero queda para otro día.

3.- Los restos glaciares.

En O Xurés se fundió, hace unos veinte mil años, el casquete glaciar más occidental de Europa. No era muy grande, pues apenas tenía unos 60 Km2, y ocupaba más o menos la mitad portuguesa del batolito, adentrándose un poco en la española. Que el casquete creciese en la mitad sur del macizo probablemente tenía que ver con la dirección desde la que le llegaban las nevadas: desde el suroeste. El aire húmedo y superficial del Atlántico descargaba aquí en forma de nieve al chocar con el macizo y elevarse.

Como sucede con cualquier otro casquete, la acumulación dejó profundos surcos en el granito y sus señales, depósitos y erosiones se pueden encontrar por todas partes por encima de los 800 metros de altura.

4.- La minería

En lo alto del valle glaciar de Vilameá, a 1250 metros de altitud, se encuentran los restos de la vieja mina de estaño y wolframio de As Sombras.

Subiendo un poco más, a 1330 metros de altura, se encuentra la divisoria de aguas y frontera con Portugal, a Raia Seca, señalada por un rústico muro de piedra, y al otro lado el impresionante valle glaciar de Homem, con la mina gemela de Os Carrís, que explotaba los mismos filones de Sn-W por la parte portuguesa. 

Estas minas se abrieron durante la fiebre del Wolfram de la II Guerra Mundial, la última gran fiebre minera peninsular. Breve, pero brutal. Una aventura semiolvidada y todavía por historiar de . Aquí llegaron a trabajar cientos de mineros y las leyendas hablban incluso de túneles secretos que comunicaban las minas española y portuguesa para el contrabando del wolframio. Por supuesto, tales túneles no existían pero sí el contrabando, un contrabando general, en el que estaban implicados algunos de los más prominentes miembros del Estado, empezando por el ministro de Industria, Demetrio Carceller. Por causa de las ganacias milmillonarias que procuraba el wolfram a algunos, España libró un enorme conflicto diplomático con los EEUU y Gran Bretaña y un embargo petrolero, que sufrieron todos los españoles.

5.- Romanos, papeo, aire libre, impresionantes paisajes, rutas de senderismo para todos los públicos y mucha geología. 

Pero la visita a Lobios ofrece todavía más. Por aquí pasaba, y pasa todavía, que se conserva parte, la vía romana XVIII, entre Braga y Astorga, mandada construir en tiempos de Vespasiano para mejor control de las zonas mineras del interior, de la zona de Bierzo y León.

Muy cerca de aquí está el campamento de Aquis Querquenis, en el municipio de Bande.

Si lo que os gusta es comer, tampoco os faltará donde zamparos un bien preparado jabalí, corzo, callos o cualquier plato de la tradicional cocina gallega de interior, y cruzando la raia, pues bacalhau, frango o cozido. Para bajar el papeo podéis hacér cualquiera de las innumerables rutas de senderismo, que cualquiera de ellas os llevará por sitios espectaculares.

Y, por todas partes, geología.

Vale la pena.

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48. Delta de Moaña. Ría de Vigo.

Mucha gente se sorprenderá de saber que en las rías hay deltas. Pocos, sí. Pequeños, también. Pero deltas.

La mayor parte de los deltas, de todos los deltas del mundo, está sumergida bajo las aguas. Así que no suele verse en los mapas. Además, los deltas no tienen por qué tener forma triangular, y a mucha gente se les escapa que lo que está viendo es eso, un delta.

Pero en la ría de Vigo, el delta del río do Inferno, en Moaña, lo que todo el mundo conoce como playa de A Xunqueira, forma parte de un delta triangular que la puede verse bastante bien en marea baja desde verse desde las alturas cercanas, la vía rápida, o las fotos de Google Earth.

La parte emergida del delta, lo que era la antigua xunqueira, está completamente arrasada por la urbanización del litoral. Una pena. pero queda la parte sumergida que forma una llanura de marea arenosa. Una llanura de marea que da los mejores croques -berberechos- de la ría.

Una llanura de marea es una extensión llana de sedimentos -arenas o fangos- que cada día la marea cubre y descubre al subir y bajar. Y al hacerlo, las corrientes de marea mueven los sedimentos. Cuando la llanura es arenosa se forman barras de arena, y estas barras pueden ser movidas por el oleaje o por las corrientes de marea y del río que forma el delta.

La llanura de marea de A Xunqueira se desarrolla en la parte alta del delta, pero la claridad de las aguas deja intuir como desciende el talud del delta hacia el fondo marino de la ría. Los deltas no son otra cosa que montañas de sedimentos vertidas por los ríos en el mar.

Las barra de oleaje se disponen paralelas a al frente de oleaje, es decir, a las olas, y las de corrientes en la dirección de las corrientes. En este caso, averiguar cuales son unas y otras es muy fácil. Las que van paralelas a la playa de A Xunqueira son de oleaje, y las perpendiculares de corrientes. Fijaos en la foto de julio de 2003 y veréis los trenes de olas rompiendo paralelos a la playa.

Muchas barras se mueven por las olas y oleaje, según la ocasión, de modo que adoptan morfologías mixtas. Como regla general, paralela a la playa: oleaje; perpendicular a la playa: corrientes.

(en realidad, en la contacto con la playa el oleaje deriva las barras hacia el este, pero esto es algo más complicado)

El caso es que gracias a Google podemos en un plis-plas ver cómo evoluciona y se mueven las barras. Y la conclusión es clara: el oleaje mueve las barras de marea hacia la playa, que gana arena año a año. Solo quedaría proteger la zona tras la playa y esperar a que se desarrolle un nuevo campo de dunas en la parte emergida del delta.

Ahí va una selección de fotos. La primera, de marzo de 2003:

Julio de 2003:

Marzo de 2006:

Agosto de 2007:

Agosto de 2009:

Mayo de 2010:

Noviembre de 2011:

Gracias a las fotos datadas resulta muy sencillo medir la velocidad de las barras. Como ejemplo cojo la mayor de ellas, y mido el desplazamiento de su punta y del frente de la barra, por ejemplo entre abril de 2003 y agosto de 2007:

 Midiendo el desplazamiento para todas las fotos de Google, once en total, podemos calcular con bastante confianza (es una serie de siete años) la velocidad de esta barra, que es de casi 6,6 cm/día en su punta y casi 3 cm/día en el frente.

En esta foto podéis ver, en diciembre de 2013, la barra medida ya completamente adosada a la playa y fundiéndose con ella a una velocidad de entre 3 y 6 cm al día.

 

42. El bosque y la playa fósil de Praia d’Abra, Ría de Vigo.

Praia D’Abra es el nombre tradicional de la turística playa de patos, al norte de Monteferro, en Nigrán. La gramática es también la tradicional, es decir, la popular, de un gallego/celta inventado, sin duda, pero veraz, y mucho más vivo que ese artificioso gallego normativo de los académicos. Tomo esta gramática prestada del letrero del bar Praia D’Abra, el más antiguo del lugar, donde te puedes tomar unas empanadillas de leyenda y codearte con una parroquia  que te localiza media docena de robalizas a 400 metros por su estela del agua. Praia D’Abra se dice de corrido: praiadabra. Y desde luego es mucho más bonito que playa de patos.

Bueno, pues Praiadabra, entre otras cosas, guarda uno de los tres bosques fósiles en el intermareal de Galicia. O al menos de los tres que se tiene noticia. Los otros restos parecidos y documentados están en el lugar de Seselle, en la localidad y ría coruñesa-ferrolana de Ares y en punta Penisqueira, en Aguiño. Pero el de Praiadabra es mi preferido. El bosque fósil de Praiadabra se oculta bajo la arena de la playa actual y solo lo descubre en ocasiones contadas, tras fuertes temporales o cuando -con no mucha arena- se forma una barra delante de la playa y los viejos troncos afloran entre la playa y la barra, como es el caso de las fotos, en abril de 2011

Cuando las mareas y oleajes retiran la fina arena y los gruesos cantos de debajo se pueden ver restos de troncos y tronquitos e incluso cañizos enraizados en un nivel arcilloso (caolín, de color gris) o areno-arcilloso (gris amarillo). El nivel de caolín aparece ennegrecido en la zona central de la playa, donde la topografía del sustrato está más deprimida. Esta debía ser una zona de aguas estancadas, y la materia orgánica sedimentaba en el tiempo en que crecían los troncos, la mayoría pequeños, de no más de diez centímetros de diámetro, pero algunos de buen porte. Una datación de C14 de uno de esos troncos dio una edad de 6940 (±125), justo antes del óptimo climático Holoceno, un periodo de temperaturas máximas en el hemisferio norte (mayores que las actuales) y que en muchas costas del mundo ha dejado evidencias de un nivel del mar ligeramente por encima del actual. Así que tenemos un bosque fósil en la posición del intermareal bajo (por debajo del nivel medio de marea) que fue inundado por el ascenso del nivel del mar hace no más de siete mil años.

En Praiadabra, como en muchos otros lugares de la costa gallega, también hay evidencias de un nivel por encima del actual, son los restos de una playa fósil que se puede ver un  par de metros por encima del nivel medio de marea, en el talud tras la playa. estas playas fósiles se pueden encontrar a lo largo de buena parte de la costa gallega.

El problema es determinar su edad. La mayoría de los que las han estudiado creen que son de el último interglaciar, hace unos 130.000 años, aunque por el momento, no hay nada seguro. La cuestión es que en Galicia hay evidencias de que el óptimo glaciar tuvo un máximo del nivel del mar superior al actual, por lo que ahora nos encontramos con las playas del último interglaciar y las de hace esos seis mil años entremezcladas de modo parecido cómo las playas fósiles se mezclan con las actuales.

Y para liarlo todo un poco más, ligeros basculamientos tectónicos elevan o hunden esos depósitos.  Auque está más alta, la playa fósil es, posiblemente, anterior al depósito de arcillas grises sobre el que crecieron los árboles fósiles. Ese nivel amarillento que veis encima de los cantos son arenas finas arcillosas, de viejas dunas, que cuando el nivel del mar se retiró fueron erosionadas junto con parte de la vieja playa, lavándose arenas y arcillas y sedimentando las arcillas en la parte más baja de la playa, donde posiblemente había una zona encharcada, una pequeña laguna, similar a la que se forma en ocasiones en la playa actual… y casi en el mismo sitio, al amparo de una barra de arena. ¡Vaya, de ésta no tengo foto!.