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88. Minería romana en O Rosal, 2. Minería en secundario.

En secundario, o sea, sacando el oro de las terrazas del Miño.

Sigo para esta entrada la guía de Brais Currás, que publica este mapa en su Tesis con las minas de la zona. Las tres grandes del centro son las que intersan, pues son las de secundario del valle de O Rosal. Las otras tres del mapa son en primario y están vistas aquíaquí y aquí.

O Rosal Brais

Las tres áreas incluyen la mayor parte de las terrazas T1 y T2 que se conservan en O Rosal y además superficies no ocupadas por terrazas. O sea, que según ese mapa, los romanos no solo habrían minado la práctica totalidad de las terrazas sino que su minería habría desmantelado buena parte de ellas, hasta el sustrato granítico!

Figura 2 MAGNA y minas

1.- A Lomba, Santa Mariña-O Calvario, Os Castros,

Empiezo por el grupo de terrazas más al norte, señaladas con 10, 11 y el punto rojo que sitúa el castro de Santa Mariña. Se trata de una zona relativamente elevada sobre el valle de O Rosal limitada al este por el val del río Tamuxe (que se inserta en el contacto entre granito y metamórfico), y que está dividida por dos pequeñas vaguadas en tres cuerpos aislados, que de este a oeste son : A Lomba (11), Santa Marina-O Calvario (10) y Os Castros.

Cortas y vaguadas sobre el mapa de pendientes y el geológico

Cortas y vaguadas naturales sobre el mapa de pendientes y el geológico

Al este, en A Lomba (joroba o lomo, en castellano, o sea, loma), es una zona poblada de antiguo y las laderas están organizadas en bancales agrícolas, de modo que la topografía original del terreno está muy trastocada. Aún así, destacan en el relieve unos taludes de 4 a 6 metros de salto y decenas de metros de continuidad, demasiado para ser meros bancales agrícolas.

De frente, el talud al sur de A Lomba está semioculto por la vegetación.

De frente, el talud en el granito alterado al sur de A Lomba semioculto por la vegetación.

Vista desde la coronación del talud de la foto anterior, en A Lomba. Al fondo, el Miño

Vista desde la coronación del talud de la foto anterior, en A Lomba. Al fondo, el Miño

Taludes en Caselas, al norte de A Lomba. La dirección del escarpe es N-S.

Taludes en Caselas, al norte de A Lomba. La dirección del escarpe principal es N-S.

No he encontrado otra evidencia de posible minería en la zona, aunque tampoco he visto las fotografías estereoscópicas del vuelo americano, que quizá dan más información. Está claro que los taludes son artificiales, pero al menos en A Lomba no están excavados sobre terrazas sino mayoritariamente en el granito, por lo que podría ser restos de unas obras inacabadas de la guerra de Secesión de Portugal (o cualquier otra cosa).

molino y moderno puente sobre O Tamuxe, al este de A Lomba

Respecto de la posibilidad de que los taludes fueran parte de un sistema defensivo, la verdad es que en A Lomba el talud rodea el alto en una posición que parece defender el puente (y molino) sobre el Tamuxe a sus pies, y por el lado oeste, donde está naturalmente protegido por la vaguada, se comunica con O Casal y Santa Mariña por un relleno artificial sobre el que discurre la actual carretera, pero que ya aparece en 1956 plantado de árboles. Así que no descarto que estemos ante una fortaleza apenas esbozada durante la guerra del s. XVII, aunque tampoco eso descartaría una mina anterior, como parece ocurrir en Os Bravos de Tomiño y otros lugares.

En la loma sobre la que se asienta O Rosal los indicios directos de minería son aún más inseguros que en A Lomba, ya que entre Santa Mariña y O Casal el talud ya solo se puede deducir de la topografía urbana, y en O Calvario solo lo he podido ver de lejos y de modo parcial, ya que se encuentran dentro de la finca del pazo de Salgado Cantillo. De todas formas, en la finca del pazo creo que quedan restos no ya del talud, sino de las típicas hondonadas de excavación en v, que el mapa de pendientes no es capaz de interpretar, pero que recuerdo haber visto en un geotécnico que hice por allí hace años. También desde un punto de vista geológico las evidencias de minería son más consistentes, pues los taludes parecen coincidir con los límites de las terrazas.

Castro de Santa Mariña desde el suroeste

Castro de Os Castros Santa Mariña desde el suroeste

Y queda el castro de Os Castros, excavado en la loma de más al oeste.  El confuso plural de Os Castros referido a un único castro sin duda hace referencia al complejo de fosos defensivos que todavía lo circuncidaban en 1956, como puede verse en la foto  del vuelo americano de 1956.

Foso norte de Os Castros que separa el castro propiamente dicho de la loma.

Foso norte de Os Castros que separa el castro propiamente dicho de la loma.

Otra vista del foso de Os Castros

Otra vista del foso de Os Castros

Hoy solo quedan los fosos al norte y al sur que le separan del resto de la loma. Como hizo notar Gustavo en masquepetroglifos en su entrada sobre la minería romana de el valle del Rosal, este castro es clavado a los de la zona minera del Duerna, y aquí situado, en medio del valle de O Rosal, refuerza la interpretación minera de las evidencias topográficas a su alrededor.

Os Castros en 1956 a la izquierda y el castro de Boisán a la derecha, en 2010. Incluyendo los fosos, Os casrros podía medir 250*160 metros y de Boisán mide unos 350*220 y el de

Os Castros en 1956 a la izquierda y el castro de Boisán (en el valle del Duerna) a la derecha, en 2010. Incluyendo los fosos, Os Castros podía medir 250*160 metros y de Boisán unos 350*220.

2. As Medas

Solo 500 metros al suroeste de Os Castros, señalado con el nº 12 en el mapa general, se encuentra la vieja mina de As Medas, que pesa a conservar el claro topónimo minero, ser la mina en secundario mejor conservada de O Rosal y haber sido identificada claramente como una mina romana desde hace años, ni siquiera está recogida en el catálogo de Patrimonio. ¿Se le pasó por alto a la Xunta? ¿Desidia? Me consta que no. Me consta que la Xunta y muchas administraciones locales mantienen una política deliberada de ignorancia para justificar la desprotección y la destrucción del Patrimonio. Otro día lo contaré más en detalle.

Arranque de la corta principa, de As Medas (1, extremo oeste)

Arranque de la corta principal de As Medas (1, extremo oeste)

Corta principal de As Medas

Corta principal de As Medas (2)

As Medas. Excavación 3 desde el oeste.

As Medas. Excavación 3 desde el oeste.

Lo que queda de As Medas es difícil de interpretar, pues buena parte ha sido completamente reexcavada hasta hace no mucho (incluso se ven los taludes frescos). Quedan al menos tres huecos evidentes, los tres orientados en sentido ONO-ESE, es decir, paralelos al montículo natural y a la carretera. Yo creo que la zanja (2) es la continuación de (1).

Mapa de pendientes de As Medas y Os Castros al NE. En trazo continuo y discontinuo y cortas identificadas y supuestas. Con ¿? se señalan otras posibles zonas excavadas

La excavación (3), mucho más somera y ancha que la 1-2, está ahora siendo rellenada por alguien que ha visto en el hueco romano una oportunidad de deshacerse de unos escombros. Incluso han hecho una puerta para los camiones y han puesto un cierre para evitar que otros viertan allí sus deshechos. Como no está catalogado y carece de protección patrimonial, aquí no pasa nada. Y así va todo.

Acceso para usar As Medas como vertederodes

Acceso para usar As Medas como vertedero de escombros

En As Medas están los últimos vestigios sin alterar de minería romana en secundario en O Rosal. Los vecinos y el Concello decidirán si acaban con ella o protegen un patrimonio que estaba casi intacto hace solo 60 años y del que hoy h¡ya solo quedan restos. Decenas de miles de personas visitan cada año el castro del Tegra y casi ninguna se acerca luego al Rosal. ¿A qué, pensarán? Si la dejadez y desidia de vecinos y sigue igual, pronto habrá que decir que a nada. Pero las minas como esta de As Medas explican la importancia de la citania de Tegra y su florecimiento en el siglo I, además de otras muchas cosas. Y no son solo agujeros en el monte, todavía guardan muchos secretos por descubrir.

Canto cuarcítico con señales de intenso pulido en As Medas ¿para moler mineral?

Canto cuarcítico con señales de intenso pulido en As Medas, ¿para moler el mineral?

Otro canto cuarcítico usado como muela.

Otro canto cuarcítico usado como molino.

Molino granitico en As Medas

Posible molino granitico en As Medas

Extraña escoria en As Medas. Entre la matriz metálica se ven trozos de granito.

Extraña escoria en As Medas. Entre la matriz metálica se ven trozos heterogéneos de cuarzo y granito.

La acumulación de molinos de mano en As Medas parece indicar que los galaico-romanos desagregaban la matriz de las terrazas del Miño, muchas veces cementadas, para liberar el oro. Aunque éste fuera un trabajo más ligero que moler un dique de cuarzo, es un trabajo añadido que no se suele contabilizar en las explotaciones de secundario pero que se debe tener en cuenta a la hora de estimar la productividad de las minas y juzgar el sentido general de la minería romana en el NO. Y a este problema de productividad se añade el de la producción total. Calculando con evidente generosidad que la corta 1-2 tuviera 20 metros de ancho, 10 de profundidad y 200 metros de longitud, los romanos habrían extraído un total de 80.000 Tn de sedimentos (a 2 tn/m3), que con una también generosa ley de 0,3 g/tn nos daría un total de 24 kg de oro, 1 talento de oro, 3.000 áureos de Augusto, 75.000 sestercios, una pequeña fortuna, pero eso, pequeña, y probablemente estoy exagerando.

As Medas desde el sur.

As Medas desde el sur.

As Medas es el mayor indicio cubicable de la minería romana en secundario en O Rosal. ¿Acaso lo que podemos cubicar hoy es sólo una fracción de lo realmente minado? ¿Estamos viendo apenas la superficie o unos pequeños restos? En onosopatrimonio dicen que en As Medas y en Cumiera de Arriba había túneles, hoy tapados. Pudieran ser leyendas, porque no veo qué sentido pudieran tener tales túneles en una mina a cielo abierto, pero lo cierto es que en una mina de As Neves hoy desaparecida (A Chan de Mide) también había galerías excavadas en el granito alterado bajo las terrazas. Queda todo por averiguar.

Cumieira de Arriba, Cumieira de Abaixo. 

Las de Cumieira forman el conjunto más extenso de terrazas de O Rosal, pero no localicé en ellas ni un solo inidicio topográfico de excavación antigua. Como dije, no tengo acceso a las estereoscópicas del 1956 y toda la zona ha sido muy urbanizada en las últimas décadas, de modo que es posible que los indicios hayan desaparecido, pero en lo que queda no encontré una sola evidencia topográfica clara, ni en los mapas de pendientes, ni a la vista.

Mapa de pendientes y foto aérea de 1956. La estrella indica la posición del horno romano encontrado en 1979. Arriba a la derecha, subrayado el topónimo Urgal.

Mapa de pendientes y foto aérea de 1956. La estrella indica la posición del horno romano encontrado en 1979. Arriba a la derecha, subrayado el topónimo Urgal.

Lo que sí llama mucho la atención de Cumieira es la pequeña vaguada de Os Lagos por el contraste entre su fondo plano y las pendientes laderas. En realidad es como las otras vaguadas que separan las terrazas de A Lomba, Santa Mariña o Os Castros, pero en este caso el contraste es más acusado, ya que e esta vaguada no atraviesa de parte a parte las terrazas, sino que nace dentro de ellas y eso le confiere un carácter de valle cerrado.

Os Lagos: Vaguada de fondo plano por colmatación de sedimentos en Cumieira.

Os Lagos: Vaguada de fondo plano por colmatación de sedimentos.

Como en la mayoría de las vaguadas de este tipo en O Rosal, ningún arroyo recorre Os Lagos, y de hecho su nombre hace referencia a la falta de drenaje superficial, pues estamos ante un pequeño valle de fondo plano colmatado de sedimentos procedentes de las laderas a ambos lados. En definitiva, lo que posiblemente tenemos aquí es un valle colmatado de sedimentos mineros, algo común en los valles aguas abajo de las minas en cualquier otro lugar (1.2)

Vegetación típica de medios lagunares en Os Lagos.

Vegetación típica de medios lagunares en Os Lagos.

Así pues, aunque ya no vemos las minas, con seguridad los sedimentos más gruesos (arenas y gravas) de esta minería deben estar rellenando las vaguadas que cortan las terrazas. Y son estas vaguadas las que permitirán -mucho mejor que el cubicaje de las minas- evaluar las cantidades minadas y hasta el propio funcionamiento de las minas, desde sus inicioshasta su abandono.

¿Lo veremos?

86. Minería romana en O Rosal, 1. Explotaciones en primario.

El valle de O Rosal acumula una buena cantidad de restos de la minería galaico-romanas, tanto en primario como en terrazas. En muchos casos es difícil discernir donde empieza una mina y donde acaba otra y en realidad sería un error pensar en minas independientes atendiendo a su forma y proximidad, o incluso al material minado. Lo que vemos en la actualidad son los restos mejor o peor conservados de cortas más o menos desarrolladas y excavaciones más o menos profundas de unos trabajos mineros que comprendieron buena parte de la superficie del actual municipio para la explotación de estaño (casiterita) y oro.

Cartografías de las minas romanas del Baixo Miño en la tesis de Brais Currás

Cartografías de las minas romanas del Baixo Miño en la tesis de Brais Currás

De todos estos trabajos, solo  está catalogada por Patrimonio la Mina romana de Niño do Corvo (GA36048019) aunque algunos indicios si fueron descritos por el amigo Gustavo en su blog masquepetroglifos y se apuntan brevemente en la tesis de Brais Currás, de la que saco estos mapas.  No es mucho el detalle que da Brais en sus mapas, pero servirá de referencia. Empezaré por las minas en primario, y para mejor referencia añado la costa de Oia-A Guarda y posiciono los castros de la zona.

Principales trabajos mineros de A Guarda y O Rosal. En rojo minas sobre terrazas y en negro minas en primario. Los puntos señalan los castros de la zona.

Principales trabajos mineros de A Guarda y O Rosal. En rojo minas sobre terrazas y en negro minas en primario. Los puntos señalan los castros de la zona.

Las minas 1 y 2 son la de Funchidos y Constantina, en A Guarda, ya vistas.

Labores e indicios sobre el Mapa Geológico para la investigación minera de ITGE 1989

Labores e indicios sobre el Mapa Geológico para la investigación minera de ITGE 1989

3.- Trinchera Caborna de Valdemiñotos. 

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Interior de la trinchera Caborna

3 CabuernaEs el nombre que le dio una vecina al lugar: Caborna, que parece ser el topónimo local para las excavaciones. Caborna, Cabuerna, As Bornas… todo se refiere a lo mismo: cavernas o cuevas, o sea, excavaciones.

A pesar de que en el mapa de pendientes parece un tajo simple, este indicio es una trinchera de unos 500 metros de longitud en dirección N10E y unos 15 metros de anchura. Como está excavada en una ladera de fuerte pendiente, por el este el talud puede tener unos 8 metros de altura pero por el oeste apenas 2 metros. Tiene el fondo llano y hoy sirve de vía de paso.

El mapa de Brais cartografía una pequeña mina en el valle justo al norte de esta mina de Caborna. Pudiera ser el ensanchamiento del valle que se señala con un interrogante, pero como toda la zona está muy alterada por las plantaciones de viñedos y frutales, resulta difícil de interpretar.

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Corta este de la mina Caborna

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Vista frontal de la corta este de la mina Caborna

4.- Doble tajo de Seoane

4 Seoane de CerveraEn el lugar de Seoane, entre los viñedos de Cervera, una doble corta practicada desde el valle fluvial en dirección S190E se adentra en la ladera unos 50-100 metros. En su anchura máxima este-oeste, la corta tiene unos 150 metros y genera un desnivel de unos 10 metros.

Vista desde lo alto del talud de corta

Vista desde lo alto del talud de corta

5.- Vaguada de Couselo 

5 Vaguada de Couselo

Apenas 250 metros al norte de la  al norte del doble tajo de Seoane una estrecha vaguada N-S de unos 200 metros de longitud resalta en el mapa de pendientes. Lo cierto es que, una vez dentro, su aspecto es el de una vaguada natural y ya no se aprecian rupturas de pendiente bruscas ni taludes de una excavación artificial. Pero lo que sí llama mucho la atención es la completa erosión del suelo vegetal y la intensísima fracturación de las rocas por acción del fuego, con eviencias incluso de fusión de las mineralizaciones metálicas y resolidificación en forma de de recubrimientos de óxidos sobre las superficies de la roca o en aglomerados con los cristales de cuarzo fracturados por el fuego.

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Ladera este de la vaguada y crestón cuarcítico erosionado por fuego.

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Aspecto del suelo en la divisoria al este de la vaguada

Pequeña depresión ¿excavación? en la zona mineralizada.

Pequeña depresión ¿excavación? en la zona mineralizada.

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Afloramiento rocoso con mineralizaciones refundidas

Detalle de escoria con cuarzos fracturados

Detalle de escoria con cuarzos fracturados

Escorias en forma de pátina recubriendo dique de caurzo blanco

Escorias en forma de pátina recubriendo dique de caurzo blanco (abajo, como escala, la punta de mi bota).

Esta vaguada y los diques mineralizados al este se quemaron en los incendios de 2013 y sin duda otras muchas veces con anterioridad, (como la práctica totalidad de los montes de Rías Baixas) pero viendo la inusual intensidad del fuego en esta zona especialmente mineralizada y lo que destaca esta vaguada en el mapa de pendientes, me pregunto si no estamos ante un ejemplo de la minería de fuego descrita por Plinio o Estrabón. Sería interesantísimo investigar con detalle lo ocurrido aquí y medir las temperaturas alcanzadas. Quizá incluso poduiera ser posible datar los fundidos metálicos por paleomagnetismo, tal y como se hace con los hornos. (Un brindis al Sol) .

6.- Vaguadilla en O Morán.

6 Vaguadilla en O Moran

Imagen de Google Earth de la vaguadilla cortada por las obras de la CG-4.2.

Imagen de Google Earth de la vaguadilla cortada por las obras de la CG-4.2.

Esta vaguadilla de unos 175 metros de longitud en dirección N10E y unos 30 metros de anchura destaca como una anomalía en la ladera de Morán por su falta de continuidad aguas abajo, aunque (como la vaguada de Couselo) no presenta rupturas de pendiente claras que permitan identificar taludes ni frentes de excavación. Me pregunto si estamos ante otro ejemplo de una minería somera, una minería de suelos.

sección geológica de vaguadilla ¿minera? en Morán

Sección geológica de vaguadilla ¿minera? en Morán

Resulta interesante porque está seccionada por la CG-4.2., que se llevó por delante unos 50 metros de su inicio superior, lo que nos ofrece un excepcional corte geológico de esta posible mina

7. Trabajos en el valle das Bornas

6 Valle das Bornas

En la ladera norte del pequeño valle das Bornas, al sureste de la trinchera de Valdemiñotos y al norte de O Morán, se localizan una serie de excavaciones menores alineadas según una dirección N60E, paralela al discurrir del propio valle y regato.

excavacion val das Buernas

Vaciado minero en el valle das Bornas apenas visible entre vegetacion. Tiene unos 4-5 metros de profundidad.

El camino que baja por el valle en esta ladera corta algunas escombreras mineras, que pudieran proceder de estos trabajos o de la gran mina do Niño do Corvo, cientos de metros monte arriba, hacia el este.

Escombrera de ladera cortada por camino

Escombrera de ladera cortada por camino que baja el valle das Buernas desde la mina de Niño do Corvo.

8. GA36048019. Mina Niño do Corvo, As Bornas, A Mina

8 Mina Niño do Corvo

El principal rastro de esta mina es una excavación a cielo abierto de unos 200 metros de longitud en diección N10E y 70 metros de anchura en la ladera oeste alto de Tabagón, en la cabecera del regato As Bornas.

Interior de la mina de Niño do Corvo

Interior de la mina de Niño do Corvo

Abiertas en una zona de pendientes naturales del 30-40%, las cortas de la mina forman taludes con desniveles de 30-40 metros. Por el oeste, una excavación moderna se superpone a los trabajos antiguos, dejando a la vista gruesos depósitos de escombreras.

Excavación moderna en Niño do Corvo

Excavación moderna en Niño do Corvo

Detalle de escombreras

Detalle de escombreras cortadas por la excavación moderna

La ficha de Patrimonio GA36048019 de 2005 habla de una  cantera reciente, pero es posible que se trate dos fases de minado moderno, una primera durante las décadas de 1950-1960 (?) del siglo pasado, durante la vida de la mina de estaño (casiterita) Salaberry o San Antonio, que el 1:25.000 señala un poco al oeste de este lugar, y una cantera más moderna y de menor entidad para suministro de áridos para los caminos forestales de la zona. La superposición de trabajos mineros modernos complica, como es habitual, la identificación y comprensión de los restos de las trabajos romanos.

Salaberry mina

La gran corta en la ladera del Alto de Tabagón se continua hacia el norte en forma de una trinchera de unos 200 metros de longitud en dirección N10E (cómo no), unos 6-8 metros de anchura y 2-4 metros de profundidad.

Niño do Corvo. Trinchera N10E desde su interior.

Niño do Corvo. Trinchera N10E desde su interior.

En su término, el mapa de pendientes señala la presencia de una segunda trinchera perpendicular a la primera (dirección N80W) y que corta la ladera en la dirección de máxima pendiente. Estas trincheras son interpretadas así en la Ficha de Patrimonio:

Por su parte, en la zona superior se constituye como un entramado de estanques, depósitos, emisarios, con canales paralelos y convergentes (a modo de zanjas y trincheras) así como pozos (unos abiertos y otros obstruidos). En concreto, el pozo o galería conocido como O Socavón, el de mayor porte, ha sido tapiado mediante la colocación de una solera de hormigón. Toda esta red de captación arranca de la cordal del monte Bandeira (Alto de Tabagón) y se sucede escalonadamente hasta el barranco de la corta de minado, rodeándolo por ambos flancos. 

Pues no. Lo que se ve no es ningún sistema de captación  y almacén de agua encima de la mina; seguimos dentro de la mina. Ni la zanja N10E es parte de un sistema de captación y almacén de agua ¿para qué, para la ruina montium?, ni la trinchera N80W que desciende la ladera es un canal, son excavaciones mineras. Por favor, basta ya de confundir excavaciones mineras con canales. Y basta ya de aplicar los esquemas preconcebidos de la ruina montium a la minería en primario, no tiene sentido.

Lo vuelo a repetir: el agua no erosiona rocas, el agua no es un ariete, solo arrastra materiales sueltos y en minería es tan necesaria como problemática cuando discurre libre por los frentes de excavación o las galerías mineras. Para quien quiera entender cuál es la utlidad del agua en minería no tiene más que visitar una cantera, hay muchas en Galicia: el agua sirve para lavar, áridos o minerales. Punto. Y por fortuna, gracias a Gustavo Pascual, nadie tiene que irse ya a las Médulas para buscar análogos de los sistemas de abastecimiento hidráulico de la minería galaico-romana en el Baixo Miño. Ya tenemos las pruebas arqueológicas en la misma Serra do Argallo, y no hay grandes diferencias.

El amigo Gustavo señalando el corte en el esquisto para el paso del canal

Gustavo P. señalando el corte en el esquisto para el paso del canal a la mina Boaventura, 8 km al N de As Bornas.

El agua era conducida hacia las minas por medio de canalizaciones cimentadas sobre muretes de piedra o excavados en la roca de alrededor de 1 metro de sección. Son infraestructuras semejantes a las que los romanos construían para abstecimiento de sus ciudades, solo que más simples, rústicas y económicas, pero regidas según los mismos principios y técnicas constructivas.

La zanja que desciende la ladera en dirección E-O sigue probablemente una falla que se puede ver en la caerretera que cruza la mina y sube al alto de Niño do Corvo. En este punto existe incluso una toma de agua para aprovechar un manantial asociado a la falla.

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Zanja de dirección N80W que cierra por el norte las labores de As Bornas. En lo alto se comunica con la gran trinchera N10E

Término de la zanja E-O en su cruce con la carretera de subida al Niño do Corvo.

Término de la zanja E-O en su cruce con la carretera de subida al Niño do Corvo.

Plano de falla (a la derecha) y . Es

Plano de falla (a la derecha). En el suelo visible la losa que tapa la toma de agua.

9. Labores al sur de la mina Niño do Corvo – Alto de Tabagón

En la ladera, los trabajos geológicos para la investigación de oro y otros metales en la zona lidentificaron dos indicios mineros de laboreo antiguo en la ladera sur del Alto de Tabagón.

El primer indicio, a unos 350 metros al SE de la mina de As Bornas, es una trinchera de dirección N100W y unos 60 metros de longitud que profundiza hacia el W hasta acabar en un amplio vaciado minero de unos 4-5 metros de profundidad y cuyas dimesiones originales se desconocen pues presenta señales evidentes de haber sido retrabajado en el pasado siglo, probablemente para la explotación de estaño durante el funcionamiento de la mina Salaberry.

Trinchera romana profundizando hacia el vaciado

Trinchera de minería antigua N100W

Excavación

Excavación al término de la trinchera

Acceso de maquinaria pesada al vaciado

Acceso de maquinaria pesada a la excavción desde el oeste

No pude locaclizar el segundo indicio, que se situaría unos 200-300 metros al sur sureste del anterior, justo por donde hoy pasa la carretera CG-4.2. y al término de unas profundas vaguadas inscritas en la ladera similares a la descrita en Morán.

85. La mina de Funchidos en A Garda, ¿moderna?, ¿romana?, ¿cantera?, ¿mina metálica?

No salgo de A Garda. Y es que a unos 300 metros al NE del Castelo de Santa Cruz, camino de los castros de Zamar Marouco y da Bandeira, en la parroquia de Salcidos, hay una olvidada excavación en el granito de unos 10.000 metros cuadrados de superficie y de unos 5 a 12 metros de profundidad. A ojo de buen cubero, de esta olvidada mina o cantera se sacaron 75.000 m3 de granito, suficientes como para cargar un súper-portacontenderores de la clase EEE de Maersk. Y sin embargo, nadie parece haber reparado en semejante boquete, que para empezar, ni está catalogado.

Santa Cruz - Funchidos

Ya a primera vista lo que llama la atención de Funchidos es que se trata de una excavación perfectamente orientada según la dirección N60 y su conjugada N140. Son orientaciones generales casi idénticas a las del Castelo de Santa Cruz, aunque esto es pura casualidad, supongo…

El caso es que la presencia del castelo lleva a pensar que el vaciado es la cantera de la que se sacó la pierda para la fortaleza. Pero no cuadra.

1- Las murallas exteriores del castelo suman unos 900 metros de longitud. Considerando una altura media de 10 metros y 0,5 metros de espesor del revestimiento pétreo, tenemos 4.500 m3. Aunque se hubiera usado una cantidad igual de piedra para el revestimiento interior de Santa Cruz, lo que ya es suponer,  el total no suma más de 9.000 m3. No llega ni por asomo.

muralal y foso norte

2- Y en realidad, lo más probable es que buena parte si no toda la piedra de Santa Cruz haya sido extraída de los fosos y laderas excavados a su alrededor y cuyas cicatrices son evidentes en la foto aérea de la zona norte, no edificada.

Fosos y excavaciones GE

3.-Pero es que no cuadra de ninguna manera. Las canteras tradicionales que conozco se articulan en pequeños bancales, de la altura de un hombre o menos, de escasa continuidad lateral, formando un conjunto bastante irregular en general. Es un sistema de laboreo que, independientemente de la cantidad de piedra extraída y de la mano de obra empleada, manifiesta siempre una misma teconología de carácter artesanal y una mínima organización del trabajo.  De hecho, la cantería ni siquiera está especialmente trabajada. Salvo en las esquinas de los bastiones, donde se usaron bloques bien escuadrados, el revestimiento general de las murallas de Santa Cruz es de cachotería muy irregular.

detalle de paño

Y los pequeños frentes de excavación bajo las murallas del Castelo de Santa Cruz son la evidencia de esa cantería tradicional.

paño y tajo

Esquina y tajo

O sea, que nada que ver con los limpios escarpes de hasta doce metros de salto vertical y ciento treinta metros de longitud que se ven en Funchidos. Funchidos parece cantería actual, del siglo XX, y de hecho, así viene señalada en el MAGNA.

magna

Pero no. Funchidos no es una cantera del siglo XX. Estaba ahí, tal cual, entre los campos de cultivo, en 1956, y nadie me ha sabido dar noticias de su origen. En realidad, Funchidos está tan olvidada que ni siquiera se habían percatado de su presencia.

Funchidos 1956

Y si no es actual, Funchidos solo puede ser romana. Los romanos sí excavaban tajos perfectamente verticales en las canteras y minas. Pero, ¿qué podrían haber sacado de allí? No pudo ser piedra, pues semejante cantera sólo podría justificarla una gran ciudad o infraestructura, de la que nada ha quedado. Las excavaciones están orientadas formando dos cuerpos rectangulares de dirección N60, lo que parece evidenciar una guía estructural, pero las son demasiado anchas, de 30 y 15 metros. ¿Qué clase de yacimiento sería ése?

Poco se puede ver desde el interior de la mina. Es casi imposible acceder, pues incluso han construído una vivienda dentro de la excavación, taponando su entrada por el oeste, y la mayor parte de los antiguos campos de cultivo están hoy abandonados y a monte.

hueco

Sólo a unos pocos metros del extremo de la mina al este, por donde hoy pasa la carretera que comunica la PO-552 A Guarda-Baiona con la PO-353 (Estrada do Castro) que va hacia va O Rosal, un pequeño rebaje del terreno para dejar sitio a la acera deja a la vista una serie de cuerpos esquistosos paralelos entre el granito greisenizado, todo cruzado por pequeñas vetas mineralizadas. El conjunto parece una aureola de contacto entre el granito y el metamórfico en anatexia, esto es, en fusión parcial. Es decir, una zona de posible interés minero.

aureola de contacto

Detalle

Ya veremos si hay posibilidad de hacer algún análisis.

70.- Madroñero de Cal y la evidencia de una minería galaico-romana de oro y miseria.

Entre los arqueólogos especializados en la minería no es muy popular el trabajo de A. Madroñero titulado: Una posibilidad de rastreo sobre el origen de la metalurgia del estaño en España: interpretación de los petroglifos gallegos desde la explotación y el comercio del estaño antiguo. Ni siquiera lo citan y es eviente su rechazo cuando alguien como yo lo recuerda. Puede que Madroñero se haya equivocado en muchos detalles, incluso en algunas generalidades, pero me sigue gustando mucho este trabajo, me parece que su planteamiento fue pionero y todavía, veinte años después, me resulta sugerente.

Lo que estos arqueólogos vienen a decir  decir de Madroñero es algo así como lo que se puede decir de la reconstrucción de la palloza del castro de Tegra, a la que le han puesto ventanas y hasta ¡soportal!: Sí, es muy vistosa, muy turística, muy atractiva, pero no representa excatamente lo que fue, ¡vamos, que les ha salido un chalet de planta baja!

santa-tecla-celtic-village

Tegra celtic cottage

Y ya puestos a criticar, aunque es de rigor meterse con la ventana, a mi lo que me chirría es el soportalito ése, en plan palloza de apart-hotel.

De luxe cottage apart-hotel

De luxe cottage apart-hotel

Es cierto, la reconstrucción de la coqueta palloza castreña de Tegra parece sacada de “una aldea gala que resiste ahora y siempre al invasor”, y fue construida aplicando criterios de vivienda actuales, criterios más que discutibles cuando se aplican a una edificación de un mundo tan ajeno como el castrexo. Pero hay que reconocer que la reconstrucción de la palloza del Tegra, por ingenua o forzada que parezca, tuvo y tiene su valor.

Por cierto, a algunos arqueólogos tampoco les gusta nada que se relacione las pallozas con las viviendas castrexas, pero ahí tampoco estoy de acuerdo. Al fin y al cabo, ¿no se caracterizan unas y otras por ser circulares, con muros de piedra y techos de paja? ¡Pues pallozas!

A lo que iba. En realidad, lo más importante que Madroñero hizo, aparte de interpretar los grabados rupestres como herramientas mineras, cosa que hoy está más que aceptada, pues aparte de esto, digo, lo que hizo fue subordinar los hechos arqueológicos a los imperativos de la tecnología metalúrgica. Es decir, Madroñero no fundamentó su hipótesis en un determinado hallazgo arqueológico, en lo descubierto en una excavación o en otra, sino que reordenó todas las evidencias arqueológicas disponibles para dar respuesta detallada al problema minero-metalúrgico que plantea en el NW ibérico la extracción y beneficio del estaño. Este planteamiento, claro, forzaba algunas evidencias arqueológicas al límite, pero también servía de piedra de toque contra muchas suposiciones gratuitas o pasadas por alto por el relato arqueológico inductivo. Y esta forma de hacer las cosas es la que me parece más valiosa del planteamiento totalizador de Madroñero.

Por ejemplo, hace una semana, hablando con un arqueólogo que presentaba una exposición sobre una villa romana excavada en Tomiño, me desconcertó la manera cómo enseguida zanjó cuando le decía lo difícil que me resultaba entender cómo explotaban los galaicoromanos el oro. Me miró sorprendido y me dijo algo así:

– Eso está perfectamente claro. No tiene dificultad ninguna, El oro no tiene metalurgia y lo concentraban mediante hidráulica. Ya lo explica Plinio, que incluso utilizaban tojos para retener las partículas de oro.

Sí, Plinio lo dice, pero ¿acaso alguien sabe hoy cómo hacer eso? ¿y era el procedimiento habitual? ¿sirve para cualquier tipo de depósito o era un método aplicable solo a grandísimas explotaciones como Las Médulas?

Plinio lo describe como una penúltima fase de la concentración, pero ¿qué grado de concentración previa habían conseguido? ¿qué tamaño mínimo de grano se puede separar con este método? En cualquier caso debemos entender que era más eficiente que el bateo manual, pero no sabemos cuánto, ni en qué sentido, si en el de la productividad por trabajador, por tonelada o en el de la producción total.

mina en Africa

mina en Africa

Responder a todas estas cuestiones prácticas, aparentemente menores, puede poner patas arriba cualquier supuesto arqueológico. No son detalles sin importancia, al contrario, la respuesta elegida comprometerá la interpretación general de las evidencias arqueológicas. Y es imperativo contestarlas, ya que son los parámetros que determinaron toda la organización social y económica alrededor de las minería del oro. Para mí, como para Madroñero, tiene sentido ordenar las evidencias arqueológicas de campo para tratar de contestar a estas preguntas, y no al revés.

mineria del oro en Costa de Marfil

mineria del oro en Costa de Marfil

La minería es un negocio de enormes costes fijos y por eso su historia está íntimamente ligada al nacimiento del capitalismo, porque esos costes fijos en el sistema capitalista requieren de una gran concentración de capital para hacerles frente. En otro sistema no capitalista, como el romano, por ejemplo, los costes fijos pueden tarducirse como patrocinio estatal. Sea como fuera, la rentabilidad económica es clave, pero los arqueólogos no se planetan apenas un análisis de costos y beneficios -de productividad- para intentar de ahí reinterpretar lo visto en el campo.

mina romana Rosia Montana - Rumanía

mina romana Rosia Montana – Rumanía

Y sigo con el ejemplo. Según esta página de Perú, un bateador puede tratar alrededor de 1 Tn/día de material. Desde luego carecemos de cualquier referencia de los bateadores romanos, pero puesto que es un trabajo manual que ha cambiado muy poco, la capacidad de los romanos no debió ser muy diferente, si acaso menor, ya que cualquier garimpeiro tiene hoy cedazos de malla metálica para separar fracciones que no tenían los romanos. Parece lógico pensar también que el sistema de selección por urces resultaba más ventajoso que el bateo manual -quizá también con una pérdida mayor de oro- pero como punto de partida, bien vale empezar por 1 Tn/día.

En Salvaterra de Miño, una de las pocas explotaciones para la que tenemos un dato de ley media, el contenido de oro se mide en unos 0,152 g/Tn, y eso significa una producción anual por bateador de unos 55 g de oro. No hay que olvidar que la además de separar el oro, los depósitos secundarios requieren un intensísimo trabajo anterior de excavación y disgregación de las partículas, trabajos de los que forman parte la tan famosa ruina montium y los otros métodos que Plinio describió y que habría que sumar al bateo en sí. Así que supongamos que la productividad que ganaban con las urces y el bateo hidráulico en agogas la empleaban en las labores previas de machaqueo y disgregación. Total, que nos quedamos con 55 g/año por trabajador.

sulfuros oxidados en Os Buratos

sulfuros oxidados en Os Buratos

Vamos ahora a un yacimiento en primario. Pongámonos en O Burato. Pongamos que los galaico-romanos echaban el ojo a un filón y querían saber si tenía oro. ¿Cómo lo hacían? Pues igual que en secundario, machacando y tamizando una muestra (el segullo de Plinio), con un poco de agua y una batea. Vale. Parece fácil. Pero vamos al detalle. Pongamos que usaban una batea de 8 kg. Si consideraban una ley de corte de 3 ppm, tendrán que encontrar 0,024 g de oro. que es, más o menos una pepita de 1,3 mm de diámetro. Pero eso sería tener mucha suerte, pues en O Burato el oro se encuentra en forma de pequeñas partóiculas de oro, probablemente con forma de laminillas, aunque no tenemos ese dato ni conocemos su tamaño. Así que bien pudieran ser unas veinticinco laminillas de 1 mm  de largo (y 0,5 mm de ancho por 0,1 mm de grueso), o quizá unas cien de 0,064 mm de largo, que es el tamaño mínimo de la arena, o quizá unas ochocientas de 0,032 mm, que es un limo grueso. El tamaño de partícula es fundamental, pues para liberar el oro hay que pulverizar la roca hasta el mismo tamaño que la partícula de oro y entonces podremos separarlo por densidad. En los ríos, la mayor producción de un bateador se concentra en forma de partículas de tamaño de arena fina o limo grueso, así que un machaqueo a 0,064 mm parece necesario.

La Ley de Bond nos permite calcular el trabajo  empleado en este machaqueo, que para  1 Tn de granito/cuarzo a 0,064 mm será de unos 17 kw/h. Contando entonces que el gasto energético del trabajo manual es de unos 0,075 kw/h , resulta que machacar los 8 kg de la batea a 0,064 con una eficiencia del 0,9 % le llevaría al minero galaicoromano unas dos horas y diez minutos, y una hora más, 190 minutos, si machaca a 0,032 mm.

Pongamos ahora que nuestro minero galaico-romano ha encontrado oro a 3 ppm, justo en el límite de lo aceptable, y deciden explotar el filón, que tiene unos 20 metros de largo y unos 50 cm de ancho. ¡Buena suerte, justo el ancho de un hombre!  En total, 10 m3 de roca por cada metro profundizado. Eso son unas 26 Tn de granito, por 3 ppm, unos 78 gramos de oro. Si machaca a 0,064 mm, el machaqueo le llevará 7.166 horas, un año, once meses y dos semanas ininterrumpidas de trabajo de un hombre a jornadas de diez horas; si lo hace a 0,032 mm el tiempo empleado será de 10.244 horas, dos años y diez meses. Habría que añadir a este trabajo el bateo de las 26 Tn a 1 Tn/día, pero esto sería ya pecata minuta. El resultado de tanto esfuerzo eran unos 40 g de oro por hombre y año en el primer caso y 27 g en el segundo. Por supuesto, minando solo los filones más ricos se aumentaba la productividad por hora trabajada, pero a costa de la producción total. A leyes de corte de 6 ppm, por ejemplo, en O Burato la producción total se vería reducida a menos de la mitad, al 43 %. Y todo esto contando con que todo el oro de O Burato estuviese en forma de partículas mayores que el tamaño mínimo de machaqueo.

40 g de oro eran 5 áureos de Augusto, 125 denarios, media anualidad de un legionario raso poco más o menos. 40 g de oro era el jornal de cuatro meses de un bracero libre, el precio del esclavo más ruín en tiempos de guerra, cuatro o cinco meses de alquiler de un apartamento barato en Roma.  40 g de oro al año era el 21-48 % de la renta percápita media estimada para el Imperio. Y eso que estoy comparando producción con renta. A los 40 g habría que restar los costes de la propia manutención del minero y otros muchos costes asociados, como por ejemplo, la vigilancia y dirección de las minas. Si estas cuentas son más o menos correctas -y yo creo que más o menos lo son- hay que admitir que la minería galaico-romana del oro era una minería apenas de subsistencia, de absoluta miseria, de trabajos forzados, de explotación, de esclavitud.

Como Madroñero, yo creo que la arqueología está obligada a contestar a estos imperativos generales, estos límites materiales que impone la metalurgia, la técnica minera o la geología de los yacimientos, y que hay que reordenar las evidencias arqueológicas, todas parciales, locales, circunstanciales, a esta gran razón económico-minera.

No se trata de hacer un materialismo cultural, más bien al contrario, se trata de no caer en el materialismo de lo excavado, el materialismo del yacimiento. Si al desenterrar las villas romanas o los castros galaico-romanos no aparecen las cadenas no será que no existían, sino que eran más sutiles, que no dejaron un rastro material, o bien que no estamos interpretando  bien lo que vemos. ¿Qué clase de miserables eran aquellos mineros? ¿Cómo los sujetaban los romanos al penoso trabajo de las minas? ¿Cómo organizaron todo aquel inmenso campo de trabajo forzado que fue el NO ibérico?

La minería galaico-romana era ocupación antieconómica para un hombre libre y solo tenía sentido como carga de servidumbre o por interés político.  De hecho, ésta es la explicación que le dio Floro.

Así pues mandó que se explotase el suelo. Con ello los Astures, explotando la tierra esforzadamente, comenzaron a darse cuenta de sus recursos y rquezas, aunque en principio tratan de adquirir todo esto para otros

Esta condición miserable de la minería del oro también está implícita en Plinio.

Por lo demás, los montes de Hispania, áridos y estériles y en los que no crece ninguna otra cosa, son forzados a producir esta riqueza

Plinio y Floro nos hablan de un orden económico puesto al servicio del orden imperial. Y sí, ninguno de ellos habla de esclavitud, como Diodoro o Estrabón, de modo que no serían exactamente esclavos, pero eran igualmente forzados.

Veamos el problema desde una óptica económica. Probablemente los mineros no generan ni su propia manutención, así que malvivían en una economía de subsistencia, más aún, subsidiada. Y aquí está la clave: subsidiada. Si el emperador se quedaba con el oro ¿cómo subvencionaban entonces los romanos esta minería? Es decir, ¿cómo la alentaban?

La respuesta evidente es con violencia, y sí, desde luego, o con su amenaza, con el recuerdo de las guerras pasadas. Pero si Augusto no quería exterminar a los indígenas, si quería construir la paz, necesitaba llegar a algún tipo de acuerdo con ellos y ofercerles una contraprestación por su servidumbre. Por las descripciones de Plinio, el relato de Floro e incluso por las evidencias arqueológicas parece que sí, que hubo pacto, que los indígenas aceptaron la contraprestación de Augusto como pago de sus esfuerzos.

Lo que yo veo al pasear por los montes de Tomiño es una minería indígena, dispersa, extensiva a la vez que intensiva, imposible de controlar por policía alguna, una minería pobrísima en cuanto a las leyes mínimas minadas y realizada para maximizar la producción. Así que yo no creo que los  romanos estuvieran directamente comprometidos en la gestión de las minas y que se limitaban a fiscalizarlas.

Así que sí. Sí fue la munificiencia del emperador la que pagó la minería del oro, pero no con dinero. Era munificencia al estilo romano. Augusto no querría poner un legionario tras cada minero, aunque tampoco querría que otro se quedase con el oro. ¿Cómo podía hacerlo el emperador? Pues a a través de su propia clientela, integrando a los locales en ella.

divinidad galaico-romana

divinidad galaico-romana

El oro era entregado a los romanos, se exigía una producción y era pagada. Y esta aportación de oro era a su vez compensada mediante integración en el sistema de privilegios romano, es decir, otorgándoles derechos políticos, primero como clientes, y más tarde incluso como ciudadanos, cosa que sucedió con el gobierno de Vespasiano. Quizá lo de Vespasiano fue un tanto accidental, pero en cualquier caso nos habla del del éxito absoluto de este plan de integración diseñado por Augusto y basado en la minería del oro.

Vespasiano

Vespasiano

El NO hispano –montañosoárido y estéril, en el que no crece ninguna cosa–  carecía de cualquier interés para los romanos salvo el de dominarlo y el oro fue la herramienta económica que emplearon para hacerlo. Un oro que los nativos pagaron con su sangre. La intensísima y extensísima minería aurífera de Gallaecia y Asturica fue la clave para integrar a los locales en la economía romana primero, a través de ella en el sistema de relaciones clientelares y por último en su sistema político de derecho, su propia ciudadanía, que les fue concedida por Vespasiano junto al resto de la Península.

La herencia de todo aquello es larga. Gallaecia/Galicia es hoy la única entidad territorial peninsular que sigue existiendo como entidad política con su nombre romano. Gallaecia/Galicia es un relicto histórico, uno de esos patrimonios inmateriales que se llaman ahora, un legado cultural de dos mil años de antigüedad. Pero este país nació como un inmenso campo de trabajo, un pozo de miseria e inmensas riquezas. Y mucho me temo que llevamos el nombre de los capataces de aquel campo…

 

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Carcavas mineras Radovin 2

65. Un castro, quizá dos, o tres, y hasta minas romanas en el Adriático. Alrededores de Zadar. Croacia.

Este verano pasé unos días en Croacia. Desde la carretera, camino de Pag para probar su famoso queso, unas siluetas me resultaron familiares. Eran las típicas plataformas castreñas, bien evidentes en el pelado paisaje de la zona.

Liube Castrum

Ni me paré a hacer foto, pero de regreso no pude dejar de buscar en Google Earth y ¡sí, allí estaban, no dos, sino tres asentamientos!

castros de cabo Ljubljana

Y mi sorpresa fue mayor aún al ver que una de ellas llevaba el nombre Castrum Liube, tal y como se la conocía en el siglo XIII, cuando una fortaleza templaria de la que hoy quedan apenas unos muros de su iglesia se levantaba sobre este antiguo castro. La población del castro Gliube o Liube, en el cabo Ljublanja vivió unos siglos de esplendor como disputada base comercial hasta ser completamente abandonada por los venecianos en el siglo XVII.

ruinas medievales de Liube

Como quiera que fuese, templaria, napolitana o veneciana, el topónimo denunciaba a las claras su inicial hábitat romano. Una plataforma secundaria al sureste del castro señala quizá un poblamiento medieval de los buenos tiempos, y entre ambas se conserva todavía bien marcado el foso defensivo del castro. para que os hagáis una idea, de parte a parte, lla línea roja tiene 330 metros.

Castrum Liube

Bueno, aquí os dejo imagen ampliada de la segunda y tercera plataformas, situadas a 0,8 y 1,6 km al sureste de Liube y de unos de 130-150 metros de diámetro cada una, es decir, muy semejantes en tamaño al Castrum Liube.

Posible castro al suroeste de Liube

posible tercer castro al sureste de Liube

Por supuesto, al ver estos tres castros tan potentes y próximos no pude dejar de recordar los relatos de Plinio al describir el oro del Imperio en el Libro 33:

Por un golpe de suerte poco frecuente, a veces [el oro] se encuentra directamente en la superficie de la tierra, como hace poco en Dalmacia, durante el principado de Nerón, obteniéndose por día hasta 50 libras. Cuando de este modo se encuentra el oro en la superficie del suelo, lo llaman talutio, si también se encuentra debajo tierra aurífera. Por lo demás, los montes de Hispania, áridos y estériles y en los que no crece ninguna otra cosa, son forzados a producir esta riqueza

 ¿Habría minas de oro en las proximidades? Pues yo creo que sí, unos 8 km al sureste de Castrum Liube se encuentra la aldea de Radovin.

Monte al norte de Padovin

Fijaos en las cárcavas del monte al norte del pueblo, son estas:

Carcavas mineras Radovin

Y ahora fijaos en la extraña forma circular todavía más al norte.

Monte al norte de Padovin 2

O este vaciado en la cima de un monte como 1 km al sur:

mina en cima de monte de Radovin

El cuadrado azul es una señal de foto de Panoramio, en concreto, ésta:

Carcavas mineras Radovin 2

Supongo que la evocación a las Médulas está clara. Hay más cosas, pero, por el momento, esto es lo principal. Creo que todo estos restos son huellas de minería romana, aunque no he encontrado ninguna referencia. Intentaré  saber más.

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filones auríferos en O Burato

63. O Burato dos Mouros III. El oro.

¿Cuánto oro sacaron de O Burato dos Mouros, en Tomiño?

Para calcularlo he repasado los datos de IGME, que hizo quince sondeos en la zona. No aparecen reflejados TOM14 y el TOM15, junto a TOM1, y TOM16, junto a TOM9. El IGME no da los resultados de TOM5

En O Burato, el oro se concentra en una serie de filones de 20-25 metros de longitud máxima, dirección media N70/80, es decir, elongados en dirección N70 y buzando (inclinados) 80º hacia el norte. En los Los quince sondeos cortaron 788 filones mineraliados de 0,4 metros de potencia media con cantidades variables de oro entre 0,01 y 80 ppm.

El informe del IGME, concluye que el yacimiento de Alto de Pozas, que es como llama al yacimiento de Burato, contiene 140 cuerpos mineralizados tabulares con una masa total de 140.000 Tn y un  contenido en oro de 3,5 ppm, total, 490 kg de oro. Por desgracia, estas cuentas no nos sirven de nada. El contenido en oro explotable es una medida relativa que depende, para empezar, del volumen considerado.

En el cuadro de arriba están los contenidos en oro para cada sondeo por secciones de 50 metros en horizontal y dirección N160, perpendicular a la dirección media de los filones. La explotación romana sigue una dirección N170. Para resumir, vemos que en casi todos los sondeos el primer tramo de 50 metros es el más rico en oro, variando entre 0,02 y 0,61 ppm. La media de 0,29 ppm de oro es así una buena aproximación al contenido global de oro en los 50 metros superficiales en el área cubierta por los sondeos.

De cualquier manera, el oro nunca está diseminado de modo homogéneo. Ya en el primer tramo, el más superficial, el filón más rico medido por el IGME dio un contenido de 80 ppm, muchos no dieron nada, y 169 de los 362 que dieron algún contenido en oro tenían menos de 1 ppm. En definitiva, el contenido de oro depende de la concentración y la anchura o potencia de cada dique, por eso, dique a dique, alguno con menor concentración puede contener tanto oro como otro con menor contenido en oro, simplemente porque es más gordo (más potente).

En resumen, la distribución de contenido en oro sigue una función de probabilidad, y unos pocos filones acumulan una buena parte del oro total, mientras la mayoría apenas suma un pequeño porcentaje.

Si prestáis un poco de atención al gráfico, veréis que el 10 % de los filones acumula más del 40 % del oro total. Seguro que a muchos os suena el índice de Gini, que se aplica a la distribución de la renta de los países y sirve para medir la desigualdad en los ingresos. Pues bien, si estuviéramos hablando de un país (y descontando los filones que no tienen nada de oro) , el índice del yacimiento de O Burato sería de 41,6, similar al de Rusia o Qatar. España anda por el 35 y US por el 45.

Insisto en esta cuestión porque es muy importante y es necesario entenderlo para comprender la racionalidad de la minería antigua o moderna. Ahora expreso la misma idea en un colorido gráfico de sectores.

Está claro. A los romanos les bastaba excavar el 5 % de los diques más ricos de O Burato para extraer el 26 % del oro total. Si daban  con el 10 % más rico, sacaban el 46 % del oro total, si localizaban el 20 % más rico, obtenían el 58 %, minar un 10 % más de filones ya solo elevaba la cifra al 67 %.

Es la ley de rendimientos decrecientes: pronto se llega a un punto en que los esfuerzos añadidos por agotar el yacimiento no compensan.

La cuestión es, claro, dar con los mejores filones y con la mayor concentración de buenos filones, pero lo cierto es que que sí, los galaico-romanos dieron con ellos. Veamos.

El oro de O Burato no está a la vista. Se encuentra como oro libre y oro incluido en la calcopirita, y también en pequeñísimas inclusiones dentro del cuarzo. Y no hay manera de saber si un filón tiene mucho o poco oro, o nada, antes de machacar, triturar, separar y concentrar y reconcentar los minerales pesados. Cuanto más pequeñas las partículas de oro, más hay que machacar para poder separarlo. También se pueden cocer los sulfuros en hornos para oxidarlos y poder recuperar el oro, previo machaqueo, por supuesto. Pero ningún resultado puede anticiparse antes de hacer estos trabajos, como bien señaló Plinio.

Y sin embargo, de las investigaciones y trabajos del IGME se deduce que los galaico-romanos hicieron esta labor ingente de exploración previa. No iban a ciegas. Tras todas las investigaciones y trabajos del IGME para localizar las zonas de mayor potencial de oro en primario entre O Miñor y el Miño al oeste de Tui, resultó que la zona con mayor potencial era precisamente esta de O Burato, justo donde se encuentra la mayor mina romana en primario de la banda metasedimentaria O Rosal-Monteferro.

Y lo que se puede concluir de los abundantes restos mineros de estos montes de Tomiño y Oia, diseminados aquí y allá, la mayoría muy pequeños, pequeñísimos, apenas perceptibles, ignorados precisamente por su pequeñísima entidad, es que los galaico-romanos hicieron una investigación minera exhaustiva por toda la zona.

La mayor parte de estas labores de prospección se han perdido o aparecen escondidas entre las irregularidades de unos montes arrasados por siglos de explotación salvaje, una rapiña que continúa hoy día a una nueva escala gracias a las máquinas excavadoras y un sistema de gestión y explotación forestal irracional y tercermundista. Pero todavía quedan algunas. Es necesario inventar una microarqueología minera para dar con estas últimas huellas de la microminería exploratoria romana, unas huellas que nos revelan de las técnicas y capacidad minera romanas tanto al menos como esas otras grandes explotaciones que centran la atención pública y especializada.

Y termino. ¿Cuánto oro sacaron los galaico-romanos del O Burato? Pues ahí van las cuentas. Primero, el área de exploración, una franja de 2000 metros de longitud con una anchura media de 50 metros. Total, 10 Ha; es una medida prudente de la extensión mínima en la que se localizan las huellas de filones excavados.

Y como según los trabajos del IGME el contenido de oro en superficie es de unos 0,29 ppm,  tomando una densidad media de 2,6 Tn/m3, tenemos que en ese área hay un total de 75,4 kg de oro por cada metro de profundidad. ¿Cuánto de esta cantidad sacaron los galaico-romanos?

Como vimos, les bastaba dar con el 5 % de los filones más ricos para extraer el 26 % de esa cantidad, y si daban con el 10 % más rico, minaban el 42 %. La superficie de las excavaciones principales de O Burato se extienden a lo largo de unos 500 metros con una anchura media de 40, unas 2 Ha, y fuera de este área central hay decenas de filones excavados, así que suponer que minaron el 20 % más rico no resulta descabellado. Si hablamos de concentraciones, esto significa que minaron leyes por encima de ¡¡¡3 ppm!!! En oro total, eso es el 58 % del yacimiento, unos 43,7 kg por metro excavado. Considerando una excavación media de 4 metros de profundidad, el total minado de O Burato pudo elevarse a cerca de 160 kg de oro, unos 20.000 áureos de augusto, lo suficiente como para pagar la soldada anual de dos mil legionarios, media legión.

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escombrera ladera abajo de Cova da Moura

62. Cova da Moura y otras minas en O Tetón

La Cova da Moura, en Sanomedio, en Tui, en una zona de petroglifos y mámoas, es una abertura en el granito de dirección N35 y unos 30 metros de longitud, aunque su huella -una ligera hendidura en el terreno- puede seguirse a lo largo de otros cincuenta metros ladera abajo, al menos.

En la imagen de arriba, tomada desde el sur, se ven las tres pedradas que dan cumbre al monte de Sanomedio. La Cova se encuentra al pie de la pedrada de la izquierda.

Patrimonio catalogó en su día esta Cova como una mina de edad indeterminada, con el identificador GA36055008.

Como se aprecia en la imagen de GE, la orientación con que el PXOM de Tui dibuja la “Cova” no es correcta:

La orientación de la Cova es N35 no N70, lo que es importante, pues hay quien cree que esta hendidura es natural, que es una gran diaclasa abierta, como tantas otras. Pero no.

La verdad, a simple vista no hay mucho en la propia hendidura que manifieste un origen minero o natural, pero a veces las evidencias hay que buscarlas alrededor. Por ejemplo, en el diaclasado dominante, N130 y su conjugada N60.

Y, también, por esto, un depósito de clastos de cuarzo fracturados la mayoría en forma de lajas, una pequeña pero muy interesante escombrerilla minera rellenando una especie de surco excavado en el granito alterado.

La escombrerilla está unos 320 metros al este de A Cova da Moura, ladera abajo pero lo bastante lejos como para indicar una primera selección y acarreo desde la mina o bien origen diferente, de otra excavación minera en la zona aún no localizada

A Cova da Moura no es una explotación aislada; en el vecino monte Tetón, ya en Tomiño, se encuentra el yacimiento de Chans de Tebra, identificado como una explotación minera romana (GA36054044).

Por abajo, la excavación de Chans de Tebra está retocada por excavaciones recientes, una muy reciente de la CCMM de Tebra para acondicionar un aparcamiento de autobuses. Mucho Ecoparque Arqueolóxico pero en la desfeita la de Tebra es como todas. Por lo demás, una cerrada vegetación dificulta el paso y hasta la vista de la excavación.

En su extremo superior la excavación está coronada por la cicatriz de un pequeño deslizamiento de tierras, algo habitual en estas laderas.

El caso es que por arriba o por abajo, lo que se ve tiene poco aspecto de minería metálica, ya que resulta difícil decidir cuál es la dirección de las vetas o filones minados y más parece una pequeña cantera de áridos que otra cosa. Pero ahí está, y tampoco está sola.

Unos 700 metros en dirección N35 de Chans de Tebra está el monte Tetón, y en su cima, a la verita del penedo que la corona, una zanja excavada en roca de unos 40 metros de dirección muy similar a Cova da Moura. Esta zanja está catalogada por Patrimonio como un yacimiento minero de edad indeterminada (GA36055009). Es la rayita roja al lado derecho del límite municipal en el mapa de planeamiento de Tui, la segunda imagen de esta entrada.

La zanja apenas está marcada en el paisaje, se encuentra rellena y modificada por viejos caminos y la típica cantería en diseminado, cuyas señales más evidentes, las marcas de cuñas, pueden verse por todas partes. Pero lo cierto es que en el entorno del Tetón no hay una zanja, sino tres, al menos.

Un poco al oeste de la zanja GA36055009, catalogada por Patrimonio como de edad indeterminada, se puede ver una zanja muy similar aunque en dirección N70.

Y al otro lado, en dirección N30, se encuentra la tercera zanja, bien visible y de la que se conserva incluso la escombrera. Esta zanja tiene unos 40 metros de longitud, aunque puede que se extendiese algunos metros más hasta el penedo del Tetón, aunque esa parte aparece hoy enmascarada por el camino y la vegetación.

La cuestión como siempre, es ¿qué clase de minería estamos viendo? ¿romana o moderna? ¿Con qué criterios relacionamos unas con otras?

La propia duda dice mucho sobre la capacidad minera antigua y el carácter artesanal de mucha minería moderna en Galicia, incluyendo, por supuesto, la última fiebre minera de Galicia, la del wolfram. En Galicia y en toda la Península la minería moderna se superpone sobre la antigua romana, y en muchas ocasiones resulta muy complicado decidir donde empieza una y donde acaba la otra, más aún cuando en ambos casos las zanjas se abrieron a pico y pala. En cualquier caso, las respuestas han de venir del análisis de las mineralizaciones explotadas y del estudio de las escombreras.

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61. Últimos indicios de minería (antigua y moderna) del IGME-93 en la Reserva Estatal Tomiño.

Son los últimos indicios mineros señalados en el trabajo del IGME de 1993 que me quedaban por revisar. Ahí van.

Al norte de este mapa los indicios estaban todos vistos. Eran, básicamente el Burato dos Mouros (1,2) y la colección de indicios entre Pinzás y Vilachán.

Ya en el mapa, empiezo por los cuatro indicios de la zona 1. Vamos al detalle:

Los he numerado de norte a sur de 1 a 4. En todos ellos el IGME señala Au, o sea, que son indicios de minería aurífera. Los cuatro se alinean sobre el curso del río Margaridas, que en este lugar sigue la traza de una falla de desgarre, como ocurre con estos cuatro, o con los señalados como números 6, 7 y 8 de aquí, o este que se señala en el mapa como destruido? por una plantación de kiwis y que estaría sobre la misma falla que los que ahora paso a comentar.

El 1 se encuentra – o mejor, no se encuentra- en el entorno de una bonita cascada del río Margaridas. Por allí debería estar, pero el caso es que no vi nada de nada. Ya puesto, decir que en las proximidades hay un curioso petroglifo GA-36054077 llamado Regato das Margaridas y que, en efecto, parece un mapa del río. No tengo una foto del petroglifo pero si del salto de agua en el lugar, que os dejo.

Tampoco pude dar con el indicio 2, unos 100 metros río abajo del indicio 1, en una zona que la toponimia identifica como Covechos. Desde luego no debe ser una excavación muy grande, que tampoco aparece en los mapas de pendientes. ¿Un pozo, una galería, quizá? Misterio.

El indicio 3 es una labor moderna, una zanja de unos 3 metros de ancho por siete de longitud excavada contra la ladera, alcanzando una altura máxima de unos 2,5 metros. Los escombros se encuentran en la boca de la cata. La foto está tomada desde encima de la cata.

La dirección de la excavación es aprox. N340, apuntando justo a un pequeño salto en en regato de Margaritas, a unos 30 metros, y en este salto es posible ver restos de la típica desfeita, con las rocas del lecho del río quebradas.

Para terminar, el indicio 4, también moderno, consistente en dos zanjas cruzadas en ángulo recto formando una T más larga que alta. La zanja principal, de unos 20 metros, apunta al N, y la otra, de unos 7, al este. Como las anteriores, se dispone en el curso del Margaritas y la principal sigue la traza de un gran dique de cuarzo visible en el lecho de un pequeño regato que afluye al Margaridas.

Resumiendo: cuatro indicios auríferos, dos modernos y dos que no pude encontrar. Al menos el número 2, en Covachas, tiene pinta de haber sido minería antigua, por el topónimo.

Y ahora, con los indicios de la zona 2.

La Mina Palmira o Estrella estuvo en funcionamiento entre los años 1945 y 1950 y extraía estaño en los alrededores de Vilachán. Debía de ser una cosa casi artesanal, por la entidad de los trabajos. Los puntos negros que señalo en el mapa son las labores de esta mina que la Consellería de Industria localizó para su sellado y evitar accidentes. Se trata de zanjas de 9 a 40 metros de longitud, 1 o 2 metros de ancho y de 3 a 5 de profundidad, además de una excavación de 10 * 12 * 4 metros. Las labores superficiales que se describen suman 1.640 m3, menos que una piscina olímpica. También hay varias galerías de las que no se dan volúmenes excavados.

De esta vieja mina se conserva una construcción que debía albergar las oficinas y talleres, además de los lavaderos y el cargadero.

Las señales del círculo blanco con los martillos caídos son los indicios de labores abandonadas del IGME. Salvo al de la Mina Palmira, el resto son indicios de minería antigua de oro y ya están tratadas; las tres al norte de Vilachán aquí, y las del sur, aquí.

Indicio de la zona 3.

En la zona 3 el IGME solo señala un indicio, pero extendí la caja para mostrar también la mina do Arroio, en la misma banda esquistosa en contacto con el granito. El indicio del IGME, al sur, se encuentra en el contacto entre la banda de esquistos de Moteferro, que es la banda estrecha de color marrón, y los micasquistos de Argallo, inmediatamente al este. Este indicio está en la misma posición geológica que los de la zona 1, salvo que aquí el ITGE no lo asocia a ninguna falla de desgarre. La mina do Arroio se localiza entre el granito, en rosa, a la izquierda, y el complejo esquisto grauváquico de edad cámbrica, que es la banda amarilla a su derecha. En cualquier caso, las labores de ese indicio se disponen, como es habitual, en sentido N-S.

Que el oro aparezca siempre en filones en fallas o zonas de contacto entre el granito y los esqueistos tiene una explicación sencilla, aunque responda a un proceso complejo. En origen el oro estaba en los esquistos en concentraciones bajas, pero fue la intrusión de los granitos lo que removilizó este oro diseminado en los esquistos y lo concentró en la red de filones dispuestos alrededor de la zona de contacto entre granitos y esquistos.

El indicio es una zanja de perfil irregular y 150 metros de larga. En algunos puntos tiene aspecto de haber sido reexcavada o modificada recientemente.

Como curiosidad, por el oeste de la mina corre un viejo camino de carros que dejaron sus huellas impresas en la roca.

Y ya, la zona 4.

En esta zona 4, al oeste y sur del monte Pedrada se localizan los tres últimos indicios del IGME por describir.

No tardaré mucho con estos tres. El situado más al norte, no lo encontré. En el lugar apuntado, el arranque de una pequeña vaguada, lo único que se puede ver es un buen amontonamiento de rocas, nada extraordinario, en definitiva.

El indicio situado más al sur tampoco lo encontré. Nada raro, pues ahora el lugar está arrasado por las terrazas de un enorme viñedo, el mayor de Rías Baixas.

Y el último indicio, al suroeste, es una labor de exploración moderna. Son dos pequeñas zanjas en ángulo recto que conducen a una galería. En la misma ladera se pueden ver las escombreras de los materiales excavados.

El IGME no hizo ni caso de las zanjas y galerías de explotación de estaño de la mina Palmira, pero sí señala ésta galería y otras pequeñas zanjas modernas junto con las antiguas como indicios de oro. Como conté en una de las primeras entradas, cuando solicité al IGME las fichas de estos indicios la respuesta fue que que eran confidenciales. Quizá no tenían ganas de buscarla o quizá la perdieron, a saber. Pero ahí están y éstas son.

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aureo de Augusto

45. El oro del NO hispano y la política romana, II. El Imperio.

El principado de Augusto. 

Las guerras cántabras fueron para Octaviano una campaña de propaganda y justificación. La rapidez con la que las inició deja bien claro que las tenía ya  previstas a la muerte de Marco Antonio.Y de la misma manera, en cuanto venció a los astures en el monte Medulio, se dio no poca prisa en volver a Roma y encumbrarse como Augusto, iniciando su principado aunque la guerra durara todavía otros ocho largos años. Mi opinión es que Octaviano usó esta pequeña guerra de conquista para adquirir un prestigio de benefactor de la República que una guerra civil no podía darle.

Como tantos otros antes que él, Octavio/Octaviano/Augusto sometió a los bárbaros para Roma y ensanchó el imperio. Por grandes guerreros que fueran astures y cántabros, no eran más que un simple reducto, y la guerra contra ellos mucho menos arriesgada que, por ejemplo, contra los bárbaros germanos, britanos o la lejana Partia. Pero además, desde la perspectiva romana, la total conquista de Hispania remataba una aventura en la que tantos grandes generales se habían empeñado, incluyendo a su propio padre político, Julio César. De algún modo, Augusto remataba en Hispania la expansión republicana y la propia historia de la República.

Cayo Julio César Octaviano inició la conquista del último reducto no romano de la península Ibérica el año 29 a.C., a la edad de 33 años, y en los diez años siguientes el ejército romano venció y sometió primero a los astures y después a los cántabros, pueblos ambos que habitaban la cordillera Cantábrica hasta el mar y  sus estribaciones hacia el Duero por el sur. Cuando la guerra se dio por finalizada Octaviano era príncipe y emperador de Roma, con el nombre de Cayo Julio César Augusto.

Muchos autores han incluido Galicia como parte de las conquistas de Augusto y muchos manuales y publicaciones todavía muestran mapas con el avance cronológico de la ocupación romana que mostrándolo así.

Pero ni las crónicas ni los yacimientos arqueológicos ofrecen indicios de operaciones militares en el territorio de la Galicia actual. Como avancé en la entrada anterior, mi opinión es que pese a que Julio César no dejó establecimientos militares al norte del Duero tras su campaña marítima, logró al sumisión de los galaicos y su integración económica al mundo romano a través del comercio con Gades.

Gallaecia, que constituía el flanco occidental de las operaciones de Octaviano, se mantuvo leal a Roma y por ello cuando el futuro emperador venció a los últimos guerreros Astures refugiados en el monte Medulio, dividió la Provincia Ulterior en dos: Bética y Lusitania, quedando la Gallaecia junto a la Astúrica recien conquistada dentro de la Lusitania. Al fin y al cabo, los romanos entraron en contacto con Galicia, por mar o por tierra, desde el sur, a través de la Lusitania.

La lealtad de los galaicos habría tenido sus premios y honores, como la construcción de la Torre de Hércules y las Aras Sestianas, pero de modo más práctico se dejaría notar en la continuidad de las élites locales y estructuras sociales y en algunos otros privilegios.

De lo primero, sería prueba el mantenimiento de la organización territorial estructurada en torno al castellum, el castro, que es totalmente singular y exclusiva de la Gallaecia, y se mantuvo hasta finales del siglo I, con la llegada de la dinastía flavia. Aunque en Asturica e incluso en Cantabria también había castros o castella, allí la organización administrativa territorial se estructuró en relación con la gens, los pobladores, sin mayor precisión. Algunos autores creen incluso que la cultura castreña de Gallaecia vivió su esplendor en las primeras fases de la ocupación romana, en torno al cambio de milenio.

De lo segundo, Lucus Augusti, Lugo, es el único de los 43 municipios hispanos establecidos por Augusto en el cuadrante NO de la península, siendo los más próximos a Lugo, Ébora, por el sur o Calagurris (Calahorra) por el este, cualquiera de ellos a más de 500 km de la Gallaecia. El privilegio galaico sobre el NO peninsular se mantuvo a lo largo de la dinastía julia, y de los 21 municpios establecidos por los sucesores de Augusto, el único situado dentro del cuadrante NO peninsular, Claudionerio, estaba también en la Gallaecia, quizá cerca de padrón o Santiago. Los otros más cercanos al NO peninsular fueron los de Clunia, Uxama, y Termes, en la actual provincia de Soria.(Aquí, página 51)

Estos privilegios municipales y prerrogativas de Gallaecia, una región nada urbana, por otra parte, mantuvieron la impronta administrativa de esta región, que asoma de modo brevísimo entre la victoria del monte Medulio y el regreso de Augusto a Hispania en los años 15 a 13 a. C. y reaparece en la Hispania nova citerior Antoniniana de Caracalla a principios del silglo III, o en la oscura provincia Hispania superior, y sería definitivamente confirmada por la reforma de Diocleciano hacia el 284-88.

Como dije también, el Imperio Romano no tenía una frontera precisa como las actuales, y más bien hay que pensar en áreas de influencia, ejercidas las más de las veces mediante pactos y vínculos personales. Y estos vínculos y pactos, heredados y transmitidos de generación en generación, funcionaban también dentro de las fronteras del propio imperio dando solución de continuidad a la primacía política de la Gallaecia en el cuadrante NO peninsular para emerger, al cabo de los siglos, como provincia por derecho propio y con una influencia creciente hacia el este, llegando el obispo Hydacio a escribir que el emperador Teodosio había nacido en la Gallaecia porque lo había hecho en Cauca, la actual Coca, en la provincia de Segovia.

Todo esto tiene relación con la minería porque, quizá, si es que el proceso de romanización de la Asturica se hizo, al menos en un primer momento, bajo tutela administrativa y política de una Gallaecia más romanizada e integrada en el Imperio, quizá mediante una dependencia clientelar, y que mantenía unas relaciones comerciales de siglos basadas en la minería del estaño, es razonable pensar que las rutas de exploración y explotación minera hubieran ido de oeste a este, y no de este a oeste. Lo que digo es que lo razonable en este caso es que la exploración y explotación minera de la Asturica hubiera sido aboradada desde el mar hacia el interior, remontando los ríos, empezando por el Miño o el Sil.

Desde los trabajos de Domerge, en los años 60, el estudio de la minería aurífera romana en Hispania se ha centrado en la zona oeste de Castilla y León, focalizando el interés público hacia las extensas explotaciones de Las Médulas, en la cuenca del Bierzo, las mayores de la península y puede que de todo el Imperio. En los últimos años se han ampliado las investigaciones hacia la comunidad de Asturias y, en menor medida, hacia Galicia, pero la propia dinámica de los descubrimientos y la menor entidad de las minas de la zona litoral parecen colocarlas en una relación de dependencia, o quizá de subordinación, de las leonesas. Así, Sánchez-Palencia y su grupo del CSIC situan los inicios de minería aurífera de todo el NO en relación con los vestigios arqueológicos de esta zona, fechándolos hacia el final del reinado de Augusto, hacia el año 15 d.C. Brais Currás, arqueólogo de este grupo, en su trabajo sobre la minería del Baixo Miño, avisa que no existe ninguna huella firme de minería del oro prerromana en la zona, dando por hecho que esta zona es una extensión de la zona central minera de los montes galaico-leoneses y que sólo puede entenderse en relación a aquella.

Pero el caso es que suponerlo al revés, es decir, que la minería astúrica hubiese sido una extensión de la galaico-romana ayudaría a entender la participación de unos supuestos vencidos en los beneficios mineros, tal y como se desprende de la crónica de Floro, entre los siglos I y II.

Así pues mandó que se explotase el suelo. Con  ello los Astures, explotando la tierra esforzadamente, comenzaron a darse cuenta de sus recursos y rquezas, aunque en principio tratan de adquirir todo esto para otros. 

En concreto, la migración de mineros de la Gallaecia a la Asturica explicaría la naturaleza jurídica libre e indígena de la mano de obra de las grandes minas leonesas, según consta en los escasos restos epigráficos, o de la proliferación y enjambre de nuevos castros en estas zonas mineras, que vendrían a reproducir formas de asentamiento y organización social características de las zonas de donde procedían los mineros galaicos del occidente.

Vespasiano y la edad de oro: los emperadores hispanos. 

El año 69 fue el de los cuatro emperadores: Galba, Otón, Vitelo y Vespasiano. De los cuatro, tres fueron apoyados en sus pretensiones por las provincias hispanas. Aquellos fueron meses de de grandes desórdenes en todo el imperio y guerra civil. Al terminar esa convulsión, la dinastía que gobernaba el mundo había cambiado. Vespasiano y sus dos hijos, Tito y Domiciano, la corta dinastía flavia, gobernaron del año 69 al 96.

Vespasiano pagó sus apoyos hispanos mediante el extraordinario privilegio de otorgar la ciudadanía latina a la península Ibérica por entero, que así se adelantó casi siglo y medio al resto del Imperio. El hecho es aún más excepcional por cuanto incluía tanto las zonas más romanizadas y de más antiguo como las amplias áreas escasa y recientemente romanizadas del norte peninsular. El juicio de Plinio, amigo personal del emperador, no deja lugar a dudas.

En los años en que la República sufrió las turbulencias de los desórdenes políticos, el emperador Vespasiano Augusto concedió a toda Hispania el derecho latino.

La relación entre la concesión de la ciudadanía y los desórdenes es incuestionable. Vespasiano, a quien los romanos consideraban un hombre avaro y hoy podríamos tener por un gestor aceptable, pagó el apoyo de las provincias Hispanas con la ciudadanía y bajo su reinado se construyeron en Gallaecia las llamadas Vía Nova de Braga a Astorga y la Via XX por la costa, que recorrían y articulaban las zonas mineras de la costa con las del interior de la provincia.

De lo recibido a cambio de la ciudadanía latina no puede haber muchas dudas, oro y plata para los ejércitos en el peligroso trance de la sucesión. Porque, ¿qué otra cosa podrían ofrecer estas provincias más que dinero? Según Plinio, al que el propio Vespasiano nombró Procurator Metallorum, escribió en su Historia Natural que las minas del NO rendían unas 20.000 libras de oro al año, unos 80 millones de sestercios, suficiente para pagar el coste anual de seis legiones normales o cuatro pretorianas.

El caso es que tras los flavios, y con el interregno del itálico Nerva, a quien la guardia pretoriana casi obligó a renunciar en favor de Trajano, el año 98 se inició al fin el gobierno de la dinastía hispana: Trajano, Adriano, Antonino Pío, Marco Aurelio y Cómodo, cuyos reinados señalan la edad de oro del Imperio Romano, una edad de oro en la que sin duda estuvo financiada por el oro del NO hispano.

El colapso: de los Antoninos a los Severos, emperadores de Oriente. 

En tiempos de Augusto, los gastos civiles y militares corrientes de la administración del imperio, sin contar las obras públicas, se han cifrado de 500 a unos 1.200 millones de sestercios, la mayor parte de los cuales iba destinado al pago de las legiones y licenciamiento de veteranos. No parece haber dudas de que estos gastos fueron incrementándose con sus sucesores, y Suetonio dejó escrito que Vespasiano reconoció en una ocasión que el imperio necesitaba 4.000 millones de sestercios para seguir funcionando.

En comparación con estas cifras, los 80 millones de sestercios en oro del NO puede parecer poca cosa, pero su importancia era mucho mayor por cuanto este metal fue la base de la economía monetaria del Imperio. 80 millones de sestercios en oro pesaban 6,3 Tn y en plata 77 Tn, y además de alimentar la administración rutinaria, eran estos metales los que aseguraban la lealtad de las legiones en los momentos más críticos. Además, según Plinio, cada año el Imperio enviaba a la India unos 50 millones de sestercios en metálico, esto es, casi 4 Tn de oro o 48 Tn de plata, unas cantidades que había que reponer. Así pues, la producción de oro del NO era vital para mantener la masa monetaria y asegurar el movimiento de los cientos o miles de millones de sestercios que requería el engranaje de poder imperial.

El oro amonedado comenzó a circular de modo corriente en el Imperio romano en el siglo I, bajo el reinado de Augusto, manteniendo una relación con la plata amonedada de 1:12. Es decir, un áureo, que era la moneda de oro y pesaba unos 8 gramos, valía 25 denarios, que era la moneda básica de plata y pesaba algo menos de 4 gramos. Este ratio es el que en su día establecieron las acuñaciones de Alejandro Magno o Carlomagno y es el ratio común de la Europa medieval hasta el siglo XVI, cuando la plata americana comenzó a llegar de forma masiva a Europa. Este ratio, 12:1, es probablemente, el ratio natural de la plata y el oro en la corteza de Europa y Oriente Medio.

Con Nerón, los contenidos metálicos de las monedas imperiales de oro y plata, el áureo y el denario, sufrieron una primera devaluación, descendiendo el precio nominal del oro y plata amonedados a 10:1. Es decir, como se mantuvo el valor nominal de 25 denarios por cada áureo, resultaba que por cada gramo de oro en el áureo se podían conseguir sólo diez gramos de plata en denarios.

El ratio se recuperó ligeramente durante el reinado de su sucesor Tito, pero pronto volvió a a bajar a los 10:1,manteniéndose con pequeñas variaciones durante medio siglo aproximadamente. Sin embargo, en medio del reinado feliz y pacífico de Antonino Pío, las devaluaciones de la moneda de plata comenzaron a adquirir un carácter estructural y el ratio oro:plata monetario comenzó a resentirse, bajando de 9:1 con  Marco Aurelio, el emperador filósofo. Con Cómodo, el ratio bajó de 8:1, y con Séptimo Severo llegó a 6:1, es decir, una devaluación acumulada del 50 % del oro amonedado respecto de la plata amonedada. A mediados del siglo III la plata dejó de amonedarse en el Imperio Romano.

El año del asesinato de Cómodo, el 193, fue el año de los cinco emperadores. Como ciento veinticinco años atrás, cuando el poder pasó de la dinastía julia a la flavia, el paso de la dinastía hispana de los antoninos a la oriental de los severos generó desórdenes y  guerra civil. El cambio de dinastía manifestaba también un cambio sustancial en el poder dentro del imperio: la pujanza económica y política había pasado a las provincias orientales. A finales del siglo II, la mayor parte de las minas de oro del NO hispano habían sido abandonadas, y una crisis general afectaba a la mayor parte de las áreas mineras de la península. El poder había pasado de las provincias productoras a las comerciales.

El fin de los Antoninos coincidió con el abandono de la minería aurífera del NO y el cierre de buena parte de las grandes explotaciones mineras penisulares. Sin duda concurrieron muchos factores, pero la política inflaccionista de los Antoninos tuvo consecuencias nefastas para la minería hispana y en particular para la del oro. Aunque al poner menos plata en cada denario los emperadores obtenían enormes beneficios, hicieron la propia minería del oro menos rentable, ya que la plata recibida por el oro extraído era cada vez menor.

De cualquier modo, en mi opinión, la devaluación de la plata amonedada fue un recurso de los emperadores por obtener unos recursos crecientes que la menguante minería hispana ya no podía ofrecerles. Su consecuencia, seguramente inesperada para ellos, fue que la propia minería del oro se volvió menos rentable y con ello el proceso de abandono de las minas del NO se aceleró.

Como mostré en otra entrada, la minería se desarrolla en ciclos productivos que pueden ser descritos por curvas Hubbert, y la minería aurífera del NO alcanzó su máximo en torno al final del siglo I, de modo que en tiempos de Adriano debía encontrarse ya en decadencia. Es posible incluso que el oro dacio enmascarase la disminución de la producción de la Gallaecia en el reinado de Trajano, pero enmascarado o no el agotamiento del ciclo minero, sin duda fue en este momento cuando el Estado romano adoptó una política de intervención y gestión directa de las minas para evitar su cierre. Por supuesto, no lo consiguió.

 

44. El oro del NO hispano y la política romana, I. La República.

La conquista de Hispania llevó a los romanos unos doscientos años. Fue la empresa de conquista más dilatada de la historia de la República y no se completó hasta el principado de Augusto.

Los romanos nunca trazaron un plan para conquistar la Península. Su dominio progresivo tuvo muchas causas incidentales y motivaciones, pero la ambición de la riqueza minera, la sed de oro, plata y otros metales fue una de las principales. Los botines de oro y plata y las inmensas rentas mineras fueron mucho más determinantes en la política romana y en la construcción y sostenimiento del imperio de lo que suele reconocerse, como también lo fue el agotamiento de esas minas.

En esta entrada, intentaré establecer cómo la riqueza minera hispana, y en especial la del NO influyó en algunos de los hechos más relevantes y conocidos de la historia del Imperio.

II Guerra Púnica.  

La segunda guerra entre Cartago y Roma fue en realidad una guerra por el control de Hispania. Tras la I Guerra Púnica, los cartagineses habían rehecho su poder gracias a su dominio en Hispania, y la guerra se inició tras la conquista de Sagunto el año 218 a. C.

Plinio, en el siglo I, recoge la noticia que la famosa mina de Baebelo, todavía en explotación en sus días, había proporcionado a Aníbal 300 libras de plata al día, lo que resulta en la increíble cantidad de 110.000 libras al año, 1.100 talentos romanos o 35 toneladas al año.

Para hacerse una idea, tras la I Guerra Púnica,que duró veintitrés años y en la que Roma perdió 700 naves de guerra y más de 50.000 ciudadanos, el Senado romano impuso a Cartago una indemnización inicial de 1.000 talentos y otros 220 anuales durante diez años. Gracias a Hispania, los cartagineses no solo pagaron esta enorme suma sino que se hicieron de nuevo poderosos y financiaron su segunda guerra contra Roma.

Los romanos comenzaron a ganar la guerra cuando Publio Cornelio Escipión tomó Cartago Nova el año 209 y derrotó a Asdrúbal en Baécula. A Asdrubal no le quedó otra que intentar pasar a Italia tal y como había hecho su hermano Anibal, pero fue esta vez no hubo sorpresa y fue derrotado. El año 206, Escipión derrotó de nuevo a los cartagineses en la batalla de Ilipa, expulsándolos definitivamente de Hispania.

Sin el recurso de Hispania, la aventura de Anibal y la propia Cartago estaban condenadas. Escipión fue elegido Cónsul el año 205 y el 204 desembarcó en tierras de Cartago, que firmo la paz el año 201.

Beneficios mineros durante la República. 

En Hispania, los romanos se encontraron frente a un nivel desconocido de riquezas. Cuando Escipión entró en Cartago Nova, además de encontrar varias naves cargadas de trigo, armas, hierro o cobre en bruto y otras muchas mercancías, y en la ciudad, junto con un tesoro de cientos de práteras de oro y copas de plata, se hizo con 18.000 libras de plata acuñada, es decir, 180 talentos, 5,9 toneladas de plata en monedas.

La riqueza minera de Hispania, ya legendaria pero más o menos oculta, pasó a Roma y comenzó a hacerse pública en todo el orbe. El Libro I de los Macabeos da cuenta el discurso de dos oficiales romanos que incitaban a los Macabeos a pedir el amparo de Roma hacia el año 162 a.C

Le contaron sus guerras y las proezas que habían realizado entre los galos, cómo les había dominado y sometido a tributo; todo cuanto habían hecho en la región de España para hacerse con las minas de plata y oro de allí, cómo se habían hecho dueños de todo el país gracias a su prudencia y perseverancia, (a pesar de hallarse aquel país a larga distancia del suyo). Mac I 8,2-4.

El libro de los Macabeos fue escrito hacia el año 100 a C, y para entonces los romanos habían conquistado dos tercios de la península, quedando fuera de su dominio únicamente las tierras montañosas al norte del Duero.

Del valor de la producción minera peninsular, creciente durante toda la era republicana, el historiador Polibio dijo que hacia el año 140 a. de C. las minas de plata de Cartago Nova, las mayores del imperio y en las que trabajaban 40.000 esclavos, reportaban 36,5 millones de sestercios al año a la República, 106.700 libras, casi 35 toneladas.

Para Polibio, el extraordinario rendimiento minero de la península fue, de forma curiosa, la explicación de la paz, pues ante semejante riqueza fácil cualquier posible botín de guerra era un premio menor y suponía un gran riesgo.

De cualquier modo, la sed de oro y la ambición de enriquecimiento rápido de los romanos destinados a la península les empujaban a cometer todo tipo de excesos y robos contra la población, excesos que dieron origen a frecuentes revueltas y las consiguientes respuestas militares de pacificación. Era en medio de esta política pacificadora que los ejércitos romanos se adentraban en la península y añadían nuevos territorios a las provincias hispanas. Además, estos recurrentes conflictos se enquistaban por la actitud del Senado romano, contrario siempre a cualquier solución negociada con los pueblos libres de Hispania que no pasase por la sumisión absoluta y puede que,incluso, partidario de una política de exterminio, lo que hoy llamamos genocidio. Al fin y al cabo, la oligarquía romana era la principal beneficiada por las guerras y la expansión del imperio.

Así, en el año 138, al año siguiente del asesinato de Viriato, se produjo la incursión de castigo del pretor Junio Bruto contra los galaicos por su apoyo a los rebeldes lusitanos, y de nuevo en el 137, siendo en esta ocasión cuando Bruto pasa el río Limia y sucede el legendario suceso de las legiones romanas detenidas frente al Limia-Lethes, episodio célebre gracias a los historiadores Tito Livio y Floro. Sobre los motivos de Bruto, sin embargo, nos informa mejor Valerio Máximo, aquí en una vieja transcripción de 1832:

Despues de haber conquistado Bruto casi toda la Lusitania y parte de la Gallaecia, aconsejaban los romanos a los vencidos que procuraran redimirse con oro de la esclavitud en que habían quedado; más ellos, notablemente orgullosos, les respondieron “que  sus antecesores les habían dejado hierro para resistir a los enemigos y no oro para comprar la libertad a un general tan avaro y codicioso como Décimo Bruto”. 

Bruto se internó en territorio de los galaicos, que probablemente vivían en el norte del actual Portugal y no en Galicia, los venció y regresó para no volver, pero su victoria fue recompensada con el triunfo en Roma y el mismo Bruto pasó a llamarse El Galaico, del mimo modo que el gran Escipión pasó a llamarse El Africano por su victoria sobre Cartago.

Sin embargo los romanos no regresaron al NO en treinta años. ¿Creyeron, en efecto, que no había oro ni otras riquezas que mereciesen la pena? ¿Detuvieron el impulso conquistador las reformas de los Gracos y las guerras cimbrias?  Quizá, como era la opinión de Polibio, la riqueza mineras de la Bética y de las tierras que se iban conquistando en la Lusitania y la celtíberia tenían lo bastante ocupados a los romanos como para interesarlos por completar la conquista peninsular.  Como hoy se sabe gracias a los estudios de paleocontaminación atmosférica, basados en las cenizas depositadas en las turberas de zonas montañosas como Serra do Xistral, la actividad minera y metalúrgica continuó aumentando en la península hasta mediados o finales del siglo I.

De cualquier modo, en el año 99 a. C. Lusitania vivió una última rebelión y fue entonces cuando Publio Licinio Craso emprendió una nueva expedición de castigo hacia el norte en los años 96-94 por la que recibió el triunfo en Roma. Pero de nuevo, bajo una operación militar se escondía la ambición de riquezas mineras, y esta vez según Estrabón (III, 5;11), el objetivo iba más allá del mero botín de oro y plata, pues Craso quería descubrir la ruta fenicia del estaño a las Casitérides.

Los habitantes de las islas Casitérides viven, po lo general, del producto de sus ganados, de un modo similar a los pueblos nómadas; poseen minas de estaño y plomo y los cambian, así como las pieles de sus animales, por cerámica, sal y utensilios de bronce que les llevan los comerciantes; al principio, este comercio era explotado únicamente por los fenicios desde Gadir, quienes ocultaban a los demás las rutas que conducían a estas islas. Un cierto navegante, viéndose perseguido por los romanos, que pretendían conocer la ruta de estos emporios, encalló voluntariamente por celo nacional en un bajo fondo, donde sabía que habrían de perseguirle los romanos; habiendo logrado salvarse de este naufragio, le fueron indemnizadas por el Estado las mercancías que había perdido. Los romanos, sin embargo, tras numerosos intentos, acabaron por descubrir la ruta de estas islas, siendo Publio Craso quien pasó primero y conoció el escaso espesor de los filones y el carácter pacífico de sus habitantes. (De aquí)

Que los romanos, dueños de la Bética y la ciudad de Cádiz desde hacía más de un siglo y de buena parte de la Lusitania desde hacía décadas, desconociesen todavía esta ruta comercial nos dice mucho sobre el carácter nominal de su dominio político y territorial, es decir, dependiente de vínculos personales y no institucionales y muchas veces ejercido de un modo puramente formal y simbólico más que real, y del difuso carácter que tenían las fronteras del Imperio, unas fronteras que hoy dibujamos con precisión en los mapas pero que eran poco más que amplias e imprecisas zonas de influencia. De este modo, la afortunada expedición de Craso abrió la costa de rías al comercio marítimo romano, pero tampoco animó la conquista.

Fuese por el escaso espesor de los filones, por la ausencia de noticias de oro y botín asociadas a esta incursión o por que se vieron enzarzados en los conflictos sociales y la sucesión de guerras civiles de Mario y Sila, incluyendo las guerras sertorianas, desarrolladas en Hispania, el caso es que el montañoso NO peninsular siguió viviendo según sus ancestrales costumbres, aunque comenzasen a notar cada vez más cerca el aliento romano.

Precisamente, en el marco de las guerras sertorianas, Marco Perpenia Veiento, lugarteniente de Sertorio, estableció una base militar en la ciudad de Cales, la actual Oporto para resistir a Metelo y Pompeyo, el futuro triunviro y rival de César,en el que posiblemente fue el primer asentamiento romano en tierras de la futura Gallaecia.

La campaña de Julio César del año 61y 60 a. C.

En el año 61, Julio César, como tantos otros antes, acudió a Hispania con el expresa intención de expoliar la provincia para hacer frente a sus deudas. Lo extraordinario del caso era el monto de sus deudas, unos 1.300 talentos, 44 millones de sestercios, 42 toneladas de plata, un suma digna de la ambición del nuevo propretor. La mayor parte de esta deuda, 830  talentos, la debía César a su socio y amigo Marco Licinio Craso, hijo y heredero del descubridor de la ruta del estaño, que por entonces se había convertido en el hombre más rico de Roma y cuyo nombre pasó a significar eso mismo, hombre inmensamente rico.

César, con su acostumbrada diligencia y genio organizativo, se presentó en Hispania antes de haber sido formalmente nombrado y de inmediato armó tres legiones para su campaña contra lusitanos y galaicos, a los que venció en el Monte Herminio. Persiguió entonces a los supervivientes hasta cercarlos en una pequeña isla cerca de la costa en la que lograron refugiarse. Pero entonces mandó César traer naves de Cádiz, y  ya en el año 60 obligó a rendirse a los refugiados, siguiendo entonces travesía hacia el norte, hasta el puerto de Brigatium, sometiendo a todas las poblaciones costeras al poder de Roma. Como resultado de su aventura hispana, César adquirió un inmenso botín con el que pagó sus deudas y compró voluntades que le dieron el  consulado ese mismo año. Prefieriendo el mando al honor, renunció al triunfo en Roma para ser Cónsul, pactando el primer triunvirato con Pompeyo y Craso.

César debía 1.300 talentos en Roma que liquidó al término de su campaña. Debió además pagar a sus tropas y la flota gaditana, y aún le restó para sobornar al senado para que le nombrase Cónsul. ¿A cuánto ascendía el total de su botín? Por desgracia, desconocemos cuánto obtuvo César de su mando en Hispania, pero considerando sus deudas previas, parece difícil que su beneficio personal fuese menor que aquellas, por lo que el monto total obtenido debió ser muy superior, quizá el doble o el triple. ¿Cómo pudieron aquellos pobres pastores proporcionar semejante tesoro?

A mi modo de ver la cuestión está en el conocimiento previo de César, que planeó su operación militar con sumo cuidado. Para empezar, César era amigo de Craso, y sin duda conocía de la expedición del padre de su amigo, treinta años atrás. Además, para entonces los romanos comerciaban directamente con las Casitérides desde Cádiz y César, que ya había servido en Hispania ocho años antes y había estado en Gades, contó para su campaña con la ayuda de Lucio Cornelio Balbo, romano de noble familia gaditana, y preparó con la flota de aquella ciudad. Así pues, César sabía dónde iba y qué podía encontrarse. Las crónicas dicen que antes de partir de Cádiz, César imploró protección de Hércules y su viaje alcanzó Brigantum y el golfo Ártabro, es decir, que llegó hasta Coruña, donde se sitúa la Torre de Hércules.

Lo más interesante es que en este periplo marítimo no hay recuerdos de lucha, ya que los cronistas, por ejemplo Dion Casio, dicen que los pueblos costeros se le rendían a César a la vista de la flota, ya que nunca antes habían visto embarcaciones de semejante porte. Pero esto es sencillamente falso, ya que los barcos de César no eran otros que los de la flota de Gades, que comerciaban desde antiguo con estas costas, y antes que ellos lo habían hecho los púnicos y los fenicios.

Así que mi interpretación personal es que César logró en su viaje fue un acuerdo de comercio favorable a ciertas familias de Gades, en concreto la de los Balbo; algo así como una especie de monopolio comercial, similar a los que en la Edad Moderna mantenían las empresas holandesa o británica de Indias; en definitiva una colonización comercial.

Hay que pensar que en la costa gallega, si bien había multitud de castros y algunos emporios de comercio, no había ninguna ciudad lo bastante grande o lo bastante rica como para justificar las exorbitantes ganancias de César. Y César, aunque podía tomar cualquiera de estos castros y emporios, no podía en una breve campaña tomarlos todos, ni podía evitar que los habitantes de la mayor parte escapasen al interior, donde además se encuentran la mayor parte de las minas. Así que, en efecto, solo mediante un gran acuerdo y un reconocimiento general de dominio de las poblaciones costeras pudo César hacerse con el gran botín que pretendía.

César se cuidó no solo de derrotar a los Lusitanos en el Mons Herminio, sino que los persiguió y desechando en ese momento hacerse con el botín no cejó hasta lograr su completa rendición. De este modo César se presentó en las costas de Galicia precedido por su absoluta victoria sobre los lusitanos, y cuando ya no había fuerza opositora al sur del Duero que pudiese frenarlo si decidía conquistar el territorio.

La culminación del viaje que César iniciara bajo la advocación de Hércules gaditano en tierras de Brigantium, donde se alza la Torre de Hércules, adquiere así un significado ya no propagandístico hacia sus conciudadanos, como muchos han dicho, sino para con la población hispana, tanto en Gades como en la futura Gallaecia.

Como no podía ser de otra manera, la firma del tratado entre César y los castreños debió establecerse mediante un  vínculo religioso, y quizá Hércules, el divino guerrero vencedor de Gerión, rey de Hispania, honrado en Gades y con un equivalente en la sociedad guerrera castreña fue la divinidad elegida. Es opinión generalizada que la Torre de Hércules fue levantada por Augusto sobre un lugar ya ocupado y usado de antiguo, y éste podía haber sido aquél que recordaba a su padre político Julio César.

Tras el acuerdo, César pudo llevarse a Roma no solo las riquezas con que los castreños le honraron, riquezas que por su extraordinario monto debían incluir productos del oro galaico, sino también de la misma ciudad de Gades, que le pagaría así su protección personal y el beneficio de unas bases comerciales reforzadas gracias a la campaña y el poder militar de César.

Consecuencias. 

Como muestra la vida de Julio César, las fortunas hispanas servían en Roma para costear cargos y carreras políticas. Hay que tener en cuenta que el patrimonio por el cual un ciudadano romano adquiría el rango ecuestre era de 400.000 sestercios, es decir, 100.000 denarios o 325 kg de plata, y por tanto una tonelada de plata podía crear tres nuevos caballeros. Por otro lado, en tiempos de César y Augusto, un legionario romano cobraba unos 225 denarios al año, es decir unos 0,85 kg de plata. Y las minas hispanas enviaban decenas de toneladas de plata a Roma cada año.

La conquista de Hispania creó una nueva clase de potentados y cambió por completo el carácter de la República hasta en los aspectos más cotidianos. El año 61 Julio César abandonó Roma hacia Hispania antes incluso de tomar posesión, según algunos por temor a ser apresado por sus inmensas deudas, y según otros por las prisas para organizar su pretura. Sin embargo, otros  antes que él ya habían forzado los plazos, pues hacia el año 153 a C  Fulvio Nobilior empezó su consulado el 1 de enero y no el 15 de marzo para poder llegar a Hispania a tiempo y aprovechar la estación primaveral para hacer la guerra. Debido a ese adelanto, todavía hoy el calendario anual comienza en el mes de enero.

La lejanía de Hispania, que recordaba el texto de Macabeos, y las especiales condiciones de la guerra en la península animó también a los romanos a establecer cargos bianuales y no solo anuales como era tradición, para que los generales pudieran tener tiempo de conocer el terreno y las peculiaridades de las guerras hispanas; y empujó a los romanos a atacar la Narbonensis para mantener un corredor continental hacia Hispania, y finalmente a hacer del Mediterráneo un Mare Nostrum.

Por último, Hispania se convirtió en la academia militar de casi todos los grandes nombres de la historia republicana y en una firme y poderosa base de su poder clientelar para algunos de ellos, como demostraron los hijos de Pompeyo. La resistencia que los hijos y partidarios de Pompeyo lograron oponer ante César una vez el propio Popmpeyo había muerto y César era dueño absoluto de Roma demostró al mundo el poder y riqueza de las provincias hispanas. El propio César dijo, tras la definitiva batalla de Munda, en la Bética, que muchas veces había luchado por la victoria, pero solo en aquella batalla luchó por su vida.