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87. Tectónica y erosión subterránea en Galicia, II. ¿Donde están las fallas? Matarile-rile-rile.

La discusión sobre si sí o no hay una tectónica fuerte en la construcción geolólogica del paisaje de Galicia es vieja, aunque la verdad no es demasiado acalorada. Más bien es una discusión lánguida, como la misma sismicidad del país, que aunque de forma ocasional alcanza una moderada energía,  es por lo general una sismicidad  constante, difusa, y de baja intensidad.

En Galicia hay bastantes terremotos, más de los que se creía hasta hace unos años, pero son moderados o de muy baja magnitud.

Sismicidad en la península Ibñerica hasta 2002 (IGN)

Sismicidad en la península Ibñerica hasta 2002 (IGN)

De hecho, son tan poco energéticos  que la mayor parte ni se detectaban, al menos hasta que tras la serie de terremotos de 1995-1997 en Sarria-Becerreá-Triacastela el proyecto GASPI investigó en detalle la sismicidad del NO penisular. Si os apetece enteraros de los resultados, aquí.

La cuestión es que esta baja sismicidad choca con la evidencia de un paisaje montañoso extremadamente compartimentado que combina diminutas cuencas sedimentarias con cientos de metros de sedimentos pinzados en el basamento paleozoico, como en As Pontes; suaves paisajes graníticos cortados a tajo por cañones fluviales de 500 metros de profundidad, como en A Ribeira Sacra; ríos desembocando sobre el mar en saltos de agua de más de 100 metros de desnivel, como en Ézaro, o amplios y profundos valles fluviales atravesados por cortos ríos de aguas cristalinas, como en las rías de Vigo o Pontevedra. Por todas partes encontramos señales de hundimientos y elevaciones, erosiones y sedimentaciones que desentonan con los bajísimos volúmenes de sedimentos transportados por los ríos (al menos de forma natural) y con la baja y difusa sismicidad. Así que la mayoría de los geólogos suponen que las fuerzas geológicas que generaron los vivos contrastes del paisaje gallego son cosa del pasado, como si la profunda erosión y la activa tectónica se hubiese detenido, como si hoy el NO de Iberia fuese una geología en stand-by, una balsa de piedra.

¿Dónde están las fallas?

En realidad, el gran problema de la tectónica de Galicia es que no se encuentran las fallas activas.

Salvo excepciones, los sismógrafos no localizan de froma clara las fallas en los zócalos graníticos y metamórficos y en las cuencas sedimentarias apenas se han descrito apenas media diocena de fallas (1,2) afectando a los sedimentos más recientes de modo aparentemente muy local.

¿Significa esto que la tectónica es débil o inexistente? Pues mi opinión es que no. Puede que no veamos las fallas activas, pero haberlas hailas. Investigar la tectónica de Galicia, sin embargo, exige un cambio de modelo conceptual, pues no estamos ante una tectónica típica, rocosa, dura, rígida, sino ante una tectónica blanda.

En Meriama y As Pontes, las cuencas mejor conocidas gracias a que han sido excavadas por completo, la mayoría de las fallas son de borde y afectan sobre todo al zócalo ígneo-metamórfico, no a los sedimentos. Así se explicaría la ausencia de grandes fallas en los sedimentos recientes y su aparente escasa relevancia.

Corte geológico de As Pontes. Las fallas apenas afectan a los sedimentos

Corte geológico de As Pontes. Las fallas apenas afectan a los sedimentos, de aquí.

He aquí por qué apenas se encuentran fallas en los sedimentos, pues como las llaves de la canción, están en el fondo de las cuencas (y en sus bordes), afectando al zócalo paleozoico/precámbrico.

Y al ver los cortes geológicos de As Pontes, se comprende por qué resulta tan difícl advertir la dimensión de las movimientos tectónicos involucrados en la cuenca a partir de informaciones parciales de las fallas en superficie, en especial las del interior de la cuenca.

Los bordes de cuenca

El término de las fallas profundas en los bordes manifiesta un cambio reológico del zócalo granítico/metamórfico al sedimento: el granito es duro y frágil, el sedimento es blando y dúctil. Ante un esfuerzo (una onda de presión, por ejemplo) el granito se rompe, el sedimento se deforma. Por eso las fallas que atraviesan el zócalo en As Pontes se pierden dentro del sedimento, transformadas en un ramillete de pequeños pliegues y/o fracturas

La mayoría de los trabajos sobre las cuencas terciarias focalizan su atención en la estructura generalde esfuerzos y/o en los sedimentos de relleno, y en cambio prestan muy poca atención a esos bordes, que, a mi modo de ver, juegan el papel esencial.

Las fallas van tumbándose con el tiempo, evidenciando un comportamiento dúctil

Las fallas van tumbándose con el tiempo, evidenciando un comportamiento dúctil

Y si nos fijamos vemos que las sucesivas fallas (inversas) del borde norte tienden a disminuir su buzamiento hasta parecer cabalgamientos. En cada ocasión, la falla inversa se reactiva con el buzamiento que trae la falla en profundidad y sigue por la roca fresca hasta superficie hundiéndose el bloque sur, pero la meteorización que afecta a este borde meteorizala la roca adquiriendo ductilidad y plegándose. Este cambio de comportamiento de la roca frágil/dúctil es comparable al típico creep de las laderas.

La meteorización de la roca induce un comportamiento dúctil frente al esfurzo, en este caso , la gravedad.

La meteorización de la roca la convierte en un material dúctil frente al esfuerzo, en este caso , de la gravedad (de aquí)

La meteorización.

La intensísima meteorización de los bordes es la característica común a todas las cuencas sedimentarias de Galicia. Esta meteorización resalta en los cortes abiertos en el terreno por las vivas coloraciones rojizas y blancas causadas por el enriquecimiento en hierro de los niveles o, por el contrario, por su lavado y concomitante a la caolinitización. En la segunda mitad del siglo pasado era común atribuir estas coloraciones a una supuesta evolución climática. Así, las terrazas más elevadas y antiguas la característica común sería un enrojecimiento (ferralitización) que indicaría un clima más cálido y húmedo, de carácter tropical.

Ferratilización del metamórfico bajo terraza ¿T2? en Tui

Ferralitización del sustrato metamórfico bajo una terraza ¿T2? en Tui

A mi modo de ver, sin embargo, la ferralitización depende más de circunstancias locales como la proximidad y la composición del sustrato y fuentes metálicas, porosidad, etc. que de pasados registros climáticos. También es verdad que, en general, desconfío de cualquier intento de correlacionar o datar capas por el grado de cementación o alteración.

Por ejemplo, en el Miño, el amigo Viveen, advirtió que la pérdida de masa en los cantos de las terrazas aumenta hacia el mar a igual altura y se sirvió de las densidades para  correlacionar las terrazas, definiendo un supuesto basculamiento hacia el oeste, cuando lo que estaba viendo es el efecto corrosivo del spray y las lluvias marinas (cargadas en sales) disminuyendo hacia el este.

Pero sigo.

Terraza y sustrato fuertemente alterados (ferritización y caolnitización) en Tui ¿T2?

Terraza y sustrato fuertemente alterados (rubefacción y caolnitización) en Tui ¿T2?

Detalle de anterior con los bloques graníticos de coluvión de base de teraza rubefactados y caolinitizados

Detalle de perfil anterior con los bloques graníticos de coluvión de base de teraza completamente rubefactados

granito rubefactado bajo terraza T3 en Salvaterra.

Granito rubefactado bajo terraza T1 en Salvaterra.

Detalle de corte anterior en el que se ve los grandes bloques de granito alterado incluidos en la terraza.

Detalle de corte anterior en el que se ve los bloques de granito incluidos en la terraza alterados.

Terraza sobre granito muy alterado en en Valença, ¿T1?

Terraza sobre granito muy alterado en en Valença (Gandara), ¿T1?

Detalle de bloque rubefactado en perfil anterior

Detalle de bloque de granito rubefactado en perfil anterior

La presencia de esos grandes bolos graníticos en la base de los sedimentos fluviales indica que en el momento de la sedimentación el granito era una roca competente y que la meteorización de sedimento y sustrato fue conjunta y posterior a la sedimentación. De hecho, en ocasiones parece que los procesos de meteorización son más intensos en el sustrato granítico que en los sedimentos, como si en el proceso de alteración fuese no solo meteórico sino también hidrotermal, y al menos en un afloramiento en Monçao, en una terraza equivalente a al T3 del MAGNA, una cementación silícea de aspecto opalino parece confirmar tal supuesto.

Terraza con cemento opalino

Terraza ¿T3? con cemento opalino en Monçao

Detalle del corte anterior

Detalle del corte anterior

En Melgaço, Monçao o en Caldelas de Tui existen balnearios de aguas termales. En todos estos lugares las aguas termales afloran en varios surgencias naturales, incluso en el lecho del río, y en todos ellos se ha constatado la existencia de manantiales con caudales de decenas de miles de litros/hora cada uno con su particular composicón quimica y temperatura. También se reconocen procesos de mezcla de aguas hidrotermales y meteóricas.

Tomografía de resistividad (W-E) en Caldelas de Tui. De arriba abajo: Terraza T1, acuífero en granito (?) y sustrato rocoso. Manantial termal en mitad del perfil (metro 120)

Tomografía de resistividad (W-E) en Caldelas de Tui. De arriba abajo: Terraza T1, acuífero en granito (?) y sustrato rocoso. Manantial termal en mitad del perfil (metro 120)

Tomografía IP en perfil anterior (dispositivo Wenner). El mapa de cargabilidad (dominio tiempos) señala dos anomalías interpretadas como dos surgencias de aguas termales

Tomografía IP en perfil anterior (dispositivo Wenner). El mapa de cargabilidad (dominio tiempos) señala dos anomalías interpretadas como dos surgencias de aguas termales

Las raíces del regolito. 

Los regolitos de los macizos ígneos y metamórficos son mucho más que un suelo grueso o una simple cobertera susceptible de erosión. En los macizos graníticos los regolitos se extienden cientos e incluso miles de metros en profundidad a través de una red de fracturas que conectan con masas rocosas más o menos alteradas y brechificadas por las que se mueven las aguas meteóricas e hidrotermales. Esta intrincada red de fracturas y masas rocosas alteradas juega un papel fundamental en los procesos hidrogeológicos y tectónicos, un papel reconocido pero muy difícil de cuantificar, pues desconocemos las geometrías precisas de estas redes, sus propiedades mecánicas o hidráulicas, las características de los caudales que se mueven por ellas y ni siquiera tenemos un conocimiento teórico suficiente de los procesos mineralógicos y reológicos que determinan su comportamiento. Pero sabemos que están ahí.

La memoria del sondeo más profundo de Galicia, realizado en Ourense en 1986 para la investigación geotérmica de media entalpía, describe la mayor parte de las muestras tomadas para los ensayos de conductividad desde la más somera (a 258 metros de profundidad) hasta la más profunda (tomada a 690 metros de profundidad) como de granito muy alterado o medianamente alterado.

Descripción de las muestras para conductividad del sondeo Orense-4, de 700 metros de profundidad.

Descripción de las muestras para conductividad del sondeo Orense-4, de 700 metros de profundidad.

Un granito completamente meteorizado (grado V ISRM) como el que forma los típicos jabres gallegos  puede presentar fácilmente una densidad 20 % inferior a la de ese granito sano (2,65 g/cm3) y su comportamiento reológico es del todo diferente, pero incluso ligeras alteraciones tienen importantes consecuencias físicas. Un granito con grado II (ISRM) de meteorización, apenas perceptible en campo por una ligera coloración, puede ver reducida su resistencia a la compresión a la mitad.

Aumento de porosidad y disminución de la resistencia con el grado de alteración (de aquí).

Aumento de porosidad y disminución de la resistencia con el grado de alteración (de aquí).

Por esta razón los terremotos se repiten una y otra vez sobre las mismas fallas. El segundo principio de la termodinámica dice que la energía tiende a disiparse, o sea, a repartirse de forma homogénea a través de las rocas, y la falla, al tener una menor resistencia mecánica disipa la energía acumulada en el macizo transformándola en trabajo mecánico (rompiendo las rocas y desplazándolas) y calor. Así pues, en muchos casos, las fallas no solo son conductos para las aguas hidrotermales, sino que ellas mismas actúan como calefactoras. El testigo Orense-4 descubrió abundante pirita de neoformación (hidrotermal) que en algunos casos llegaba a tapizar por completo los planos de rotura de los testigos y de modo frecuente estos recubrimientos mostraban estrías de falla, lo que el informe consideró prueba irrefutable de neotectonia.

La memoria del IGME añade que del metro 201 en que comenzó a perforarse con recuperación de testigo ahasta el fin del sondeo a 700 metros de profundidad, era constante la alternacia de tramos de granito masivo fresco y compacto de 20-30 metros con zonas fracturadas de 5-15 metros en los que se combinaba la fracturación con la alteración hidrotermal por la circulación de agua caliente.

Tectónica blanda

En los ríos de Galicia la carga de sedimento disuelto natural (sin contaminar ni inducida por actividad humana), siendo baja o muy baja (50 mg/l) (1,2), multiplica por diez la carga de fondo o de sedimento en suspensión (1-10 mg/l) (3,4).

Puede que estos datos estén algo sobrevalorados por lo que ya comenté antes de la influencia las spray y lluvias marinas (cargadas en iones como Cl- y Na+) en el contenido en disolución de las aguas continentales costeras, que aumentan su actividad química. Para el conjunto de Galicia, los valores podrían ser ligeramente inferiores, y en el cálculo de tasas de erosión también habría que tener en cuenta las menores precipitaciones en las zonas de interior. Aún así, estos datos son la mejor referencia de que dispongo y la realidad general no debería alejarse mucho.

Esto significa que la erosión en buena parte de Galicia (sobre todo la Galicia más Atlántica, que es casi toda) es, mayoritariamente, química, es decir, subterránea, considerando como tal la subsuperficial, que circula brevemente por los suelos y regolitos como la que lo hace atravesando los macizos alterados para surgir al cabo de meses o años.

Traducido lo anterior a tasas de erosión (para un caudal de 51,7 cumecs/km2), serán 81,5 tn/km2 año o 30 m3 de granito (densidad 2,7 g/cm3) por km2 y año, o si preferís 3 mm cada mil años. Aunque quizá os parezca parezca poco, en un millón de años eso es un agujero de 300 m de alto, ancho y largo. Un boquete gigantesco y, de hecho, tres veces mayor que la más grande cámara subterránea del planeta según wikipedia, la Cámara Miao.

Pero aunque de hecho en Galicia tenemos algunos de los mayores seudokarst del mundo, que es como se llaman las cuevas generadas por la disolución del granito (cuyo descubrimiento y estudio debemos a los clubes Mauxo y A Trapa), lo más habitual es el jabre, y la disolución de 3 mm/año de granito en 1 millón de años es el 3 % de un km3, o lo que es lo mismo, supone rebajar la densidad de 1 km3 de granito de 2,7 a 2,62 g/cm3). En treinta millones de años, que es el tiempo transcurrido desde que As Pontes y la mayor parte de las cuencas terciario-cuaternarias gallegas comenzaron a formarse, habremos disuelto el 30,7 % de la masa de ese km3, o lo que es lo msimo, habíamos rebajado la densidad del km3 de granito de 2,7 a 1,9 kg/cm3, es decir, habremos creado un regolito continuo de grado VI de 1 km de profundidad a partir de un granito perfectamente sano.

En realidad, como se puede ver en los seudokarst, no toda la disolución de granitos se ha convertido en jabre. Una parte del granito ha sido completamente disuelto para formar cavidades como el pseudokarst de A Trapa, en Tui, o simplemente ha desaparecido de superficie, y otra parte ha sido transformado en minerales de neoformación, como la caolinita que luego ha pasado a rellenar las cuencas terciarias. Desconocemos también cuánto regolito ha podido ser erosionado. Si nos atuviésemos a los rios actuales como guía, desde luego muy poco: un 10 % del volumen disuelto habría sido transportado como carga en suspensión y otro tanto (como mucho, pero probablemente menos) como carga de fondo. Sin duda resulta muy aventurado suponer que las tasas de carga en suspensión y de fondo han sido siempre como las actuales, y bastarían unos pocos “eventos erosivos” para desmantelar en poco tiempo grandes volúmenes, pero en cualquier caso, la ausencia de grandes depósitos de sedimentos en Galicia y en la adyacente plataforma continental permiten suponer que la erosión y transporte particulado ha sido un asunto de menor cuantía en los últimos 30 millones de años.

Pero a lo que iba. Lo que identifica las cuencas tectónicas terciario-cuaternarias de Galicia no es el sedimento -no lo hay en la Depresión Meridiana, al menos en buena parte- sino un potente regolito, y esto porque  el agente activo que abre y profundiza las cuencas tectónicas de Galicia es la disolución química. Ésta es una tectónica blanda, en el que el papel de las fallas es más pasivo -como vía para las aguas- que activo, como centradoras de esfuerzos. Los sismos son numerosos pero pequeños, casi inapreciables, en el rango de energías de la contaminación sísmica humana, y con una ocurrencia geográfica muy parecido a un ruido de fondo de origen difuso, no asociado a geometrías claras.

Dos posibles soluciones a los datos de la campaña de MT del IGME en Caldas, en 1988

Dos posibles soluciones de J. Ledo a los datos de la campaña de MT del IGME en Caldas, en 1986. Los colores vivos señalan zonas conductoras, ricas en arcillas, elementos metálicos o agua y se disponen en superficie o cruzando grandes fallas evidentes en el paisaje. En 013, arriba, la Depresión Meridiana coincide con una anomlaía de conductividad de 1 km de profundidad. Las zonas más resistivas indicarían macizos rocosos impermeables.

Posición de las estaciones del perfil MT

Posición de las estaciones del perfil MT. En naranja la posición de la Depresión Meridiana y otra gran falla visible en el perfil MT.

La meteorización subterránea localizada, de digamos, un pasillo de cinco o diez kilómetros de ancho como la Depresión Meridiana en 1 km de profundidad, no solo debilita la resistencia de la roca, descarga la presión vertical y genera un espacio libre que facilita el movimeinto de los bloques rocosos a ambos lados. A largo plazo, la continua descarga de tensiones impide que se acumulen grandes esfuerzos y que se produzcan por tanto grandes terremotos; no encontraremos por ninguna parte un gran plano de falla, pero sí una estrecha depresión tectónica y erosiva.

No conozco ninguna otra reconstrucción geomorfólogica de Galicia que haya considerado la erosión subterránea un mecanismo principal de la evolución del paisaje; en realidad, ni siquiera conozco una que la haya tenido en cuenta.

Por desgracia, tampoco conozco ningún informe que haya tratado de cuantificar la aportación de caudales de las aguas termales y minerales a los ríos de Galicia, ni mucho menos su aportación de elementos disueltos. Tampoco dispongo de ninguna otra indicación o referencia sobre los aportes de la erosión química profunda ni del reparto de circulación de las aguas subterráneas subsuperficiales y profundas, y por eso, aunque sea de forma muy pedestre y cogida por los pelos, voy a intentar aquí hacer una primera aproximación.

El contenido medio y normal de Si en las aguas de explotaciones minerales y termales de Galicia es de 58 mg/l, y en los ríos de unos 11 mg/l, pasando de  enero a julio de 9,1 mg/l a 12,8 mg/l. Suponiendo que la diferencia (3,7 g/l) se debe a la mayor contribución relativa de las aguas subterráneas sobre el caudal fluvial total, podemos estimar que las aguas minerales y termales aportan un 6 % del caudal medio de julio o un 1,2 % del caudal anual (considerando  que es 6 veces el de julio). Este 1,2 % de aguas de aguas minerales y termales procedentes de la circulación profunda aportaría pues el 7 % de los solutos totales, o lo que es lo mismo, la erosión profunda sería del 7 % de la total, unos 2,1 m3 de granito erosionados cada año en las raíces mismas de las montañas y los valles.

Un hueco de 2,1 m3 en el granito bajo 1 km2 de superficie nos parece bien poca cosa, apenas una conejera, pero los procesos geológicos juegan con escalas de tiempos que acostumbramos a medir. Los circuitos de aguas termales de Galicia se estiman con profundidades de 2-3 km, puede que hasta 4 km. En los últimos treinta millones de años, una erosión de 2,1 m3/año y Km2 habrá generado una pérdida de masa del 1,57 % (4,2 g/cm3 para un granito de 2,7 g/cm3) en los primeros 4 km de corteza, y eso implica una pérdida significativa de resistencia mecánica. Si además esa pérdida se concentra, digamos, en tramos de 10 metros de espesor separados por tramos de 25 metros no alterados (que es lo que describe el sondeo Orense-4), tenemos una estructura en la que se alteran bloques de granito sano (2,7 g/cm3) con otros con una pérdida de masa del 5.5 % (2,55 g/cm3), es decir, con un macizo granítico con un grado de alteración II-III.

80. Tegra en A Guarda, ¿un castro blanco, rojo y azul es un problema estético o metalúrgico?

Hace un par de semanas hice visita al Tegra, esta vez guiado por Leo González, arqueólogo y guía del Monte. Si puedo volveré, vale la pena, de verdad. Leo muestra a os visitantes las reexcavaciones del poblado de Mergelina, de hace ya casi un siglo y que habían quedado semiabandonadas hasta hoy.

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Poblado de Mergelina del Tegra en plena campaña de reexcavación.

Recomendabilísimo.

Una de las cosas que más me sorprendió del poblado del Tegra fue saber que las casas estaban encaladas por dentro y por fuera. ¿A que nunca habíais imaginado un castro blanco como un peblo andaluz? Pues así los podéis imaginar desde ahora, al menos el del Tegra (y algún otro, me dicen…) aunque hay que reconocer que el del Tegra es un castro muy especial…

Bien. Mi sopresa por el encalamiento del Tegra va más allá de la estética y me plantea un serio problema minero: no hay calizas en A Guarda ni en todo el Baixo Miño. De hecho, para llegar a las calizas más cercanas tenemos que remontar el Miño hasta Portomarín, en Lugo o bien costear por mar hasta Figueira da Foz, casi doscientos kilómetros nada fáciles en cualquier caso.

Tegra y calizas

Por si alguien no se acuerda, la cal se hace calcinando en horno la caliza CaCO3 o la dolomía (CaMg)CO3, que son carbonatos; se libera CO2 y queda un residuo de óxidos de Ca y Mg (CaO/MgO). La cal es uno de los componentes del cemento y tiene múltiples usos industriales …y metalúrgicos.

Hay, sin embargo, otra posibilidad: que los grovios de Tegra blanquearan con caolín Al2Si2O5(OH)4, que es una arcilla, es decir, un armazón laminar de sílice (SiO2) reforzado por cationes metálicos (Al) y débilmente unido a otros armazones semejantes por aniones (OH-).

frente caolinítico de alteración sobre sustrato rocoso.

frente caolinítico de alteración en un depósito de terraza sobre sustrato rocoso.

Hay varias minas de caolín en las faldas del Tegra y el valle del Rosal. Todas estas minas fueron originadas por la meteorización del granito o de las terrazas del Miño, un asunto que tiene mucha más enjundia de la que parece y que otro día discutiré.

En la propia falda del Tegra, al oeste, es decir, cara al océano, una conocida fuente de A Guarda se llama Fonte da Cal,  y la calle donde se encuentra se llama Rúa da Cal. Está claro que este topónimo hace referencia a los caolines de la zona y no a auténtico óxido de calcio. Por si fuera poca pista, un poco al sur una gran nave de una empresa cerámica que en su día minó estos caolines conserva en pie la chimenea del viejo horno.

No es difícil diferenciar caolín de cal. Podemos hacer un difractograma para determinar la composición mineralógica, pero en realidad basta con someter el revestimiento a un ataque ácido débil para disolver la cal (básica) que burbujea a la vista incluso con el zumo de un limón (ácido cítrico), mientras que el caolín ni se entera (la sílice es en sí un ácido). Es de esperar que de la Peña, que fue quien dirigió la excavación de los años 1980, hiciera alguna comprobación, pero lo cierto no hay noticia de análisis alguno. (!!)

La ausencia de las analíticas más básicas de los revestimientos hallados en Tegra me resulta escandalosa y muestra la precariedad que rodea la investigación arqueológica, limitada casi siempre a una mera exhumación de piedras y objetos para su almacén. Pasa la excavación, quedan los restos excavados amontonados en algún almacén del Estado, ¡y a pudrirse!

Y determinar con seguridad si es o no cal lo encontrado en Tegra tiene mucha importancia, porque la cal es, al fin y al cabo, un material de construcción que se utiliza de forma tradicional donde hay fuentes locales de aprovisionamiento, y este no es el caso.

La cal es un producto pesado y por tanto muy susceptible a los costes del transporte. Y no solo es un granel pesado. La cal debe transportarse en seco pues si se humedece reacciona y se estropea, y por tanto es un un problema transportarla en barcos, donde hay que guardarla del agua del mar y de la lluvia. Como demás graneles, la cal debe transportarse como lastre, o en cualquier caso en las bodegas inferiores para no compremeter la estabilidad del buque, pero cualquiera que haya navegado en un barco de madera sabe que en el fondo del barco siempre hay agua… O sea que la cal debería transportarse en ánforas o cualquier otro recipiente estanco, lo que la haría más pesada aún. Como quiera que fuese su transporte implica un gran volumen comercial a larga distancia, solo se entiende dentro de una ruta muy frecuentada.

La cal de Tegra implica un transporte de -como mínimo- doscientos kilómetros de un material delicado y sumamente pesado para que la ciudad del Tegra pudiera relucir en lo alto del monte, haciéndose visible en kilómetros. Es una impresionante declaración de riqueza y poder.

cumbre Tegra

Cumbre del Tegra desde Camposancos y área ocupada por el castro

Pero lo cierto es que las viviendas del Tegra no solo estaban encaldas, algunas estaban encaladas de rojo, y otras… ¡DE AZUL!

Y ésto ya es demasiado…

El azul no es un color habitual en los edificios en ningún lugar del mundo. Hay muy pocos minerales azules y tallables y los más comunes son, de hecho, tan raros, que son semipreciosos: la lazurita (un raro silicato que Chaluen en el Atlasda el azul al lapislázuli) y la azurita, un carbonato de cobre. Que yo sepa, no hay lapislázuli en la península, y no demasiada azurita. Me resulta impensable que los habitantes del Tegra, por muy ricos que fueran, hubieran mezclado azurita con cal para pintar sus casas. Además, la azurita se transforma en malaquita (verde) al hidratarse, y así, como malaquita, la habría encontrado de la Peña al excavar hace treinta años.

Fuera de estos dos, el único tinte azul conocido de la antigüedad es la púrpura azul (2 Cr 2.14) que los fenicios inventaron a partir del Murex, una caracola mediterrránea que sí, hace dos mil años también se encontraba en las costas de Galicia (cosas del cambio climático, je!). Pero la púrpura azul es un tinte orgánico y se degrada con mayor facilidad aún que la azurita en malaquita. No se conocieron otros tintes azules en el Mediterráneo y Europa hasta la llegada del Índigo en la Edad Media. Solo siglos más tarde, con el desarrollo de la química europea, los azules se multiplicaron y volvieron accesibles.

¿Qué es entonces ese misterioso azul del Tegra? Está claro que sólo saldremos de dudas analizando esos revestimientos, pero en la tormenta de dudas que me generó esa noticia de revoque azul del Tegra, la única posibilidad que acierto a imaginar pasa por la metalurgia.

Metalurgia del oro de primario de A Grova.

La copelación es una técnica metalúrgica aplicada desde la antigüedad para el beneficio de la plata incluida en la galena (aquí, sobre su uso en el mundo turdetano/tartésico), y fue el método de refino más utilizado para la plata y el oro hasta la Edad Moderna. Hoy la copelación se sigue usando como método analítico para medir la pureza de oro, pues esta técnica de refino es todavía la de mayor eficacia, rebajando las impurezas al 0,01 %, (esta concentración es hoy el oro de 24 kilates).

El refinado mediante copelación aprovecha la afinidad del oro y la plata por el plomo para lavar y separar los metales preciosos de otros, como por ejemplo del cobre o del hierro.

En A Grova, estando el oro primario incluido en la calcopirita y pirita, lo primero a hacer sería tostar en horno los sulfuros para volatilizar el azufre (y el arsénico) y oxidar hierro y cobre. Así lograremos liberar las partículas de oro de los cristales de calcopirita (CuFeS2) o pirita (FeS2), obteniendo como resultado un concentrado metálico formado por óxidos de hierro, cobre y oro libre. Hecho esto, deberíamos mezclar esos óxidos con plomo y fundirlos en horno a unos 330 ºC. El plomo así derretido capturará el oro y podemos verterlo en una pequeña vasija o copela. Calentando de nuevo la copela en un horno bien aireado a 900 ºC, oxidamos el plomo convirtiéndolo en litargirio o óxido de plomo (PbO), que funde a unos 890 ºC, decantando el oro sólido al fondo de la copela. Si la copela es porosa, el litargirio fundido se infiltrará en los poros, y nos bastaría raspar el fondo de la copela o romperla para sacar el oro. Cuando las cantidades a copelar son grandes no utilizamos copelas, sino que disponemos los óxidos y el plomo en lechos de cal dentro del horno.

Hay que entender que esto es como las recetas de cocina, muy fácil de decir, mucho más complicado  de hacer. Un arte. 

Según algunos tratados europeos de los siglos XVII o XVIII, las mejores copelas eran mezclas de cal y espinas de pescados machacadas o huesos (fosfato cácico) e incluso cuernos de un determinado animal. Lo cierto es que en las copelas de arcillas el plomo reacciona con los silicatos y no se puede recuperar. Parte del oro podría ser arrastrado por ese plomo y quedar atrapado de nuevo en los silicatos de la copela. Utilizando cal, que no reacciona con el plomo, sí podemos reutilizar el plomo en otro nuevo ciclo de refino y de este modo tampoco perdemos oro.

El rojo: minio.

Y ahora los colores, empezando por lo más fácil: el rojo.

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Hay muchos pigmentos rojos naturales, empezando por los óxidos de hierro, o cobre, pero probablemente el más característico de todos sea el minio o plomo rojo (Pb3O4), que se utiliza como protector de la corrosión de hierros y como pigmento de pinturas. El minio tiene un vivo color bermellón y era más que conocido por los romanos.

La cuestión es que si nos pasamos en la oxidación del plomo o no alcanzamos suficiente temperatura, en vez de litagirio (PbO) obtenemos minio. El minio sería sin duda el mejor pigmento para enrojecer la cal si Tegra fuera esa ciudad que yo creo que fue. Todo será cuestión de hacer un pequeño análisis… un semicuantitativo… una fluorescencia de RX, un DRX…

El azul: cobre. 

Lo del azul apunta directamente al cobre. El óxido de cobre o cuprita (CuO2) es rojo, el óxido cúprico o tenorita (CuO) negro o gris, la calcosina (Cu2S) gris, con irisaciones azules, la covellina (CuS) azul. El cobre oxidado da rojos, el reducido verdes y azules. El problema es que el azufre en contacto con la cal y agua generara yesos, provocando la ruina de los encalados. Incluso reduciendo el cobre en forma de carbonato, mucho menos soluble que los sulfatos, el color es muy susceptible a las condiciones ambientales y la humedad, como vimos que ocurre con la azurita y malaquita. Lo ideal sería lograr un hidratado de cobre azul (para que no se altere con la humedad) y aislarlo para que no se combine tampoco con otros iones; o sea: la crisocola.crisocola

La crisocola, que se creía una arcilla, parece ser una mezcla de hidróxido de cobre azul o espertinita Cu(OH)2 y un vidrio aluminoso, una especie de ópalo sucio (SiO2·Al2O3) cuyas impurezas pueden amarillear la espertina dando un color verde al conjunto. Como ocurre con muchos minerales amorfos, en realidad no hay una estequiometría precisa para la crisocola y hay quien se pregunta si es de verdad un mineral o a qué se debe llamar así. Por lo que a mi respecta, lo que se describe es un vidrio de color azul en el que la sílice le ofrece resistencia y protección y el hidróxido de cobre pone el color. Para generarlo en un horno solo se necesita un óxido de cobre y una arcilla hidratada de sílice y aluminio. Una caolinita pobremente cristalizada, como las que se encuentran en los yacimientos de alteración del Baixo Miño sería perfecta.

Lo curioso de la crisocola es que es un mineral reconocido desde antiguo, ya mencionado por Teofrasto en el siglo IV AEC. El naturalista y filósofo griego, que le dio su nombre al mineral, la criso-cola era, literalmente, un pegamento de oro, sea lo que sea lo que esto signifique. En cualquier caso, el nombre de este silicato de cobre remite directamente al trabajo del oro…

El Tegra sobre el Minio: malentendidos históricos y errores mineros.

Esquina de la muralla del castro descubierta este verano tras un pequeño incendio.

Todavía queda mucho por aclarar en el Tegra, pero todos coinciden con que no es un asentamiento corriente. Diez o veinte veces mayor que la mayoría de los castros, la ciudad del Tegra se recoge tras una muralla casi testimonial, apenas un muro defensivo, sin foso. Comparada con pequeños castros como el de A Cabeciña, un auténtica fortaleza, el castro de Tegra es una ciudad abierta.

Altiva sobre la boca del Miño, la gran ciudad del Tegra estaba ahí para controlar los tráficos de salida y entrada al gran río de la Gallaecia. La figurilla de Hércules perdida en los años setenta sugiere un trato singular con Cádiz, el centro de comercio entre el Atlántico y el Mediterráneo. El desarrollo urbano, la abundancia de trisqueles, la holgura de las viviendas y la calidad de los encontrados señalan al Tegra como una centro económico y político de la zona. Todo apunta a una importante concentración de riqueza y poder en un tiempo muy determinado: el cambio de era. ¿Y qué podía haber dado la fugaz riqueza e importancia al Tegra sino la minería? En los cercanos montes de Tomiño y  a lo largo de decenas de kilómetros Miño arriba y luego por el Sil, quedan los restos de centenares de minas romanas. ¿Podemos mirar el Tegra sin mirar al Miño? ¿Y podemos mirar el Miño sin ver las minas?

Justino Frontino, un autor romano que vivió probablemente en el siglo II, escribió un resumen de una célebre obra del historiador Pompeyo Trogo, contemporáneo de Augusto. Este desconocido Justino, del que no sabemos nada, fue confundido durante la Edad Media con Justino Martir y gracias a este malentendido su librito mereció la atención de los monjes, que lo copiaron y preservaron para la posteridad, y hoy podemos leer que según Justino/Trogo, la Gallaecia…

…produce abundancia de cobre y plomo, así como de minio, que ha dado nombre a un río proximo [¿a las minas?]. También es muy rica en oro, por lo que a veces se sacan los terrones de oro con el arado.

¿Es esta explicación original de Trogo o fue una aportación de Justino? Fuera como fuese, esta explicación del origen del nombre del Miño fue repetida durante siglos por otros recopiladores, como el celebérrimo e imaginativo docto romano-visigodo San Isidoro, y en reconocimiento a tantísima autoridad fue admitido desde entonces como hecho probado que el Miño era el río rojo de minio. Sin embargo, Galicia y en concreto el entorno del Miño no es especialmente abundante en cobre , y el plomo es escasísimo en todo el país, de modo que ante el evidente error, hoy los modernos etimólogos han decidido negar la causa minera del nombre del Miño y remontar su nombre hasta sus fuentes indoeuropeas para proponer que Miño seaun hidrónimo pre-romano que signifique precisamente río, de modo que el río Miño sería algo así como el río River.

Total, que por rechazar una confusión, admiten otra.

Tampoco me voy a meter en etimologías, pero yo entiendo que una confusión es casi siempre un cruce de caminos. Por ejemplo, Plinio, que llamaba Minio al Miño, también llamaba minio de forma genérica al cinabrio y al óxido de plomo, lo que puede llevar a confusión del lector, si bien Plinio distinguía el minium (cinabrio) del secundario minium (tetróxido de plomo). El caso es que tanto el cinabrio como el óxido de plomo son tintes rojos y ambos sirven para separar el oro, así que ¿porqué no nombrarlos igual? ¿Acaso no llamamos gasolina al gasoil, cristal al vídrio o goma al caucho?

Es imposible que a Plinio, que fue inspector de minas y nos legó la más detallada descripción de la minería romana del oro del noroeste peninsular, se le escapase la homonomía entre el nombre del río Miño y el de los tintes rojos de plomo y mercurio usados en el beneficio del oro que él conocía de sobra. ¿Acaso entendió Plinio que el Miño aludía al río rojo, cobrizo o miniado de su aguas? Entonces, Plinio, que a diferencia de Justino sí estuvo en Gallaecia y vio las minas funcionando, no consideró necesario añadir aclaración alguna pues para él no había error, del mismo modo que cuando en A Guarda llamaban cal al caolín puede que confundiesen términos, pero en realidad no se equivocaban pues con caolín encalaban.

Mapa de distribución de las explotaciones auríferas del Noroeste en relación a las vías romanas. En sombreado amarillo la zona de la Via Nova estudiada

Mapa de distribución de las explotaciones auríferas del Noroeste en relación a las vías romanas. CSIC.

No fue el minio el mineral que tiñó de rojo las aguas del Miño pero los millones de toneladas de sedimentos rojizos lavados de las terrazas del río bien pudieron lograr un efecto semejante. De la confusión en los términos no debe concluirse la falsedad general. Al contrario, a menudo la confusión nos pone en la pista de una realidad mayor que nuestro conocimiento. Nos confunden los cruces por la cantidad de caminos, no porque el cruce en sí sea falso ni lo sean los caminos que desconocemos. Colón no llegó a las Indias pero eso no niega la redondez de la Tierra. Yo creo que la minería del oro es la pista que debemos seguir para entender la gran ciudad del Tegra, en el cruce del Miño y el océano.

Quizá sus habitantes pintaron sus casas con la evidencias de esa minería. Bastaría un pequeño análisis para sacarnos de dudas.

A ver…

UN APUNTE SOBRE A FONTE DA CAL Y LAS CONFUSIONES.

Ya lo avisé, las confusiones suelen aparecer donde se cruzan significantes y se suman significados.

Repasando un librito medio extraviado (Microtoponimia de A Guarda de J.L. Lomba), releo que el topónimo A Cal no hace referencia a ninguna arcilla de encalado, sino a un canal, o incluso a un pequeño camino, un sendero. La Fonte da Cal sería por tanto una fuente que vierte o es abastecida a través de un pequeño canal, y en consecuencia la rúa da Cal sería “el camino que lleva a la Fonte da Cal”, aunque también podría ser al revés: “la calle del Camino”  y “la fuente que está en la calle del Camino”.

¡Ay, qué flaca es la memoria y qué burlonas las etimologías!

47. Las Rías Secas de Portugal

Todo el mundo sabe que en Galicia hay rías Altas e Baixas, Altas y Bajas, pero pocos reparan en que el norte de Portugal también tiene sus rías, que son Baixas, claro, aunque también son Secas.

Recordé esta historia por una sensacional noticia de ayer, en Faro de Vigo: Galicia sobreviría al deshielo, que aprovechaban una previsión (por llamarlo de alguna manera) a cinco mil años vista hecha por National Geographic .

Sin duda un buen ejemplo de cómo funciona la publicidad calentóloga. El asunto ni siquiera es novedoso, pues desde hace años funciona en internet un simulador de ascenso del nivel del mar sobre la cartografía Google. Este simulador no permite imprimir las imágenes, pero es muy fácil de usar y podéis encontrarlo aquí.

La sensacional noticia me recordó lo de las rías Secas de Poprtugal, que se verían si el mar subiese unos 50 a 100 metros. En el mapa de abajo las podéis ver con solo pensar que lo verde es el mar. El color verde muestra las tierras por debajo de los 50 metros. El amarillo pálido son las zonas de 50 a 100 metros sobre el nivel del mar, y el oscuro de 100 a 200.

También podéis ver las rías del Limia y del Cávado, y la pequeña ría del Ave con la aplicación de subida del nivel del mar.

A propósito, con esta aplicación también podéis ver la ría del Miño, que sí, tiene su pequeña ría, aunque hoy no la podamos ver  por estar rellena con los sedimentos del propio río. Con el mar a +60 metros, sin embrago, la ría del Miño aparece en su esplendor.

Lo que nos demuestra el gran río Miño es que las rías, aunque retocadas por el mar o remodeladas por los ríos, no son valles excavados por estos, pues no hay correspondencia alguna entre valle y río, sino que son valles de origen tectónico.

Las rías Bajas, inundadas o secas desaparecen a la altura de Oporto, que no, no tiene ría, o al menos no la tiene en Porto, sino en el río Mondego, y a unos 200 metros de altura. Otro día explicaré este bonito asunto, pero por el momento, quien quiera imaginar como serían las rías Bajas sin agua, no tiene más que irse a los valles del Cávado o del Limia, allí las verá.