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32. Análisis de la producción histórica de petróleo mediante múltiples curvas Hubbert.

En 1969, Hubbert calculó que el cenit mundial del petróleo se alcanzaría entre el año 1990 y el año 2000. Para obtener este resultado aplicó dos estimaciones de reservas de petróleo recuperable de 1350 Gb y 2100 Gb (1,35 y 2,1 billones -españoles- de barriles) al ritmo de consumo de petróleo en el siglo XX, que se ajustaba como un guante a su curva logística.

Sin embargo, Hubbert falló en su previsión. Para empezar, los hechos han demostrado que la cantidad de petroleo recuperable por métodos convencionales en todo el mundo se encontraba en el entorno de su estimación más optimista, y puede que la rebasase ligeramente. Y Hubbert no previó -ni podía haberlo hecho- las crisis del petróleo de 1973-1979. El resultado es que el pico de petróleo se ha retrasado, y los analistas han tenido que reconstruir la curva de Hubbert añadiendo esta contingencia. Pero la mayor parte de las previsiones hechas desde entonces siguen sin encontrar un punto de acuerdo. El desconcierto es tan grande que ni siquiera hay unanimidad sobre si hemos pasado ya el dichoso pico, y hasta la noción de pico ha sido puesta en cuestión (por ejemplo: aquí y aquí).

La razón de esta confusión es que los modelos contemplan la curva de Hubbert de forma rígida, determinista y estúpidamente estática, y -al fin y al cabo- la minería es una actividad económica y como tal está sujeta a la eventualidad histórica.

El argumento central de mi interpretación es que el ciclo de Hubbert tiene lugar en el tiempo y que por tanto puede truncarse y modificarse, que es lo que pasó en 1980 tras las crisis del petróleo. En aquel momento se esfumó la idea de un petróleo abundante y barato y las economías desarrolladas -en especial la europea y japonesa- pasaron a ahorrar petróleo, si no en términos absolutos sí en relación a la unidad de PIB. Así pues, a partir de las crisis de 1973-1979, las expectativas económicas quebraron el ciclo de producción de “petróleo barato” iniciado a principios de siglo XX e iniciaron un nuevo ciclo de producción de un “petróleo escaso”. Es este ciclo de petróleo escaso el que hoy se encuentra en su máximo, que muchos confunden con un máximo de producción absoluto y en el que tienden a ver el pico del petróleo que predijera Hubbert.

En el gráfico siguiente, tomado de una publicación del Institute for Defense Analyses de los EEUU, tenéis un ejemplo de la típica reconstrucción de la curva de Hubbert sobre los datos de producción. No dibujan la curva en su primera mitad porque en realidad el ajuste es bastante forzado, y el dibujo les quedaría bastante feo.

Pero para que podáis haceros una idea de lo que se oculta, yo os pongo una reconstrucción muy similar a la anterior, con una producción total de 2200 Gb y un pico de 30 Gb en 2006. Añado también -en gris- una curva ajustada a la producción real hasta 1972, que resulta en un pico de 45 Gb hacia 1995, en términos similares a los previstos por Hubbert.

Antes de seguir quiero decir que mis datos de producción son del Shift Project Data Portal, que son ligeramente inferiores a los de Earth Policy Institute o los de BP y muestran una crisis del petróleo menos acusada, pero forman una serie mucho más larga y, de hecho, son los únicos que encontré que se remontan a 1900.

La crisis del petróleo de 1973-1979 eliminó toda posibilidad de logar un buen ajuste de la producción acumulada de petróleo a una única curva de Hubbert, generando una incomodidad.general.  Para resolver este desajuste, hay quien añadió a la curva de Hubbert un chapucero pegote a modo de joroba que eliminaba la crisis y convertía el consumo de los sesenta en una especie de “burbuja de producción”.

Sin embargo, para la mayoría de los analistas el mayor problema surge de la aparente tendencia lineal que ha adoptado la gráfica de producción en los últimos treinta años. Para  explicar esta tendencia, alguien -no sé quién- se ha sacado de la manga una hipotética “limitación de la demanda” que impediría a la producción seguir la curva teórica de Hubbert . De este modo los analistas quieren cuadrar el círculo, pues extrapolando de hecho una tendencia lineal hacia el futuro se justifican en el modelo de Hubbert, que sigue una función probabilística y basándose en este modelo conceptual buscan desesperadamente un “pico de producción” que, evidentemente, no encontrarán aplicando una función lineal.

Del mismo informe del IDA tomo este gráfico con el típico ajuste del pico de Hubbert “a la última moda”, con la proyección de crecimiento lineal de la producción “limitada por la demanda” y ya la cola de producción descendente típica de la curva de Hubbert. Un engendro.

En el gráfico anterior muestro mi propio ajuste, con un primer ciclo de petróleo barato con su cenit  -sólo algo menor que el total- en 1981, y un segundo ciclo -el actual- de petróleo escaso hasta el agotamiento. Este es el peor escenario posible. El segundo ciclo lo obtengo de restar el primero a la producción total (la línea roja) y ajustar a esta línea la producción de reservas estimadas de petróleo convencional no producidas por el primer ciclo.

Lo curioso es que un rápido aumento de la producción en estos últimos años del ciclo sería la evidencia de que nos encontramos en un fin de ciclo, una especie de canto del cisne en la producción de petróleo. Por fortuna, los últimos datos de producción y las estimaciones para 2013 (por ejemplo de la IEA) no parecen mostrar evidencias de aceleración en la producción, por lo que este escenario no parece probable.

Y en este gráfico muestro el escenario más favorable. En 2010 habríamos superado ya el máximo de “petróleo escaso”  y nos encontraríamos en el inicio de un tercer ciclo de “petróleo no convencional”. Este escenario asegura un suministro creciente de petróleo hasta casi la mitad del siglo y -sobre todo- daría tiempo a la industria a crear un nuevo ciclo de producción o, quizá, una alternativa viable al petróleo.

El ciclo de Hubbert se basa en una larga experiencia que nos dice que los mineros entablan una dura competencia por explotar los yacimientos más valiosos y fáciles de extraer, y sólo cuando estos recursos se agotan  pasan a explotar otros menos valiosos o más costosos. Es una ley económica simple -la del máximo beneficio- que al enfrentarse a una distribución logarítmica de leyes mineras resulta en una función probabilística de producción. De este modo, cada ciclo está definido por las capacidades tecnológicas y las perspectivas económicas.

Las crisis del 1973-79 -provocada por cuestiones geopolíticas- adelantó el escenario de petróleo escaso dos o tres décadas antes de lo previsto y de un modo repentino. Aunque la producción podía haber aumentado unos años más al ritmo de los años sesenta,  cambiaron las perspectivas económicas. En el nuevo escenario económico de petróleo escaso -aunque fuese una escasez forzada por el monopolio de la OPEP-, resultaba más rentable maximizar la producción frente al beneficio por unidad producida, por lo que compensó extraer los recursos más caros para cada nivel de precios antes que agotar los recursos más baratos. Como resultado se desarrollaron métodos para extraer petróleo caro aún cuando seguía habiendo cuantiosas reservas de petróleo barato, y fueron estas tecnologías las que abrieron el tercer ciclo, que es hoy el Ciclo de petróleo no convencional.

Al final, que la crisis del petróleo tuviera lugar antes de haber alcanzado el pico del petróleo posiblemente ha evitado una crisis mucho mayor al intercalar entre el petróleo convencional y el no convencional un ciclo-puente de petróleo escaso. Gracias a las crisis de 1973-1979, la transición entre los ciclos 2 y 3 del petróleo podrá realizarse de modo mucho menos dramático, incluso puede que manteniendo la producción total en crecimiento constante, tal y como se muestra en el gráfico del escenario favorable.

El actual debate sobre el futuro del petróleo se articula en torno al aumento de reservas que ha supuesto el desarrollo de los tecnologías de extracción y producción no convencionales. Los agoreros tachan de ilusos a quienes quieren esperan una nueva era de petróleo barato, y los optimistas acusan a aquellos de menospreciar o ignorar el aumento de reservas que añaden los recursos de petróleo no convencional. En mi opinión unos y otros tienen solo parte de verdad: la industria del petróleo y la economía mundial está entrando en un nuevo ciclo de petroleo no convencional: abundante y caro.

El escenario favorable nos evitará la gravísima crisis energética que ocasionaría la disminución de la producción de petróleo, aunque ya nada será igual: el petróleo caro que proporcionarán las reservas no convencionales ya no podrá ser el motor económico sobre el que sustentar el crecimiento. Más bien al contrario, el desarrollo del Ciclo 3 dependerá de que la economía sea lo bastante productiva como para poder pagar el petroleo no convencional, abundante pero caro. Este tercer ciclo nos adentrará en una economía no petrolífera.

En un futurible cuarto, quinto o sexto ciclo, la extracción de petróleo requerirá más energía que la que proporciona su combustión, y en consecuencia dejará de ser de ser una fuente de energía primaria para convertirse en otra materia prima mineral, con variadas aplicaciones y calidades, como el cuarzo, la bauxita o la sal. Entonces el petróleo habrá completado su gran ciclo histórico, convertido en auténtico oro negro.