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81. Un yacimiento único: La mina de cabo Estai, I. Importancia y descripción.

En Cabo Estai, dentro del municpio de Vigo, se encuentra una pequeña mina antigua que constituye un yacimiento geoarqueológico único en su género por varios motivos:

1.- La erosión marina ha dejado a la vista tanto la escombrera como las mineralizaciones  minadas.

general

No es nada habitual que ni unas ni otras se encuentren a la vista, y mucho menos tener una secuencia estratigráfica completa de lo que parece constituir el ciclo de vida de la mina, desde sus inicios hasta su abandono.

2.- La escombrera fosiliza un nivel de playa que marca un nivel del mar ligeramente más alto que el actual.

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Por tanto, el yacimiento no solo tiene interés arqueológico, sino ambiental, pues supone una referencia para la reconstrucción de las variaciones del nivel del mar. Estos niveles de playa se pueden seguir hacia el exterior de la ría en praia D’Abra y por el interior hasta la playa de A Fonte, entre Samil y Alcabre y en general, por todas las zonas externas de las Rias Baias.

3.- Una gran cantidad de carbones a techo de la playa fósil y en la base de la escombrera permitiá datarla con precisión.

Los carbones no solo datarán el arranque de la mina, sino la playa fósil. Esto de por sí ya es excepcional.

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Además hay muchos, muchísimos carbones, y es posible que puedan confirmar el empleo de fuego para quebrar las rocas, según expuso Plinio (HN 33.71).

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Niveles.

El yacimiento se estructura en tres grandes niveles o secuencias estratigráficas, que de muro a techo son:

1.- Nivel de playa fósil sobre el sustrato rocoso entre el nivel de marea alta actual y unos 1-1,5 metros por encima. En las zonas topográficamente más bajas, este nivel presenta como una secuencia positiva (granodecreciente hacia techo) formada por un conglomerado de cantos redondeados con laminaciones de gravillas redondeadas encima y arenas de playa más arriba. Estas arenas de playa pierden redondeamiento y esfericidad hacia techo y con la altura topográfica, siendo en ocasiones indistinguibles de una arena eluvionar granítica. La cementación es la típica de óxidos de hierro.

2.- Nivel de escombrera. Se presenta disconforme sobre la playa fósil y localmente erosivo.  Al este del dique de cuarzo minado se pueden distinguir varias capas con buzamientos de 20 º formando un gran depósito cantosoportado en forma de pila.

secuencia estratigrafica

Al oeste del dique minado los buzamientos son de unos 20 a 30 º entrecruzados.

niveles de escombrera cruzados

Aproximándonos, vemos los clastos y lajas de cuarzo de todos los tamaños están completamente fracturados y sin señal alguna de meteorización.DSC_0034

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 El dique ha sido completamente machacado.

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 Y hasta aparecen acumulaciones sin matriz alguna.

DSC_0038DSC_0039 DSC_0033Se pueden encontrar geodas e incluso perfectas puntas de cristales de cuarzo seccionados que demuestran el enorme trabajo de fracturación de la roca.

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20150725_162401Y en algún caso muy raro, hasta algún canto redondeado de cuarzo, también fracturado, aunque por desgracia sin señales de haber sido utilizado como herramienta.

DSC 00043.- Y por encima de la escombrera un nivel coluvionar típico, con bloques y cantos englobados en una matriz terrosa que eviencia características edáficas más o menos acusadas.

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En estos niveles coluvionares presentan buzamientos menores que los de la escombrera, tendiendo a la horizontalidad, mucha mayor continuidad lateral y en ellos  la fracción gruesa disminuye hacia techo y a medida que nos alejamenos de la escombrera.  O sea, lo normal.DSC_0022

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70.- Madroñero de Cal y la evidencia de una minería galaico-romana de oro y miseria.

Entre los arqueólogos especializados en la minería no es muy popular el trabajo de A. Madroñero titulado: Una posibilidad de rastreo sobre el origen de la metalurgia del estaño en España: interpretación de los petroglifos gallegos desde la explotación y el comercio del estaño antiguo. Ni siquiera lo citan y es eviente su rechazo cuando alguien como yo lo recuerda. Puede que Madroñero se haya equivocado en muchos detalles, incluso en algunas generalidades, pero me sigue gustando mucho este trabajo, me parece que su planteamiento fue pionero y todavía, veinte años después, me resulta sugerente.

Lo que estos arqueólogos vienen a decir  decir de Madroñero es algo así como lo que se puede decir de la reconstrucción de la palloza del castro de Tegra, a la que le han puesto ventanas y hasta ¡soportal!: Sí, es muy vistosa, muy turística, muy atractiva, pero no representa excatamente lo que fue, ¡vamos, que les ha salido un chalet de planta baja!

santa-tecla-celtic-village

Tegra celtic cottage

Y ya puestos a criticar, aunque es de rigor meterse con la ventana, a mi lo que me chirría es el soportalito ése, en plan palloza de apart-hotel.

De luxe cottage apart-hotel

De luxe cottage apart-hotel

Es cierto, la reconstrucción de la coqueta palloza castreña de Tegra parece sacada de “una aldea gala que resiste ahora y siempre al invasor”, y fue construida aplicando criterios de vivienda actuales, criterios más que discutibles cuando se aplican a una edificación de un mundo tan ajeno como el castrexo. Pero hay que reconocer que la reconstrucción de la palloza del Tegra, por ingenua o forzada que parezca, tuvo y tiene su valor.

Por cierto, a algunos arqueólogos tampoco les gusta nada que se relacione las pallozas con las viviendas castrexas, pero ahí tampoco estoy de acuerdo. Al fin y al cabo, ¿no se caracterizan unas y otras por ser circulares, con muros de piedra y techos de paja? ¡Pues pallozas!

A lo que iba. En realidad, lo más importante que Madroñero hizo, aparte de interpretar los grabados rupestres como herramientas mineras, cosa que hoy está más que aceptada, pues aparte de esto, digo, lo que hizo fue subordinar los hechos arqueológicos a los imperativos de la tecnología metalúrgica. Es decir, Madroñero no fundamentó su hipótesis en un determinado hallazgo arqueológico, en lo descubierto en una excavación o en otra, sino que reordenó todas las evidencias arqueológicas disponibles para dar respuesta detallada al problema minero-metalúrgico que plantea en el NW ibérico la extracción y beneficio del estaño. Este planteamiento, claro, forzaba algunas evidencias arqueológicas al límite, pero también servía de piedra de toque contra muchas suposiciones gratuitas o pasadas por alto por el relato arqueológico inductivo. Y esta forma de hacer las cosas es la que me parece más valiosa del planteamiento totalizador de Madroñero.

Por ejemplo, hace una semana, hablando con un arqueólogo que presentaba una exposición sobre una villa romana excavada en Tomiño, me desconcertó la manera cómo enseguida zanjó cuando le decía lo difícil que me resultaba entender cómo explotaban los galaicoromanos el oro. Me miró sorprendido y me dijo algo así:

– Eso está perfectamente claro. No tiene dificultad ninguna, El oro no tiene metalurgia y lo concentraban mediante hidráulica. Ya lo explica Plinio, que incluso utilizaban tojos para retener las partículas de oro.

Sí, Plinio lo dice, pero ¿acaso alguien sabe hoy cómo hacer eso? ¿y era el procedimiento habitual? ¿sirve para cualquier tipo de depósito o era un método aplicable solo a grandísimas explotaciones como Las Médulas?

Plinio lo describe como una penúltima fase de la concentración, pero ¿qué grado de concentración previa habían conseguido? ¿qué tamaño mínimo de grano se puede separar con este método? En cualquier caso debemos entender que era más eficiente que el bateo manual, pero no sabemos cuánto, ni en qué sentido, si en el de la productividad por trabajador, por tonelada o en el de la producción total.

mina en Africa

mina en Africa

Responder a todas estas cuestiones prácticas, aparentemente menores, puede poner patas arriba cualquier supuesto arqueológico. No son detalles sin importancia, al contrario, la respuesta elegida comprometerá la interpretación general de las evidencias arqueológicas. Y es imperativo contestarlas, ya que son los parámetros que determinaron toda la organización social y económica alrededor de las minería del oro. Para mí, como para Madroñero, tiene sentido ordenar las evidencias arqueológicas de campo para tratar de contestar a estas preguntas, y no al revés.

mineria del oro en Costa de Marfil

mineria del oro en Costa de Marfil

La minería es un negocio de enormes costes fijos y por eso su historia está íntimamente ligada al nacimiento del capitalismo, porque esos costes fijos en el sistema capitalista requieren de una gran concentración de capital para hacerles frente. En otro sistema no capitalista, como el romano, por ejemplo, los costes fijos pueden tarducirse como patrocinio estatal. Sea como fuera, la rentabilidad económica es clave, pero los arqueólogos no se planetan apenas un análisis de costos y beneficios -de productividad- para intentar de ahí reinterpretar lo visto en el campo.

mina romana Rosia Montana - Rumanía

mina romana Rosia Montana – Rumanía

Y sigo con el ejemplo. Según esta página de Perú, un bateador puede tratar alrededor de 1 Tn/día de material. Desde luego carecemos de cualquier referencia de los bateadores romanos, pero puesto que es un trabajo manual que ha cambiado muy poco, la capacidad de los romanos no debió ser muy diferente, si acaso menor, ya que cualquier garimpeiro tiene hoy cedazos de malla metálica para separar fracciones que no tenían los romanos. Parece lógico pensar también que el sistema de selección por urces resultaba más ventajoso que el bateo manual -quizá también con una pérdida mayor de oro- pero como punto de partida, bien vale empezar por 1 Tn/día.

En Salvaterra de Miño, una de las pocas explotaciones para la que tenemos un dato de ley media, el contenido de oro se mide en unos 0,152 g/Tn, y eso significa una producción anual por bateador de unos 55 g de oro. No hay que olvidar que la además de separar el oro, los depósitos secundarios requieren un intensísimo trabajo anterior de excavación y disgregación de las partículas, trabajos de los que forman parte la tan famosa ruina montium y los otros métodos que Plinio describió y que habría que sumar al bateo en sí. Así que supongamos que la productividad que ganaban con las urces y el bateo hidráulico en agogas la empleaban en las labores previas de machaqueo y disgregación. Total, que nos quedamos con 55 g/año por trabajador.

sulfuros oxidados en Os Buratos

sulfuros oxidados en Os Buratos

Vamos ahora a un yacimiento en primario. Pongámonos en O Burato. Pongamos que los galaico-romanos echaban el ojo a un filón y querían saber si tenía oro. ¿Cómo lo hacían? Pues igual que en secundario, machacando y tamizando una muestra (el segullo de Plinio), con un poco de agua y una batea. Vale. Parece fácil. Pero vamos al detalle. Pongamos que usaban una batea de 8 kg. Si consideraban una ley de corte de 3 ppm, tendrán que encontrar 0,024 g de oro. que es, más o menos una pepita de 1,3 mm de diámetro. Pero eso sería tener mucha suerte, pues en O Burato el oro se encuentra en forma de pequeñas partóiculas de oro, probablemente con forma de laminillas, aunque no tenemos ese dato ni conocemos su tamaño. Así que bien pudieran ser unas veinticinco laminillas de 1 mm  de largo (y 0,5 mm de ancho por 0,1 mm de grueso), o quizá unas cien de 0,064 mm de largo, que es el tamaño mínimo de la arena, o quizá unas ochocientas de 0,032 mm, que es un limo grueso. El tamaño de partícula es fundamental, pues para liberar el oro hay que pulverizar la roca hasta el mismo tamaño que la partícula de oro y entonces podremos separarlo por densidad. En los ríos, la mayor producción de un bateador se concentra en forma de partículas de tamaño de arena fina o limo grueso, así que un machaqueo a 0,064 mm parece necesario.

La Ley de Bond nos permite calcular el trabajo  empleado en este machaqueo, que para  1 Tn de granito/cuarzo a 0,064 mm será de unos 17 kw/h. Contando entonces que el gasto energético del trabajo manual es de unos 0,075 kw/h , resulta que machacar los 8 kg de la batea a 0,064 con una eficiencia del 0,9 % le llevaría al minero galaicoromano unas dos horas y diez minutos, y una hora más, 190 minutos, si machaca a 0,032 mm.

Pongamos ahora que nuestro minero galaico-romano ha encontrado oro a 3 ppm, justo en el límite de lo aceptable, y deciden explotar el filón, que tiene unos 20 metros de largo y unos 50 cm de ancho. ¡Buena suerte, justo el ancho de un hombre!  En total, 10 m3 de roca por cada metro profundizado. Eso son unas 26 Tn de granito, por 3 ppm, unos 78 gramos de oro. Si machaca a 0,064 mm, el machaqueo le llevará 7.166 horas, un año, once meses y dos semanas ininterrumpidas de trabajo de un hombre a jornadas de diez horas; si lo hace a 0,032 mm el tiempo empleado será de 10.244 horas, dos años y diez meses. Habría que añadir a este trabajo el bateo de las 26 Tn a 1 Tn/día, pero esto sería ya pecata minuta. El resultado de tanto esfuerzo eran unos 40 g de oro por hombre y año en el primer caso y 27 g en el segundo. Por supuesto, minando solo los filones más ricos se aumentaba la productividad por hora trabajada, pero a costa de la producción total. A leyes de corte de 6 ppm, por ejemplo, en O Burato la producción total se vería reducida a menos de la mitad, al 43 %. Y todo esto contando con que todo el oro de O Burato estuviese en forma de partículas mayores que el tamaño mínimo de machaqueo.

40 g de oro eran 5 áureos de Augusto, 125 denarios, media anualidad de un legionario raso poco más o menos. 40 g de oro era el jornal de cuatro meses de un bracero libre, el precio del esclavo más ruín en tiempos de guerra, cuatro o cinco meses de alquiler de un apartamento barato en Roma.  40 g de oro al año era el 21-48 % de la renta percápita media estimada para el Imperio. Y eso que estoy comparando producción con renta. A los 40 g habría que restar los costes de la propia manutención del minero y otros muchos costes asociados, como por ejemplo, la vigilancia y dirección de las minas. Si estas cuentas son más o menos correctas -y yo creo que más o menos lo son- hay que admitir que la minería galaico-romana del oro era una minería apenas de subsistencia, de absoluta miseria, de trabajos forzados, de explotación, de esclavitud.

Como Madroñero, yo creo que la arqueología está obligada a contestar a estos imperativos generales, estos límites materiales que impone la metalurgia, la técnica minera o la geología de los yacimientos, y que hay que reordenar las evidencias arqueológicas, todas parciales, locales, circunstanciales, a esta gran razón económico-minera.

No se trata de hacer un materialismo cultural, más bien al contrario, se trata de no caer en el materialismo de lo excavado, el materialismo del yacimiento. Si al desenterrar las villas romanas o los castros galaico-romanos no aparecen las cadenas no será que no existían, sino que eran más sutiles, que no dejaron un rastro material, o bien que no estamos interpretando  bien lo que vemos. ¿Qué clase de miserables eran aquellos mineros? ¿Cómo los sujetaban los romanos al penoso trabajo de las minas? ¿Cómo organizaron todo aquel inmenso campo de trabajo forzado que fue el NO ibérico?

La minería galaico-romana era ocupación antieconómica para un hombre libre y solo tenía sentido como carga de servidumbre o por interés político.  De hecho, ésta es la explicación que le dio Floro.

Así pues mandó que se explotase el suelo. Con ello los Astures, explotando la tierra esforzadamente, comenzaron a darse cuenta de sus recursos y rquezas, aunque en principio tratan de adquirir todo esto para otros

Esta condición miserable de la minería del oro también está implícita en Plinio.

Por lo demás, los montes de Hispania, áridos y estériles y en los que no crece ninguna otra cosa, son forzados a producir esta riqueza

Plinio y Floro nos hablan de un orden económico puesto al servicio del orden imperial. Y sí, ninguno de ellos habla de esclavitud, como Diodoro o Estrabón, de modo que no serían exactamente esclavos, pero eran igualmente forzados.

Veamos el problema desde una óptica económica. Probablemente los mineros no generan ni su propia manutención, así que malvivían en una economía de subsistencia, más aún, subsidiada. Y aquí está la clave: subsidiada. Si el emperador se quedaba con el oro ¿cómo subvencionaban entonces los romanos esta minería? Es decir, ¿cómo la alentaban?

La respuesta evidente es con violencia, y sí, desde luego, o con su amenaza, con el recuerdo de las guerras pasadas. Pero si Augusto no quería exterminar a los indígenas, si quería construir la paz, necesitaba llegar a algún tipo de acuerdo con ellos y ofercerles una contraprestación por su servidumbre. Por las descripciones de Plinio, el relato de Floro e incluso por las evidencias arqueológicas parece que sí, que hubo pacto, que los indígenas aceptaron la contraprestación de Augusto como pago de sus esfuerzos.

Lo que yo veo al pasear por los montes de Tomiño es una minería indígena, dispersa, extensiva a la vez que intensiva, imposible de controlar por policía alguna, una minería pobrísima en cuanto a las leyes mínimas minadas y realizada para maximizar la producción. Así que yo no creo que los  romanos estuvieran directamente comprometidos en la gestión de las minas y que se limitaban a fiscalizarlas.

Así que sí. Sí fue la munificiencia del emperador la que pagó la minería del oro, pero no con dinero. Era munificencia al estilo romano. Augusto no querría poner un legionario tras cada minero, aunque tampoco querría que otro se quedase con el oro. ¿Cómo podía hacerlo el emperador? Pues a a través de su propia clientela, integrando a los locales en ella.

divinidad galaico-romana

divinidad galaico-romana

El oro era entregado a los romanos, se exigía una producción y era pagada. Y esta aportación de oro era a su vez compensada mediante integración en el sistema de privilegios romano, es decir, otorgándoles derechos políticos, primero como clientes, y más tarde incluso como ciudadanos, cosa que sucedió con el gobierno de Vespasiano. Quizá lo de Vespasiano fue un tanto accidental, pero en cualquier caso nos habla del del éxito absoluto de este plan de integración diseñado por Augusto y basado en la minería del oro.

Vespasiano

Vespasiano

El NO hispano –montañosoárido y estéril, en el que no crece ninguna cosa–  carecía de cualquier interés para los romanos salvo el de dominarlo y el oro fue la herramienta económica que emplearon para hacerlo. Un oro que los nativos pagaron con su sangre. La intensísima y extensísima minería aurífera de Gallaecia y Asturica fue la clave para integrar a los locales en la economía romana primero, a través de ella en el sistema de relaciones clientelares y por último en su sistema político de derecho, su propia ciudadanía, que les fue concedida por Vespasiano junto al resto de la Península.

La herencia de todo aquello es larga. Gallaecia/Galicia es hoy la única entidad territorial peninsular que sigue existiendo como entidad política con su nombre romano. Gallaecia/Galicia es un relicto histórico, uno de esos patrimonios inmateriales que se llaman ahora, un legado cultural de dos mil años de antigüedad. Pero este país nació como un inmenso campo de trabajo, un pozo de miseria e inmensas riquezas. Y mucho me temo que llevamos el nombre de los capataces de aquel campo…

 

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Carcavas mineras Radovin 2

65. Un castro, quizá dos, o tres, y hasta minas romanas en el Adriático. Alrededores de Zadar. Croacia.

Este verano pasé unos días en Croacia. Desde la carretera, camino de Pag para probar su famoso queso, unas siluetas me resultaron familiares. Eran las típicas plataformas castreñas, bien evidentes en el pelado paisaje de la zona.

Liube Castrum

Ni me paré a hacer foto, pero de regreso no pude dejar de buscar en Google Earth y ¡sí, allí estaban, no dos, sino tres asentamientos!

castros de cabo Ljubljana

Y mi sorpresa fue mayor aún al ver que una de ellas llevaba el nombre Castrum Liube, tal y como se la conocía en el siglo XIII, cuando una fortaleza templaria de la que hoy quedan apenas unos muros de su iglesia se levantaba sobre este antiguo castro. La población del castro Gliube o Liube, en el cabo Ljublanja vivió unos siglos de esplendor como disputada base comercial hasta ser completamente abandonada por los venecianos en el siglo XVII.

ruinas medievales de Liube

Como quiera que fuese, templaria, napolitana o veneciana, el topónimo denunciaba a las claras su inicial hábitat romano. Una plataforma secundaria al sureste del castro señala quizá un poblamiento medieval de los buenos tiempos, y entre ambas se conserva todavía bien marcado el foso defensivo del castro. para que os hagáis una idea, de parte a parte, lla línea roja tiene 330 metros.

Castrum Liube

Bueno, aquí os dejo imagen ampliada de la segunda y tercera plataformas, situadas a 0,8 y 1,6 km al sureste de Liube y de unos de 130-150 metros de diámetro cada una, es decir, muy semejantes en tamaño al Castrum Liube.

Posible castro al suroeste de Liube

posible tercer castro al sureste de Liube

Por supuesto, al ver estos tres castros tan potentes y próximos no pude dejar de recordar los relatos de Plinio al describir el oro del Imperio en el Libro 33:

Por un golpe de suerte poco frecuente, a veces [el oro] se encuentra directamente en la superficie de la tierra, como hace poco en Dalmacia, durante el principado de Nerón, obteniéndose por día hasta 50 libras. Cuando de este modo se encuentra el oro en la superficie del suelo, lo llaman talutio, si también se encuentra debajo tierra aurífera. Por lo demás, los montes de Hispania, áridos y estériles y en los que no crece ninguna otra cosa, son forzados a producir esta riqueza

 ¿Habría minas de oro en las proximidades? Pues yo creo que sí, unos 8 km al sureste de Castrum Liube se encuentra la aldea de Radovin.

Monte al norte de Padovin

Fijaos en las cárcavas del monte al norte del pueblo, son estas:

Carcavas mineras Radovin

Y ahora fijaos en la extraña forma circular todavía más al norte.

Monte al norte de Padovin 2

O este vaciado en la cima de un monte como 1 km al sur:

mina en cima de monte de Radovin

El cuadrado azul es una señal de foto de Panoramio, en concreto, ésta:

Carcavas mineras Radovin 2

Supongo que la evocación a las Médulas está clara. Hay más cosas, pero, por el momento, esto es lo principal. Creo que todo estos restos son huellas de minería romana, aunque no he encontrado ninguna referencia. Intentaré  saber más.

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filones auríferos en O Burato

63. O Burato dos Mouros III. El oro.

¿Cuánto oro sacaron de O Burato dos Mouros, en Tomiño?

Para calcularlo he repasado los datos de IGME, que hizo quince sondeos en la zona. No aparecen reflejados TOM14 y el TOM15, junto a TOM1, y TOM16, junto a TOM9. El IGME no da los resultados de TOM5

En O Burato, el oro se concentra en una serie de filones de 20-25 metros de longitud máxima, dirección media N70/80, es decir, elongados en dirección N70 y buzando (inclinados) 80º hacia el norte. En los Los quince sondeos cortaron 788 filones mineraliados de 0,4 metros de potencia media con cantidades variables de oro entre 0,01 y 80 ppm.

El informe del IGME, concluye que el yacimiento de Alto de Pozas, que es como llama al yacimiento de Burato, contiene 140 cuerpos mineralizados tabulares con una masa total de 140.000 Tn y un  contenido en oro de 3,5 ppm, total, 490 kg de oro. Por desgracia, estas cuentas no nos sirven de nada. El contenido en oro explotable es una medida relativa que depende, para empezar, del volumen considerado.

En el cuadro de arriba están los contenidos en oro para cada sondeo por secciones de 50 metros en horizontal y dirección N160, perpendicular a la dirección media de los filones. La explotación romana sigue una dirección N170. Para resumir, vemos que en casi todos los sondeos el primer tramo de 50 metros es el más rico en oro, variando entre 0,02 y 0,61 ppm. La media de 0,29 ppm de oro es así una buena aproximación al contenido global de oro en los 50 metros superficiales en el área cubierta por los sondeos.

De cualquier manera, el oro nunca está diseminado de modo homogéneo. Ya en el primer tramo, el más superficial, el filón más rico medido por el IGME dio un contenido de 80 ppm, muchos no dieron nada, y 169 de los 362 que dieron algún contenido en oro tenían menos de 1 ppm. En definitiva, el contenido de oro depende de la concentración y la anchura o potencia de cada dique, por eso, dique a dique, alguno con menor concentración puede contener tanto oro como otro con menor contenido en oro, simplemente porque es más gordo (más potente).

En resumen, la distribución de contenido en oro sigue una función de probabilidad, y unos pocos filones acumulan una buena parte del oro total, mientras la mayoría apenas suma un pequeño porcentaje.

Si prestáis un poco de atención al gráfico, veréis que el 10 % de los filones acumula más del 40 % del oro total. Seguro que a muchos os suena el índice de Gini, que se aplica a la distribución de la renta de los países y sirve para medir la desigualdad en los ingresos. Pues bien, si estuviéramos hablando de un país (y descontando los filones que no tienen nada de oro) , el índice del yacimiento de O Burato sería de 41,6, similar al de Rusia o Qatar. España anda por el 35 y US por el 45.

Insisto en esta cuestión porque es muy importante y es necesario entenderlo para comprender la racionalidad de la minería antigua o moderna. Ahora expreso la misma idea en un colorido gráfico de sectores.

Está claro. A los romanos les bastaba excavar el 5 % de los diques más ricos de O Burato para extraer el 26 % del oro total. Si daban  con el 10 % más rico, sacaban el 46 % del oro total, si localizaban el 20 % más rico, obtenían el 58 %, minar un 10 % más de filones ya solo elevaba la cifra al 67 %.

Es la ley de rendimientos decrecientes: pronto se llega a un punto en que los esfuerzos añadidos por agotar el yacimiento no compensan.

La cuestión es, claro, dar con los mejores filones y con la mayor concentración de buenos filones, pero lo cierto es que que sí, los galaico-romanos dieron con ellos. Veamos.

El oro de O Burato no está a la vista. Se encuentra como oro libre y oro incluido en la calcopirita, y también en pequeñísimas inclusiones dentro del cuarzo. Y no hay manera de saber si un filón tiene mucho o poco oro, o nada, antes de machacar, triturar, separar y concentrar y reconcentar los minerales pesados. Cuanto más pequeñas las partículas de oro, más hay que machacar para poder separarlo. También se pueden cocer los sulfuros en hornos para oxidarlos y poder recuperar el oro, previo machaqueo, por supuesto. Pero ningún resultado puede anticiparse antes de hacer estos trabajos, como bien señaló Plinio.

Y sin embargo, de las investigaciones y trabajos del IGME se deduce que los galaico-romanos hicieron esta labor ingente de exploración previa. No iban a ciegas. Tras todas las investigaciones y trabajos del IGME para localizar las zonas de mayor potencial de oro en primario entre O Miñor y el Miño al oeste de Tui, resultó que la zona con mayor potencial era precisamente esta de O Burato, justo donde se encuentra la mayor mina romana en primario de la banda metasedimentaria O Rosal-Monteferro.

Y lo que se puede concluir de los abundantes restos mineros de estos montes de Tomiño y Oia, diseminados aquí y allá, la mayoría muy pequeños, pequeñísimos, apenas perceptibles, ignorados precisamente por su pequeñísima entidad, es que los galaico-romanos hicieron una investigación minera exhaustiva por toda la zona.

La mayor parte de estas labores de prospección se han perdido o aparecen escondidas entre las irregularidades de unos montes arrasados por siglos de explotación salvaje, una rapiña que continúa hoy día a una nueva escala gracias a las máquinas excavadoras y un sistema de gestión y explotación forestal irracional y tercermundista. Pero todavía quedan algunas. Es necesario inventar una microarqueología minera para dar con estas últimas huellas de la microminería exploratoria romana, unas huellas que nos revelan de las técnicas y capacidad minera romanas tanto al menos como esas otras grandes explotaciones que centran la atención pública y especializada.

Y termino. ¿Cuánto oro sacaron los galaico-romanos del O Burato? Pues ahí van las cuentas. Primero, el área de exploración, una franja de 2000 metros de longitud con una anchura media de 50 metros. Total, 10 Ha; es una medida prudente de la extensión mínima en la que se localizan las huellas de filones excavados.

Y como según los trabajos del IGME el contenido de oro en superficie es de unos 0,29 ppm,  tomando una densidad media de 2,6 Tn/m3, tenemos que en ese área hay un total de 75,4 kg de oro por cada metro de profundidad. ¿Cuánto de esta cantidad sacaron los galaico-romanos?

Como vimos, les bastaba dar con el 5 % de los filones más ricos para extraer el 26 % de esa cantidad, y si daban con el 10 % más rico, minaban el 42 %. La superficie de las excavaciones principales de O Burato se extienden a lo largo de unos 500 metros con una anchura media de 40, unas 2 Ha, y fuera de este área central hay decenas de filones excavados, así que suponer que minaron el 20 % más rico no resulta descabellado. Si hablamos de concentraciones, esto significa que minaron leyes por encima de ¡¡¡3 ppm!!! En oro total, eso es el 58 % del yacimiento, unos 43,7 kg por metro excavado. Considerando una excavación media de 4 metros de profundidad, el total minado de O Burato pudo elevarse a cerca de 160 kg de oro, unos 20.000 áureos de augusto, lo suficiente como para pagar la soldada anual de dos mil legionarios, media legión.

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Panorama Cova da Moura

50. Minería pre-romana en Ons, I

En la isla de Ons, la Aunios de Plinio, hay un par de castros, un sarcófago medieval excavado en la roca, una gran furna con sifón colapsado, evidentes restos romanos, playas, un gran faro del siglo XIX, historias de la Santa Compaña, varias fuentes, una mina de galería para recoger el agua subterránea y una gran escombrera minera, posiblemente pre-romana.

La escombrera se localiza en el talud tras la playa de Canexol, el mismo que deja a la vista los restos romanos de una fábrica de salazón.

En el talud se distinguen tres niveles, uno basal formado por un paleosuelo arenoso, un nivel intermedio con clastos de cuarzo rotos por machaqueo, y un superior, también cultural, es decir, con huellas humanas, que va desde el establecimiento romano hasta la superficie. Señalo en amarillo los contactos entre los niveles.

En la foto de arriba se ve el contacto entre la escombrera y el paleosuelo inferior. Se puede apreciar que el contacto es neto y erosivo.

En esta otra foto se ve el mismo contacto erosivo en otro lugar. Paralelo al contacto se ve un frente de precipitación de oxihidróxidos de hierro, pero además entre este frente y el nivel inferior natural se ve…

..pues una macla de cuarzo en una matriz arenosa. La macla apenas tiene señales de desgaste, lo que indica que no fue erosionada sino que fue arrancada y partida junto al resto de los clastos de cuarzo.

Pero hay más. De forma ocasional, entre los clastos irregulares de los cuarzos fracturados, aparecen cantos de cuarcita perfectamente redondeados que evidentemente fueron recogidos en las playas y posiblemente utilizados como herramientas. En cualquier caso, estos cantos pulidos y redondeados entre los clastos de cuarzo roto son otra señal del carácter cultural de este nivel.

El límite superior del nivel de escombrera está peor definido que el basal. En la foto de abajo, como en la primera del talud, en la que marcaba los tres niveles, unas lajas de granito parecen marcar la superficie superior de la escombrera.

Pero en otras ocasiones los niveles conglomeráticos se superponen en una estructura interdigitada compleja, y no es posible definir una superficie de techo del nivel.

Todas las fotos anteriores están tomadas en el talud al norte de la construcción romana.

De esta construcción, que está siendo erosionada por el mar, se conservan varias paredes y la cimentación, incluyendo un fantástico suelo de un apisonado de gravas de cuarzo. Dentro y fuera de los muros se pueden ver los restos del tejado derruido. 

La construcción se ha interpretado como una fábrica de salazón, ya que en sus inmediaciones aparecieron grandes cantidades de restos de pescado y mariscos. En efecto se pueden ver en el talud restos de espinas de pez y ostracos.

Además de los grandes restos, el nivel tiene una matriz arenosa formada en buena medida por restos finos de conchas. ¿Acaso machacaban el marisco? Quizá hacían alguna especie de garum. A saber. Pero lo que nos importa es que estos restos permiten posicionar el nivel romano asociado a la supuesta salazón con el nivel de escombrera. Y está claro que lo romano se superpone a la escombrera.

Gustavo, de Masquepetroglifos, nos señala la superficie de contacto entre la escombrera y el vertedero de pescado y marisco.

Al sur de la salazón romana, también tenemos conglomerados, pero estos son enteramente de granito. Apenas hay en ellos cuarzos.

Estos conglomerados graníticos tan semejantes a la escombrera y tan cercanos a ella dan que pensar. ¿Separaban en primer lugar el granito del cuarzo de los diques y filones para luego revisar con cuidado los cuarzos en busca del mineral?  ¿O son simplemente las huellas de la deforestación y subsiguiente erosión que sin duda produjo la explotación minera? Por el momento no puedo contestar.

Tampoco sé donde están las minas, ni que extraían. Gracias a la ayuda del Club de Espeleología Aradelas, Gustavo y servidor pudimos meternos dentro de A Cova da Moura, una cueva justo en las murallas del castro conocido como Castelo dos Mouros. Estuvo bien, aunque no encontramos evidencias de minería. Lástima.

La cueva no mostraba ningún indicio de galerías ni señales de excavaciones. En realidad, es poco más que un hueco de colapso. Todo el suelo está formado por tierra y rocas caídas de techos y paredes. La causa de la inestabilidad es la meteorización (greisen) asociada a diques pegmaplíticos de dirección N-S.

Claro que el colapso podría haber sido iniciado por una excavación minera previa ahora sepultada por los derrubios, pero por el momento tan solo es una suposición difícil de contrastar.

En cualquier caso, lo que se ve es una serie de cicatrices de derrumbes marcadas por direcciones estructurales comunes en los granitos de la región. La cueva la forman dos “salas” N-S como la que se ve arriba comunicadas por el galerías abiertas a favor de la fracturación N70. Los colores blanquecinos indican el granito greisinitizado y muy alterado, en forma de jabre arenoso que va colapsando. Las superficies del diaclasado N70 están mucho menos alteradas que las N-S.

Pero si no sacaron el mineral de A Cova da Moura ¿De donde? Pues en eso estamos Gustavo y servidor.

Para acabar, ahí tenéis la panorámica del Castelo dos Mouros, con su triple foso. Resulta muy sugerente que este castro superfortificado, con fosos excavados en roca viva, se encuentre justo encima de esa gran escombrera minera. ¿Están relacionados? Si os interesa saber más sobre este castro y su relación con otros de la costa de rías, la minería y el comercio pre-romano, pues os pasáis por aquí.

aureo de Augusto

45. El oro del NO hispano y la política romana, II. El Imperio.

El principado de Augusto. 

Las guerras cántabras fueron para Octaviano una campaña de propaganda y justificación. La rapidez con la que las inició deja bien claro que las tenía ya  previstas a la muerte de Marco Antonio.Y de la misma manera, en cuanto venció a los astures en el monte Medulio, se dio no poca prisa en volver a Roma y encumbrarse como Augusto, iniciando su principado aunque la guerra durara todavía otros ocho largos años. Mi opinión es que Octaviano usó esta pequeña guerra de conquista para adquirir un prestigio de benefactor de la República que una guerra civil no podía darle.

Como tantos otros antes que él, Octavio/Octaviano/Augusto sometió a los bárbaros para Roma y ensanchó el imperio. Por grandes guerreros que fueran astures y cántabros, no eran más que un simple reducto, y la guerra contra ellos mucho menos arriesgada que, por ejemplo, contra los bárbaros germanos, britanos o la lejana Partia. Pero además, desde la perspectiva romana, la total conquista de Hispania remataba una aventura en la que tantos grandes generales se habían empeñado, incluyendo a su propio padre político, Julio César. De algún modo, Augusto remataba en Hispania la expansión republicana y la propia historia de la República.

Cayo Julio César Octaviano inició la conquista del último reducto no romano de la península Ibérica el año 29 a.C., a la edad de 33 años, y en los diez años siguientes el ejército romano venció y sometió primero a los astures y después a los cántabros, pueblos ambos que habitaban la cordillera Cantábrica hasta el mar y  sus estribaciones hacia el Duero por el sur. Cuando la guerra se dio por finalizada Octaviano era príncipe y emperador de Roma, con el nombre de Cayo Julio César Augusto.

Muchos autores han incluido Galicia como parte de las conquistas de Augusto y muchos manuales y publicaciones todavía muestran mapas con el avance cronológico de la ocupación romana que mostrándolo así.

Pero ni las crónicas ni los yacimientos arqueológicos ofrecen indicios de operaciones militares en el territorio de la Galicia actual. Como avancé en la entrada anterior, mi opinión es que pese a que Julio César no dejó establecimientos militares al norte del Duero tras su campaña marítima, logró al sumisión de los galaicos y su integración económica al mundo romano a través del comercio con Gades.

Gallaecia, que constituía el flanco occidental de las operaciones de Octaviano, se mantuvo leal a Roma y por ello cuando el futuro emperador venció a los últimos guerreros Astures refugiados en el monte Medulio, dividió la Provincia Ulterior en dos: Bética y Lusitania, quedando la Gallaecia junto a la Astúrica recien conquistada dentro de la Lusitania. Al fin y al cabo, los romanos entraron en contacto con Galicia, por mar o por tierra, desde el sur, a través de la Lusitania.

La lealtad de los galaicos habría tenido sus premios y honores, como la construcción de la Torre de Hércules y las Aras Sestianas, pero de modo más práctico se dejaría notar en la continuidad de las élites locales y estructuras sociales y en algunos otros privilegios.

De lo primero, sería prueba el mantenimiento de la organización territorial estructurada en torno al castellum, el castro, que es totalmente singular y exclusiva de la Gallaecia, y se mantuvo hasta finales del siglo I, con la llegada de la dinastía flavia. Aunque en Asturica e incluso en Cantabria también había castros o castella, allí la organización administrativa territorial se estructuró en relación con la gens, los pobladores, sin mayor precisión. Algunos autores creen incluso que la cultura castreña de Gallaecia vivió su esplendor en las primeras fases de la ocupación romana, en torno al cambio de milenio.

De lo segundo, Lucus Augusti, Lugo, es el único de los 43 municipios hispanos establecidos por Augusto en el cuadrante NO de la península, siendo los más próximos a Lugo, Ébora, por el sur o Calagurris (Calahorra) por el este, cualquiera de ellos a más de 500 km de la Gallaecia. El privilegio galaico sobre el NO peninsular se mantuvo a lo largo de la dinastía julia, y de los 21 municpios establecidos por los sucesores de Augusto, el único situado dentro del cuadrante NO peninsular, Claudionerio, estaba también en la Gallaecia, quizá cerca de padrón o Santiago. Los otros más cercanos al NO peninsular fueron los de Clunia, Uxama, y Termes, en la actual provincia de Soria.(Aquí, página 51)

Estos privilegios municipales y prerrogativas de Gallaecia, una región nada urbana, por otra parte, mantuvieron la impronta administrativa de esta región, que asoma de modo brevísimo entre la victoria del monte Medulio y el regreso de Augusto a Hispania en los años 15 a 13 a. C. y reaparece en la Hispania nova citerior Antoniniana de Caracalla a principios del silglo III, o en la oscura provincia Hispania superior, y sería definitivamente confirmada por la reforma de Diocleciano hacia el 284-88.

Como dije también, el Imperio Romano no tenía una frontera precisa como las actuales, y más bien hay que pensar en áreas de influencia, ejercidas las más de las veces mediante pactos y vínculos personales. Y estos vínculos y pactos, heredados y transmitidos de generación en generación, funcionaban también dentro de las fronteras del propio imperio dando solución de continuidad a la primacía política de la Gallaecia en el cuadrante NO peninsular para emerger, al cabo de los siglos, como provincia por derecho propio y con una influencia creciente hacia el este, llegando el obispo Hydacio a escribir que el emperador Teodosio había nacido en la Gallaecia porque lo había hecho en Cauca, la actual Coca, en la provincia de Segovia.

Todo esto tiene relación con la minería porque, quizá, si es que el proceso de romanización de la Asturica se hizo, al menos en un primer momento, bajo tutela administrativa y política de una Gallaecia más romanizada e integrada en el Imperio, quizá mediante una dependencia clientelar, y que mantenía unas relaciones comerciales de siglos basadas en la minería del estaño, es razonable pensar que las rutas de exploración y explotación minera hubieran ido de oeste a este, y no de este a oeste. Lo que digo es que lo razonable en este caso es que la exploración y explotación minera de la Asturica hubiera sido aboradada desde el mar hacia el interior, remontando los ríos, empezando por el Miño o el Sil.

Desde los trabajos de Domerge, en los años 60, el estudio de la minería aurífera romana en Hispania se ha centrado en la zona oeste de Castilla y León, focalizando el interés público hacia las extensas explotaciones de Las Médulas, en la cuenca del Bierzo, las mayores de la península y puede que de todo el Imperio. En los últimos años se han ampliado las investigaciones hacia la comunidad de Asturias y, en menor medida, hacia Galicia, pero la propia dinámica de los descubrimientos y la menor entidad de las minas de la zona litoral parecen colocarlas en una relación de dependencia, o quizá de subordinación, de las leonesas. Así, Sánchez-Palencia y su grupo del CSIC situan los inicios de minería aurífera de todo el NO en relación con los vestigios arqueológicos de esta zona, fechándolos hacia el final del reinado de Augusto, hacia el año 15 d.C. Brais Currás, arqueólogo de este grupo, en su trabajo sobre la minería del Baixo Miño, avisa que no existe ninguna huella firme de minería del oro prerromana en la zona, dando por hecho que esta zona es una extensión de la zona central minera de los montes galaico-leoneses y que sólo puede entenderse en relación a aquella.

Pero el caso es que suponerlo al revés, es decir, que la minería astúrica hubiese sido una extensión de la galaico-romana ayudaría a entender la participación de unos supuestos vencidos en los beneficios mineros, tal y como se desprende de la crónica de Floro, entre los siglos I y II.

Así pues mandó que se explotase el suelo. Con  ello los Astures, explotando la tierra esforzadamente, comenzaron a darse cuenta de sus recursos y rquezas, aunque en principio tratan de adquirir todo esto para otros. 

En concreto, la migración de mineros de la Gallaecia a la Asturica explicaría la naturaleza jurídica libre e indígena de la mano de obra de las grandes minas leonesas, según consta en los escasos restos epigráficos, o de la proliferación y enjambre de nuevos castros en estas zonas mineras, que vendrían a reproducir formas de asentamiento y organización social características de las zonas de donde procedían los mineros galaicos del occidente.

Vespasiano y la edad de oro: los emperadores hispanos. 

El año 69 fue el de los cuatro emperadores: Galba, Otón, Vitelo y Vespasiano. De los cuatro, tres fueron apoyados en sus pretensiones por las provincias hispanas. Aquellos fueron meses de de grandes desórdenes en todo el imperio y guerra civil. Al terminar esa convulsión, la dinastía que gobernaba el mundo había cambiado. Vespasiano y sus dos hijos, Tito y Domiciano, la corta dinastía flavia, gobernaron del año 69 al 96.

Vespasiano pagó sus apoyos hispanos mediante el extraordinario privilegio de otorgar la ciudadanía latina a la península Ibérica por entero, que así se adelantó casi siglo y medio al resto del Imperio. El hecho es aún más excepcional por cuanto incluía tanto las zonas más romanizadas y de más antiguo como las amplias áreas escasa y recientemente romanizadas del norte peninsular. El juicio de Plinio, amigo personal del emperador, no deja lugar a dudas.

En los años en que la República sufrió las turbulencias de los desórdenes políticos, el emperador Vespasiano Augusto concedió a toda Hispania el derecho latino.

La relación entre la concesión de la ciudadanía y los desórdenes es incuestionable. Vespasiano, a quien los romanos consideraban un hombre avaro y hoy podríamos tener por un gestor aceptable, pagó el apoyo de las provincias Hispanas con la ciudadanía y bajo su reinado se construyeron en Gallaecia las llamadas Vía Nova de Braga a Astorga y la Via XX por la costa, que recorrían y articulaban las zonas mineras de la costa con las del interior de la provincia.

De lo recibido a cambio de la ciudadanía latina no puede haber muchas dudas, oro y plata para los ejércitos en el peligroso trance de la sucesión. Porque, ¿qué otra cosa podrían ofrecer estas provincias más que dinero? Según Plinio, al que el propio Vespasiano nombró Procurator Metallorum, escribió en su Historia Natural que las minas del NO rendían unas 20.000 libras de oro al año, unos 80 millones de sestercios, suficiente para pagar el coste anual de seis legiones normales o cuatro pretorianas.

El caso es que tras los flavios, y con el interregno del itálico Nerva, a quien la guardia pretoriana casi obligó a renunciar en favor de Trajano, el año 98 se inició al fin el gobierno de la dinastía hispana: Trajano, Adriano, Antonino Pío, Marco Aurelio y Cómodo, cuyos reinados señalan la edad de oro del Imperio Romano, una edad de oro en la que sin duda estuvo financiada por el oro del NO hispano.

El colapso: de los Antoninos a los Severos, emperadores de Oriente. 

En tiempos de Augusto, los gastos civiles y militares corrientes de la administración del imperio, sin contar las obras públicas, se han cifrado de 500 a unos 1.200 millones de sestercios, la mayor parte de los cuales iba destinado al pago de las legiones y licenciamiento de veteranos. No parece haber dudas de que estos gastos fueron incrementándose con sus sucesores, y Suetonio dejó escrito que Vespasiano reconoció en una ocasión que el imperio necesitaba 4.000 millones de sestercios para seguir funcionando.

En comparación con estas cifras, los 80 millones de sestercios en oro del NO puede parecer poca cosa, pero su importancia era mucho mayor por cuanto este metal fue la base de la economía monetaria del Imperio. 80 millones de sestercios en oro pesaban 6,3 Tn y en plata 77 Tn, y además de alimentar la administración rutinaria, eran estos metales los que aseguraban la lealtad de las legiones en los momentos más críticos. Además, según Plinio, cada año el Imperio enviaba a la India unos 50 millones de sestercios en metálico, esto es, casi 4 Tn de oro o 48 Tn de plata, unas cantidades que había que reponer. Así pues, la producción de oro del NO era vital para mantener la masa monetaria y asegurar el movimiento de los cientos o miles de millones de sestercios que requería el engranaje de poder imperial.

El oro amonedado comenzó a circular de modo corriente en el Imperio romano en el siglo I, bajo el reinado de Augusto, manteniendo una relación con la plata amonedada de 1:12. Es decir, un áureo, que era la moneda de oro y pesaba unos 8 gramos, valía 25 denarios, que era la moneda básica de plata y pesaba algo menos de 4 gramos. Este ratio es el que en su día establecieron las acuñaciones de Alejandro Magno o Carlomagno y es el ratio común de la Europa medieval hasta el siglo XVI, cuando la plata americana comenzó a llegar de forma masiva a Europa. Este ratio, 12:1, es probablemente, el ratio natural de la plata y el oro en la corteza de Europa y Oriente Medio.

Con Nerón, los contenidos metálicos de las monedas imperiales de oro y plata, el áureo y el denario, sufrieron una primera devaluación, descendiendo el precio nominal del oro y plata amonedados a 10:1. Es decir, como se mantuvo el valor nominal de 25 denarios por cada áureo, resultaba que por cada gramo de oro en el áureo se podían conseguir sólo diez gramos de plata en denarios.

El ratio se recuperó ligeramente durante el reinado de su sucesor Tito, pero pronto volvió a a bajar a los 10:1,manteniéndose con pequeñas variaciones durante medio siglo aproximadamente. Sin embargo, en medio del reinado feliz y pacífico de Antonino Pío, las devaluaciones de la moneda de plata comenzaron a adquirir un carácter estructural y el ratio oro:plata monetario comenzó a resentirse, bajando de 9:1 con  Marco Aurelio, el emperador filósofo. Con Cómodo, el ratio bajó de 8:1, y con Séptimo Severo llegó a 6:1, es decir, una devaluación acumulada del 50 % del oro amonedado respecto de la plata amonedada. A mediados del siglo III la plata dejó de amonedarse en el Imperio Romano.

El año del asesinato de Cómodo, el 193, fue el año de los cinco emperadores. Como ciento veinticinco años atrás, cuando el poder pasó de la dinastía julia a la flavia, el paso de la dinastía hispana de los antoninos a la oriental de los severos generó desórdenes y  guerra civil. El cambio de dinastía manifestaba también un cambio sustancial en el poder dentro del imperio: la pujanza económica y política había pasado a las provincias orientales. A finales del siglo II, la mayor parte de las minas de oro del NO hispano habían sido abandonadas, y una crisis general afectaba a la mayor parte de las áreas mineras de la península. El poder había pasado de las provincias productoras a las comerciales.

El fin de los Antoninos coincidió con el abandono de la minería aurífera del NO y el cierre de buena parte de las grandes explotaciones mineras penisulares. Sin duda concurrieron muchos factores, pero la política inflaccionista de los Antoninos tuvo consecuencias nefastas para la minería hispana y en particular para la del oro. Aunque al poner menos plata en cada denario los emperadores obtenían enormes beneficios, hicieron la propia minería del oro menos rentable, ya que la plata recibida por el oro extraído era cada vez menor.

De cualquier modo, en mi opinión, la devaluación de la plata amonedada fue un recurso de los emperadores por obtener unos recursos crecientes que la menguante minería hispana ya no podía ofrecerles. Su consecuencia, seguramente inesperada para ellos, fue que la propia minería del oro se volvió menos rentable y con ello el proceso de abandono de las minas del NO se aceleró.

Como mostré en otra entrada, la minería se desarrolla en ciclos productivos que pueden ser descritos por curvas Hubbert, y la minería aurífera del NO alcanzó su máximo en torno al final del siglo I, de modo que en tiempos de Adriano debía encontrarse ya en decadencia. Es posible incluso que el oro dacio enmascarase la disminución de la producción de la Gallaecia en el reinado de Trajano, pero enmascarado o no el agotamiento del ciclo minero, sin duda fue en este momento cuando el Estado romano adoptó una política de intervención y gestión directa de las minas para evitar su cierre. Por supuesto, no lo consiguió.

 

excavacion norte

35. Un par de zanjas romanas y algo más en Biduido: minería de suelos.

En la zona de Biduido, al este de Vilachán do Monte y lindando con el municipio de Oia, se conservan dos zanjas de minería antigua que aparecen recogidas en los trabajos del ITGE de 1993.

De las siete marcas de minería abandonada que aparecen en el mapa, una, con la señal de mineralización de estaño (Sn) señala una mina que estuvo en funcionamiento hasta los años centrales del siglo pasado y otra, en la esquina noroeste con el apunte Au -oro- indica unas labores de prospección que son sin duda modernas; otro día les dedicaré una entradilla.

Otras dos señales marcan viejas labores cuyos restos no encontré por ninguna parte, y que probablemente han sido destruidas. La situada más al oeste, ya en Oia, está ahora dentro de una plantación industrial de kiwis que arrasó con la topografía original del terreno, y la situada en el extremo este del mapa, simplemente no fui capaz de encontrarla.

El más desconcertante de este grupo de indicios mineroscantería tradicional- está situado al sur de Vilachán.  Se trata de un extenso roquedo granítico -una pedrada, para entendernos-, con abundantes restos de cantería y huellas de cuñas canteras que manifiestan trabajos de cantería tradicional, aunque de edad moderna. Sin embargo, no he podido encontrar -y aquí debería ser visible, dada la naturaleza rocosa del afloramiento- ni un triste filoncillo de cuarzo, por lo que no llego a entender qué es lo que vieron los del ITGE, y sólo puedo pensar que lo de Au es una errata o que el indicio mismo está mal situado.

Como dije en otra entrada, los informes geológicos del ITGE se refieren a unas fichas que podrían explicar este y otros indicios mineros, y en su día las solicité a aquel organismo (hoy IGME), pero su contestación fue que “no estaban disponibles”, cosa que puede significar: las hemos perdido, no sé donde están y no tengo ganas de buscarlas, quién eres tú para pedir nada, yo no estoy aquí para resolver tus problemas sino los míos, o cualquier otra cosa, que así es y así funciona la administración ¿pública? española.

Las dos marcas que señalo como zanjas romanas son las que voy a tratar aquí: tienen suficiente entidad para distinguirse en el mapa de pendientes y su morfología, disposición y entorno permiten atribuirles un origen romano.

La excavación al sur, de dirección N-S mide unos 75 metros de largo y hasta unos veinte metros de ancho. La zanja se encuentra muy alterada por caminos y re-excavaciones modernas en su entorno, aunque por sus dimensiones y su disposición se distingue perfectamente como una corta artificial. Dispuesta en dirección perpendicular a la pendiente de la ladera, el talud por el este por el este tiene unos seis metros  de altura, mientras que la corta por el oeste apenas alcanza unos dos o tres metros. En general, los taludes son suaves, característicos de zonas meteorizadas, aunque pueden verse algunos afloramientos rocosos en el talud de seis metros y grandes bloques sueltos procedentes de la excavación sobre la cabecera del talud oeste.

La excavación norte es mucho menor; tiene unos 15 metros de longitud y unos seis-siete metros de anchura, y su relieve es suave, lo que denota un terreno alterado. No se aprecian rellenos, y en su término, ladera abajo, un pequeño camino y corto camino parece salir de la excavación en dirección a la vaguada.

Estas dos excavaciones son evidentes por su marcada topografía -visible en los mapas de pendiente- y por su tamaño, pero a lo largo de las laderas entre una y otra, y en especial en algunas vaguadas, parece haber señales de que los suelos hubieran sido arados, raspillados.

Llama sobre todo la atención la cantidad de bloques y pequeños clastos de cuarzo a la vista por todas partes, que evidencian una fuertísima erosión y… ¿algo más? .

Según Trogo Pompeyo También Gallaecia es muy rica en oro, de tal modo que con el arado suelen descubrirse con frecuencia trozos áureos.

Y Estrabón -que no estuvo en Hispania- nos cuenta que Posidonio no da como falsa la leyenda de que habiéndose incendiado una vez los bosques, estando la tierra compuesta de plata y oro, subió fundida a la superficie; pues todo el monte y colina escomo dinero acumulado allí por una pródiga fortuna

Y Plinio, el más celebrado de los cronistas de la minería romana en Hispania, nos dice: Antes de nada, quienes buscan oro toman un segullo, pues así se llama la muestra. Consiste en una batea de arena que se lava, y de lo que queda se obtiene una estimación. Por un golpe de suerte poco frecunte, a veces se encuentra directamente en la superficie de la tierra, como hace poco en Dalmacia, durante el principadop de Nerón, obteniéndose por día hasta 50 libras. Cuando de este modo se encuentra el oro en la superficie del suelo, lo llaman talutio, si también se encuentra debajo de la tierra aurífera. Por lo demás, los montes de Hispania, áridos y estériles y en los que no crece ninguna otra cosa, son forzados a producir esta riqueza. 

Así que hubo una explotación minera de suelos que buscaba en los horizontes edáficos los metales preciosos enriquecidos. Nada extraño a la geología ni ajeno a la minería. Son los yacimientos supergénicos, como los gossan o monteras, o las bauxitas, de donde se obtiene hoy día la práctica totalidad del aluminio con el que se fabrican latas y coches.

Me llama la atención la frase primera de Plinio: antes que nada quienes buscan oro toman un segullo. Inmediatamente me viene a la imaginación la actual exploración geoquímica de suelos, que consiste en la toma de muestra en el horizonte B edáfico para su posterior análisis en laboratorio. Desde luego, los romanos carecían de una capacidad analítica comparable, pero podían al menos batear ese suelo -tal y como cuenta Plinio- para identificar su fracción pesada. Ahí podrían ver los óxidos metálicos que les indicarían la presencia de una vena metálica -esa de sulfuros- y obtener una estimación de las posibilidades mineras del lugar.

Por un golpe de suerte poco frecuente, a veces se encuentra en la superficie de la tierra, y entonces los romanos no dudarían en aprovechar ese suelo, tal y como cuenta de Dalmacia. Las ventajas de esta minería son evidentes:

  1. los suelos están en la superficie y son accesibles,
  2. están ya disgregados y no hay que machacarlos, y
  3. el oro primario está libre -como oro nativo- en los suelos, mientras que en los filones aparece a menudo ligado a sulfuros o arseniuros y debe ser cocido en hornos para su beneficio.

La propia topografía en pendiente favorecería la explotación de los suelos, al aprovechar la gravedad combinada con el agua para mover y seleccionar las tierras. Todo esto favorece la rentabilidad de esta minería y permitiría explotar yacimientos de bajas leyes metálicas. En realidad, el coste es tan bajo que su límite sería el propio valor agrícola del suelo, por lo que se entiende así la última frase que dice: los montes de Hispania, aridos y estérlies, son forzados a producir esta riqueza.

Se me ocurre además que la leyenda de el oro y la plata de Posidonio bien podría derivarse de la quema del bosque como método de desbroce. Al igual que el sistema de rozas usa el fuego para preparar nuevos campos para sus uso agrícola fertilizando a la vez que elimina la vegetación, los mineros hispano-romanos quemarían las áreas a minar para desbrozar y esponjar el suelo, facilitando su remoción.

El resultado de esta minería sería la total erosión del suelo vegetal, tal y como ocurre en las laderas de Biduido. Aguas abajo, las vaguadas aparecen colmatadas por de estos sedimentos/escombreras, pues las arroyadas naturales son incapaces de acarrear semejante cantidad de sedimentos. La desaparición del suelo dejaría  a la vista la roca madre y pequeños filones, que los mineros podrían excavar, ya con picos y martillos, dejando las desnudas laderas tapizadas de los restos: lascas y bloques de cuarzo, y algún que otro resalte rocoso.

28. La minería colonial española en América y el oro hispano-romano del siglo I.

El aluvión de oro que Hispania proporciónó a Roma no se volvió a ver en Europa hasta el siglo XVI, cuando los españoles descubrieron y conquistaron América. Los paralelismos entre uno y otro suceso no escaparon ni a los españoles de aquel siglo ni a los historiadores de los siguientes, hasta nuestros días.

Lo que haré aquí es aplicar la expresión de Hubbert a la producción de metales preciosos en América durante el periodo colonial español, y con propósito doble: contrastar que la curva de Hubbert permite una buena modelización histórica de un periodo minero preindustrial -para aplicarla a la minería romana en el NO de Hispania-, y una vez hecho esto, utilizar la curva como herramienta para un análisis histórico comparado, no solo de la minería romana con la colonial americana, sino con la del presente.

Vamos allá.

Los datos de producción de oro (década a década) los tomo de TePaske y Garder y las referencias para el ajuste según Hubbert las encontráis en mi entrada anterior, así que si alguien quiere mejorar el ajuste, le basta con esto y una hoja de cálculo. De cualquier modo, a mí este ajuste (R2:0,92) me resulta suficiente:

producción real para todo el periodo: 1.685 Tn de oro

producción calculada para todo el periodo (Ciclos I + II): 1.645 Tn de oro

El ajuste demuestra que la minería de del oro en la América colonial española puede ser expresada mediante la curva de Hubbert, y que en estos tres largos siglos se pueden diferenciar dos claros ciclos mineros, un primer ciclo que comenzó inmediatamente al descubrimiento y que tuvo su cenit hacia la década de 1570; y un segundo ciclo que comenzó solapado al anterior en la segunda mitad del siglo XVII para alcanzar su máximo en torno a 1770, dos siglos después del primer máximo.

Para mi sorpresa, este segundo ciclo fue mucho más potente que el primero, y su producción máxima multiplicó por 9,5 la del primero. En su conjunto (y aquí hay que tener en cuenta que no aparecen los datos de la decadencia del ciclo II, que por tanto se infiere) el volumen minado en el segundo ciclo fue de unas 1.650 Tn,  mientras que el volumen minado en el ciclo I fue de 230 Tn (¿os suena?, ¿casualidad?). Así, cabe concluir que el ciclo II estaba prácticamente agotado cuando los americanos iniciaron las guerras de la Independencia contra la monarquía española.

Ay!, qué gran ocasión, mil ochocientos trece…

si no hubiera en España un Borbón-bribón.

(Bueno, quizá en 2013)

Y para redondear este bonito análisis, hacemos lo mismo con la plata, ya que el bueno de TePaske y su simpático colega Garner nos regalan también sus detallados datos de la plata extraída entre 1492 y 1810. ¡Que grandes tipos!

Y ahí tenéis el resultado. Parecido, pero ligeramente distinto. Y como antes, para empezar, los datos del ajuste (R2:0,94):

producción real para todo el periodo: 85.991 Tn de plata

producción calculada para todo el periodo (Ciclos I + II): 83.475 Tn de plata

Los dos ciclos de producción de plata son también claros, pero aquí la diferencia entre ambos es menos acusada, pues la producción máxima del segundo ciclo (en la década de 1620) tan solo dobla la del primer ciclo (ya casi en 1800). En cuanto a los volúmenes totales minados, al primer ciclo corresponden  35.000 Tn de plata, y 85.000 Tn de plata al ciclo II.

Un detalle de gran interés es que los ciclos del oro y de la plata sucedieron de modo ligeramente diacrónico, retrasándose el de la plata unas tres décadas respecto del ciclo del oro. Esto permite resolver la vieja controversia sobre si hubo o no hubo crisis minera en el siglo XVII (aquí podéis encontrar un buen resumen sobre esta polémica). Los ajustes demuestran que sí hubo crisis, pues la fase descendente del ciclo I tardó en ser contrarrestada por la fase ascendente del ciclo II, aunque el desacople entre la minería del oro y la de la plata encubrió ligeramente esta tendencia, y finalmente, la enorme potencia del ciclo II acabó por desvalorizar la propia cuantía de la crisis. En cuanto a la razón histórica de esta crisis, pues por el momento no lo tengo claro, aunque me atrevo a decir que fue más por causa de la organización colonial que por agotamiento de los recursos respecto de las mejores técnicas disponibles; en 1572, coincidiendo con el cenit del primer ciclo del oro, todas las minas del Virreinato del Perú -que en ese momento concentraba la mayor producción- pasaron a la Corona, con lo que el desarrollo minero se hizo aún más dependiente de la venalidad administrativa.

Pero sin dejarme entretener demasiado por el Dorado americano, retomo el oro asturgalaico del silgo I, y a modo de comparación, superpongo a la gráfica de producción de oro colonial la estimada en la entrada anterior para el NO hispánico según los mejores datos disponibles: Plinio y Sánchez-Palencia.

El resultado es elocuente. Si los datos de Plinio -máxima producción- y Sánchez-Palencia -producción total- son correctos, los romanos extrajeron oro del NO hispano a un ritmo unas tres veces superior a la de los españoles en América. Aunque el ciclo romano y el segundo ciclo colonial parecen similares, el factor b de la curva  es 2,5 veces mayor en el caso del NO hispano (y 3,25 veces mayor que el del ciclo I).

Así que, con este panorama, queda por ver si fue posible que los romanos obtuvieran -al menos- tanto oro en apenas medio siglo como lo que los españoles sacaron de América en siglo y medio en América. 

Es mi impresión que los historiadores, al tener presente la minería española en América han puesto ésta como límite de la primera, y se resisten a aceptar que los romanos hubieran podido superarla. Sin embargo, hay algunos indicios que nos permiten sospechar que así fue. Por ejemplo, el nivel de contaminación por plomo en las turberas de Galicia alcanzó en los inicios de nuestra era niveles no repetidos hasta la revolución industrial del siglo XIX, y el beneficio de la plata extraída en las minas del sur de Hispania fue la responsable de aquella contaminación. La exahustividad de la minería romana fue tan intensa que sus consecuencias se dejaron notar hasta la segunda mitad del siglo XVIII, cuando nuevos avances cualitativos en las técnicas permitieron superar ya claramente las profundidades y los problemas que habían detenido la minería romana. Esto es lo que nos dice Julio Sánchez Gómez (De Minería, metaúrgica y comercio de metales, 1450-1610) y señala a modo de comparación el buen desarrollo de la minería medieval al norte del limes romano, principalmente en la Germania.

Hecho este inciso, según Sánchez-Palencia los romanos removieron un 680 millones de metros cúbicos y sacaron 230 Tn en todas sus minas del NO hispano. De esto resulta una ley media de 0,388 g/m3 de todo-uno, muy similar a los 0,305 g/m3 de unas terrazas fluviales en explotación en Salvatierra de Miño (Brais Currás y López-González, 2012), en las cuales el oro se obtiene como subproducto, y es una ley semejante a la de otros sedimentos fluviales del valle del Duero que los romanos no llegaron a explotar, una ley razonable en cualquier caso.

Hay sin embargo alguna trampa en estas cuentas, y es que los datos de Sánchez-Palencia se refieren no solo a estos viejos sedimentos fluviales, sino también a los primarios, aquellos en los que el oro está en la roca madre en forma de vetas y filones, donde se encuentra mucho más concentrado.Así, las 230 Tn de Sánchez-Palencia incluyen por ejemplo unas irrisorias 4,7 Tn de las Médulas, la explotación a cielo abierto más importante del NO de Hispania y a la que el mismo autor atribuye un movimiento de 150 millones de m3, siendo que en conjunto la ley de las Médulas sería según estas cifras de 0,03 g/m3, diez veces menos que las leyes constatadas en Salvatierra de Miño. 

Me resulta del todo inconcebible que la que posiblemente fue la mayor mina de oro de la Antigüedad  hubiera dado tan cortos beneficios. Es algo que no tiene justificación posible. Aún cuando las economías de escala permiten ahorrar costes al aumentar el tamaño de la explotación, estos beneficios van casi siempre asociados a la inversión tecnológica, lo que  desde luego no es el caso, pues no hay en las Médulas ninguna tecnología especial que no haya sido empleada en otro lugar cualquiera del NO, y si quedaron -como en Salvatierra- terrazas con leyes de 0,3 g/m3 sin explotar, no tiene sentido que hayan sido explotadas los sedimentos de las Médulas, con leyes diez veces menores. Eso no ha pasado jamás en ninguna fiebre minera en ningún lugar del mundo.

Las cuentas suenan aún más descabelladas en dinero romano. Una ley de 0,03 g/m3 supone un costo de extracción y laboreo de 33 m3 por gramo de oro, 257 m3 por áureo, 2,57 m3 por sestercio. Con la referencia de la mina de Alburnus Maior, en Dalmacia a mediados del siglo II, donde se pagaban unos unos 5-7 ases por el trabajo diario de un minero (1,5 sestercios), tenemos que cada día, cada minero hispano de las Médulas debería extraer, desagregar, tamizar, lavar, acarrear y batear 3,8 m3 de piedras y tierras tan solo para pagar su propio salario, algo más de 7 Tn al día, casi 600 kg cada hora en jornadas de 12 horas, 10 kg cada minuto, todo eso para reunir los miserables 0,12 gramos de oro de su salario diario (5 euros al precio de hoy, con el oro a 42 euros/g).

Sencillamente imposible.

He aquí mis cuentas: Plinio da la cifra de 20.000 libras de producción anual , y atendiendo a su descripción la fiebre minera del NO estaba en su apogeo, por lo que de este valor obtenemos el ápice de producción (63 Tn). Según Sánchez-Palencia los romanos extrajeron 230 Tn de oro, y la relación entre esta producción total y la máxima puntual nos da el parámetro b 1,1, que marcará los mínimos de cálculo (cuanto menor es b, más tendida es la curva). Para limitar el cálculo por arriba, usaré los valores de b de los ciclos mineros del oro de la américa colonial española: 0,34 para el ciclo I y 0,46 para el ciclo II.

Así pues, si el ciclo minero romano en el NO de Hispania fuese de verdad semejante a los ciclos mineros de la América colonial, habrían extraído no 230 Tn de oro, sino entre 550 y 750 Tn. En cualquier caso, en el inicio del siglo II habría sido extraído ya el 80 % o el 73 % de la producción total respectivamente, y la minería hispana del oro se vería en plena decadencia.

27. El pico del petróleo y la fiebre del oro del NO de Hispania en el siglo I.

Hoy, casi todo el mundo está familiarizado con el término “pico del petróleo”. En resumen, este pico es el el máximo de producción posible considerando que las reservas son finitas. Para quienquiera profundizar en este asunto, no le será difícil encontrar abundantísima información, empezando por la wikipedia,

Para lo que interesa aquí, el pico del petróleo es el máximo de una curva de producción de los recursos naturales no renovables que el geólogo M.K. Hubbert en 1956 aplicó a la producción del petróleo del siglo XX, y que yo voy a aplicar aquí al oro hispano del siglo I.

La curva de Hubbert es un tipo de curva exponencial que se aplica a muchos sistemas que tienen un rápido crcimiento y un -igualmente rápido- decrecimiento, y su forma gráfica es parecida a la mucho más popular campana de Gauss, aunque es más afilada (tiene mayor kurtosis). La expresión que define la curva de Hubbert es:

Q = U/1+EXP(b(t-tm))

donde t es el tiempo dado de producción

Q es la producción acumulada hasta el tiempo t

U es la producción total

tm is el tiempo medio de producción total

b es un factor que describe la pendiente y es función de la producción máxima Pm (el famoso pico de Hubbert) y de la producción total U;

b=4Pm/U

Así que, en realidad, todo depende de Pm y U.

Por suerte, tenemos una posible referencia de la cuantía de Pm de un informante de excepción: Plinio el Viejo, amigo personal del emperador Vespasiano y procurador en Hispania el año 73. Plinio nos describe con profusión las tecnologías y capacidades mineras de la época, y deja para la posteridad una cifra asombrosa: 20.000 libras, 6,5 toneladas de oro extraídas cada año de las minas astures, galaicas y lusitanas. Es por entonces cuando Vespasiano ordena construir la Via Nova de Braga a Astorga, poniendo en comunicación las grandes explotaciones mineras del NO. 

Fuente: Sánchez-Palencia et al.

Y para el valor de U, tenemos las 230 toneladas de oro que JM Bláquez atribuye a Sánchez-Palencia.

Así que construimos la curva, y el resultado es:

una fiebre minera de apenas 50 años de duración. Es decir, si damos por buenos los datos de producción anual de Plinio -quien por su posición debía estar bien enterado del asunto tan fundamental para la economía imperial- y los enfrentamos a las estimaciones de producción total de Sánchez-Palencia -que es uno de los más renombrados expertos en minería romana del oro en el NO de Hispania-, tendremos que admitir que unas y otras solo son compatibles en el escenario de una rápida fiebre minera.

Desde luego, esto no casa con las interpretaciones habituales que evalúan la duración de la minería romana del oro en el NO de Hispania en siglos, cuando según los mejores datos disponibles esta minería difícilmente sobrepasó el siglo I

Para casar a Plinio con Sánchez-Palencia y aumentar el tiempo de explotación dentro del marco teórico de Hubbert, o bien disminuimos la cifra de .Plinio o bien aumentamos la de Sánchez-Palencia,  veamos qué pasa entonces:

Al disminuir la producción pico contradiciendo a Plinio -que personalmente me parece la opción menos acertada-, el tiempo de explotación se extiende, pero incluso en el tercer caso -con una producción pico de 7.500  libras, un tercio de la declarada por Plinio- los romanos habrían extraido 179 Tn de las 230 Tn totales –un 77,5 %- antes del año 100,  y para entonces la minería del oro hispano se encontraría en plena decadencia.

Si por el contrario aumentamos las cantidades totales de oro minado -lo que, ya puestos, a mí me parece más conveniente- tampoco avanzamos gran cosa, pues aún multiplicando por tres el oro minado hasta las 690 Tn, el 75 % habría sido extraído antes del año 100, y en el año 117 -a la muerte de Trajano- habrían sido minado el 85 % del oro total.

Caben soluciones intermedias, claro, como disminuir la cifra de Plinio y aumentar la cantidad total de oro extraído, aunque lo más eficiente sería desplazar el máximo de producción todo lo posible hacia el año 100 si queremos hacer coincidir la minería de oro del NO con la era de los emperadores virtuosos del siglo II, …la edad dorada del Imperio.

Lo que no cabe de ninguna manera es ignorar a Hubbert. La curva de Hubbert no es una mera hipótesis teórica, es un modelo al que se ajustan muy bien la práctica minera del presente y del pasado (y aquí me reservo una sorpresita, para muy pronto…) Sus fundamentos económicos son muy simples y atienden a la disponibilidad de recursos limitados frente a una demanda activa mucho mayor.

Así que, en mi opinión, cualquiera que quiera reconstruir la historia de la minería romana en Hispania debería tener en cuenta el modelo de Hubbert y contrastar sobre este modelo sus propias hipótesis, como una piedra de toque. Y si los tiempos y cantidades de explotación no se ajustan a la curva, entonces esa esa hipótesis necesita de una explicación adicional, un argumento fuerte.

15. Os Buratos dos Mouros

La mina romana Buratos dos Mouros es uno de los yacimientos mineros más interesantes del Baixo Miño: tiene un buen tamaño, un aceptable estado de conservación y los trabajos de exploración minera llevados a cabo por el IGME/ITGE entre 1989 y 1995 aportan una información exhaustiva sobre la mineralización explotada.

La mina romana consiste en una serie de zanjas excavadas siguiendo los filones mineralizados por arsenopirita –AsFeS- y calcopirita –CuAsS- con oro. De hecho, en su conjunto, la mina no es más que un entramado de zanjas -más o menos paralelas- siguiendo estos filones. Según los trabajos del ITGE de 1989 (actual IGME), la explotación alcanza mayor profundidad en las zonas de mayor alteración supergénica (meteorización, caolinización).

Así que:

  • Tenemos un gran dique granítico de dirección N-S intruyendo la banda de metasedimentos. La mina romana a cielo abierto explota este dique y por eso tiene esa forma alargada de norte a sur.
  • A su vez, el dique esta intruido por filones mineralizados con disposición general E-W. Estos filones son los que siguen las trincheras o zanjas romanas.
  • Según el ITGE, los trabajos romanos se concentran en la zona más meteorizada. Esto nos dice mucho sobre la capacidad o interés minero de los romanos, pues la meteorización de los filones aumenta concentración de oro en el yacimiento y además hace que se muestre como oro libre, facilitando su concentración y beneficio. En otra entrada veremos cómo es esto.

No hay que ver pues canales para el agua en las trincheras ni hay que pensar en el uso de agua para excavación. Seguramente volveré a esto, pues tanto los escritos de Plinio cómo el ejemplo de las Médulas y otras minas ha condicionado la interpretación de todos los yacimientos mineros romanos, en los que se ven canales por todas partes. De hecho, en la descripción del Catálogo de Yacimientos de Patrimonio Arqueológico de la Xunta de Galicia –que por cierto apenas delimita la mitad del yacimiento real– se mencionan estas posibles conducciones de agua para la excavación.

Por supuesto, aunque los restos de minería antigua constituyeron el indicio principal de la investigación minera, el ITGE no avisó a Patrimonio de lo que había encontrado y arrasó con lo que le pareció. Los informes mineros fueron en su día secretos y todavía lo son en parte (es la máxima de la Administración: que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, al menos para lo malo, que para la limosna todas las trompetas son pocas) y cuando se hicieron públicos, pues claro, el contenido ya estaba olvidado.

Para evaluar el interés minero de la zona el ITGE excavó en su día zanjas y caminos a lo largo de las labores romanas  y estas zanjas alteraron la configuración original de la mina, lo que hay que tener en cuenta (también se pueden ver las plataformas de las perforaciones e incluso las propias perforaciones). Pero gracias a estas zanjas sabemos que las trincheras romanas podían tener menos de medio metro de ancho, lo justo para un minero. Sólo si los filones estaban lo bastante próximos se ensachaban las zanjas para aprovechar en la misma excavación varios filones, al igual que se hace en las minas modernas.

La longitud de la mina es de unos 550 metros, y su anchura de unos 60-80 metros, con forma de barra de pan. Esto por lo que respecta a la excavación (que es lo investigado por el ITGE y lo que -de modo parcial- señala Patrimonio), porque  unos130 metros al este, ladera abajo, se ven unas escombreras, repartidas a ambos lados del regato central de la mina. Ladera arriba de la excavación, pueden verse sobre el terreno grandes y pequeños bloques de cuarzo blanco, sin duda procedentes de los diques minados.

La escombrera del norte, con unos 45 *60 metros se conserva más o menos bien, y está formada por 3 o 4 niveles de relleno escalonados con unos 2 metros de espesor máximo. La escombrera sur está afectada por varios pistas y movimientos de tierra recientes, y seguramente tenía en origen menor volumen, pues la excavación al sur del regato también es menor. A primera vista tampoco parece que estos depósitos hayan sido depositados por un flujo de agua, aunque el camino natural para su transporte coincida con una pequeña vaguada.

La mina Burato dos Mouros está en el municipio de Tomiño, y se llega a ella desde el lugar de Pinzás. Las coordenadas son X:516400 Y:4656000.

Está catalogada (de modo parcial) como yacimiento GA36054072.