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filones auríferos en O Burato

63. O Burato dos Mouros III. El oro.

¿Cuánto oro sacaron de O Burato dos Mouros, en Tomiño?

Para calcularlo he repasado los datos de IGME, que hizo quince sondeos en la zona. No aparecen reflejados TOM14 y el TOM15, junto a TOM1, y TOM16, junto a TOM9. El IGME no da los resultados de TOM5

En O Burato, el oro se concentra en una serie de filones de 20-25 metros de longitud máxima, dirección media N70/80, es decir, elongados en dirección N70 y buzando (inclinados) 80º hacia el norte. En los Los quince sondeos cortaron 788 filones mineraliados de 0,4 metros de potencia media con cantidades variables de oro entre 0,01 y 80 ppm.

El informe del IGME, concluye que el yacimiento de Alto de Pozas, que es como llama al yacimiento de Burato, contiene 140 cuerpos mineralizados tabulares con una masa total de 140.000 Tn y un  contenido en oro de 3,5 ppm, total, 490 kg de oro. Por desgracia, estas cuentas no nos sirven de nada. El contenido en oro explotable es una medida relativa que depende, para empezar, del volumen considerado.

En el cuadro de arriba están los contenidos en oro para cada sondeo por secciones de 50 metros en horizontal y dirección N160, perpendicular a la dirección media de los filones. La explotación romana sigue una dirección N170. Para resumir, vemos que en casi todos los sondeos el primer tramo de 50 metros es el más rico en oro, variando entre 0,02 y 0,61 ppm. La media de 0,29 ppm de oro es así una buena aproximación al contenido global de oro en los 50 metros superficiales en el área cubierta por los sondeos.

De cualquier manera, el oro nunca está diseminado de modo homogéneo. Ya en el primer tramo, el más superficial, el filón más rico medido por el IGME dio un contenido de 80 ppm, muchos no dieron nada, y 169 de los 362 que dieron algún contenido en oro tenían menos de 1 ppm. En definitiva, el contenido de oro depende de la concentración y la anchura o potencia de cada dique, por eso, dique a dique, alguno con menor concentración puede contener tanto oro como otro con menor contenido en oro, simplemente porque es más gordo (más potente).

En resumen, la distribución de contenido en oro sigue una función de probabilidad, y unos pocos filones acumulan una buena parte del oro total, mientras la mayoría apenas suma un pequeño porcentaje.

Si prestáis un poco de atención al gráfico, veréis que el 10 % de los filones acumula más del 40 % del oro total. Seguro que a muchos os suena el índice de Gini, que se aplica a la distribución de la renta de los países y sirve para medir la desigualdad en los ingresos. Pues bien, si estuviéramos hablando de un país (y descontando los filones que no tienen nada de oro) , el índice del yacimiento de O Burato sería de 41,6, similar al de Rusia o Qatar. España anda por el 35 y US por el 45.

Insisto en esta cuestión porque es muy importante y es necesario entenderlo para comprender la racionalidad de la minería antigua o moderna. Ahora expreso la misma idea en un colorido gráfico de sectores.

Está claro. A los romanos les bastaba excavar el 5 % de los diques más ricos de O Burato para extraer el 26 % del oro total. Si daban  con el 10 % más rico, sacaban el 46 % del oro total, si localizaban el 20 % más rico, obtenían el 58 %, minar un 10 % más de filones ya solo elevaba la cifra al 67 %.

Es la ley de rendimientos decrecientes: pronto se llega a un punto en que los esfuerzos añadidos por agotar el yacimiento no compensan.

La cuestión es, claro, dar con los mejores filones y con la mayor concentración de buenos filones, pero lo cierto es que que sí, los galaico-romanos dieron con ellos. Veamos.

El oro de O Burato no está a la vista. Se encuentra como oro libre y oro incluido en la calcopirita, y también en pequeñísimas inclusiones dentro del cuarzo. Y no hay manera de saber si un filón tiene mucho o poco oro, o nada, antes de machacar, triturar, separar y concentrar y reconcentar los minerales pesados. Cuanto más pequeñas las partículas de oro, más hay que machacar para poder separarlo. También se pueden cocer los sulfuros en hornos para oxidarlos y poder recuperar el oro, previo machaqueo, por supuesto. Pero ningún resultado puede anticiparse antes de hacer estos trabajos, como bien señaló Plinio.

Y sin embargo, de las investigaciones y trabajos del IGME se deduce que los galaico-romanos hicieron esta labor ingente de exploración previa. No iban a ciegas. Tras todas las investigaciones y trabajos del IGME para localizar las zonas de mayor potencial de oro en primario entre O Miñor y el Miño al oeste de Tui, resultó que la zona con mayor potencial era precisamente esta de O Burato, justo donde se encuentra la mayor mina romana en primario de la banda metasedimentaria O Rosal-Monteferro.

Y lo que se puede concluir de los abundantes restos mineros de estos montes de Tomiño y Oia, diseminados aquí y allá, la mayoría muy pequeños, pequeñísimos, apenas perceptibles, ignorados precisamente por su pequeñísima entidad, es que los galaico-romanos hicieron una investigación minera exhaustiva por toda la zona.

La mayor parte de estas labores de prospección se han perdido o aparecen escondidas entre las irregularidades de unos montes arrasados por siglos de explotación salvaje, una rapiña que continúa hoy día a una nueva escala gracias a las máquinas excavadoras y un sistema de gestión y explotación forestal irracional y tercermundista. Pero todavía quedan algunas. Es necesario inventar una microarqueología minera para dar con estas últimas huellas de la microminería exploratoria romana, unas huellas que nos revelan de las técnicas y capacidad minera romanas tanto al menos como esas otras grandes explotaciones que centran la atención pública y especializada.

Y termino. ¿Cuánto oro sacaron los galaico-romanos del O Burato? Pues ahí van las cuentas. Primero, el área de exploración, una franja de 2000 metros de longitud con una anchura media de 50 metros. Total, 10 Ha; es una medida prudente de la extensión mínima en la que se localizan las huellas de filones excavados.

Y como según los trabajos del IGME el contenido de oro en superficie es de unos 0,29 ppm,  tomando una densidad media de 2,6 Tn/m3, tenemos que en ese área hay un total de 75,4 kg de oro por cada metro de profundidad. ¿Cuánto de esta cantidad sacaron los galaico-romanos?

Como vimos, les bastaba dar con el 5 % de los filones más ricos para extraer el 26 % de esa cantidad, y si daban con el 10 % más rico, minaban el 42 %. La superficie de las excavaciones principales de O Burato se extienden a lo largo de unos 500 metros con una anchura media de 40, unas 2 Ha, y fuera de este área central hay decenas de filones excavados, así que suponer que minaron el 20 % más rico no resulta descabellado. Si hablamos de concentraciones, esto significa que minaron leyes por encima de ¡¡¡3 ppm!!! En oro total, eso es el 58 % del yacimiento, unos 43,7 kg por metro excavado. Considerando una excavación media de 4 metros de profundidad, el total minado de O Burato pudo elevarse a cerca de 160 kg de oro, unos 20.000 áureos de augusto, lo suficiente como para pagar la soldada anual de dos mil legionarios, media legión.

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escombrera ladera abajo de Cova da Moura

62. Cova da Moura y otras minas en O Tetón

La Cova da Moura, en Sanomedio, en Tui, en una zona de petroglifos y mámoas, es una abertura en el granito de dirección N35 y unos 30 metros de longitud, aunque su huella -una ligera hendidura en el terreno- puede seguirse a lo largo de otros cincuenta metros ladera abajo, al menos.

En la imagen de arriba, tomada desde el sur, se ven las tres pedradas que dan cumbre al monte de Sanomedio. La Cova se encuentra al pie de la pedrada de la izquierda.

Patrimonio catalogó en su día esta Cova como una mina de edad indeterminada, con el identificador GA36055008.

Como se aprecia en la imagen de GE, la orientación con que el PXOM de Tui dibuja la “Cova” no es correcta:

La orientación de la Cova es N35 no N70, lo que es importante, pues hay quien cree que esta hendidura es natural, que es una gran diaclasa abierta, como tantas otras. Pero no.

La verdad, a simple vista no hay mucho en la propia hendidura que manifieste un origen minero o natural, pero a veces las evidencias hay que buscarlas alrededor. Por ejemplo, en el diaclasado dominante, N130 y su conjugada N60.

Y, también, por esto, un depósito de clastos de cuarzo fracturados la mayoría en forma de lajas, una pequeña pero muy interesante escombrerilla minera rellenando una especie de surco excavado en el granito alterado.

La escombrerilla está unos 320 metros al este de A Cova da Moura, ladera abajo pero lo bastante lejos como para indicar una primera selección y acarreo desde la mina o bien origen diferente, de otra excavación minera en la zona aún no localizada

A Cova da Moura no es una explotación aislada; en el vecino monte Tetón, ya en Tomiño, se encuentra el yacimiento de Chans de Tebra, identificado como una explotación minera romana (GA36054044).

Por abajo, la excavación de Chans de Tebra está retocada por excavaciones recientes, una muy reciente de la CCMM de Tebra para acondicionar un aparcamiento de autobuses. Mucho Ecoparque Arqueolóxico pero en la desfeita la de Tebra es como todas. Por lo demás, una cerrada vegetación dificulta el paso y hasta la vista de la excavación.

En su extremo superior la excavación está coronada por la cicatriz de un pequeño deslizamiento de tierras, algo habitual en estas laderas.

El caso es que por arriba o por abajo, lo que se ve tiene poco aspecto de minería metálica, ya que resulta difícil decidir cuál es la dirección de las vetas o filones minados y más parece una pequeña cantera de áridos que otra cosa. Pero ahí está, y tampoco está sola.

Unos 700 metros en dirección N35 de Chans de Tebra está el monte Tetón, y en su cima, a la verita del penedo que la corona, una zanja excavada en roca de unos 40 metros de dirección muy similar a Cova da Moura. Esta zanja está catalogada por Patrimonio como un yacimiento minero de edad indeterminada (GA36055009). Es la rayita roja al lado derecho del límite municipal en el mapa de planeamiento de Tui, la segunda imagen de esta entrada.

La zanja apenas está marcada en el paisaje, se encuentra rellena y modificada por viejos caminos y la típica cantería en diseminado, cuyas señales más evidentes, las marcas de cuñas, pueden verse por todas partes. Pero lo cierto es que en el entorno del Tetón no hay una zanja, sino tres, al menos.

Un poco al oeste de la zanja GA36055009, catalogada por Patrimonio como de edad indeterminada, se puede ver una zanja muy similar aunque en dirección N70.

Y al otro lado, en dirección N30, se encuentra la tercera zanja, bien visible y de la que se conserva incluso la escombrera. Esta zanja tiene unos 40 metros de longitud, aunque puede que se extendiese algunos metros más hasta el penedo del Tetón, aunque esa parte aparece hoy enmascarada por el camino y la vegetación.

La cuestión como siempre, es ¿qué clase de minería estamos viendo? ¿romana o moderna? ¿Con qué criterios relacionamos unas con otras?

La propia duda dice mucho sobre la capacidad minera antigua y el carácter artesanal de mucha minería moderna en Galicia, incluyendo, por supuesto, la última fiebre minera de Galicia, la del wolfram. En Galicia y en toda la Península la minería moderna se superpone sobre la antigua romana, y en muchas ocasiones resulta muy complicado decidir donde empieza una y donde acaba la otra, más aún cuando en ambos casos las zanjas se abrieron a pico y pala. En cualquier caso, las respuestas han de venir del análisis de las mineralizaciones explotadas y del estudio de las escombreras.

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61. Últimos indicios de minería (antigua y moderna) del IGME-93 en la Reserva Estatal Tomiño.

Son los últimos indicios mineros señalados en el trabajo del IGME de 1993 que me quedaban por revisar. Ahí van.

Al norte de este mapa los indicios estaban todos vistos. Eran, básicamente el Burato dos Mouros (1,2) y la colección de indicios entre Pinzás y Vilachán.

Ya en el mapa, empiezo por los cuatro indicios de la zona 1. Vamos al detalle:

Los he numerado de norte a sur de 1 a 4. En todos ellos el IGME señala Au, o sea, que son indicios de minería aurífera. Los cuatro se alinean sobre el curso del río Margaridas, que en este lugar sigue la traza de una falla de desgarre, como ocurre con estos cuatro, o con los señalados como números 6, 7 y 8 de aquí, o este que se señala en el mapa como destruido? por una plantación de kiwis y que estaría sobre la misma falla que los que ahora paso a comentar.

El 1 se encuentra – o mejor, no se encuentra- en el entorno de una bonita cascada del río Margaridas. Por allí debería estar, pero el caso es que no vi nada de nada. Ya puesto, decir que en las proximidades hay un curioso petroglifo GA-36054077 llamado Regato das Margaridas y que, en efecto, parece un mapa del río. No tengo una foto del petroglifo pero si del salto de agua en el lugar, que os dejo.

Tampoco pude dar con el indicio 2, unos 100 metros río abajo del indicio 1, en una zona que la toponimia identifica como Covechos. Desde luego no debe ser una excavación muy grande, que tampoco aparece en los mapas de pendientes. ¿Un pozo, una galería, quizá? Misterio.

El indicio 3 es una labor moderna, una zanja de unos 3 metros de ancho por siete de longitud excavada contra la ladera, alcanzando una altura máxima de unos 2,5 metros. Los escombros se encuentran en la boca de la cata. La foto está tomada desde encima de la cata.

La dirección de la excavación es aprox. N340, apuntando justo a un pequeño salto en en regato de Margaritas, a unos 30 metros, y en este salto es posible ver restos de la típica desfeita, con las rocas del lecho del río quebradas.

Para terminar, el indicio 4, también moderno, consistente en dos zanjas cruzadas en ángulo recto formando una T más larga que alta. La zanja principal, de unos 20 metros, apunta al N, y la otra, de unos 7, al este. Como las anteriores, se dispone en el curso del Margaritas y la principal sigue la traza de un gran dique de cuarzo visible en el lecho de un pequeño regato que afluye al Margaridas.

Resumiendo: cuatro indicios auríferos, dos modernos y dos que no pude encontrar. Al menos el número 2, en Covachas, tiene pinta de haber sido minería antigua, por el topónimo.

Y ahora, con los indicios de la zona 2.

La Mina Palmira o Estrella estuvo en funcionamiento entre los años 1945 y 1950 y extraía estaño en los alrededores de Vilachán. Debía de ser una cosa casi artesanal, por la entidad de los trabajos. Los puntos negros que señalo en el mapa son las labores de esta mina que la Consellería de Industria localizó para su sellado y evitar accidentes. Se trata de zanjas de 9 a 40 metros de longitud, 1 o 2 metros de ancho y de 3 a 5 de profundidad, además de una excavación de 10 * 12 * 4 metros. Las labores superficiales que se describen suman 1.640 m3, menos que una piscina olímpica. También hay varias galerías de las que no se dan volúmenes excavados.

De esta vieja mina se conserva una construcción que debía albergar las oficinas y talleres, además de los lavaderos y el cargadero.

Las señales del círculo blanco con los martillos caídos son los indicios de labores abandonadas del IGME. Salvo al de la Mina Palmira, el resto son indicios de minería antigua de oro y ya están tratadas; las tres al norte de Vilachán aquí, y las del sur, aquí.

Indicio de la zona 3.

En la zona 3 el IGME solo señala un indicio, pero extendí la caja para mostrar también la mina do Arroio, en la misma banda esquistosa en contacto con el granito. El indicio del IGME, al sur, se encuentra en el contacto entre la banda de esquistos de Moteferro, que es la banda estrecha de color marrón, y los micasquistos de Argallo, inmediatamente al este. Este indicio está en la misma posición geológica que los de la zona 1, salvo que aquí el ITGE no lo asocia a ninguna falla de desgarre. La mina do Arroio se localiza entre el granito, en rosa, a la izquierda, y el complejo esquisto grauváquico de edad cámbrica, que es la banda amarilla a su derecha. En cualquier caso, las labores de ese indicio se disponen, como es habitual, en sentido N-S.

Que el oro aparezca siempre en filones en fallas o zonas de contacto entre el granito y los esqueistos tiene una explicación sencilla, aunque responda a un proceso complejo. En origen el oro estaba en los esquistos en concentraciones bajas, pero fue la intrusión de los granitos lo que removilizó este oro diseminado en los esquistos y lo concentró en la red de filones dispuestos alrededor de la zona de contacto entre granitos y esquistos.

El indicio es una zanja de perfil irregular y 150 metros de larga. En algunos puntos tiene aspecto de haber sido reexcavada o modificada recientemente.

Como curiosidad, por el oeste de la mina corre un viejo camino de carros que dejaron sus huellas impresas en la roca.

Y ya, la zona 4.

En esta zona 4, al oeste y sur del monte Pedrada se localizan los tres últimos indicios del IGME por describir.

No tardaré mucho con estos tres. El situado más al norte, no lo encontré. En el lugar apuntado, el arranque de una pequeña vaguada, lo único que se puede ver es un buen amontonamiento de rocas, nada extraordinario, en definitiva.

El indicio situado más al sur tampoco lo encontré. Nada raro, pues ahora el lugar está arrasado por las terrazas de un enorme viñedo, el mayor de Rías Baixas.

Y el último indicio, al suroeste, es una labor de exploración moderna. Son dos pequeñas zanjas en ángulo recto que conducen a una galería. En la misma ladera se pueden ver las escombreras de los materiales excavados.

El IGME no hizo ni caso de las zanjas y galerías de explotación de estaño de la mina Palmira, pero sí señala ésta galería y otras pequeñas zanjas modernas junto con las antiguas como indicios de oro. Como conté en una de las primeras entradas, cuando solicité al IGME las fichas de estos indicios la respuesta fue que que eran confidenciales. Quizá no tenían ganas de buscarla o quizá la perdieron, a saber. Pero ahí están y éstas son.

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-12- Detalle de posible galería al fondo

37. Las labores romanas entre Vilachán y Pinzás. Zanjas y galerías.

Entre Vilachán y el Burato dos Mouros, en Pinzás, se localizan una docena larga de indicios mineros diversos, algunos asociados a mineralizaciones auríferas por el IGME y todos ellos sin catalogar por Patrimonio e inéditos para la arqueología. Veamos.

Tres de estos indicios -1, 2, 3- ya están descritos en otra entrada, y los trabajos del ITGE de 1993 los interpretan como labores antiguas sobre mineralizaciones auríferas. Aparecen éstos tajos asociados a manantiales que surgen del represamiento subterráneo de las aguas por un sistema de diques de cuarzo y tienen una disposición general este-oeste, o al menos se abren hacia el este en favor de la pendiente.

Un poco más al norte de estos tres (o cuatro) tajos y alineadas sobre el mismo dique hay otras dos excavaciones -4, 5- no señaladas por el ITGE, una de las cuales -4- da salida a una mina moderna de agua, aunque pudiera ser retrabajada sobre una labor antigua, y la otra -5-, es una excavación casi circular con una entrada , similar a la -2- aunque mucho más pequeña.

Y todavía más al norte, siguiendo casi la misma dirección, el ITGE señala otras tres zanjas de minería antigua -6, 7, 8- asociadas también a mineralizaciones de oro. Aunque están dispuestas sobre una falla de desgarre como las cinco anteriores, estas tres zanjas tienen una factura muy diferente, pues se abren en dirección norte-sur, la misma que la traza de la falla. De las tres, las dos zanjas más al norte son trincheras en «v», pero la que está más al sur conserva los taludes verticales excavados en la roca viva a lo largo de unos treinta metros de longitud y uno a dos de anchura.

Unos doscientos metros al este y ladera abajo de estas zanjas, se encuentran otras dos trincheras bastante inusuales -9,10-, pues siguen una trayectoria curva y ganan profundidad a media que avanzan. Al menos una de ellas ha sido utilizada como camino. El sentido minero de estas trincheras en arco no está nada claro, más aún cuando desembocan en un pequeño valle relleno por los  estériles de las excavaciones aguas arriba.

Los rellenos son evidentes por la forma en artesa de estos pequeños valles (en lugar de la típica forma en «v»). En estas artesas se desbordan los regatos y desaparecen los cursos al infiltrarse y discurrir de forma subterránea bajo los rellenos, y por todas partes se pueden ver abundantes bloques de piedra de las excavaciones romanas. De estos valles rellenos hablé también en la entrada del Burato dos Mouros II, donde se describe también las labores de -11-, que continúan hacia el sur la mina Burato dos Mouros.

A media ladera y sin relación evidente con ninguna estructura geológica principal, dos profundas zanjas de uno a dos metros de anchura excavadas en roca 12, 13- parecen conectar en profundidad con galerías subterráneas. Ninguna de las dos tiene entidad suficiente para dejar huella en el mapa de pendientes. En superficie, -13- apenas se extiende a lo largo de unos 10 metros en dirección N-S , pero la traza de -12- es evidente a lo largo de unos 30 metros y además conserva las escombreras de parte del material excavado junto a las zanjas. La zanja 13 está rodeada por una alambrada para evitar caídas, por lo que sí es conocida al menos por la delegación de Minas de Pontevedra, aunque ni la -12- ni la -13- están indicadas en los trabajos del ITGE, lo que es muy extraño, porque el ITGE sí indica otras labores de menor tamaño e incluye también indicios de minería moderna de estaño o incluso andalucita. Sería muy interesante realizar catas en los escombros de -12- para averiguar algo más sobre lo excavado y hacer geofísica de resistividad para cartografiar posibles galerías subterráneas en el entorno. Todo se andará.

Del indicio -14- del ITGE no puedo decir nada salvo que no no lo encontré.

Por último, el indicio -15- es una trinchera con taludes inclinados,  unos 15 metros de anchura y algo más de 80 metros de longitud, muy similar por su disposición y tamaño a la zanja sur de Biduido.  En su entorno se pueden advertir algunas excavaciones menores, pero lo más destacable es que ladera arriba de estos trabajos una serie de grandes bloques de piedra se encuentran perfectamente enfilados en dirección N-S, en lo que pudiera haber sido un gran alineamiento o muro ciclópeo.

Los romanos, como es lógico, acometían los trabajos mineros con técnicas variables según las condiciones topográficas y geológicas del yacimiento, es decir, según la configuración del yacimiento, el relieve del terreno, la facilidad para excavar y la propia interpretación geológica que daban a los yacimientos, una interpretación que predeterminaba el modo en que acometían el laboreo de las minas. Cualquier minero sabe que el modo en que empieces a explotar una mina o cantera compromete el desarrollo de la explotación, haciéndola más o menos viable y permitiendo que la explotación sea más o menos exhaustiva.

Así, en los indicios –1, 2, 3, 4, 5- la exploración remontando los manantiales y la pendiente les da a las cortas una configuración E-O, aunque los diques mineralizados se disponen en la dirección de la estructura geológica -la falla de desgarre- que es N-S. Se ve claramente en -4- que la excavación E-O, una vez alcanzada la falla, se ensanchó en sentido N-S, acabando por una forma circular a la corta. En -5-, situado en la traza geológica de la misma falla pero en una zona llana y sin manantial que indique la posición de ésta, la excavación es más somera -no hay pendiente natural que facilite el vaciado de lo excavado- y zigzaguea en sentido E-O, sin duda buscando los diques portadores.

En los indicios -6, 7, 8, 9,12, 13, 15-, la excavación es siempre N-S, que es la dirección general de las estructuras geológicas, de modo que están excavadas en la misma dirección de los diques mineralizados. Que unas labores se vean hoy como zanjas de taludes suaves o como trincheras verticales tiene que ver con el grado de meteorización de la roca. Y como se puede apreciar en -6, 12, 13-, es muy posible que estas trincheras conectaran en profundidad con galerías subterráneas. En cualquier caso, estas labores N-S indican un tipo de exploración diferente al del grupo anterior. Estas explotaciones debieron ser iniciadas a partir de afloramientos mineralizados en superficie, o quizás a partir de una exploración general por rozas de suelos, tal y como expliqué en el caso de Biduido.

Y como en Biduido, la conclusión evidente es que no se debe circunscribir ni limitar la minería romana a las grandes explotaciones. Así no entenderemos nada. Toda la región mineralizada asociada a la banda metasedimentaria desde el río Limia en Portugal hasta la ría de Baiona fue explotada mediante una minería extensiva de pequeñas labores, un territorio que en Galicia se extiende por los municipios de Gondomar, Tomiño, Tui,  Oia y O Rosal. Gracias a su aislamiento, este pequeño lugar entre Pinzás y Vilachán conserva las sutiles y frágiles huellas de esta microminería que todavía está por interesar a una microarqueología.

Y una última cosa. Los grandes proyectos mineros, e incluso las pequeñas y medianas canteras amenazan estos yacimientos. Vale. Pero no solo ellas, también las grandes y pequeñas plantaciones agrícolas también destruyen estos yacimientos, y un salvaje modelo de explotación forestal que promueve rozas indiscriminadas y arrasa con los suelos y la topografía original del monte para plantar pino, eucalipto o nada de nada, construyendo -eso sí- miles de kilómetros de pistas forestales -no solo cortafuegos- que son luego abandonadas para construir otras nuevas al año siguiente. Toda esta destrucción se realiza y es realizada por unas entidades comunales irresponsables sobre un bien comunal, y que por muy privada que sea su gestión y su titularidad, es de hecho un bien público, puesto que es inalienable, esto es, que no puede ser vendido ni privatizado jamás, aunque pueda ser permutado. Queda dicho y seguro que lo repetiré.

Y prometo más.

 

excavacion norte

35. Un par de zanjas romanas y algo más en Biduido: minería de suelos.

En la zona de Biduido, al este de Vilachán do Monte y lindando con el municipio de Oia, se conservan dos zanjas de minería antigua que aparecen recogidas en los trabajos del ITGE de 1993.

De las siete marcas de minería abandonada que aparecen en el mapa, una, con la señal de mineralización de estaño (Sn) señala una mina que estuvo en funcionamiento hasta los años centrales del siglo pasado y otra, en la esquina noroeste con el apunte Au -oro- indica unas labores de prospección que son sin duda modernas; otro día les dedicaré una entradilla.

Otras dos señales marcan viejas labores cuyos restos no encontré por ninguna parte, y que probablemente han sido destruidas. La situada más al oeste, ya en Oia, está ahora dentro de una plantación industrial de kiwis que arrasó con la topografía original del terreno, y la situada en el extremo este del mapa, simplemente no fui capaz de encontrarla.

El más desconcertante de este grupo de indicios mineroscantería tradicional- está situado al sur de Vilachán.  Se trata de un extenso roquedo granítico -una pedrada, para entendernos-, con abundantes restos de cantería y huellas de cuñas canteras que manifiestan trabajos de cantería tradicional, aunque de edad moderna. Sin embargo, no he podido encontrar -y aquí debería ser visible, dada la naturaleza rocosa del afloramiento- ni un triste filoncillo de cuarzo, por lo que no llego a entender qué es lo que vieron los del ITGE, y sólo puedo pensar que lo de Au es una errata o que el indicio mismo está mal situado.

Como dije en otra entrada, los informes geológicos del ITGE se refieren a unas fichas que podrían explicar este y otros indicios mineros, y en su día las solicité a aquel organismo (hoy IGME), pero su contestación fue que “no estaban disponibles”, cosa que puede significar: las hemos perdido, no sé donde están y no tengo ganas de buscarlas, quién eres tú para pedir nada, yo no estoy aquí para resolver tus problemas sino los míos, o cualquier otra cosa, que así es y así funciona la administración ¿pública? española.

Las dos marcas que señalo como zanjas romanas son las que voy a tratar aquí: tienen suficiente entidad para distinguirse en el mapa de pendientes y su morfología, disposición y entorno permiten atribuirles un origen romano.

La excavación al sur, de dirección N-S mide unos 75 metros de largo y hasta unos veinte metros de ancho. La zanja se encuentra muy alterada por caminos y re-excavaciones modernas en su entorno, aunque por sus dimensiones y su disposición se distingue perfectamente como una corta artificial. Dispuesta en dirección perpendicular a la pendiente de la ladera, el talud por el este por el este tiene unos seis metros  de altura, mientras que la corta por el oeste apenas alcanza unos dos o tres metros. En general, los taludes son suaves, característicos de zonas meteorizadas, aunque pueden verse algunos afloramientos rocosos en el talud de seis metros y grandes bloques sueltos procedentes de la excavación sobre la cabecera del talud oeste.

La excavación norte es mucho menor; tiene unos 15 metros de longitud y unos seis-siete metros de anchura, y su relieve es suave, lo que denota un terreno alterado. No se aprecian rellenos, y en su término, ladera abajo, un pequeño camino y corto camino parece salir de la excavación en dirección a la vaguada.

Estas dos excavaciones son evidentes por su marcada topografía -visible en los mapas de pendiente- y por su tamaño, pero a lo largo de las laderas entre una y otra, y en especial en algunas vaguadas, parece haber señales de que los suelos hubieran sido arados, raspillados.

Llama sobre todo la atención la cantidad de bloques y pequeños clastos de cuarzo a la vista por todas partes, que evidencian una fuertísima erosión y… ¿algo más? .

Según Trogo Pompeyo También Gallaecia es muy rica en oro, de tal modo que con el arado suelen descubrirse con frecuencia trozos áureos.

Y Estrabón -que no estuvo en Hispania- nos cuenta que Posidonio no da como falsa la leyenda de que habiéndose incendiado una vez los bosques, estando la tierra compuesta de plata y oro, subió fundida a la superficie; pues todo el monte y colina escomo dinero acumulado allí por una pródiga fortuna

Y Plinio, el más celebrado de los cronistas de la minería romana en Hispania, nos dice: Antes de nada, quienes buscan oro toman un segullo, pues así se llama la muestra. Consiste en una batea de arena que se lava, y de lo que queda se obtiene una estimación. Por un golpe de suerte poco frecunte, a veces se encuentra directamente en la superficie de la tierra, como hace poco en Dalmacia, durante el principadop de Nerón, obteniéndose por día hasta 50 libras. Cuando de este modo se encuentra el oro en la superficie del suelo, lo llaman talutio, si también se encuentra debajo de la tierra aurífera. Por lo demás, los montes de Hispania, áridos y estériles y en los que no crece ninguna otra cosa, son forzados a producir esta riqueza. 

Así que hubo una explotación minera de suelos que buscaba en los horizontes edáficos los metales preciosos enriquecidos. Nada extraño a la geología ni ajeno a la minería. Son los yacimientos supergénicos, como los gossan o monteras, o las bauxitas, de donde se obtiene hoy día la práctica totalidad del aluminio con el que se fabrican latas y coches.

Me llama la atención la frase primera de Plinio: antes que nada quienes buscan oro toman un segullo. Inmediatamente me viene a la imaginación la actual exploración geoquímica de suelos, que consiste en la toma de muestra en el horizonte B edáfico para su posterior análisis en laboratorio. Desde luego, los romanos carecían de una capacidad analítica comparable, pero podían al menos batear ese suelo -tal y como cuenta Plinio- para identificar su fracción pesada. Ahí podrían ver los óxidos metálicos que les indicarían la presencia de una vena metálica -esa de sulfuros- y obtener una estimación de las posibilidades mineras del lugar.

Por un golpe de suerte poco frecuente, a veces se encuentra en la superficie de la tierra, y entonces los romanos no dudarían en aprovechar ese suelo, tal y como cuenta de Dalmacia. Las ventajas de esta minería son evidentes:

  1. los suelos están en la superficie y son accesibles,
  2. están ya disgregados y no hay que machacarlos, y
  3. el oro primario está libre -como oro nativo- en los suelos, mientras que en los filones aparece a menudo ligado a sulfuros o arseniuros y debe ser cocido en hornos para su beneficio.

La propia topografía en pendiente favorecería la explotación de los suelos, al aprovechar la gravedad combinada con el agua para mover y seleccionar las tierras. Todo esto favorece la rentabilidad de esta minería y permitiría explotar yacimientos de bajas leyes metálicas. En realidad, el coste es tan bajo que su límite sería el propio valor agrícola del suelo, por lo que se entiende así la última frase que dice: los montes de Hispania, aridos y estérlies, son forzados a producir esta riqueza.

Se me ocurre además que la leyenda de el oro y la plata de Posidonio bien podría derivarse de la quema del bosque como método de desbroce. Al igual que el sistema de rozas usa el fuego para preparar nuevos campos para sus uso agrícola fertilizando a la vez que elimina la vegetación, los mineros hispano-romanos quemarían las áreas a minar para desbrozar y esponjar el suelo, facilitando su remoción.

El resultado de esta minería sería la total erosión del suelo vegetal, tal y como ocurre en las laderas de Biduido. Aguas abajo, las vaguadas aparecen colmatadas por de estos sedimentos/escombreras, pues las arroyadas naturales son incapaces de acarrear semejante cantidad de sedimentos. La desaparición del suelo dejaría  a la vista la roca madre y pequeños filones, que los mineros podrían excavar, ya con picos y martillos, dejando las desnudas laderas tapizadas de los restos: lascas y bloques de cuarzo, y algún que otro resalte rocoso.

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33. Tres (o cuatro) pequeñas minas romanas de oro en Vilachán. Tomiño. Para saber de los romanos, hay que leer a Agricola.

Al norte de Vilachán do Monte, sin salirnos apenas de la pista y en cómodo paseo de un kilómetro escaso,  podemos encontrar tres excavaciones que el ITGE denunció en su estudio como minería antigua, probablemente romana.

Gustavo, que es un hacha, dio con ellas por el simple método de ojear Google Earth, y en su blog podéis encontrar unas buenas fotos y descripción de estas pequeñas minas.

Todas las labores hispano-romanas tienen su interés, y por pequeñas que sean, todas enseñan algo sobre los métodos de trabajo de aquellos mineros de la antigüedad, pero estas tres -o cuatro- minas constituyen un ejemplo extraordinario de los métodos de exploración minera romana a la luz de los escritos de Georgius Agricolae , -Jorge el Agricultor- autor del primer tratado moderno de minería.

El caso es que existe una contradicción flagrante en la exquisita alineación de estas minas sobre la traza de la falla que señalan los mapas del ITGE y su disposición salteada y en dirección perpendicular a la falla. Por un lado los romanos clavan las labores sobre la traza de una falla cuya detección sería hoy tarea de un especialista en petrología endógena, y luego van y no excavan a lo largo de esa falla, sino que lo hacen en dirección perpendicular a ella. Esta es una contradicción entre práctica y teórica que se presenta a menudo al contrastar la extraordinaria profusión de las labores romanas y su limitadísima comprensión de los procesos geológicos, y es una contradicción que a menudo nubla los juicios y la valoraciones presentes sobre la capacidad o el rendimiento de la minería romana.

Agricola, que publicó De re metallica a mediados del siglo XVI, recopiló las técnicas de exploración que usaban los mineros de su tiempo para el uso de las venas metálicas. Aunque la obra de Agrícola tiene unos alcances y una ambición bastante más limitada que la de los antiguos, mucho más dados a la indagar sobre los principios rectores de la naturaleza, Agrícola hizo una aproximación a la realidad minera y geológica que hoy nos parece mucho más razonable y práctica que cualquier otra anterior que conozcamos, y aconsejó en primer lugar explorar los manantiales de agua, cuyo rastro -como el humo que denuncia el fuego- remitiría a los mineros hasta las preciadas vetas:

Pero también mediante la técnica podemos investigar las vetas ocultas y enterradas, en primer lugar observando las aguas  burbujeantes de los manantiales, los cuales no pueden distar mucho de las vetas ya que el agua surge de ellas 

Esta correspondencia entre venas de agua y las vetas metálicas es la que permite entender la disposición de estas tres -o cuatro- minas romanas de Vilachán.

El caso es que, -como ocurre a menudo-, esta falla actuó en su día -hace muchos millones de años- como superficie de debilidad a través de la cual intruyeron los diques y filones de cuarzo y la mineralización aurífera asociada, bien visible en diversos afloramientos de la zona, como los que muestro, en el entorno de la mina 3.

Y resulta que por un lado la falla constituye un elemento que debilita la roca y crea fracturas por las que se canaliza el agua, y por el otro los diques de cuarzo que en su día se insertaron en aquellas fracturas funcionan como muros impermeables al agua. El resultado es que la falla se interpone como una barrera geológica, favoreciendo el discurrir del agua en su propia dirección e impidiendo el paso del agua de uno a otro lado, de modo perpendicular a ella.

En Vilachán, al ser  la falla perpendicular a la pendiente topográfica -y por lo tanto al gradiente hidráulico-, esta barrera actúa como una gran presa subterránea que contiene el agua ladera arriba (al oeste) para dejarla salir solo por determinados puntos, lugares en los que esta presa está debilitada o rota. Es por esos puntos por donde se encauza el agua subterránea para formar pequeños manantiales a partir de los cuales se van formando pequeñas vaguadas que ladera abajo (al este) se transforman en arroyos. Y son estos manantiales y arroyos, estos rastros de agua, los que debieron seguir los antiguos mineros para localizar las vetas y excavarlas. 

El mapa de pendientes muestra de forma clara la coincidencia de la falla (señalada por la línea a trazos), con las cabeceras de las vaguadas y las minas 1, 2, 3 y 4?, esta última mucho menos marcada en la topografía que las anteriores pero que abarcaría -en caso de confirmarse- un área algo más extensa. Se da la circunstancia de que las minas 1 y 3 muestran todavía hoy los manantiales que las denunciaron, y  la mina 1 el manantial es aprovechado hoy por un moderno pozo construido en su boca. Me gustaría saber que explicación dan a estas viejas minas los comuneros que construyeron el pozo. Espero preguntárselo pronto.

 

 

17. Os Buratos dos Mouros, II. La minería romana del oro entre el valle Miñor y el río Miño.

La mina romana de Os Buratos dos Mouros no es una explotación aislada. Es un buen ejemplo -bien conservado y de buen tamaño, pero uno más-, de la explotación extensiva del oro primario en la zona de cizalla que va de Caminha a Baiona, en la región del Baixo Miño y, de modo general, en todo el noroeste peninsular.

Es un viejo secreto bien conocido: los romanos explotaron todos –todos- los yacimientos de oro superficiales. Ya en 1835, en su Descripción geognóstica del Reino de Galicia, acompañada  de un mapa petrográfico de este país, Wilhem Schulz, geólogo Inspector de Minas, decía que:

la mayor parte de los referidos terrenos de conglomerado diluvial de Galicia se hayan removidos y saqueados al parecer por haber sido auríferos

y más adelante:

Se debe suponer que estos conglomerados hayan sido los terrenos que dieron gran parte del oro que según los historiadores sacaron los Romanos de España.

Y así fue. Era un secreto a voces. Tanto que hasta hace bien poco las labores romanas constituían el primer inicio para la búsqueda de oro en España. Pero parece que  los restos de minería romana diseminados por toda Galicia apenas han merecido interés arqueológico y el interés histórico, la impronta económica y vital de la minería romana en la configuración del espacio romano-galaico del que surgió la Galicia medieval sólo está comenzando a ser desentrañado en la actualidad. En fin, la mayor parte de estas minas no están catalogadas ni protegidos, y en las últimas décadas la extracción de áridos y el urbanismo ha destruido buena  parte de ellos, sin duda algunas de los mejores y las más accesibles  (y la Administración lo sabe, vaya si lo sabe).

Bueno, desde aquí intentaré que esto cambie un poco. Por fortuna, Brais Currás, arqueólogo del CSIC, está haciendo su propio catálogo de minas romanas en el Baixo Miño para su tesis doctoral sobre la construcción de ese espacio galaico-romano al que me refería, y el amigo Gustavo de masquepetroglifos nos prepara también alguna sorpresa que espero saque antes que después. Seguro que el panorama cambiará completamente de aquí en un par de años.

Bueno, vuelvo al tema que pierdo el hilo. Os Buratos no es un espacio cerrado y aislado. las zanjas continúan unos 750 metros -al menos- hacia el norte explotando los mismos filones de dirección E-O. Estas zanjas siguen filones y grupos de filones, y hoy aparecen como suaves depresiones aisladas de 1-2 metros de profundidad en la ladera del monte, 2-3 metros de ancho y unos 25 metros de longitud, todas en dirección E-O (N285-265). Según descendemos la ladera estas excavaciones ganan profundidad y anchura –aunque no aumentan su longitud- haciéndose más evidentes en el terreno para, justo en el último tramo explorado, formar una extensa y única excavación constituida por una irregular sucesión de suaves lomas y crestas en las que resulta difícil discriminar las zanjas individualizadas. Todos estos trabajos se encuentran en la ladera del monte que mira al oeste, aunque muy cerca de la divisoria de aguas en la aparecen algunos los afloramientos graníticos. En estos afloramientos se pueden ver huellas de cantería y hasta una pequeña hendedura de unos 60 centímetros de ancho y dirección E-O abierta en la roca viva.

Los trabajos descritos amplían la extensión de la zona explotada de Os Buratos dos Mouros hasta alcanzar una longitud total de unos1,3 km. Pero es que a poco más de 100 metros al sur –y también explotando estos mismos filones- existe otra buena zona de excavaciones de unos 150 metros de longitud y unos 30-40 metros de anchura. Esta excavación parece formar dos pequeños valles o vaguadas enfrentadas a ambos márgenes de un pequeño regato, aunque los perfiles cóncavos bien marcados de estas vaguadas y algunas pequeñas lomas de dirección E-O en su interior denuncian su inequívoco origen minero.

Aguas abajo de esta última excavación, a unos 400 metros en línea recta, el valle por el que circula el regato pasa a tener el fondo plano por estar relleno de sedimentos. El efecto de esta acumulación de sedimentos es muy llamativo pues da al valle un aspecto de anfiteatro. Además, buena parte del caudal del regato desaparece por entre estos sedimentos para discurrir de modo subterráneo, lo que da al vale un aspecto todavía más curioso. Aunque es evidente que estos rellenos proceden de la excavación de la zona mineralizada aguas arriba, no está claro cuál era la forma de trabajar, si usaban el regato para deshacerse de los estériles de la mina o bien lo usaban como parte del proceso de selección y concentración -hidráulico- del mineral. Sin duda, un estudio sedimentológico de estos rellenos podría determinar si fue lo uno o lo otro. Echo en falta este tipo de estudios en los trabajos arqueológicos; las escombreras pueden aportar tanta información como las propias excavaciones sobre las técnicas mineras de la antigüedad.

Lo que se desprende de esta variedad de excavaciones es una adaptación de la técnica minera a las características particulares de cada mineralización y de su entorno inmediato. Se trata a la vez de una minería extensiva e intensiva, por cuanto maximiza las posibilidades de explotación de cada filón individual pero a la vez extiende los trabajos a lo largo de todo la región minera, de modo que no se aprecia solución de continuidad entre la prospección y la explotación. Como resultado de esta forma de trabajar, en un mismo yacimiento e incluso en una misma explotación pudieron emplearse numerosas técnicas mineras, y no hay que buscar sistemas o tipos de explotación característicos ni predeterminados. En cada caso la explotación se iba haciendo sobre la marcha, y sin duda eran los resultados obtenidos los que determinaban la continuidad de los trabajos.

 

15. Os Buratos dos Mouros

La mina romana Buratos dos Mouros es uno de los yacimientos mineros más interesantes del Baixo Miño: tiene un buen tamaño, un aceptable estado de conservación y los trabajos de exploración minera llevados a cabo por el IGME/ITGE entre 1989 y 1995 aportan una información exhaustiva sobre la mineralización explotada.

La mina romana consiste en una serie de zanjas excavadas siguiendo los filones mineralizados por arsenopirita –AsFeS- y calcopirita –CuAsS- con oro. De hecho, en su conjunto, la mina no es más que un entramado de zanjas -más o menos paralelas- siguiendo estos filones. Según los trabajos del ITGE de 1989 (actual IGME), la explotación alcanza mayor profundidad en las zonas de mayor alteración supergénica (meteorización, caolinización).

Así que:

  • Tenemos un gran dique granítico de dirección N-S intruyendo la banda de metasedimentos. La mina romana a cielo abierto explota este dique y por eso tiene esa forma alargada de norte a sur.
  • A su vez, el dique esta intruido por filones mineralizados con disposición general E-W. Estos filones son los que siguen las trincheras o zanjas romanas.
  • Según el ITGE, los trabajos romanos se concentran en la zona más meteorizada. Esto nos dice mucho sobre la capacidad o interés minero de los romanos, pues la meteorización de los filones aumenta concentración de oro en el yacimiento y además hace que se muestre como oro libre, facilitando su concentración y beneficio. En otra entrada veremos cómo es esto.

No hay que ver pues canales para el agua en las trincheras ni hay que pensar en el uso de agua para excavación. Seguramente volveré a esto, pues tanto los escritos de Plinio cómo el ejemplo de las Médulas y otras minas ha condicionado la interpretación de todos los yacimientos mineros romanos, en los que se ven canales por todas partes. De hecho, en la descripción del Catálogo de Yacimientos de Patrimonio Arqueológico de la Xunta de Galicia –que por cierto apenas delimita la mitad del yacimiento real– se mencionan estas posibles conducciones de agua para la excavación.

Por supuesto, aunque los restos de minería antigua constituyeron el indicio principal de la investigación minera, el ITGE no avisó a Patrimonio de lo que había encontrado y arrasó con lo que le pareció. Los informes mineros fueron en su día secretos y todavía lo son en parte (es la máxima de la Administración: que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, al menos para lo malo, que para la limosna todas las trompetas son pocas) y cuando se hicieron públicos, pues claro, el contenido ya estaba olvidado.

Para evaluar el interés minero de la zona el ITGE excavó en su día zanjas y caminos a lo largo de las labores romanas  y estas zanjas alteraron la configuración original de la mina, lo que hay que tener en cuenta (también se pueden ver las plataformas de las perforaciones e incluso las propias perforaciones). Pero gracias a estas zanjas sabemos que las trincheras romanas podían tener menos de medio metro de ancho, lo justo para un minero. Sólo si los filones estaban lo bastante próximos se ensachaban las zanjas para aprovechar en la misma excavación varios filones, al igual que se hace en las minas modernas.

La longitud de la mina es de unos 550 metros, y su anchura de unos 60-80 metros, con forma de barra de pan. Esto por lo que respecta a la excavación (que es lo investigado por el ITGE y lo que -de modo parcial- señala Patrimonio), porque  unos130 metros al este, ladera abajo, se ven unas escombreras, repartidas a ambos lados del regato central de la mina. Ladera arriba de la excavación, pueden verse sobre el terreno grandes y pequeños bloques de cuarzo blanco, sin duda procedentes de los diques minados.

La escombrera del norte, con unos 45 *60 metros se conserva más o menos bien, y está formada por 3 o 4 niveles de relleno escalonados con unos 2 metros de espesor máximo. La escombrera sur está afectada por varios pistas y movimientos de tierra recientes, y seguramente tenía en origen menor volumen, pues la excavación al sur del regato también es menor. A primera vista tampoco parece que estos depósitos hayan sido depositados por un flujo de agua, aunque el camino natural para su transporte coincida con una pequeña vaguada.

La mina Burato dos Mouros está en el municipio de Tomiño, y se llega a ella desde el lugar de Pinzás. Las coordenadas son X:516400 Y:4656000.

Está catalogada (de modo parcial) como yacimiento GA36054072.